martes, 4 de marzo de 2014

COMO EL AGUA

Si el agua fuera rebelde, nunca podríamos disfrutar del mar, de los lagos, de los ríos. Obediente, el agua adopta la forma de su continente: si este es redondo, el agua será así, o rectangular, como una alberca o bien adoptar la forma de una serpiente al adaptarse a las caprichosas formas de las hondonadas en una pendiente.

Nosotros podemos ser como el agua; cuando adoptamos obedientemente una forma bella que los demás admiran es porque hemos permitido ser agua en las manos de Dios. Entre las manos de Dios, el, como gran artistas, hace de nosotros hermosas obra de arte. E incluso, cuando ve que en obediencia nos parecemos a Cristo, nuestro gran continente, seguramente esto sucederá: "Y vio Dios que era bueno..."

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