domingo, 29 de marzo de 2020

LOS DONES ESPIRITUALES

1 Corintios 12

Leyendo con detenimiento esta carta encontramos una diversidad de enseñanzas muy ricas y profundas. En el capítulo 12 Pablo aborda de nuevo el tema de la división y la necesidad de la integración en el Espíritu utilizando la metáfora del cuerpo humano. Tal parece que esta iglesia, a pesar de tantos problemas, el Señor la había dotado de grandes riquezas. Pero estas riquezas las estaban utilizando mal y en vez de construir y desarrollar el cuerpo de Cristo se acercaban al caos y era importante rescatarla. Y esta carta es un documento de rescate, importante para la iglesia de todo el mundo y de todas las edades. Su introducción tiene esa intención universal: “…a los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo”[1].

1  No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales.
2 Sabéis que cuando erais gentiles, se os extraviaba llevándoos, como se os llevaba, a los ídolos mudos.
3 Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.

¿Qué era lo importante que no debían ignorar? Que no era lo mismo los dones espirituales con lo que sucedía en las religiones paganas, es decir, esos arrebatos emocionales y hasta ciertos milagros, y lo que sucedía en la iglesia, pues en la iglesia el autor es Dios. Por eso inmediatamente, en el verso 2, dice que cuando eran gentiles, es decir, cuando no formaban parte del cuerpo de Cristo, adoraban a los ídolos y experimentaban fuertes emociones y entraban en momentos de extatismo. De modo que nadie puede hablar mal (maldecir) de Jesús en un estado de exaltación emotiva alegando que era el Espíritu de Dios quien lo impulsaba. Y quien lo hiciera estaba mal. Asimismo, nadie podía ni puede llamar a Jesús SEÑOR (kurios, en griego) sino por el Espíritu. Y Kurios era el título más grande que se le podía decir a alguien que realmente tuviera un gran poder. Y quien más podemos decirle así más que el que hizo los cielos y la tierra y todo lo que existe. En ese tiempo se les obligaba a decir a todos que César era kurios y hay de aquel que lo negara. Y los cristianos al decir que Jesús era kurios estaban negando ese título a César y ponían su vida en riesgo. Hoy, cada día, reconocer el señorío de Cristo sobre todo y sobre nuestra vida es afirmar que Jesús es Kurios, y eso sólo lo podemos decir y sentir (al grado de no tener miedo a nada pues Él gobierna) si no somos movidos por el Espíritu Santo.
            Entonces, era importante iniciar esta enseñanza poniendo las cosas sobre una base firme diferenciando lo que sucedía en el paganismo y lo que sucedía en la iglesia.

4 Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo.
5 Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo.
6 Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.
7 Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.
8 Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;
9 a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu.
10 A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.
11 Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.

De modo que todos los dones (y hay que subrayar que se refiere a dones espirituales y no a habilidades intelectuales o manuales), ministerios y operaciones, en la iglesia, tienen un único origen: Dios. Vean, cuando dice dones agrega: “pero el ESPÍRITU es el mismo”. Y cuando dice “Ministerios”: “pero el SEÑOR es el mismo. Y en operaciones: “DIOS, que hace todas las cosas, es el mismo”. Hay aquí una mención a la Trinidad.
            Los dones (carismas) a los que se refiere son: 1) palabra de sabiduría, 2) palabra de ciencia, 3) fe, 4) dones de sanidad, 5) milagros, 6) profecía, 7) discernimiento de espíritus, 8) diversos géneros de lenguas y 9) interpretación de lenguas.
            ¿Qué son estos dones? Son habilidades extraordinarias que son otorgadas por el Espíritu Santo a quien reciben y aceptan a Jesús como Salvador y Señor, y tienen como objetivo el crecimiento de la iglesia, es decir, son en beneficio del cuerpo de Cristo. Ese es su objetivo. Y esto subraya Pablo en 1 Corintios 14:12: “Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia”.
Estos dones, subrayemos, no son indicios de que hemos recibido el Espíritu Santo. En la iglesia de Corintios, como indica el versículo 30, no era para todos. A medida que el cristiano crece en el Señor, estos dones se vuelven manifiestos. Y su dimensión está en función de las necesidades específicas de la Iglesia. Es posible que haya épocas en el que casi no haya este don y en otras haya tenido una fuerte presencia. Y cada acristiano debe usar ese don, no debe quedar dormido, sino que deben ser ejercidos, repito, para el crecimiento de la iglesia. Los mismos dones indican su objetivo:
1)    Palabra de sabiduría. No es producto de la inteligencia o formación académica de quien posee este don, sino que provienen del Espíritu Santo y tiene como objetivo alimenta el alma del creyente.
2)    Palabra de ciencia (gnosis). Esta sería aquella palabra que nos revela los misterios de Dios, y que nos ayudan a entender su voluntad y transforman nuestro entendimiento para comprobar la buena voluntad de Dios. (Alimenta la mente)
3)    Fe. Quien tiene este don es quien enseña a confiar en Dios más allá de toda lógica. En momentos como este en que el mundo está bajo la amenaza de una pandemia, quienes tienen este don nos pueden enseñar y alentar con su ejemplo a confiar plenamente en el Señor. Pablo les enseña a sus compañeros de viaje cuando el barco en el que van está en riesgo de zozobrar a que coman pan y a que se tranquilicen. Y no sólo en esa ocasión, él da muestras de este don muchas veces.
4)    Dones de sanidad. Es un don que permite, como lo hicieron los discípulos y el mismo Pablo, a curar enfermedades en personas específicas y en situaciones concretas, curaciones incluso de enfermedades imposibles de curar como con el cojo de la puerta La hermosa.
5)    Milagros. Es igual que lo anterior, que demuestra el poder de Dios en su iglesia. Pablo, por ejemplo, no muere ante la mordida de la serpiente en la isla de Malta.
6)    Profecía. Es e don encargado de transportar los mensajes del Señor a su iglesia en momentos específicos. La predicación es donde se ejerce. No es una mera exposición, sino quien tiene ese don el Señor lo usa para tocar e iluminar la mente y los corazones.
7)    Discernimiento de espíritu. ¿De quien vienen diversos mensajes que recibimos del mundo? Este don permite distinguir la verdad de la mentira. El Señor le dijo a Pedro “aléjate de mí Satanás”. Distinguió de quien venían esas palabras “caritativas”, no de Pedro sino de alguien más. Ante un mundo lleno de mensajes confusos, que el Señor nos de este don para bien de nuestros hermanos y evitar que caigan en la mentira.
8)    Lenguas. Aunque parece ser que sólo tienen presencia en las iglesias carismáticas y en al Nuevo Testamento sólo mencionan en Corinto y en pequeñas menciones en otras cartas. Este don se puede manifestar (considerando lo que leemos en 1ª de Corintios 14) en momentos de adoración intensa cuando las palabras no alcanzan y el Espíritu Santo nos otorga lenguas adicionales (angélicas, dice el capítulo 13). Pero también se ha visto que se presenta en el trabajo misionero cuando llegan a lugares donde no se dominan las lenguas y al comunicar el mensaje los oyentes les entienden aunque no comparten la lengua. Una experiencia similar a lo que sucedió en el Pentecostés.
9)    Interpretación de lenguas. Para instrucción de la iglesia, pues en esos momentos de adoración que algunos de los Corintios hablaban en lenguas, y para que fuera de provecho a los demás era importante quien pudiera traducir lo que se decía en esas lenguas. El apóstol explica a detalle la función e importancia de este don en el capítulo 14.

Ahora bien, hay que considerar que “…todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere”. Y todo ello es por voluntad y obra de Dios.

12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.
13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.
14 Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.
15 Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?
16 Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?
17 Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?
18 Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso.
19 Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?
20 Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo.
21 Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.
22 Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios;
23 y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro.
24 Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba,
25 para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.
26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.
27 Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.

Ahora bien, cualquiera que poseyera uno u otro de estos dones no le hacía más o menos importantes, ni tampoco era motivo para dividirse. Sin embargo, para la iglesia de Corintio, sí lo era. De ahí que entonces que Pablo quisiera dejar en claro que todos los creyentes son importantes y que nadie puede vivir aislado, sino que son partes integrantes e importantes de un todo. Y ese todo es el cuerpo de Cristo, es decir, la iglesia. “…pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo”. Y el origen de esta unidad es que “en un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu”. Y además “el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos”.
            Y si somos el cuerpo de Cristo significa que el Señor sigue actuando en el mundo de manera física a través de su iglesia. Somos sus manos, sus ojos, sus oídos, sus pies. Pero si este cuerpo no está coordinado no puede funcionar bien. Como cuando nos enfermamos y algo nos duele. Bien puede ser una muela o el oído o un solo dedo del pie, y ese dolor se puede volver agudo y afecta todo el cuerpo. De ahí la importancia de la salud espiritual de cada uno de nosotros. Nuestra afección no permitirá que el cuerpo funcione bien.
            Es lamentable que en este tiempo el cuerpo del Señor, su iglesia, esté tan fragmentado. Ya no decimos como los Corintios: yo soy de Pablo o de Pedro o de Apolos, sino yo soy Bautista, Pentecostés, Presbiteriano, etc. Imaginen que revolución haríamos en Celaya y en el mundo si nos integráramos en un todo como cuerpo de Cristo. Qué el Señor nos perdone nuestras divisiones y nos permite integrarnos en un solo cuerpo. “De manera que, si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular”.
            La ayuda mutua y la interconexión de las iglesias primigenias de Asia, Grecia, Roma o Judea, constatan que eran parte de un cuerpo.

28 Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.
29 ¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros?
30 ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?
31 Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aún más excelente.

En este pasaje final del capítulo 12 subraya el orden de ejercicio de estos dones.
1)    Apóstoles (enviados) ellos son los primeros porque son los que siembran la semilla del evangelio en tierra virgen. Es decir, son el inicio.
2)    Luego profetas, es decir, los que predican, los que nutren a la semilla y pueda contribuir a que crezca y se desarrolle. Los apóstoles también fueron profetas, es decir, predicadores.
3)    Tercero, Maestros. Son los que van instruyendo a detalle a los creyentes incluso de manera personal dándole a cada quien lo que necesita. Ya es un trabajo de instrucción más a detalle.
4)    Luego, los que hacen milagro. Son los que muestran que el evangelio no consiste en palabras, sino como, dijo Pablo, en poder: “…y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”.
5)    Los que sanan. En el mundo antiguo había muchas dolencias. El Señor mismo, en cumplimiento con la profecía, sano a mucha gente. Cuando Juan le envío a sus discípulos pare preguntar: “¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro? En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista. Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen…” (Lucas 7:20-22). Y sus discípulos y muchos creyentes más recibieron este don de Dios para aliviar el dolor de la gente. Recordemos que algunos sanados no eran miembros de la iglesia como el cojo de la puerta la Hermosa.
6)    Los que ayudan. Es extraordinario ver como en la iglesia a lo largo de la historia que hay hermanos que han aliviado los problemas del mundo ayudando incluso a costa de su propia vida, como George Müller con los orfanatos o Corrie ten Boom dando refugio a los judíos en la Segunda Guerra Mundial y más de uno de nosotros puede dar testimonio de estos hermanos que nos han tendido la mano.
7)    Los que administran. Este es quizá uno de los dones menos espectaculares y por ello pasan desapercibido, pero es tan importante. Obras misioneras, hospitales, iglesias, orfanatos, universidades cristianas ha logrado armonizarse por muchos de estos héroes de la fe invisibles que permiten que esas maquinarias funciones con eficiencia.
8)    Los que tienen don de lenguas. Bueno, ya lo toqué anteriormente.

Termina este capítulo con una serie de preguntas importantes. ¿Todos tienen esos dones? La respuesta que, aunque no la escribe el apóstol, se deduce. Es NO. Y concluye que, si queremos participar en el fortalecimiento del cuerpo de Cristo, es decir, de su iglesia “hay que procurar los dones mejores”. Y para que este servicio, en el cual nos “energiza” el Espíritu Santo, debe llevar un componente ineludible, infaltable: el amor, tema del capítulo 13.
            El inicio de este capítulo nos dice el apóstol que podemos tener en abundancia esos dones, pero si no tenemos amor, nada son.


[1] 1ª de Corintios 1:2

miércoles, 4 de marzo de 2020

LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD

 Jeremías Ramírez Vasillas

En el capítulo 8 de la Primera Carta a los Corintios, el apóstol Pablo aborda el problema de comer o no comer la carne que venden en el mercado o que ofrecen en las casas, la cual ha sobrado de los sacrificios a los ídolos. ¿Está bien comerla o no? Si los ídolos (supuestos dioses) nada son, ¿por qué evitar un manjar rico y barato? Quizá esta era la pregunta a la que alude la respuesta del apóstol y la manera en que inicia su disertación.
            La respuesta va más allá de la afectacióm personal, pues en el mundo lo que hacemos para bien o para mal a alguien beneficia o a alguien afecta, aparte de a nosotros. Es decir, hay un impacto social, Entonces, no podemos usar nuestra libertad irresponsablemente. Este es el eje de esta disertación.

1.  En cuanto a lo sacrificado a los ídolos (eidölothuta), sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica.
2. Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo.
3. Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él.

Hoy usamos la palabra “ídolo” de una manera muy laxa. En los textos del viejo y nuevo testamento Idolo (refiriéndose a una imagen, figura) se usaba para nombrar a la representación de una divinidad a la cual se le rendía culto. En este sentido, era una imagen venerada. Se trataba de un objeto que representaba o que contenía a una deidad, a un espíritu o a un demonio.
A estos ídolos se les sacrificaban animales en las festividades religiosas o en los cultos domésticos. Lo que “…sobraba era la eidölothuta es decir, la parte de carne que quedaba después de los sacrificios. Los paganos le daban el nombre de hierothuton (1 Co. 10:28). Esa parte restante «era bien para comerse sacrificialmente, bien era llevada a casa para las comidas privadas, o bien era vendida en los mercados».
Pablo habla en el primer versículo que “todos tenemos conocimiento”, pero ¿a qué conocimiento se refería? En le versículo 4 lo explica: un ídolo “nada es en el mundo”, pues “no hay más que un Dios”. Pero no todos, sobre todos los recién convertidos, lo que se iniciaba en el camino de Dios, lo sabían. Para ellos aún les infundía temor los dioses, los ídolos.
Y el apóstol advierte que este conocimiento no debe ser motivo de orgullo o de envanecimiento, porque ese es el riesgo del conocimiento. Por su propia naturaleza, dice Kennet E. Bailey en su comentario al Nuevo testamento, que “el conocimiento crea fácilmente el orgullo y la arrogancia. Aquel que posee gran cantidad de conocimientos puede mirar con facilidad a los menos informados por encima del hombro”. Leslie Newbigin decía que “los eruditos bíblicos de occidente son como caníbales”.
Si este conocimiento se usa para sentirse más que los demás es destructivo por bueno que sea tal cocimiento. El amor, por el contrario, edifica. El conocimiento que tiene como componente el amor es el que vale.
Cabría señalar que amar a Dios significa amar al hermano, por ignorante que sea. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? (1 Juan 4:20). Y cuando amamos a Dios (amando a nuestros hermanos), somos conocidos por Él. Y en la vida lo importante es ser conocido por Dios. Si Dios nos conoce es que somos de él. Si no nos conoce estamos perdidos. “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. (Mateo 25:40). El amor a otros es reconocido por Dios como amor hacia Él. Además, como más adelante, en esta carta, el apóstol afirma: sin amor “nada somos”, sólo címbalo que retiñe. Es decir, puro ruidito, y aunque hagamos muchas cosas sorprendentes: “Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve”. Y cuando lleguemos a la presencia del Padre esto puede suceder: Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. (Mateo 7:22-23). Aquí el Señor subraya la importancia de ser conocidos por Él.
En Nahum 1:7 leemos: “Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían”. Los que aparentan conocerlo, no los conoce (2 Ti. 2:19: Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo… Éx. 33:12: Y dijo Moisés a Jehová: Mira, tú me dices a mí: Saca este pueblo; y tú no me has declarado a quién enviarás conmigo. Sin embargo, tú dices: Yo te he conocido por tu nombre, y has hallado también gracia en mis ojos.). Los que conocen a Dios son conocidos de Dios (Gá. 4:9: …mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?).
Conocer a Dios es mucho más que tener información de él. Job tenía información, pero le faltaba conocerlo en verdad: “De oídas te conocía (teóricamente) pero ahora mis ojos te ven (Job 42:5)

4 Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios.
5 Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores),
6 para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.

Pablo negaba realmente la existencia de estos pretendidos dioses, manteniendo que los que adoraban ídolos (entidades vacías) adoraban en realidad demonios o malos espíritus, agentes de Satanás (1 Co. 10:19–21: Qué digo, pues? ¿Que el ídolo es algo, o que sea algo lo que se sacrifica a los ídolos? Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios. No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios).
Pero nosotros, afirma Pablo, sabemos que hay un solo Dios y que Cristo es la fuente del universo, como lo reiteró en otras cartas. (Romanos 11:36: Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén. y en Colosenses 1:15–20: Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. También el apóstol Juan lo afirma: Juan 1:3: Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
7 Pero no en todos hay este conocimiento; porque algunos, habituados hasta aquí a los ídolos, comen como sacrificado a ídolos, y su conciencia, siendo débil, se contamina.
8 Si bien la vianda no nos hace más aceptos ante Dios; pues ni porque comamos, seremos más, ni porque no comamos, seremos menos.

Es la fuerza de la costumbre que sigue aferrándose a ellos cuando comen estos alimentos. Los comen como «un sacrificio a los ídolos» (hös eidölothuton), aunque ya no creen en los ídolos. En Mateo 15: 17-20 leemos: “¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina?
Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre.  Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre”. De modo la comida o la abstención de comida nos hace más o menos ante Dios.

9 Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles.
10 Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un lugar de ídolos, la conciencia de aquel que es débil, ¿no será estimulada a comer de lo sacrificado a los ídolos?
11 Y por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió.
12 De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis.
13 Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano.

“Mirad que vuestra libertad”, oh qué llamado a la responsabilidad. Nadie debe vivir como si los demás no existieran, aun cuando supuestamente hacemos las cosas correctamente. “Este principio se aplica a todas las relaciones sociales en cuestiones de leyes, salud y moralidad. Los iluminados tienen que considerar el bien de los no iluminados, o no tienen amor” (Robertson).
            Porque si alguno te ve… aquí el habla a los que se han vuelto líderes, en modelos, en maestros, a los que supuestamente son diestros en la palabra… sentado a la mesa. La Biblia textual es más gráfica: dice: “reclinado en un lugar de ídolos”, de modo tal que “Esta osadía de participar en un banquete sacrificial es por ella misma idolátrica, como lo mostrará Pablo”.  
            ¿Cómo se debe ejercer esta libertad? Pablo le proporciona una guía muy clara en el capítulo 10: 23-33:

Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica.
Ninguno busque su propio bien, sino el del otro.
De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia; porque del Señor es la tierra y su plenitud.
Si algún incrédulo os invita, y queréis ir, de todo lo que se os ponga delante comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia.
Mas si alguien os dijere: Esto fue sacrificado a los ídolos; no lo comáis, por causa de aquel que lo declaró, y por motivos de conciencia; porque del Señor es la tierra y su plenitud.
La conciencia, digo, no la tuya, sino la del otro. Pues ¿por qué se ha de juzgar mi libertad por la conciencia de otro?
Y si yo con agradecimiento participo, ¿por qué he de ser censurado por aquello de que doy gracias?
Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.
No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios;
como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.

Libertad, sí, pero con responsabilidad.

lunes, 3 de febrero de 2020

PORQUE EL REINO DE LOS CIELOS NO CONSISTE EN PALABRAS SINO EN PODER


Jeremías Ramírez Vasillas

El problema del divisionismo en la iglesia de Corinto era grave, muy grave. El apóstol Pablo empieza a tratarlo desde el versículo 10 del primer capítulo y concluye hasta el final del capítulo 4.
No era el único problema grave que tenía esta iglesia, pero era uno de los principales. Hoy, cuando vemos divisiones dentro de una iglesia nos indica que ahí falta el amor, la hermandad, la humildad, y hay el riesgo de dejar de ser una iglesia de Dios, pues el Señor dijo que una de las características de una iglesia de Dios era el amarse unos a otros:  “En esto conocerán que son mis discípulos, en que os améís uno a otros”. Y durante tres capítulos busca el apóstol resarcir ese problema antes de que estalle en mil pedazos.
            Ahora, en este capítulo cuatro el apóstol Pablo concluye su argumentación repitiendo algunos conceptos importantes ya mencionados en capítulos anteriores.

El ministerio de los apóstoles
1  Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios.
2 Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel.
3 Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a mí mismo.
4 Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor.
5 Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.

Aquí el apóstol les pide a los corintios que si los van a calificar, a categorizar, que sea como lo que son: SERVIDORES DE CRISTO. Y todos debiésemos anhelar ser “servidores” de Cristo. Él dijo que “el Hijo del Hombre vino para servir”. Y si somos realmente seguidores de Cristo debemos seguir su ejemplo. Entonces nuestro anhelo debe ser convertirnos en “servidores”, en esclavos, de Cristo.
Nos dicen los estudiosos que Pablo usa aquí para “servidores” la palabra griega Hypeteres o hupëretës. El Hupeteres era, originalmente, “el remero del banco inferior del tirreme; es decir, uno de los esclavos o cautivos que manejaban los grandes remos que impulsaban aquellas naves  por el mar”, nos dice William Barclay. Pablo, de alguna forma, se consideraba el remero de la zona más ruda en el navío de Dios.
Y agrega: “y ADMINISTRADORES DE LOS MISTERIOS DE CRISTO”. La palabra que usa Pablo es “oikonomos”, que en esa época era el administrador o mayordomo de las casas de personas pudientes (oikos, casa; nemö, administrador, una palabra antigua); era un esclavo (doulos) bajo su señor (kurios, Lc. 12:42), pero una autoridad (16:1) sobre los otros esclavos en la casa (siervos, paidas; siervas, paidiskas, Lc. 12:45), supervisor (epitropos) sobre el resto (Mt. 20:8). De ahí que el subremero (hupëretës) de Cristo tenga una posición de suma dignidad como administrador (oikonomos) de los misterios de Dios.
                      Pero el apóstol es administrador de los MISTERIOS DE DIOS. Jesús había dicho expresamente que los misterios del reino estaban abiertos a los discípulos (Mt. 13:11: 11 El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado). Les fue confiado el conocimiento de algunos de los secretos de Dios, aunque los discípulos no eran alumnos tan aventajados como pretendían serlo (Mt. 13:51; 16:8–12). Como administradores, Pablo y otros ministros reciben el depósito de los misterios (véase 1 Co. 2:7 para este término: Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria) de Dios, y se espera de ellos que los enseñen. «La iglesia es la oikos (1 Ti. 3:15: para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.), Dios el oikodespotës (Mt. 13:52 “Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.”), los miembros los oikeioi (Gá. 6:10; Ef. 2:19) (Lightfoot). Pablo tenía un vívido sentido de la dignidad de esta mayordomía (oikonomia) que Dios le había encomendado (Col. 1:25: de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios). De modo tal que para Pablo el ministerio es algo más que una mera profesión o forma de vivir. Es un llamamiento de parte de Dios a ejercer una administración.
Por ello se requería que fuera fiel, es decir, digno de confianza, por la enorme responsabilidad que esto conlleva. Algo dicho a la ligera o tergiversado, tendría efectos devastadores, y más en el caso de Pablo que sus enseñanzas han trascendido los siglos enriqueciendo espiritualmente la vida de creyentes a lo largo de más de 20 siglos).
Pero aún los administradores modernos cargan con una enorme responsabilidad y por ello una cualidad básica es que deben ser confiables, altamente confiables, sometidos a Dios y llenos del Espíritu Santo. Por cierto, esta última característica era exigida hasta los que hacían tareas de servicio como los diáconos.

De los versículos 3 al 5 el apóstol habla de tres juicios: el de los otros, el propio (de nuestra conciencia) y el de Dios.
                      Cada uno de nosotros estamos sometidos a esos tres jucios. 1) El de los otros es importante (teniendo el favor con todo el pueblo), pero a veces son juicios injustos, poco fiables. Cuántas veces hemos visto linchamientos sociales de personas que creyeron que eran culpable y no lo fueron. O bien, recibimos comentarios elogiosos hipócritas. Si bien hay que considerarlos, no debemos esclavizarnos al juicio externo. 2) Nuestra conciencia también nos guia pero no siempre es fiable. Siempre hay esa posibilidad de justificar o cauterizar la conciencia para deje de molestarnos. Y 3) finalmente está el juicio de Dios, el más importante, el definitivo porque “sólo Dios conoce  todas las circunstancias. Él sabe las luchas  que una persona ha tenido que mantener, los secretos que no ha compartido con nadie; sólo Dios conoce todos los motivos . El hombre ve la acción, pero Dios ve la intención. Muchas acciones que parecen nobles puede que se hayan realizado por los motivos más egoístas e innobles y muchas acciones que parecen rastreras se han llevado a cabo por motivos más elevados”[1]

6 Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros.

Pablo se presenta a sí mismo como ejemplo para que los otros aprendan como ceñirse a la palabra. El Señor le dijo a su discípulos: “si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). Y Pablo y Apolos se presentan como fieles seguidores de Cristo, y de esa manera deben conducirse los cristianos. Pablo dijo más adelante en esta carta: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”. (1 de Corintios 11:1). Si queremos enseñar a otros, debemos de presentarnos como modelos a imitar. De otra forma, mejor no enseñar.

7 Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?

Cuando no se ciñe uno estrictamente a lo que enseña la Biblia, la vanidad se presenta con su cara más sonriente. Este es un síntoma de enfermedad. En esos casos es importante darnos cuenta que todo lo hemos recibido de Él: la vida, el cuerpo, el cerebro, los órganos de los sentidos, el planeta, nuestra salvación… todo. De modo que no hay nada de lo cual nos debemos sentir superiores a otros, pues todo ha sido un don, un regalo. Y el único sentimiento que cae es el de el agradecimiento.

8 Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. !!Y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!
9 Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres.
10 Nosotros somos insensatos por amor de Cristo, mas vosotros prudentes en Cristo; nosotros débiles, mas vosotros fuertes; vosotros honorables, mas nosotros despreciados.
11 Hasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija.
12 Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos.
13 Nos difaman, y rogamos; hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos.

Aquí el apóstol usa la ironía como un recurso par evidenciar la posición ridícula de los corintios, que sin embargo no está fuera de realidad. En la iglesia de Laodicea se presentó el mismo caso que los llevó a decir de sí mismos: “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.”. (Apocalipsis 3:17-18).
                      Y si ellos solitos (sin nosotros reináis) han llegado a la cúspide, qué ha sucedido con los apóstoles. Pablo hace entonces una lista de contraste. Si ellos siendo los maestros, los padres espirituales vean en qué condiciones están en contraste con la postura vanidosa de los corintios, pues “...Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres”. Y el resultado es:

1)     Nosotros somos insensatos / vosotros prudentes
2)     Nosotros débiles, / vosotros fuertes;
3)     nosotros despreciados / vosotros honorables, mas

De modo que el estado de los apóstoles es terrible: “ padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija. Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos. Nos difaman, y rogamos; hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos”.

El triunfo social y económico no son signos de un cristiano, sino que muchos grandes hombres de Dios han estado en la situación contraria: Richard Bumbrand encarcelado 14 años en cárceles comunistas en Rumanía, su patria, y Dietrich Bonhoeffer, teólogo alemán perseguido y enviado a un campo de concentración Nazi donde muere por ser fiel al Señor. Y estos son sólo dos casos modernos de miles y miles.

14 No escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros como a hijos míos amados.
15 Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio.
16 Por tanto, os ruego que me imitéis.

Si bien el sarcasmo que usó el apóstol es rudo, su objetivo es noble, pues como un padre amante corrige a su hijo, Pablo es guiado por amor a los Corintios. Y por ello subraya que como un buen hijo sigue los pasos de su padre, ellos imiten la obediencia de Pablo a Dios.

17 Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias.

Y por este amor y deseo de llevar a sus hijos espirituales al camino correcto Pablo les envía a Timoteo. Timoteo ha sido un fiel colaborador de Pablo y un alumno destacado, y por ello es un buen ejemplo a seguir, pues es “fiel en el Señor”, y tiene como función recordar, recordar esas lecciones (que además son las mismas enseñanzas que Pablo dicta en todas las iglesias que le ha tocado trabajar), esas enseñanzas que los corintios deben saber pero quizá han olvidado.

18 Mas algunos están envanecidos, como si yo nunca hubiese de ir a vosotros.
19 Pero iré pronto a vosotros, si el Señor quiere, y conoceré, no las palabras, sino el poder de los que andan envanecidos.
20 Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder.
21 ¿Qué queréis? ¿Iré a vosotros con vara, o con amor y espíritu de mansedumbre?

Y algunos se han envanecido en la esperanza que Pablo no regresará, de modo que ahora ellos son los que ponen los límites y dictan lo que se debe hacer, pues Pablo nunca regresará, dicen.
                      Ahora Pablo le dice a la iglesia, y a estos vanidosos de forma directa: “Pronto iré a vosotros, y entonces probaré a esos vanidosos no para hacer esgrima verbal y retórico, sino para que sus argumento se validen con el “poder” que deben mostrar. La vida cristiana no es una ilusión ni una argumentación filosófica, en una creencia vaga, sino una realidad sentida y demostrable. Por esos Pablo dice que “el reino de Dios no consiste en palabras SINO EN PODER”.
                      ¿De qué poder habla Pablo?. No lo dice pero podemos deducir que es ese poder del Espíritu Santo para vivir de la manera correcta mostrando amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza...” (Gálatas 5:22-23). Amar a un amigo o un pariente es fácil, pero a un enemigo, y un enemigo que en ese momentos nos está haciendo daño, ya no es sencillo. Se necesita un enorme poder que sólo Dios otorga. Es más fácil sacar la espada y cortar la oreja de un hombre, pero más dificil no negar al Señor en momentos de peligro.
                      No es fácil vivir con gozo en medio de los problemas Muchas personas, para soportar estados anímicos funestos necesitan sustancias que le hagan sentirse eufóricos: alcohol, cigarros, marihuana, cocaína… En contraste, Pablo y Silas cantaba en una cárcel de Éfeso.
                      La paz es un estado anímico dificl de conseguir y más aún aquel que sobre pasa todo entendimiento. Quien tiene al Espíritu de Dios, puede sentir y vivir la paz incluso en una situación de guerra.
                      Hoy, mucha gente es presa del stress, de la desesperación, de frustración… Una persona que vive fusionada en Dios, ya no vive él sino Cristo en él, de modo que puede considerar a la muerte como ganancia…
                      Es más fácil mostrar odio o reaccionar violentamente que responder con amabilidad, con un gesto de bondad sincera...
                      Ante las dificultades es fácil perder la fe, que confiar en Dios en medio de la tribulación, pero esto es una realidad cuando vivimos en Cristo, cuando hemos sido llenados con su Espíritu Santo.
                      “La mansedumbre, confundida a veces con debilidad, supone una gran fuerza interior y una enorme convicción para enfrentar situaciones difíciles o adversas sin recurrir a la violencia o caer presa de sentimientos de cólera y rencor”[2]. 
                      Y es más fácil ceder ante la presión, transigir, rendirse, que soportar las circunstancias como si fuese uno hecho de acero. A esto se le lama templanza. Dice una página de internet: “La templanza es una virtud que permite al individuo controlar las pasiones, vicios e impulsos frente a las seducciones de los deseos, placeres o instintos. La templanza requiere buen juicio, prudencia, discernimiento, precaución y sabiduría”.

Para terminar cabría preguntar su nuestra doctrina se basa en palabras o en poder. Si esa doctrina no nos permite hacer nuestros los frutos del Espíritu, entonces sólo somos “címbalo que retiñe”.

PORQUE EL REINO DE DIOS NO CONSISTE EN PALABRAS SINO EN PODER.

El Señor les bendiga.



[1] William Barclay, Comentario al Nuevo Testamento: Volumen 9 Corintios, pp. 58-59.
[2] https://www.significados.com/mansedumbre/

ESTUDIO SOBRE APOCALIPSIS 20: Los mil años

Jeremías Ramírez El tema principal de este capítulo 20 es ese periodo de tiempo denominado “Milenio” y que ha sido causa de enorme discusión...