domingo, 3 de enero de 2021

TORTURADO POR SU FE


Jeremías Ramírez 

Es incalculable la cantidad de historias y de casos de cristianos que fueron y son perseguidos por su fe en los países comunistas. A pesar de la enorme cantidad de casos de persecución (sobre todo en las décadas cuando había muchos países con este tipo de régimen), los países comunistas supieron simular y ocultar tales atropellos. Afortunadamente, voces desde dentro han escapado de los muros, de la censura y la persecución y nos han contado los horrores que padecieron quienes desafiaron al poder político por su fidelidad a Cristo.

Uno de ellos es el del búlgaro Haralan Popov, pastor cristiano, que pasó 13 años en la cárcel. En su libro autobiográfico, Torturado por su fe, da cuenta de qué tan estremecedoras fueron las torturas que le infligieron, cuya crueldad raya en la inverosimilitud. Por ejemplo: pasar 14 días de pie sin comer ni beber agua, palizas continuas, una dieta de hambre por varios años, hostigamiento continuo y confinamiento solitario por largos días sin que pudiera ver la luz del sol. 

A pesar de ello pudo en esas circunstancias terrible no estuvo abandonado. Dios lo sostuvo y pudo sobrevivir, además de experimentar la presencia de Dios de una manera que difícilmente experimentamos quienes no hemos pasado por tales pruebas. El Señor, en esos momentos terribles, lo sostuvo y pudo experimentar beneficios y bendiciones extraordinarios. Primero, vio cómo Dios le daba las fuerzas necesarias para soportar el dolor y el vigor suficiente para sobrevivir. Segundo, entablar una comunión tan profunda que lo llevaron a sentir la presencia de Dios que le permitieron saber que para Dios no hay imposibles y que no hay ninguna circunstancia que nos separe de Él, y saborear esa paz que dice el apóstol Pablo que sobre pasa todo entendimiento. Y tercero, darse cuenta que los presos necesitaban a Dios y cómo estos hombres en desgracia, con pasión, aceptaban el evangelio experimentando un cambio tan profundo en su vida que sorprendía hasta los mismos carceleros.

Estos hombres que aceptaban a Dios perdían el rencor, el resentimiento y empezaban a experimentar esa paz y entonces se ponían a contarle a otros de su experiencia y la bendición de haber aceptado el evangelio y a Cristo como salvador.

Pronto, iba creciendo la comunidad de cristianos tras las rejas y en esas condiciones percibían de mejor la presencia de Dios en sus vidas.

Haralan Popov pudo ver en esos trece años el milagro de vidas cambiadas y lo importante que hubiera alguien les enseñara de la esperanza y paz cristianas. Así que este hombre de Dios pronto se convirtió en un misionero dentro de las distintas cárceles por las que pasó y fue pastor de las ovejas más necesitadas del mundo. Se alegró muchas veces de ver el milagro —repetido en tantas vidas de los hombres que habían escuchado las buenas noticias— de transformarse en personas llenas de alegría y esperanza. Entonces Popov pudo ver otros de los propósitos de Dios de mantenerlo tantos años en la cárcel: enseñar a personas muy necesitadas de comprensión y amor que abrían su corazón para recibir el perdón de Dios y convertirse en hombres llenos de paz, paciencia, benignidad, bondad...

Cuando fue liberado, su obra evangelística se había extendido por diversos reclusorios, de modo que salió satisfecho de la obra que había realizado de llevar a los pies de Cristo estos hombres sin esperanza, sin amor y llenos de resentimiento.

Termina uno el libro aliviado porque se extiende en la narrativa de sus torturas al grado que se vuelve doloroso leer por todos los tormentos por los que pasó, pues nos hace testigos de la barbarie en las cárceles de ese país, pero al mismo tiempo nos permite evaluar nuestra vida y preguntarnos si somos capaces de amar a Dios en las circunstancias tan adversas como esas que vivió este hermano sin perder la fe. 

Yo creo que muchos no estamos preparados para tales pruebas y si las sufrimos no nos gozaríamos en ella, como dice el apóstol Santiago: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna”. (Santiago 1:3-4) 

Este es un libro que nos enseña cómo confiar en Dios ante las experiencias dolorosas y salir triunfantes. Por ello, la característica más valiosa de cristianismo es la confianza en Dios y la búsqueda incesante, en cualquier circunstancia, por terrible que sea, y gracias a ello experimentar el poder de Dios que se hace patente en condiciones de dolor y sufrimiento y sentir el aliento de Dios soplando suavemente sobre nuestros maltratados cuerpos. 

Cuando salió de la cárcel se encontró con muchas iglesias dormidas, apagadas, sobre todo en los países de occidente pues en sus países nadie los acosa, tienen absoluta libertad de celebrar sus cultos, pero la ausencia de pruebas impide experimentar a Dios de una manera tan vívida al aferrarse a Él como única esperanza y descubrir que “Dios es bueno y para siempre es su misericordia” (Salmos 136:1).

En verdad, es un libro que trae bendición para los lectores pues reta a abandonar la comodidad y a amar a Dios sobre todas las cosas. Desafortunadamente, como muchos libros cristianos de hace varias décadas, es muy difícil conseguir un ejemplar.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

ESTUDIO SOBRE APOCALIPSIS 20: Los mil años

Jeremías Ramírez El tema principal de este capítulo 20 es ese periodo de tiempo denominado “Milenio” y que ha sido causa de enorme discusión...