lunes, 26 de abril de 2021

ESTUDIO SOBRE LA CARTA A FILEMÓN


Jeremías Ramírez


Esta es una las cartas más entrañables de Pablo. En ella muestra la calidez que un cristiano totalmente entregado a Dios puede expresar. De entre todas las cartas que se conocen es la única carta personal (debe haber escrito más, pero es la única que conocemos). 

Pero no sólo podemos apreciar la calidez y el amor del apóstol para sus amigos y hermanos y para un esclavo que se ha convertido, sino además aborda el problema de la esclavitud. Y sin que haya sido su intención nos declara cómo se puede resolver un flagelo que ha lastimado en muchas épocas a la humanidad. 

La solución se logra cuando la relación amo-esclavo entra en la esfera de la redención cristiana, pues el amo ya no verá más a su esclavo como tal y el esclavo ya no lo verá como un amo sino que ambos se verán “…como hermanos amados”, pues en Cristo ya no hay diferencias sociales ni de género, ni de raza, sino todos somos uno en Él.

Esta redención social se alcanza tras la redención espiritual. Y es así porque fuera del Señor, es decir, en el mundo, “…tendremos aflicción” pues la justicia nunca se puede alcanzar en plenitud sin Cristo. Sólo cuando Cristo redime al ser humano del pecado, éste es capaz de reestablecer relaciones armoniosas con sus semejantes.

Y esta carta es un testimonio concreto, un ejemplo de esa redención espiritual que se extiende hasta alcanzar lo social. Vayamos pues al análisis de la carta.


Salutación

1 Pablo, prisionero de Jesucristo, y el hermano Timoteo, al amado Filemón, colaborador nuestro,

2 y a la amada hermana Apia, y a Arquipo nuestro compañero de milicia, y a la iglesia que está en tu casa:

3 Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.


Como en todas las cartas de Pablo inicia con un saludo de quienes están con el apóstol; en este caso, Timoteo. Aunque en la despedida vemos que había otros hermanos más con Pablo, solo agrega a Timoteo como remitente junto con él.

La carta está dirigida a Filemón cuyo nombre significa amable, generoso, y a esta característica se dirige Pablo. 

Filemón, según podemos deducir de la carta, era un cristiano con una fe “eficaz” centrada en Cristo, cuya labor y amor (amabilidad y generosidad) se ha hecho extensiva más allá de la iglesia que se reunía en su casa, bendiciendo a muchos hermanos. 

Su generosidad, además, lo lleva a abrir su casa para que se celebren ahí las reuniones. Se cree que era alguien con recursos económicos y es posible que su casa fuese grande, razón por la que se reúne ahí la iglesia. 

Estos recursos económicos le permitieron poseer esclavos. En ese entonces costaban en promedio 1500 denarios, es decir, el salario de poco más de cuatro años de un trabajador. Y no sabemos si aparte de Onésimo tenía otros esclavos. 

En este saludo no sólo incluye a Filemón, sino además a la “amada hermana Apia o Afia”, y a “Arquipo”. De Apia no se sabe nada, aunque se cree que era la esposa de Filemón; Y que Arquipo, era su hijo. 

Lo que sí sabemos de Arquipo —al menos eso dice esta carta— es que estaba involucrado en la extensión del evangelio pues Pablo lo llama “compañero de milicia”. 


El amor y la fe de Filemón

4 Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones,

5 porque oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús, y para con todos los santos;

6 para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús.

7 Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos.


En estos cuatro versículos encontramos las virtudes de Filemón como cristiano: amor y fe hacia el Señor Jesús y hacia los hermanos, es decir, “a todos los santos”. Y Pablo ora por él para que la participación de su fe, como ya lo había dicho antes, “sea eficaz” de modo que lo conduzca al “conocimiento de todo bien que está en vosotros por Cristo”. 

Hay veces que vagamos por la vida sin darnos cuenta de qué manera nos ama el Señor, somos inconscientes de su amor por nosotros. Y es importante que sepamos con certeza como ese amor nos inunda, nos guía, nos sostiene, nos bendice, es decir, nos llena de todo bien.

Una fe eficaz, además, tiene repercusiones benéficas. Es decir, la fe no sólo es un asunto personal, sino que se hace extensiva a otros, pues nos dice el apóstol que por esa fe de Filemón “han sido confortados los corazones de los santos”.

Cabría preguntarnos ¿qué está haciendo nuestra fe por nuestros hermanos, nuestros familiares, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo, nuestros vecinos, la gente con la que entablamos alguna interacción en nuestras actividades cotidianas?

Si es poca la repercusión debemos orar al Señor para que haga que nuestra fe sea eficaz para confortar los corazones de quienes tenemos contacto y sufren, sobre todo, por la ausencia del Señor en sus vidas.


Pablo intercede por Onésimo

8 Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene,

9 más bien te ruego por amor, siendo como soy, Pablo ya anciano, y ahora, además, prisionero de Jesucristo;

10 te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones,

11 el cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil,

12 el cual vuelvo a enviarte; tú, pues, recíbele como a mí mismo.


Considerando las virtudes de Filemón y considerando la autoridad que en sí mismo tenía Pablo al ser apóstol del Cristo, advertimos que no la usa, aunque afirma que tiene libertad para hacerlo, sino que apela al amor, que debe ser el distintivo de todo cristiano. Recordemos que el amor es el primer fruto que el apóstol menciona en Gálatas 5:22. Y en Corintios 13 leemos que si no tenemos amor nada somos. Además, afirma que es anciano y prisionero de Jesucristo. La palabra que usa Pablo para “anciano” es “Presbytes” que se usaba para indicar el rango de edad de 49 a 56 años. A pesar de que no es una edad muy avanzada, a esa edad ya empezamos a sufrir ciertas limitaciones. El hecho que apele a Filemón usando esta condición y que es prisionero de Jesucristo, indica que, de alguna forma, necesitaba a alguien que le ayudara. Y Filemón había sido una excelente ayuda muy apreciada por Pablo.

Ahora bien, cabe preguntarse ¿quién era Onésimo para que el apóstol Pablo intercediera de esa forma tan profunda por él? Por lo que vemos en esta carta, Onésimo era un esclavo que se había fugado; quizá también un tramposo que había huido por alguna fechoría que cometió en contra de su amo, pero por la Gracia de Dios, ahora era un hijo de Dios, un amigo y ayudador de Pablo, alguien útil, servicial, a quien el Señor había redimido y limpiado de sus pecados, bajo la guía de Pablo, de modo que lo considerara su hijo. Por eso le tenía en gran estima. En Colosenses 4:9 lo menciona de esta forma: “…Onésimo, amado y fiel hermano, que es uno de vosotros”. “Amado y fiel hermano, y aquí lo llama “mi hijo… a quien engendré en mis prisiones”. 

No sabemos cómo fue que Onésimo se encontró con Pablo, quien estaba preso en Roma. Por los Hechos de los apóstoles sabemos que vivía como prisionero en una casa particular que él rentaba y era custodiado por un soldado a quien estaba encadenado. Y a esta casa había llegado Onésimo y, tras escuchar el evangelio, había aceptado a Cristo de tal manera que había impactado a Pablo, no sólo por su conversión y por su fe, sino además por la transformación que había tenido y que lo había convertido en una persona de alta fidelidad en el servicio. Pablo subraya con un juego de palabras este cambio. Para entenderlo es importante saber que la palabra Onésimo significa “útil”. Cuando había estado con Filemón era un No Onésimo, es decir, un inútil. Pero ahora ya era Onésimo, ya era útil.


13 Yo quisiera retenerle conmigo, para que en lugar tuyo me sirviese en mis prisiones por el evangelio;

14 pero nada quise hacer sin tu consentimiento, para que tu favor no fuese como de necesidad, sino voluntario.


Y a pesar de que le era útil y que quisiera “retenerle” para que le sirviese en sus prisiones, decide enviárselo a su amo, a Filemón, pues reconoce que a él le pertenece. Filemón es su legítimo dueño y por lo tanto quien debe decidir el destino de Onésimo. 


15 Porque quizá para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre;

16 no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor.

17 Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí mismo.


Y le pide que lo reciba ya no como “esclavo” sino como “hermano amado”. En el versículo 16 vemos la trascendencia del evangelio en la resolución de problemas sociales. En el mundo se hacen marchas y protestas, exigiendo justicia, y cambios sociales o de conducta, y muchas veces estas protestas logran que los legisladores y los gobiernos acepten hacer los cambios, sin embargo, observamos que los problemas persisten. ¿Por qué? Porque la raíz del problema sigue viva y la promulgación de una ley o el reforzamiento de los instrumentos de justicia o el castigo a los culpables, no resuelve el problema. Para ello, es necesario que primero se elimine la raíz del mal. Esta raíz es el pecado. El pecado es quien tiene atado a la humanidad a una infinidad de desgracias. De modo que sólo se logra la resolución de los problemas cuando el pecado es arrancado del ser humano. 

Cuando esto sucede, como en este caso, vemos como el problema de esclavitud desaparece pues ahora ambos, amo y esclavo, establecen una nueva relación, ya no de sometimiento y de explotación, sino de “entrañable hermandad”.


18 Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta.

19 Yo Pablo lo escribo de mi mano, yo lo pagaré; por no decirte que aun tú mismo te me debes también.


En estos dos versículos se nos revela la causa de que Onésimo se haya fugado y haya abandonado a su amo: fue por algo malo que cometió. No sabemos la gravedad del daño, pero debió ser grande que lo obligó a huir. Y para la reparación (es entendible que Onésimo no tenía posibilidades de hacerlo por él mismo) Pablo no le pide a Filemón que le perdone, sino que él mismo se compromete a cubrirlo. 

Una lección que aprendemos en estos versículos es que lo que hayamos hecho en el pasado cuando no éramos cristianos, una vez que hemos sido perdonados y limpiados por el Señor, estamos obligados a reparar los daños, tal como Zaqueo lo hizo cuando el Señor estaba en su casa: “Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado”. Entonces el Señor agregó: “Hoy ha venido la salvación a esta casa”.


20 Sí, hermano, tenga yo algún provecho de ti en el Señor; conforta mi corazón en el Señor.

21 Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aun más de lo que te digo.

22 Prepárame también alojamiento; porque espero que por vuestras oraciones os seré concedido.


Y concluye su intercesión por Onésimo confiando en que el gran amor de Filemón confortará el corazón de Pablo accediendo a su petición por Onésimo. “Te he escrito sabiendo de tu obediencia”, le dice, “que harás aún más de lo que te digo”. Muchos comentaristas ven aquí una sugerencia a que le de la libertad, pues al establecer nuevas relaciones ya no es posible continuar con una relación de sometimiento y explotación. 

Y finalmente le pide que le prepare alojamiento pues está seguro gracias a las oraciones de los hermanos en breve será liberado de sus prisiones y tiene el deseo de visitar a Filemón. 

Salutaciones y bendición final

23 Te saludan Epafras, mi compañero de prisiones por Cristo Jesús,

24 Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores.

25 La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén.


Cierra la carta mandando saludos suyos y de quienes lo acompañan. En primer lugar está Epafras. Recordemos que este hermano, cuando Pablo fue hecho prisionero en Roma, acudió a visitarlo con noticias favorables relacionadas con la iglesia colosense. Y permaneció fiel con el apóstol en Roma y, en cierto sentido, fue su «compañero de prisiones», como dice en esta carta. Pablo dio testimonio de la perseverancia que Epafras tuvo en la oración por Colosas, y de su trabajo tanto allá como en Laodicea y Hierápolis. (Colosenses 4:12-13).

Luego menciona a Marcos primo de Bernabé, a Aristarco, Demas (que en la Segunda Carta a Timoteo dice que lo había desamparado, amando este mundo, y se había ido a Tesalónica) y Lucas, el médico amado. 

Y como es su costumbre al abrir o cerrar una carta pide que la GRACIA del Señor sea con el espíritu de Filemón. Oh, cuánto necesitamos todos de la gracia de Dios todos los días de nuestra vida.

Por ello, yo también me despido de ustedes anhelando que la GRACIA DEL SEÑOR SEA CON TODOS los lectores de este estudio y de este blog.


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