jueves, 16 de enero de 2020

SOPORTANDO A LOS DÉBILES Y RECIBIENDO A LOS GENTILES


Jeremías Ramírez Vasillas

En este penúltimo capítulo de la extensa y profunda carta a los romanos, el apóstol Pablo dicta sus últimas enseñanzas antes de despedirse.
            Una característica de sus cartas es que nunca desperdicia la oportunidad de enseñar, hasta en los saludos sigue dando cátedra y animando a sus destinatarios (y de paso a todo cristiano) a ser mejores.
            Seguramente nunca se imaginó que sus palabras resonarían por todo el mundo 20 siglos después.
            Los primeros versículos del capítulo 15 forman parte de la lección que desarrolló ampliamente en el capítulo 14. Recordemos que él no versiculó ni capituló su carta. De modo que estudiar sus escritos atendiendo a esa segmentación con frecuencia trae cierta confusión.
            La lección del capítulo 14 termina en el versículo 6 de este capítulo 15. Y a partir del versículo 7 hasta el fin del 15 aborda algunos aspectos relevantes como el carácter universal del cristianismo, lo cual ya estaba anunciado en el Antiguo testamento. La capacidad que todo cristiano tiene de ayudar y enseñar a los hermanos más débiles y pide su apoyo en oración para su propósito de ir a Jerusalén (donde sabe le esperan problemas) y luego pasar a Roma antes de dirigirse a España, es decir, hasta lo último de la tierra pues creían que hasta llegaba la extensión del mundo.

Soportando a los débiles
1  Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos.
2 Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación.
3 Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: Los vituperios de los que te vituperaban, cayeron sobre mí (Samos 69:9).
4 Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.
5 Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús,
6 para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.

Aquí, el apóstol subraya la importancia de responsabilizarnos de los demás, particularmente de quienes tienen dificultades de comprensión o bien que su desarrollo es aún incipiente: “Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación”.
       Y como es también su manera de fundamentar sus enseñanzas, apela o bien a los escritos proféticos o a los hechos realizados por Dios. Aquí apela a Cristo, pues dice que él “no se agradó a sí mismo”, sino que fue obediente hasta el vituperio, por amor a los débiles, a los pecadores. Y cita Salmos 69:9 “Porque me consumió el celo de tu casa; Y los denuestos de los que te vituperaban, cayeron sobre mí”.
       Y afirma que todos los escritos antiguos del Viejo Testamento, no son letra muerta o caduca o pasada de moda, sino que siguen funcionando para “nuestra enseñanza”, para que por medio de la PACIENCIA y la CONSOLACIÓN logremos el mismo sentir (ver todas las cosas) según Cristo, por ejemplo, ver a las multitudes en las calles como mera aglomeración o gentío sino como ovejas sin pastor a quien tenemos la responsabilidad de orientar.
       Esta manera de ver la vida según Cristo tiene como resultado la “glorificación de Dios”. Es decir, Dios es glorificado con nuestros actos más que con nuestras palabras, aunque un hablar gentil, generoso, es signo de alguien que vive en Dios y Dios en él.

El evangelio a los gentiles / la iglesia inclusiva

7 Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios.
8 Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres,
9 y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito:
    Por tanto, yo te confesaré entre los gentiles,
    Y cantaré a tu nombre[1].
10 Y otra vez dice:
    Alegraos, gentiles, con su pueblo[2].
11 Y otra vez:
    Alabad al Señor todos los gentiles,
    Y magnificadle todos los pueblos[3].
12 Y otra vez dice Isaías:
    Estará la raíz de Isaí,
    Y el que se levantará a regir los gentiles;
    Los gentiles esperarán en él[4].
13 Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer (o de la fe), para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.

La manera más elemental de responsabilizarnos de los demás es “aceptándolos”. Uno de los aspectos más lamentables, doloroso y contrarios a la voluntad de Dios son las divisiones en la iglesia, las cuales se dan porque no nos aceptamos, sino que nos excluimos.
       Por cierto, esta conducta es propia de quien no conoce a Dios ni Dios vive en él. Cristo nos recibió amorosamente tal y como somos, con todos nuestros defectos, nuestros pecados, nuestra conducta muchas veces reprobable y odiosa, Él nos aceptó y nos amó y dio su vida por nosotros.
       En la Navidad se da más importancia al nacimiento que a la encarnación. La encarnación fue la forma en que nos aceptó haciéndose como nosotros, y entrando al mundo de la manera más humilde: en un pesebre.
       Aceptar a los demás, entonces, es hacerse como los otros, bajarnos de nuestro pedestal financiera, social, académico, y ponernos a ras de tierra de los demás.
       Ah, pero al ser humano le es tan difícil bajarse de su trono.
       Y todo lo hizo para recibirnos a todos, judíos y gentiles. Los judíos excluían a los gentiles, los despreciaban, llegaba a decirles “perros gentiles”. Jesús jamás. Recriminó a los judíos importantes de ser orgullosos. Uno de ellos criticaba con desprecio a una mujer que le bañaba los pies al Señor con lágrimas, y ese desprecio incluía al mismo Señor: “Si este supiera quien es esa mujer”, pensaba. Y el Señor lo reprendió: “Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos…” (Lucas 7:44).
       O aquel que oraba diciendo. “Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano…” (Lucas 18:11)
       Y el Señor aceptó a todos, judíos o gentiles, pobres o ricos, mujeres u hombres, niños, esclavos o libres… Todos somos uno en Cristo.
       Y termina esta lección de unidad con un deseo maravilloso: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo”. “Regocijaos en señor digo otra vez, regocijaos” (Filipenses 4:4)
Gozo y paz están íntimamente relacionados.
       El gozo cristiano no depende de nada que esté fuera de nosotros; mana de la conciencia de la presencia del Señor Resucitado, de la certeza de que nada nos puede separar del amor de Dios”, dice William Barclay.
       La paz. Los filósofos antiguos buscaban la “ataraxia”, la vida imperturbable. La paz se pierde por dos causas: la tensión interior (hago lo que no quiero y constantemente me siento culpable) y la preocupación de las cosas externas las cuales no podemos controlar. Pero si nuestra fortaleza está en el Señor, podemos decir como Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).
Si el gozo y la paz son parte de nuestra vida, podremos abundar en esperanza, es decir, en la seguridad de que Dios nos cuida, nos fortalece, nos guía y que nadie ni nada puede hacernos algo al margen de la voluntad de Dios y que nada ni nadie nos apartará de su amor, es decir, de tenernos bajo su protección.

No debe haber cristianos inútiles

14 Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros.

¿Hay creyentes incapaces? No, quien ha tenido un encuentro con Dios al menos puede decir como ese hombre ciego al que le dicen los fariseos: “Qué no sabes que ese hombre es pecador”. Y él contesta con toda seguridad y gozo: “Yo no sé si es pecador, yo sólo sé que antes era ciego y ahora veo”. ¡Qué argumento irrebatible! Si Dios nos ha rescatado y ha cambiado nuestra vida, ese ya es nuestro argumento para ayudar a otros.

15 Mas os he escrito, hermanos, en parte con atrevimiento, como para haceros recordar, por la gracia que de Dios me es dada
16 para ser ministro (servidor de Cristo, dice la Biblia textual) de Jesucristo a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles le sean ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo.
17 Tengo, pues, de qué gloriarme en Cristo Jesús en lo que a Dios se refiere.
18 Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles, con la palabra y con las obras,
19 con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo.
20 Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno,
21 sino, como está escrito:
    Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él, verán;
    Y los que nunca han oído de él, entenderán.

Ministro, servidor, siervo, esclavo, de Cristo, así se consideraba Pablo. El vocablo que se traduce como “servicio” viene del griego λειτουργία (leitourguía), con el significado general de «servicio público», y literal de «obra del pueblo». De ahí viene la palabra “liturgia”, que significa “servicio a Dios”. Recuerdo de niño que ir a la iglesia, decir mi padre, vamos al “servicio”.
       Pablo entonces era servidor de Cristo para los gentiles. Y su servicio había sido tan eficiente como expansivo que abarcaba “desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo”.
       Illirico sería la península griega, es decir, desde Macedonia hasta Acaya, parte sur del continente griego. Es decir, ese era espacio geográfico al que había dedicado su trabajo, predicando y fundando iglesias, particularmente en las regiones donde Cristo no había sido anunciado.
       Y como este era su propósito, ahora se propone ir más allá, hasta los confines del mundo: España. En ese entonces se pensaba que ahí estaba el fin de la extensión territorial.

Pablo se propone ir a Roma / Proyectos presentes y futuros

22 Por esta causa me he visto impedido muchas veces de ir a vosotros.
23 Pero ahora, no teniendo más campo en estas regiones, y deseando desde hace muchos años ir a vosotros,
24 cuando vaya a España, iré a vosotros; porque espero veros al pasar, y ser encaminado allá por vosotros, una vez que haya gozado con vosotros.
25 Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos.
26 Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén.
27 Pues les pareció bueno, y son deudores a ellos; porque si los gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también ellos ministrarles de los materiales.
28 Así que, cuando haya concluido esto, y les haya entregado este fruto, pasaré entre vosotros rumbo a España.
29 Y sé que cuando vaya a vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del evangelio de Cristo.

Su objetivo de ir a España porque en toda esa vasta zona de Jerusalén hasta Grecia ya hay iglesias, maestros, ministros, por eso dice: “no teniendo más campo en estas regiones”, y cuando vaya rumbo a España visitar la iglesia romana que no conoce. Pero no es su objetivo quedarse allí; el evangelio ya había sido predicado y había una iglesia importante.
       Pero antes de ir, debe llevar a Jerusalén una ofrenda, un donativo importante, para ayudar a la iglesia de Jerusalén que estaba pasando por serios problemas financieros. Este era el fin de su tercer viaje misionero. Este donativo tenía además un segundo objetivo: enseñarles las nuevas iglesias que formaban parta de un cuerpo mucho mayor, y que debían estar unidos todos, y que buscaran ayudarse uno a otros. También era un signo de gratitud: “porque si los gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también ellos ministrarles de los materiales”.
       Y este es un rasgo que ha caracterizado a las iglesias de Dios: la ayuda material a los necesitados y con ello la enseñanza del evangelio. No es una u otra, sino ambas de manera inseparable. El amor de Dios se expresa con hechos. El apóstol Santiago escribió en su carta: Muéstrame tu fe con tus hechos. Un cristiano no ama sólo de dientes para afuera sino de corazón, porque sabemos que sin amor, nada somos.

Con los ojos abiertos ante el peligro
30 Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios,
31 para que sea librado de los rebeldes que están en Judea, y que la ofrenda de mi servicio a los santos en Jerusalén sea acepta;
32 para que con gozo llegue a vosotros por la voluntad de Dios, y que sea recreado juntamente con vosotros.
33 Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén.

Aquí Pablo pide a los creyentes que oren por él. No importa que tan íntima sea nuestra relación con Dios, necesitamos las oraciones. Pablo solicita estas oraciones porque sabía que en Jerusalén iba tener muchos problemas.
       En dos pasajes de Hechos nos revelan que Pablo intuía que iba a tener problemas en Jerusalén, aunque no sabía cómo ni de parte de quien, ni qué daños iba a sufrir.

Hechos 20:22 / 21:10-14
22 Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer;

Hechos 21:10-14
10 Y permaneciendo nosotros allí algunos días, descendió de Judea un profeta llamado Agabo,
11 quien viniendo a vernos, tomó el cinto de Pablo, y atándose los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles.
12 Al oír esto, le rogamos nosotros y los de aquel lugar, que no subiese a Jerusalén.
13 Entonces Pablo respondió: ¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús.
14 Y como no le pudimos persuadir, desistimos, diciendo: Hágase la voluntad del Señor.

Estas oraciones le permitirían regresar de Jerusalén e ir a roma CON GOZO. Pero Dios tenía otros planes, y Pablo regresó dos años después como preso. No sabemos si finalmente fue a Roma, pero Él debía testificar en Roma: “A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma. (Hechos 23:11).
       Y el resultado fue que el evangelio se extendió desde las capas sociales más bajas hasta las más altas, llegando incluso al palacio de César.



[1] Salmo 18:50
[2] Deuteronomio 32:43: Alabad, naciones, a su pueblo.
[3] Salmo 117:1: Alabad a Jehová, naciones todas; Pueblos todos, alabadle.
[4] Isaías 11:10: “Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será gloriosa”.

domingo, 8 de diciembre de 2019

RESPONSABILIDAD POLITICA Y CIUDADANA


Jeremías Ramírez Vasillas

Henry David Thoreau, escritor, poeta y filósofo estadounidense (1817-1862) escribió en su libro Desobediencia civil que “’El mejor gobierno es el que menos gobierna’ —y agrega—, y me gustaría verla aplicada de una manera más rápida y sistemática. Llevada hasta sus últimas consecuencias conduciría a esta otra, en la que también creo: ‘El mejor gobierno es el que no tiene que gobernar en absoluto.’ Cuando los hombres estén preparados para ello, este será el tipo de gobierno que tendrán”.
  Sin embargo, gobiernos van y gobiernos vienen, y los hombres no terminan de estar preparados. A veces, incluso, parece que sucede todo lo contrario: cada vez hay mayor descomposición social. Por ello es que sigue existiendo el gobierno.
  Jesús, cuando estaba con sus discípulos, les dijo una pregunta profética: “…cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:8). Es decir, ¿el hombre seguirá tan errado, tan perdido, como siempre o habrá cambiado? Tal parece que no abunda mucho la fe, es decir, la aceptación de Jesús como Señor y como Salvador, de modo que cada vez hay más gente guiada por el Espíritu de Dios.  Por el contrario, cada vez hay mayor alejamiento de Dios y de su palabra. Y muchos que se dicen cristianos sólo son congregantes de alguna iglesia. 
      Por ello, para tener una vida social con cierto orden debe haber un gobierno cuyas medidas restrictivas y punitivas obligue a la gente a comportarse dentro de ciertos parámetros que permitan que la vida colectiva se realice con cierto orden.
  Y algo más: entre mejor es el gobierno mejor es el control social que ejerce; entre peor, la vida social se vuelve un caos.
El cristiano debiese ser un modelo a seguir, un ejemplo de conducta ordenada, pero no siempre esto ha sucedido en la iglesia antigua como la moderna. Y seguramente había cierta resistencia a ser un buen ciudadano por lo que Pablo exhorta en este capítulo a someternos a las autoridades superiores. 

El cristiano y el Estado
1 Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.
2 De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.
3 Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella;
4 porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo.
5 Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia.
6 Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo.
7 Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra.

La indicación aquí es que de manera voluntaria debemos someternos, es decir, obedecer, a las autoridades superiores porque estas fueron establecidas por Dios; no hay una, incluso las autoridades más terribles, que no sean parte de esta ordenanza divina. Porque todos los gobiernos tienen como misión ordenar y darle cauce a la vida social de modo que no haya desorden. Sin autoridades, impera algo peor que la ley de la selva.
  Sabiendo Dios esta condición del ser humano de corromperse cuando no hay autoridad, el Señor ha impuesto este sistema de organización entre los hombres. Por ello, en el corpus legal del Pentateuco, leemos como Dios le ordena a Moisés a designar autoridades: “Jueces y oficiales”.

En Deuteronomio 16:18-20 leemos que Dios instituye el gobierno y le ordena a Moisés:
“Jueces y oficiales pondrás en todas tus ciudades que Jehová tu Dios te dará en tus tribus, los cuales juzgarán al pueblo con justo juicio.
No tuerzas el derecho; no hagas acepción de personas, ni tomes soborno; porque el soborno ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos.
La justicia, la justicia seguirás, para que vivas y heredes la tierra que Jehová tu Dios te da”.

En Israel la desobediencia a Dios o al rey tenía una pena severa, por eso Pablo afirma que el que se opone a la autoridad acarrea condenación. En Esdras 7:26 leemos:
“Y cualquiera que no cumpliere la ley de tu Dios, y la ley del rey, sea juzgado prontamente, sea a muerte, a destierro, a pena de multa, o prisión”.

Por ello, el gran consejo, como leemos en Eclesiastés 8:2, dice:
“Te aconsejo que guardes el mandamiento del rey y la palabra del juramento de Dios”.

En la carta a Tito, en el Cap 3:1 leemos: “Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra”.

Y en 1 Pedro 2:13-17: “Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien. Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios. Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey.

Cuando al señor lo trataron de poner en disyuntiva si se debía cumplir con el gobierno o con Dios, Él respondió magistralmente en Mateo 22: 21: …Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.

Ahora bien, en la palabra sólo hay una circunstancia en la que no podemos obedecer a las autoridades. Cuando las leyes u ordenanzas se contraponen con la ley de Dios, con su voluntad. En Hechos 5: 28-29: “¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de ese hombre. Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.

En la carta a Timoteo Pablo exhorta a los creyentes no sólo a cumplir las leyes sino a orar por ellos. Cuando veamos a un gobierno que dicta leyes injustas, la acción política de los cristianos es ORAR. Y si es un buen gobierno, ORAR también, en ambos casos buscamos que los gobiernos nos permitan vivir “quieta y reposadamente, en toda piedad y honestidad”.
            1 de Timoteo 2:1-3: “Exhorto, ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador,

Porque cuando un gobierno es malo, se convierte en un ente corruptor:

Proverbios 28: 15-17
Cual león rugiente y oso agresivo es el gobernante perverso sobre el pueblo pobre. Al príncipe que es gran opresor le falta entendimiento, pero el que odia las ganancias injustas prolongará sus días. El hombre cargado con culpa de sangre humana, fugitivo será hasta la muerte; que nadie lo apoye.…

Eclesiastés 10:16
¡Ay de ti, tierra, cuyo rey es un muchacho, y cuyos príncipes banquetean de mañana!

Isaías 3:12
¡Oh pueblo mío! Sus opresores son muchachos, y mujeres lo dominan. Pueblo mío, los que te guían te hacen desviar y confunden el curso de tus sendas.

En estos casos, debemos redoblar la oración.


8 No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.
9 Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
10 El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.

Es muy importante para el cristiano no deber a nadie nada. Ni al gobierno, ni a las instituciones privadas, ni en los centros de trabajo, ni en el cumplimiento de las reglas sociales. Salvo, el amor. En eso debemos considerarnos deudores porque jamás lograremos amar en plenitud a nadie. Por eso siempre debemos considerarnos deudores, deudores que se esfuerza en cumplir.
  ¿A quien debemos a amar? A todos: a Dios, a nuestros familiares, a nuestros amigos, a nuestros vecinos, incluso a nuestros enemigos.
  Una manera de amar a los demás es siguiendo al pie de la letra lo que dice el versículo 9:
·      No adulterarás
·      No matarás
·      No dirás falso testimonio
·      No codiciarás
·      En suma, amarás a tu prójimo como a ti mismo. Todos los mandamientos se cumplen en el amor.

¿Qué es el amor? La búsqueda del bien del otro. La lista breve de Romanos 13 son formas de atentar contra el prójimo. Teniendo relaciones ilícitas, asesinando, dando falso testimonio, codiciando, todas ellas son formas contrarias al amor.

EL CUMPLIMIENTO DE LA LEY ES EL AMOR.

11 Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos.
12 La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz.
13 Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia,
14 sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.

Como dirían en mi pueblo: el tiempo no está para bollos. Los tiempos son malos, los indicios de que nos apróximamos a algo terrible se presiente con los problemas en todo el orbe: calentamiento global, contaminación, extinción de especias y de fauna, envenenamiento de ríos, violencia generalizada, revueltas, masacres aun en los países desarrollados, balaceras, robos, fraudes casi inconcebibles….

Pero todo esto también es de que se acerca el día. Por ello es urgente que desechemos las obras de las tinieblas, que no sujetemos nuestras conductas a lo que hace todo el mundo que anda en glotonerías (en Celaya como han proliferado los salones de fiesta donde los excesos son comunes) y borracheras, lujurias, lascivias, pleitos, envidias...

La invitación es a VESTIRNOS del SEÑOR, y no dejarnos dominar por los deseos carnales.


ESTUDIO SOBRE APOCALIPSIS 20: Los mil años

Jeremías Ramírez El tema principal de este capítulo 20 es ese periodo de tiempo denominado “Milenio” y que ha sido causa de enorme discusión...