sábado, 27 de junio de 2020

2 CORINTIOS 9 La manera cristiana de dar a los demás

Jeremías Ramírez V

En este capítulo termina el tema de la ofrenda para la iglesia de Jerusalén, que lo venía mencionando el apóstol desde la primera carta.
            Pero, además, Pablo aprovecha esta circunstancia para enseñar a la iglesia la manera cristiana de compartir nuestras riquezas con quienes lo necesiten, y queda esta enseñanza como guía para nuestra conducta.

1 Cuanto a la ministración para los santos, es por demás que yo os escriba;
2 pues conozco vuestra buena voluntad, de la cual yo me glorío entre los de Macedonia, que Acaya está preparada desde el año pasado; y vuestro celo ha estimulado a la mayoría.

Dice la Biblia textual “En cuanto al servicio de los santos…”.
En estos dos primeros versículos RECONOCE su generosidad. Y les informa que ha hablado al respecto con los hermanos de Macedonia. Pablo y quienes vivieron con los corintios tienen la experiencia de esa generosidad. Y que están preparados para dar una buena ofrenda. Y eso ha motivado a los macedonios, que en el capítulo anterior vemos que no eran ricos, pero aun así, el buen ejemplo de los corintios los motivó a ir más lejos.
No hay mejor forma de educar que el ejemplo. Vemos en el mundo que el mal ejemplo tuerce la vida de las personas y los noticieros hacen énfasis en ese mal ejemplo. Pero el buen ejemplo es mucho mejor, tal vez no para vender noticias, pero sí para motivar a los demás a hacer cosas buenas.
Y este buen ejemplo es muy importante en la iglesia. El Señor dijo en el sermón del monte: “Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16).
Y así debe brillar nuestra luz también dentro de la iglesia para motivar a los demás a ser mejores delante de Dios. Pablo decía: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.” (Corintios 11:1). Entonces a los corintios les dice: “Y vuestro celo ha estimulado a la mayoría”.  

3 Pero he enviado a los hermanos, para que nuestro gloriarnos de vosotros no sea vano en esta parte; para que como lo he dicho, estéis preparados;
4 no sea que si vinieren conmigo algunos macedonios, y os hallaren desprevenidos, nos avergoncemos nosotros, por no decir vosotros, de esta nuestra confianza.
5 Por tanto, tuve por necesario exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros y preparasen primero vuestra generosidad antes prometida, para que esté lista como de generosidad, y no como de exigencia nuestra.

Entonces, es posible que, cuando Pablo vaya por al ofrenda, no la tengan lista y entonces queden mal ellos, y Pablo. Por eso, envió anticipadamente a varios hermanos para advertirles. Y de esa forma no pasar vergüenza nadie.
            Esto es muy importante porque el mal ejemplo tiene graves consecuencias. Hay mucha gente que rechaza la iglesia porque no ha estado a la altura de lo que se esperaba. Y la gente desilusionada es mucho más difícil de motivar para que siga a Cristo.             Un pastor rumano decía que gran parte de la culpa de que hubiese ateos era por la pésima conducta de los cristianos en iglesia.
            Pablo también quiere, y esa es la voluntad de Dios, que se vea su generosidad, su voluntad de dar, y que no es una obligación.
            La manera de dar del cristiano debe ser espontánea, gozosa, feliz de entregar las bendiciones que Dios nos ha dado. Esto es la muestra que hay amor. Recordemos que este es el distintivo del cristiano: el amor: “Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.”, leemos en Corintios 13:3

6 Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.
7 Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.
8 Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra;
9 como está escrito:
    Repartió, dio a los pobres;
    Su justicia permanece para siempre.
10 Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia,
11 para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios.

Estos versículos parece que apoyan la teología de la prosperidad, pero no. Para no caer en esa distorsión hay que entender bien lo que dice a la palabra.
            La generosidad y el amor es similar a la siembra. En Gálatas 6:7 leemos: “…todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”.
            En este versículo nos damos cuenta que todos nuestros actos tienen una consecuencia la cual llegará tarde o temprano. En este caso particular, cuando hay una necesidad es una oportunidad para sembrar amor a través de nuestros bienes materiales. Las bendiciones que recibiremos serán mayores, pero no monetarias precisamente. Vean que no está escrito en términos de una inversión financiera. Quien quiera recibir una abundante cosecha no lo logrará sembrando unas cuantas semillas, porque nada de los que hagamos pasará desapercibida por el Señor, ni un vaso de agua, ni una visita, ni una palabra amable. Todo lo bueno, por pequeño que sea, es una semilla de amor. En Mateo 25: 31-37

Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y … dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.

Y en Lucas 6:38:

Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.

De modo que, la actitud para dar, para compartir nuestros bienes de manera alegre es muy importante. El Señor dijo: es mejor dar que recibir.
Para entender esta verdad pongámoslo al revés. Cuando a alguien le roban sus bienes se siente muy mal, es como si sufriera un ataque a su persona. Eso provoca el ladrón: un sentimiento amargo que genera odio. Hoy que vivimos en una sociedad deshonesta, vemos cuanto rencor se ha acumulado en el ánimo de la gente.
Esa misma intensidad emocional se provoca en alguien que recibe un bien, y aún mayor. Muchas veces en mi vida he sentido esa sensación de amor cuando alguien en mi necesidad me auxilia.
Un día estaba muy triste porque no tenía trabajo ni dinero fui al centro a rumiar mi tristeza. Cuando estaba sentado en una banca llegó un amigo y me preguntó qué me pasaba. Al enterarse, sacó su reparto de utilidades y me lo dio completo. Mis problemas en ese momento se acabaron.
Hacer felices a otros debe ser una de las misiones importantes de un cristiano, por eso debemos dar con alegría.
Tomemos en cuenta lo que se dice en el versículo 8, que “poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia…”. Él, en muchas ocasiones nos da de más no para que lo acumulemos, sino para tener la oportunidad y bendición de expresar la generosidad y el amor de Dios a otros, y de esa forma alegraremos nuestra vida.
En Deuteronomio 15:7- 11 leemos que esta generosidad y preocupación por el prójimo era importante para los israelitas pues Dios les dijo:

7 Cuando haya en medio de ti menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que Jehová tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre,
8 sino abrirás a él tu mano liberalmente, y en efecto le prestarás lo que necesite.
9 Guárdate de tener en tu corazón pensamiento perverso, diciendo: Cerca está el año séptimo, el de la remisión, y mires con malos ojos a tu hermano menesteroso para no darle; porque él podrá clamar contra ti a Jehová, y se te contará por pecado.
10 Sin falta le darás, y no serás de mezquino corazón cuando le des; porque por ello te bendecirá Jehová tu Dios en todos tus hechos, y en todo lo que emprendas.
11 Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra.

Y termina Pablo este capítulo subrayando la generosidad de nuestro Dios:

12 Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios;
13 pues por la experiencia de esta ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos;
14 asimismo en la oración de ellos por vosotros, a quienes aman a causa de la superabundante gracia de Dios en vosotros.
15 !!Gracias a Dios por su don inefable!

Toda esta generosidad, como decíamos, tiene una consecuencia positiva: que los hermanos suplan sus necesidades, pero que también glorifiquen a Dios. Y este es un don, un regalo, inefable. Tener la capacidad de expresar nuestro amor a otros a través de nuestros bienes, es ciertamente un don inefable.

Qué el Señor les bendiga.

           


jueves, 30 de abril de 2020

SOLIDARIDAD CRISTIANA 1a de Corintios 16

Jeremías Ramírez Vasillas

Afirma el Kennet E. Bailey, teólogo y lingüista estadounidense, que la primera carta de Corintios es una obra maestra. No le falta razón. En un recorrido a detalle de esta carta podemos ver la cuidadosa construcción argumental de una enorme cantidad de enseñanzas. Es un tratado de teología teórico práctico de enorme riqueza.
            En este último capítulo, el más personal, no pierde la oportunidad para esclarecer, sobre todo en los últimos versículos, aspectos importantes para la fe cristiana.
            Gracias estudios profundos, como el Bailey, cuyo libro se titula Pablo a través de los ojos meditarréaneos, sobre esta carta, es que podemos extraer la enorme riqueza que está en su interior y que lectores superficiales, como somos la mayoría considerando además que hay 20 siglos que nos separan, no nos logramos percatar.
            Agradecemos a Dios que haya hombres dedicados a exponer con tal detalle el enorme edificio teológico que sustenta nuestra fe y conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Gracias a ellos entendemos muchas cosas que no nos son tan evidentes, pero importantísimos, pues la iglesia vive bajo una amenaza constante. Los virus malignos de las doctrinas torcidas sólo pueden ser combatidas con la verdad, de ahí la importancia de estos estudiosos, que como bacteriólogos sanean la vida espiritual de los cristianos.

Ofrendas

Inicia este último capítulo con un tema importante: la vida en comunidad y la importancia de la solidaridad entre los diversos miembros del cuerpo de Cristo. Hay que poner atención como y para qué eran las ofrendas, que distan muchos de la mecánica de las iglesias que se han convertido en negocios lucrativos de sus dirigentes.
            Pablo hace énfasis una y otra vez en que unos de los aspecto importantes de la fe y la vida de la iglesia es este aspecto de comunidad. Hoy se hace énfasis en el aspectos individual de la fe, pero no era sí como nos enseño el Señor, ni el apóstol Pablo.

1  En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia.
2 Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas.
3 Y cuando haya llegado, a quienes hubiereis designado por carta, a éstos enviaré para que lleven vuestro donativo a Jerusalén.
4 Y si fuere propio que yo también vaya, irán conmigo.

            Primero, indica la estrategia de recolección de la ofrenda. No es un diezmo ni tampoco una cantidad fija ni tampoco hay una promesa de recompensa, como si fuera una inversión, como las teologías de la prosperidad afirman erróneamente.
            La estrategia es separar cada semana una cantidad que cada quien crea conveniente en función de su prosperidad. Es obvio decir que quien no haya prosperado no tiene porque separar lo que no tiene, no está obligado.
            Y esto lo hace así para que la recaudación sea mayor y no lo que en ese momento se pudiera juntar y así ayudar de la mejor manera a las penurias y pobrezas a la iglesia de Jerusalén. No sabemos qué problemas había en ese momento, pero esta es una enseñanza de que, como cuerpo de Cristo, tenemos dos obligaciones: estar enterados de lo que le sucede a los otros hermanos y estar dispuesto a ayudarnos unos a otros.
            Y aunque se suponga que en la iglesia debe haber total honradez y confianza, es mucho mejor hacer las cosas para que no haya sospechas ni tentaciones, por lo que es necesario asentar por escrito quien ha sido comisionado para llevar la ofrenda, cuánto es la cantidad que se envía, quién se los manda y con qué propósito.
            Veamos como Pablo no se auto nombra para manejar ese dinero, sino en todo caso, si es apropiado él irá también, pero como acompañante.

Planes de Pablo

5 Iré a vosotros, cuando haya pasado por Macedonia, pues por Macedonia tengo que pasar.
6 Y podrá ser que me quede con vosotros, o aun pase el invierno, para que vosotros me encaminéis a donde haya de ir.
7 Porque no quiero veros ahora de paso, pues espero estar con vosotros algún tiempo, si el Señor lo permite.
8 Pero estaré en Efeso hasta Pentecostés;
9 porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios.

Aquí les anuncia que irá a visitarlos cuando pase por Macedonia, porque tiene que ir por alguna obligación. Y hay la posibilidad que se quedé en Corinto en el invierno. Al inicio de la segunda carta nos informa que tanto se cumplieron estos planes. Recuerden que atentos a la voz del Espíritu de Dios, se dejaban llevar por él en casos específicos. Es importante subrayar que el cristiano no es una marioneta de Dios, que el Señor nos deja tomar decisiones, pero corrige el rumbo si ve que es mejor ir por otra parte. Tomemos decisiones pero estemos atentos a su voz.
            Dice Bailey que es probable que Pablo quisiera pasar el invierno en Corinto porque es el periodo de mayor trabajo para los fabricantes de tiendas (y que también fabricaban velas) pues era cuando le daban mantenimiento a las naves. Y Pablo podría aprovechar para trabajar y aumentar sus recursos para seguir con su labor misionera. Pero además, afirma Bailey, que también desea que los corintios le ayuden financieramente para su planes futuros, que como Pablo indica: “a donde haya que ir”. La palabra que se ha traducido como “encaminar” es “prompeo”, (que implícitamente indica ayuda en el viaje). El Nuevo testamento interlineal añade debajo de “encaminarías” entre paréntesis: “ayudarías a continuar el viaje”. El BAGD (Diccionario léxico griego-inglés) dice que el sentido de esta palabra es “ayudar en nuestra jornada con la comida, el dinero, disponiendo compañeros, medios de transporte, etc”.
            Todo ello, repito, para que pudiera seguir con su obra misionera, pues se iba a quedar en Efeso hasta Pentecostés, y en una breve línea da fe de los pros y los contras en su trabajo: hay una puerta abierta, grande, pero también muchos adversarios. No hay trabajo misionero que no tenga adversarios y entre más grande, más adversarios tiene. Pablo enfrentó a muchos adversarios, dentro y fuera de la iglesia.
           
10 Y si llega Timoteo, mirad que esté con vosotros con tranquilidad, porque él hace la obra del Señor así como yo.
11 Por tanto, nadie le tenga en poco, sino encaminadle en paz, para que venga a mí, porque le espero con los hermanos.
12 Acerca del hermano Apolos, mucho le rogué que fuese a vosotros con los hermanos, mas de ninguna manera tuvo voluntad de ir por ahora; pero irá cuando tenga oportunidad.

Y es precisamente a causa de esos adversarios que Pablo les pide a los corintios que procuren que la estancia de Timoteo sea con tranquilidad, es decir, que lo cuiden y que le procuren un ambiente de paz, pues al hacer la obra del Señor, como apuntamos anteriormente, tenía muchos adversarios.
            Además Timoteo tenía algo en contra: su juventud. En la carta que le escribe a Timoteo le dice que “nadie tenga en poco su juventud”. La discriminación por diversas causas es propio de los seres humanos e incluso dentro de la iglesia. Parece que en ese entonces la juventud no era respetada. Y les pide de nuevo que lo encaminen (prompeo), es decir, que lo ayuden con los gastos de modo que no tenga nada de qué preocuparse.
            Sabemos también, por lo que Pablo escribe al inicio de esta carta, que en Corinto había una fuerte división que suponemos era muy enconada. Y esta es posible la razón de que Apolos no quisiera ir a Corinto. Pero Pablo asegura que irá, tal vez cuando las divisiones de la iglesia de Corinto se hayan disuelto.

Salutaciones finales

13 Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.
14 Todas vuestras cosas sean hechas con amor.

De pronto, inserta dos recomendaciones importantes para los cristianos de todos los tiempos.
La primera tiene que ver con la voluntad. Hay veces que si fallamos culpamos a Dios, pero constantemente en la Biblia apela a la voluntad. A Josué Dios le dice: “Esfuérzate y se valiente”. Aquí les pide cuatro cosas: que estén firmes, que se porten varonilmente y que se esfuercen. La permanencia en la voluntad de Dios depende de nuestra decisión, de la determinación que pongamos, de modo que es nuestra responsabilidad 1) Velad, es decir, estar atento. No seamos como esas cinco vírgenes insensatas de Mateo 25 que al esperar al esposo se duermen y cuando despiertan ya es demasiado tarde. Si nos dormimos, un día nos daremos cuenta que hemos perdido muchas cosas, que nuestra vida estaría en una mejor posición si no nos hubiéramos dormido. 2) Pero no es sólo hay que velad, sino además estar firmes. Esta recomendación nos remite a la milicia. El soldado que está de guardia no se mueve de su lugar, está atento para detectar cualquier amenaza y no retrocede. Puede avanzar, dado el caso, pero no retrocede y menos se deja caer. 3) Portaos varonilmente (andrizesthe), es decir, con valor, con coraje. 4) Esforzaos. El andar del cristiano es inevitablemente  en contracorriente con el flujo de la cultura dominante y se requiere esfuerzo, mucho esfuerzo cuando la oposición es muy grande. El llamado de Dios a Josué es vigente a todas las personas en todas las épocas: Esfuérzate y sé valiente.
La segunda: Todo hacerlo con amor. En esta carta Pablo ha subrayado y resaltado el amor. A veces, en la iglesia, se acentúa la sana doctrina, que no está mal, pero de manera fría, sin amor, sin considerar las circunstancias del hermano y muchas veces las exhortaciones sin amor hieren más que aliviar. Toda exhortación (no regaño) debe tener el tacto que permita que el hermano se sienta cobijado.
Y cuando aquí dice que TODO lo hagamos con amor, es todo, hasta las tareas más triviales como barrer o lavar los trastos o tender las camas o atender a los clientes o manejar una máquina. El cristiano debiese predicar con sus actos amorosos y que los demás lo vean y lo sientan. Si hacemos las cosas a regañadientes, por obligación, no hemos entendido nada.

15 Hermanos, ya sabéis que la familia de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que ellos se han dedicado al servicio de los santos.
16 Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos los que ayudan y trabajan.
17 Me regocijo con la venida de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico, pues ellos han suplido vuestra ausencia.
18 Porque confortaron mi espíritu y el vuestro; reconoced, pues, a tales personas.
19 Las iglesias de Asia os saludan. Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa, os saludan mucho en el Señor.

Aquí Pablo reconoce el trabajo y la integridad de varias personas, a las que pone de modelo a seguir. Primero habla de Estéfanas, en Acaya, justamente en la región donde está Corinto, y Pablo lo menciona como un ejemplo a seguir. Los cristianos debemos reconocer quienes se destacan en el Señor y hay que buscar imitar su trabajo, y de esa manera fortalecemos los resultados que estos hermanos destacados están logrando.
            También menciona a Fortunato y Acaico, de quien se sabe poco, pero que en ese tiempo eran conocidos como ejemplos vivos. Por eso debían imitarlos, seguirlos y sujetarse a su autoridad pues esta proviene de su obediencia y de su constancia y entrega a Dios.
            De paso Pablo menciona a dos personajes conocidos por los Corintios: Aquila y Prisca. La versión sesenta de Reina-Valera traduce “Priscila”, pero el original, como lo traduce la Biblia textual, es Prisca. Tal vez no tenga importancia este detalle o tal vez nos dice que escribir en diminutivo podría restarle importancia a la obra de esta hermana valiosa, de modo que Pablo prefiera escribir su nombre tal y como era: Prisca.

20 Os saludan todos los hermanos. Saludaos los unos a los otros con ósculo santo.
21 Yo, Pablo, os escribo esta salutación de mi propia mano.
22 El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. El Señor viene.[a]
23 La gracia del Señor Jesucristo esté con vosotros.
24 Mi amor en Cristo Jesús esté con todos vosotros. Amén.

Básicamente con los saludos es otra manera de subrayar que la vida cristiana es comunitaria y no sólo algo personal, individual.
            En el verso 23 hay un cambio del discurso para expresar una sentencia contundente y enérgica: “El que no amare al Señor, sea anatema”. Recordemos lo que Pablo dice en el 12:3: “…os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús”. Esto nos indica que el mismo Señor era descalificado e insultado incluso dentro de la iglesia. Por eso subraya que quien rechaza a Cristo así mismo se ha condenado, es decir, es anathema. Y la frase que escribe enseguida (que en la versión sesenta de Reina Valera como “El Señor viene”), en el original está en arameo: Maranatha. Los linguístas nos dicen que esta palabra tiene un significado ambiguo. Esta compuesta por “Maran” (nuestro Señor) y “atha”, viene o vino o vendrá, por lo que se puede traducir en tres sentidos temporales: Futuro, como está en la Reina Valera: El Señor Viene”, o también en pasado: “El Señor ha venido” o en presente continuo: “Esta viniendo”. Algunos comentaristas creen que el sentido puede ser en pasado: “ha venido”. Quizá les está diciendo: pues digan lo que digan lo detractores de Jesús, Él Señor ya vino”. Pero en los tres sentidos afirma que vino, que sigue viniendo (cada que alguien le recibe su presencia se acentúa y se manifiesta cambiando vidas) o que vendrá al inicio de tribulación. Es decir, digan lo que digan, el Señor es una realidad pasada (vino, murió y resucitó), presente (está continuamente con los suyos) y futura (y su plenitud la veremos cuando físicamente le veamos en el momento que venga por su iglesia y reinar con ella).
            Por lo anterior, porque su presencia es innegable, pide que además la gracia del Señor siga estando en los corintios, que no se alejen y hagan que su gracia se diluya. La iglesía de corinto podría vivir en desorden pero la abundancia de los dones indicaba que la gracia del Señor estaba con ellos y Pablo quiere que siga con ellos.
            Y termina con una frase interesante: “Mi amor en Cristo”. Pablo amaba al Señor intensamente. Ese amor, intenso, profundo y comprometido, es el que tiene hacia los corintios, a pesar de su forma desordenada de ser.



jueves, 23 de abril de 2020

CIENTIFICO INGLÉS ESCRIBE LIBRO ESPERANZADOR SOBRE EL CORONAVIRUS

Jeremías Ramírez Vasillas

Un minúsculo e invisible ente ha puesto al mundo de cabeza. Ni todo el poderío de la ciencia y el dinero han podido con él. Ha logrado atemorizar a millones de personas, ha puesto a temblar las economías y ha vaciado las calles, los centros comerciales, los estadios, las salas de concierto y hasta las iglesias, de casi todos los países del orbe. Fue inusitado ver al Papa Francisco dar su mensaje de Semana Santa ante la Plaza de San Pedro vacía. Nunca nos hubiéramos imaginado tal cosa, ni aún los mejores escritores.
            Para enfrentar de esta pandemia ha salido al ataque un ejército de bata blanca que en las confrontaciones bélicas va a la retaguardia recogiendo los heridos; pero ahora está al frente, peleando milímetro a milímetro con este feroz y escurridizo enemigo para el cual no se han encontrado el arma que pueda exterminarlo.
            Mientras tanto, las cifras de infectados aumentan cada día y ha provocado severas enfermedades en un porcentaje de ellos (algunos graves y en situaciones terribles luchan entubados padeciendo una verdadera tortura) y muchos están muriendo, sobre todo en los países de primer mundo como Italia, Francia, Inglaterra y Estados Unidos, que va a la cabeza.
            La gente de a pie que no alcanza a distinguir la diferencia entre una bacteria y un virus, atónita, no sabe qué hacer, sobre todo porque muchas voces se alzan, algunas sabias y de buena fe (generalmente provenientes de médicos) que enseñan, ilustran y guían para que la gente tome decisiones correctas; otras, con intereses económicos que ven en la pandemia una oportunidad de negocio o, quienes, con intereses políticos, lanzan mensajes que provocan confusión, poniendo en riesgo de muerte a muchas personas.
            Hay otras voces, para nuestra fortuna, que paralelamente a los consejos médicos, se han levantado como solitarios pero potentes faros de luz ante las embravecidas olas del miedo y la incertidumbre y van abriendo senderos de esperanza.
Tal es el caso de John Carson Lennox, doctor en Matemáticas en la Universidad de Oxford y asociado en Matemáticas y Filosofía de la Ciencia en el Green Templeton College, Oxford, y quien también posee un Master en Bioética[1].
            Encerrado en su casa, en Inglaterra, el Dr. Lennox, viendo a través de la televisión al caos, tuvo a bien escribir en una semana un pequeño libro en el que, de manera razonable, paciente, empática, a lo largo de 88 páginas y seis capítulos, va explicando con claridad, con las armas de las ideas, el conocimiento científico y teológico, el problema del coronavirus y la pandemia que ha desatado y va orientando a sus lectores a asumir una actitud racional y emocional al respecto, pues va analizando desde la sensación de vulnerabilidad que sentimos, nos explica cómo ha enfrentado la humanidad las diversas pandemias que la han asolado y cómo enfrenta actualmente la humanidad esta pandemia desde tres enfoques o cosmovisiones predominantes.
Estas tres cosmovisiones son: ateísta, panteísta y teísta, y nos va diciendo que es lo que se puede ver desde estos tres ángulos de visión. Y explica cuál de ellas puede esclarecer en nosotros el problema y brindarnos una esperanza real.
Pregunta Lennox: ¿El ateísmo nos puede ayudar en estas circunstancias? Y responde que desde la óptica ateísta estamos ante un universo material indiferente que no se percata de nuestro destino. Es decir, estamos solos porque no hay nadie detrás que maneje los hilos de la realidad material.
Desde la óptica panteísta podemos ver a una naturaleza que pareciera que se defiende de la depredación humana y nos lanza una advertencia.
Y desde la óptica teísta, muchos se preguntan si este es un castigo divino. Si existe Dios ¿por qué surgió el coronavirus? ¿Hay evidencia en medio de esta pandemia del amor divino? Con mucha objetividad, basado en conocimientos profundos de la Biblia, nos explica que no hay tal castigo divino.
¿Entonces? Cuando llegamos los capítulos finales, que son de una belleza esperanzadora, casi poética, va dando respuesta a nuestras inquietudes.
Cabe señalar que como apologista cristiano Lennox afirma que la mejor respuesta, no sólo a la pandemia sino al problema humano del mal, está en el cristianismo, pero no en ese cristianismo barato con la que lucran muchas organizaciones religiosas, sino en ese cristianismo bíblico que se predicó en la iglesia primitiva y que está impreso en las páginas de la Biblia, un libro que actualmente es tan mal leído por religiosos y no religiosos y que, en este último grupo, de plano es ignorado, descalificado y ninguneado.
            Sin embargo, este sabio inglés, y muchos otros intelectuales de grandes tallas como Charles Hard Townes (1915-2015), físico estadounidense, miembro de la Iglesia Unida de Cristo, premio Nobel de Física en 1964 o El Nobel de Física de 1997, William Phillips, entre muchos otros, afirman que en la Biblia está la respuesta al problema humano de la maldad, de las guerras, de la destrucción irracional, de la desesperanza en un mundo mejor.
            Podría yo dar torpemente más detalles de este libro, pero es mucho mejor que usted lo lea y saque sus propias conclusiones.
Conseguir el libro es sumamente fácil. La editorial colombiana Poimea, tuvo a bien poner al alcance del público de habla hispana su traducción al español de manera totalmente gratuita. En este link puede solicitarlo: https://bit.ly/3c63OsU
Solo le pedirán su correo electrónico, nombre, apellido y país; y de inmediato se lo envían a su correo en PDF, el cual puede imprimir o leer directamente en su computadora o en un dispositivo como las tabletas o los IPad.
            Espero que este libro apacigüe su estado de ánimo, si está usted preocupado por el destino de México y el mundo, ante la creciente pandemia del coronavirus.




[1] Bioética: rama de la ética dedicada a proveer los principios para la conducta más apropiada del ser humano con respecto a la vida, tanto de la vida humana como del resto de seres vivos.

domingo, 5 de abril de 2020

SEMANA SANTA Y LA PANDEMIA


Jeremías Ramírez Vasillas

La próxima semana se inicia la llamada Semana Mayor, en la que se celebra en casi todo el mundo diversos actos religiosos y escenificaciones de la pasión de Cristo.
            Hace un mes el mundo se preparaba para esta semana: unos para irse de vacaciones; otros para participar en eventos religiosos. De pronto, un personaje no invitado irrumpió en escena y aunque nadie lo puede ver (salvo los científicos a través de potentes microscopios), ha alterado todo: adiós vacaciones, adiós celebraciones religiosas y adiós actividades rutinarias. Las calles y los lugares públicos vacíos son un indicio de un espíritu festivo apagado y quizá, por primera vez, este enemigo invisible está obligando a no creyentes como creyentes a pasar un largo periodo de recogimiento y de reflexión para encontrar nuevas bases para la vida post pandémica.
            Ahora bien, este pequeño enemigo ha propagado un miedo que se ha trastocado, en muchos casos, en pánico; un pánico difícil de acallar estando encerrados en su casas pues impide el refugio social y religioso. Algunos creyentes sentirán que Dios los ha abandonado; los no creyentes, que el mundo se les cae encima, y muchos otros, como en México, andan como si nada estuviera pasando.
            Sin embargo, son estos momentos de zozobra los que abren la oportunidad de que revisemos nuestras vidas y pongamos en orden nuestros hábitos y nuestras ideas a través del análisis a fondo de nuestras creencias y buscar bases firmes.
Los creyentes deberán revisar si su fe es producto de la costumbre y la tradición o si tiene un fundamento mucho más sólido, más apegado a las fuentes originales, muchas veces desconocidas. La Biblia es, en muchos casos, objeto de adoración, pero no de lectura. Los no creyentes, igual: ¿Lo que creen es lo correcto? ¿Dios no existe? ¿Y si existe, cómo es, dónde está, como entra uno en relación con él? Si están llenos de pánico esto indica que sus dioses les han fallados, llámese ciencia, dinero, poder, influencias, grupos de meditación, etc.
            Repito, el hecho de que estemos hundidos en el miedo indica que nuestras creencias no aguantaron el peso de la pandemia. ¿Quién podrá salvarnos? Es el grito silencioso de muchas personas.
            Cabe señalar que este fenómeno cataclísmico no es nuevo: la historia nos muestra que la humanidad los ha vivido en otras épocas en los que terremotos inundaciones, pandemias como la Peste, entre otras, han puesto en jaque a la humanidad. Ya lo decía el rey Salomón: “¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará, pues nada hay nuevo debajo del sol” (Ec. 1:9).
            Quizá en estos momentos muchos sientan el deseo de acercarse al cristianismo (que no es lo mismo que a una iglesia cristiana) y encuentran muy difícil aceptar la figura de Cristo, sobre todo por la enorme cantidad de mitos que se han creado al respecto.
            El fin de año, en mi visita obliga a la ciudad de México y a mi infaltable recorrido por sus librerías, me encontré un libro que me llamó la atención: El caso de Cristo, escrito por Lee Strobel, un periodista norteamericano ateo. ¿Analizar a Cristo bajo la lupa judicial?, me pregunté. Sí, esa fue la estrategia del señor Strobel, pues quería saber si Cristo era un mito o era real. ¿Cuál era su interés? Su esposa se había convertido al cristianismo y quería saber qué tan fiable era dar ese brinco de fe, o si de plano su matrimonio estaba sentenciado a muerte.
            Su estrategia fue, primero, leer la Biblia. Luego, hizo una lista de preguntas tanto suyas como de los detractores del cristianismo. Después buscó saber quiénes eran los eruditos bíblicos más prestigiosos en diversas especialidades, tanto en historia, arqueología, lingüística, etc., algunos de ellos con abultados currículums, publicaciones con un conocimiento mucho más profundo que un simple feligrés de domingo. Finalmente, entrevistó a estos especialistas para que respondieran su lista de preguntas; preguntas que creyentes o no creyentes nos hemos hecho y sobre los mitos más populares, casi de lugar común.
            El libro, siguiendo una estructura cronológica-temática-judicial (hasta con ejemplos de caso
s judiciales), se divide en tres partes. En la primera, hace un examen de la confiabilidad de las biografías de Cristo escritas en los evangelios, las evidencias fuera de los evangelios, la información arqueológica sobre Jesús y la coincidencia entre ese Jesús histórico y el de la fe.
            En la segunda, hace un análisis de Jesús: ¿él estaba convencido que era el hijo de Dios? ¿Estaba loco cuando decía que era el hijo de Dios? ¿Jesús poseía atributos propios de Dios? ¿Responde Jesús al perfil de mesías que indican los profetas?
            Y en la tercera parte investiga sobre la resurrección, tema toral en la fe cristiana. El apóstol Pablo ponía este hecho en el centro: “Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe… [y] somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres”. Strobel analiza si la muerte de Jesús fue un engaño o un hecho real, si la tumba estaba realmente vacía, ¿alguien vio realmente a Jesús vivo después de la crucifixión? ¿Qué otros hechos respaldan la resurrección?
            El libro revela información poco conocida que fundamenta el hecho de que Jesús no era un ser humano ordinario y que los apóstoles y la iglesia no crearon la imagen del Jesús de la fe. Que los evangelios en realidad son registros históricos de fiar y las experiencias y la transformación del mundo antiguo y de la cultura grecorromana no son un mito, sino un indicador que confirma la deidad de Cristo y la historicidad de su resurrección.
            Repito. Es posible que alguien que entre a la lectura de este libro con suspicacia no encuentre nada valioso, pero quién con lo lea con objetividad encontrará capítulos que no parecen tan sólidos, sino que se apresura y fuerza un tanto sus conclusiones, pero que hay otros que aportan datos sobre Jesús que derrumbas los mitos más comunes y confirman que las aseveraciones de los evangelios y de las cartas del Nuevo Testamento son documentos dignos de aceptar en toda la extensión de la palabra. Que el mensaje del Nuevo Testamento revela verdades que los seres humanos no han querido ver o no han querido aceptar, pero son piezas clave para resolver muchos enigmas de la vida humana e indican soluciones efectivas para resolver problemas que las ciencias sociales y psicológicas no han podido, como, por ejemplo, el problema de la maldad.
            Este es un buen libro para quien quiera solidificar sus creencias cristianas y pueden orientar y ayudar a descubrir a quien duda que vale la pena arriesgarse por Cristo.
            Si le interesa adquirir este libro lo encuentra en librerías cristianas o lo pude pedir en los sistemas de entrega domiciliaria.

domingo, 29 de marzo de 2020

LOS DONES ESPIRITUALES

1 Corintios 12

Leyendo con detenimiento esta carta encontramos una diversidad de enseñanzas muy ricas y profundas. En el capítulo 12 Pablo aborda de nuevo el tema de la división y la necesidad de la integración en el Espíritu utilizando la metáfora del cuerpo humano. Tal parece que esta iglesia, a pesar de tantos problemas, el Señor la había dotado de grandes riquezas. Pero estas riquezas las estaban utilizando mal y en vez de construir y desarrollar el cuerpo de Cristo se acercaban al caos y era importante rescatarla. Y esta carta es un documento de rescate, importante para la iglesia de todo el mundo y de todas las edades. Su introducción tiene esa intención universal: “…a los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo”[1].

1  No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales.
2 Sabéis que cuando erais gentiles, se os extraviaba llevándoos, como se os llevaba, a los ídolos mudos.
3 Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.

¿Qué era lo importante que no debían ignorar? Que no era lo mismo los dones espirituales con lo que sucedía en las religiones paganas, es decir, esos arrebatos emocionales y hasta ciertos milagros, y lo que sucedía en la iglesia, pues en la iglesia el autor es Dios. Por eso inmediatamente, en el verso 2, dice que cuando eran gentiles, es decir, cuando no formaban parte del cuerpo de Cristo, adoraban a los ídolos y experimentaban fuertes emociones y entraban en momentos de extatismo. De modo que nadie puede hablar mal (maldecir) de Jesús en un estado de exaltación emotiva alegando que era el Espíritu de Dios quien lo impulsaba. Y quien lo hiciera estaba mal. Asimismo, nadie podía ni puede llamar a Jesús SEÑOR (kurios, en griego) sino por el Espíritu. Y Kurios era el título más grande que se le podía decir a alguien que realmente tuviera un gran poder. Y quien más podemos decirle así más que el que hizo los cielos y la tierra y todo lo que existe. En ese tiempo se les obligaba a decir a todos que César era kurios y hay de aquel que lo negara. Y los cristianos al decir que Jesús era kurios estaban negando ese título a César y ponían su vida en riesgo. Hoy, cada día, reconocer el señorío de Cristo sobre todo y sobre nuestra vida es afirmar que Jesús es Kurios, y eso sólo lo podemos decir y sentir (al grado de no tener miedo a nada pues Él gobierna) si no somos movidos por el Espíritu Santo.
            Entonces, era importante iniciar esta enseñanza poniendo las cosas sobre una base firme diferenciando lo que sucedía en el paganismo y lo que sucedía en la iglesia.

4 Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo.
5 Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo.
6 Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.
7 Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.
8 Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;
9 a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu.
10 A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.
11 Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.

De modo que todos los dones (y hay que subrayar que se refiere a dones espirituales y no a habilidades intelectuales o manuales), ministerios y operaciones, en la iglesia, tienen un único origen: Dios. Vean, cuando dice dones agrega: “pero el ESPÍRITU es el mismo”. Y cuando dice “Ministerios”: “pero el SEÑOR es el mismo. Y en operaciones: “DIOS, que hace todas las cosas, es el mismo”. Hay aquí una mención a la Trinidad.
            Los dones (carismas) a los que se refiere son: 1) palabra de sabiduría, 2) palabra de ciencia, 3) fe, 4) dones de sanidad, 5) milagros, 6) profecía, 7) discernimiento de espíritus, 8) diversos géneros de lenguas y 9) interpretación de lenguas.
            ¿Qué son estos dones? Son habilidades extraordinarias que son otorgadas por el Espíritu Santo a quien reciben y aceptan a Jesús como Salvador y Señor, y tienen como objetivo el crecimiento de la iglesia, es decir, son en beneficio del cuerpo de Cristo. Ese es su objetivo. Y esto subraya Pablo en 1 Corintios 14:12: “Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia”.
Estos dones, subrayemos, no son indicios de que hemos recibido el Espíritu Santo. En la iglesia de Corintios, como indica el versículo 30, no era para todos. A medida que el cristiano crece en el Señor, estos dones se vuelven manifiestos. Y su dimensión está en función de las necesidades específicas de la Iglesia. Es posible que haya épocas en el que casi no haya este don y en otras haya tenido una fuerte presencia. Y cada acristiano debe usar ese don, no debe quedar dormido, sino que deben ser ejercidos, repito, para el crecimiento de la iglesia. Los mismos dones indican su objetivo:
1)    Palabra de sabiduría. No es producto de la inteligencia o formación académica de quien posee este don, sino que provienen del Espíritu Santo y tiene como objetivo alimenta el alma del creyente.
2)    Palabra de ciencia (gnosis). Esta sería aquella palabra que nos revela los misterios de Dios, y que nos ayudan a entender su voluntad y transforman nuestro entendimiento para comprobar la buena voluntad de Dios. (Alimenta la mente)
3)    Fe. Quien tiene este don es quien enseña a confiar en Dios más allá de toda lógica. En momentos como este en que el mundo está bajo la amenaza de una pandemia, quienes tienen este don nos pueden enseñar y alentar con su ejemplo a confiar plenamente en el Señor. Pablo les enseña a sus compañeros de viaje cuando el barco en el que van está en riesgo de zozobrar a que coman pan y a que se tranquilicen. Y no sólo en esa ocasión, él da muestras de este don muchas veces.
4)    Dones de sanidad. Es un don que permite, como lo hicieron los discípulos y el mismo Pablo, a curar enfermedades en personas específicas y en situaciones concretas, curaciones incluso de enfermedades imposibles de curar como con el cojo de la puerta La hermosa.
5)    Milagros. Es igual que lo anterior, que demuestra el poder de Dios en su iglesia. Pablo, por ejemplo, no muere ante la mordida de la serpiente en la isla de Malta.
6)    Profecía. Es e don encargado de transportar los mensajes del Señor a su iglesia en momentos específicos. La predicación es donde se ejerce. No es una mera exposición, sino quien tiene ese don el Señor lo usa para tocar e iluminar la mente y los corazones.
7)    Discernimiento de espíritu. ¿De quien vienen diversos mensajes que recibimos del mundo? Este don permite distinguir la verdad de la mentira. El Señor le dijo a Pedro “aléjate de mí Satanás”. Distinguió de quien venían esas palabras “caritativas”, no de Pedro sino de alguien más. Ante un mundo lleno de mensajes confusos, que el Señor nos de este don para bien de nuestros hermanos y evitar que caigan en la mentira.
8)    Lenguas. Aunque parece ser que sólo tienen presencia en las iglesias carismáticas y en al Nuevo Testamento sólo mencionan en Corinto y en pequeñas menciones en otras cartas. Este don se puede manifestar (considerando lo que leemos en 1ª de Corintios 14) en momentos de adoración intensa cuando las palabras no alcanzan y el Espíritu Santo nos otorga lenguas adicionales (angélicas, dice el capítulo 13). Pero también se ha visto que se presenta en el trabajo misionero cuando llegan a lugares donde no se dominan las lenguas y al comunicar el mensaje los oyentes les entienden aunque no comparten la lengua. Una experiencia similar a lo que sucedió en el Pentecostés.
9)    Interpretación de lenguas. Para instrucción de la iglesia, pues en esos momentos de adoración que algunos de los Corintios hablaban en lenguas, y para que fuera de provecho a los demás era importante quien pudiera traducir lo que se decía en esas lenguas. El apóstol explica a detalle la función e importancia de este don en el capítulo 14.

Ahora bien, hay que considerar que “…todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere”. Y todo ello es por voluntad y obra de Dios.

12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.
13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.
14 Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.
15 Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?
16 Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?
17 Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?
18 Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso.
19 Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?
20 Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo.
21 Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.
22 Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios;
23 y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro.
24 Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba,
25 para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.
26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.
27 Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.

Ahora bien, cualquiera que poseyera uno u otro de estos dones no le hacía más o menos importantes, ni tampoco era motivo para dividirse. Sin embargo, para la iglesia de Corintio, sí lo era. De ahí que entonces que Pablo quisiera dejar en claro que todos los creyentes son importantes y que nadie puede vivir aislado, sino que son partes integrantes e importantes de un todo. Y ese todo es el cuerpo de Cristo, es decir, la iglesia. “…pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo”. Y el origen de esta unidad es que “en un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu”. Y además “el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos”.
            Y si somos el cuerpo de Cristo significa que el Señor sigue actuando en el mundo de manera física a través de su iglesia. Somos sus manos, sus ojos, sus oídos, sus pies. Pero si este cuerpo no está coordinado no puede funcionar bien. Como cuando nos enfermamos y algo nos duele. Bien puede ser una muela o el oído o un solo dedo del pie, y ese dolor se puede volver agudo y afecta todo el cuerpo. De ahí la importancia de la salud espiritual de cada uno de nosotros. Nuestra afección no permitirá que el cuerpo funcione bien.
            Es lamentable que en este tiempo el cuerpo del Señor, su iglesia, esté tan fragmentado. Ya no decimos como los Corintios: yo soy de Pablo o de Pedro o de Apolos, sino yo soy Bautista, Pentecostés, Presbiteriano, etc. Imaginen que revolución haríamos en Celaya y en el mundo si nos integráramos en un todo como cuerpo de Cristo. Qué el Señor nos perdone nuestras divisiones y nos permite integrarnos en un solo cuerpo. “De manera que, si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular”.
            La ayuda mutua y la interconexión de las iglesias primigenias de Asia, Grecia, Roma o Judea, constatan que eran parte de un cuerpo.

28 Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.
29 ¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros?
30 ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?
31 Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aún más excelente.

En este pasaje final del capítulo 12 subraya el orden de ejercicio de estos dones.
1)    Apóstoles (enviados) ellos son los primeros porque son los que siembran la semilla del evangelio en tierra virgen. Es decir, son el inicio.
2)    Luego profetas, es decir, los que predican, los que nutren a la semilla y pueda contribuir a que crezca y se desarrolle. Los apóstoles también fueron profetas, es decir, predicadores.
3)    Tercero, Maestros. Son los que van instruyendo a detalle a los creyentes incluso de manera personal dándole a cada quien lo que necesita. Ya es un trabajo de instrucción más a detalle.
4)    Luego, los que hacen milagro. Son los que muestran que el evangelio no consiste en palabras, sino como, dijo Pablo, en poder: “…y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”.
5)    Los que sanan. En el mundo antiguo había muchas dolencias. El Señor mismo, en cumplimiento con la profecía, sano a mucha gente. Cuando Juan le envío a sus discípulos pare preguntar: “¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro? En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista. Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen…” (Lucas 7:20-22). Y sus discípulos y muchos creyentes más recibieron este don de Dios para aliviar el dolor de la gente. Recordemos que algunos sanados no eran miembros de la iglesia como el cojo de la puerta la Hermosa.
6)    Los que ayudan. Es extraordinario ver como en la iglesia a lo largo de la historia que hay hermanos que han aliviado los problemas del mundo ayudando incluso a costa de su propia vida, como George Müller con los orfanatos o Corrie ten Boom dando refugio a los judíos en la Segunda Guerra Mundial y más de uno de nosotros puede dar testimonio de estos hermanos que nos han tendido la mano.
7)    Los que administran. Este es quizá uno de los dones menos espectaculares y por ello pasan desapercibido, pero es tan importante. Obras misioneras, hospitales, iglesias, orfanatos, universidades cristianas ha logrado armonizarse por muchos de estos héroes de la fe invisibles que permiten que esas maquinarias funciones con eficiencia.
8)    Los que tienen don de lenguas. Bueno, ya lo toqué anteriormente.

Termina este capítulo con una serie de preguntas importantes. ¿Todos tienen esos dones? La respuesta que, aunque no la escribe el apóstol, se deduce. Es NO. Y concluye que, si queremos participar en el fortalecimiento del cuerpo de Cristo, es decir, de su iglesia “hay que procurar los dones mejores”. Y para que este servicio, en el cual nos “energiza” el Espíritu Santo, debe llevar un componente ineludible, infaltable: el amor, tema del capítulo 13.
            El inicio de este capítulo nos dice el apóstol que podemos tener en abundancia esos dones, pero si no tenemos amor, nada son.


[1] 1ª de Corintios 1:2

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