miércoles, 13 de octubre de 2021

ESTUDIO SOBRE LA SEGUNDA CARTA DE PEDRO CAPÍTULO 2: Falsos profetas y falsos maestros

Jeremías Ramírez

El segundo capítulo de la de Segunda Carta del apóstol Pedro es muy importante para los cristianos porque Pedro habla fuerte y claro en contra de los falsos maestros y subraya la peligrosidad de sus enseñanzas. 

Al igual que el apóstol Santiago y el apóstol Pablo, Pedro se enfrentar esta plaga que se presento muy temprano en la iglesia y que nos acompañará hasta el final de los tiempos.

En ese entonces, los falsos maestros formaban parte de dos grupos: los judaizantes, por un lado; y el gnosticismo, por otro, que se estaba apenas configurando en ese tiempo. Hoy hay muchas “herejías”: como muchas de las sectas hasta los pseudocristianos como los del evangelio de la prosperidad. Y algunos de ellos parecen muy bíblicos, pero si prestamos atención, de pronto descubrimos las hebras de la mentira entreveradas con las hebras de la verdad. Esa es una estrategia que Satanás ha utilizado desde Adán y Eva hasta nuestros días.

Por eso es importante estudiar con detenimiento este capítulo en el que Pedro advierte de las consecuencias que traen consigo estos falsos maestros, equiparados con los falso profetas del Antiguo Testamento. Y quienes recibirán los mismos castigos que los falsos profetas por osar desviar al pueblo de Dios. 

Y esto nos sirve también para evitar ser arrastrados por enseñanzas dolosas, falsas, malintencionadas aunque estén recubiertas de una delgada capa de verdad, que puede engañarnos. Y advertirnos los riesgos que corremos si nos dejamos seducir.

Para evitar la contaminación de los falsos maestros requerimos, por un lado, aprender a identificarlos; y por otro, conocer a fondo la palabra de verdad para darnos cuenta cuando una falsa enseñanzas está tratando de implantarse. Recordemos que Eva fue tentada por satanás citando las palabras de Dios: “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?”. Y con a Señor le dijo: “Si eres hijo de Dios…”, pero el Jesús contestaba siempre: “Escrito está…”. De aquí la importancia de conocer las escrituras para que con ellas sepamos como responder a las falsas enseñanzas.

1  Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.

2 Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, 

3 y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme.

Notemos que inicia con una claúsula adversativa, pero, que así como hubo buenos profetas (que vimos en el capítulo 1) también hubo profetas falsos cuyos objetivos fueron perversos. Ahora, en la iglesia, al igual que aquellos, se están levantandos falsos maestros tan peligrosos como los falsos profetas. Recordemos que los gobernantes y el pueblo, en tiempos de Jeremías, no escucharon las advertencias de Dios por boca de Jeremías y, como consecuencia, fueron esclavizados por los babilonios. 

Analicemos como fueron los falsos profetas porque tienen las mismas carácterísticas de los falsos maestros que ya estaban buscando pervertir a la iglesia. 

1) Los falsos profetas están más interesados en buscar su fama esparciendo mensajes agradables. Pueden decir “Paz, paz, pero no hay paz” (Jeremías 6:14).

2) Iban tras la ganancias personales. En Miqueas 3:11 nos dice: “…sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y se apoyan en Jehová, diciendo: ¿No está Jehová entre nosotros? No vendrá mal sobre nosotros”. Y aquí Pedro les dice que por “…por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas”. 

3) Y su vida personal era un desastre moral. En Isaías 28:7 vemos que: “…el sacerdote y el profeta erraron con sidra, fueron trastornados por el vino; se aturdieron con la sidra, erraron en la visión, tropezaron en el juicio”. Y su mal ejemplo es imitado por quienes han sido engañados por ellos. Y Pedro aquí afirma que “muchos seguirán sus disoluciones”. Si pudiéramos revisar la vida moral de los falsos maestros, muchos de ellos salen en televisión, escriben libros y son famosos, veríamos que son un desastre moral.

4) Y con sus falsas enseñanzas descarrían a quienes los escuchan. En Jeremías 23 leemos: “…he aquí, dice Jehová, yo estoy contra los que profetizan sueños mentirosos, y los cuentan, y hacen errar a mi pueblo con sus mentiras y con sus lisonjas…”. Es decir, introducen herejías destructivas, como negar al Señor. En Juan 2:23 nos dice: “Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre”. Para poder detectar una falsa predicación o falsa enseñanza es muy importante que conozcamos a fondo la Biblia. Cuando Satanás trató de tentar al Señor, su respuesta fue: “Escrito está…”. Pero cómo podremos defendernos si no sabemos lo que está escrito.

En resumen, vemos en la actualidad muchos falsos maestros que repiten este patrón: buscan su fama, van tras las ganancias personales, y su vida licenciosa arrastra a sus seguidores y sus falsas enseñanzas alejan a las personas del Señor. 

Todo falso maestro podemos identificarlo poque repite este patrón de conducta, y no importa que hable muy bonito y su mensaje parezca convincente, si hay estos elementos es un falso maestro y debemos alejarnos de inmediato. 

Y no sólo pervierte a los cristianos sino que su mala conducta, desde entonces hasta la fecha, ha manchado el evangelio y ha sembrado en la gente una mala imagen del Señor y de la iglesia, al grado que la gente profiera blasfemias contra los cristianos, como se ve actualmente en los ataques que recibimos como cristianos, por ejemplo, en las redes sociales.

Y es importante que entendamos que estas enseñanzas acarrean sobre quienes las propagan como sobre quienes las aceptan, destrucción, tal como sentencia el Señor en Deuteronomio 13:5, sobre los falsos mensajeros divinos: “Tal profeta o soñador de sueños ha de ser muerto, por cuanto aconsejó rebelión contra Jehová vuestro Dios que te sacó de tierra de Egipto y te rescató de casa de servidumbre, y trató de apartarte del camino por el cual Jehová tu Dios te mandó que anduvieses”.

Y para rematar este breve discurso introductorio sobre los falsos maestros les recuerda que Dios no puede ser burlado: pues no sólo el hombre segará lo que sembró, sino cualquier ser existente, aun los ángeles. Pedro nos muestra aquí tres casos que recibieron inevitablemente el castigo por su conducta pecaminosa.  

4 Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio;

Este es el primer caso: los ángeles pecadores. En Génesis 6:1-2: “Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios (es decir los ángeles) que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas”. Es decir, abandonaron su morada para pecar con las hijas de los hombres. En Judas 6 leemos: “Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día…” Y es probable que sus actos pecaminosos fueran lo que encontramos detallados en el libro de Enoc, un libro apócrifo. Ahí nos dice, en el capítulo 7, que “…comenzaron a enseñarles (a las mujeres que tomaron) la brujería, la magia y el corte de raices…”. Y todo esto provocó, como dice este libro en el capítulo 8: “…que los hombres estaban siendo aniquilados. Y en el 9 que: “…había mucha sangre derramada sobre la tierra y estaba toda llena de injusticia y de la violencia que se cometía sobre ella”. 

Por esta razón, nos dice Pedro, que Dios “los arrojó al infierno, o tártaro, como dice en el original griego, a prisiones de oscuridad o pozo, como algunos exegétas afirman. 

5 y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos;

Este es el segundo caso: aquellos que recibieron la advertencia de Noé y no la aceptaron sino que siguieron incidiendo en su vida pacaminosa. En Génesis 6:11-13: “Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra”.

Esta terrible condición pecaminosa y corrompida no perdonó Dios, tras advertirles reiteradamente pues Noe fue su “pregonero de la justicia”. Él fue quien les advirtió por mucho tiempo la sentencia de Dios. Y el arca misma era en sí un anuncio del castigo que iba a caer sobre ellos. Y todos los años que Noe se tardó para la contrucción del arca, fueron años también de advertencia. 

Al final, sólo se salvaron “el octavo Noe”, como dice el original, junto con siete personas que conformaban su familia. 

6 y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente,

7 y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados

8 (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos),

Y el tercer caso son los habitantes de las ciudades de Sodoma y Gomorra. Nos dice el Genesis 18:20 y 21 que Dios le declaró a Abraham lo que iba a hacer con respecto a estas dos ciudades cuya corrupción había llegado al extremo: “Entonces Jehová le dijo: Por cuanto el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo, descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí…”

Abraham, a pesar de todo, intercede por estas ciudades: Y le dijo Abraham a Dios: “¿Destruirás también al justo con el impío? No, eso no iba a hacer Dios, pero cuántos justos había allí.  Abraham empezó con una cifra de cincuenta justos y fue bajando la cifra hasta 10, pero no, no hubo en esas ciudades ni 10 justos. Al final, sólo se salvó Lot y sus dos hijas. Su esposa miró atrás a pesar de que se le advirtió que no lo hiciera; y sus yernos les “pareció como que Lot se burlaba de ellos cuando les dijo: “Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta ciudad”, y no le creyeron.

Es terrible pensar que Lot habia elegido vivir en esa zona porque “…vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto de Jehová, como la tierra de Egipto en la dirección de Zoar, antes que destruyese Jehová a Sodoma y a Gomorra”. Nos dice proverbios “Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte”. Sí, Lot eligió mal porque vio los campos pero no a sus pobladores y terminó en medio de una sociedad corrupta y pecaminosa. 

Al final, nos dice Pedro, Lot estaba “abrumado por la nefanda conducta de los malvados (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos)… Por esta actitud de rechazo a lo que veía a su derredor Dios lo rescata de la destrucción, pues…

9 sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio;

10 y mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío.

Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores, 

11 mientras que los ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor.

Sí, el Señor sabe librar de tentación a los que le aman y le obedecen. Esta es nuestra confianza y un indicador de que somos  de él cuando vemos como nos libra de caer en las garras del pecado. “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?”, nos dice en Salmos 27:1. Y en Proverbios 1:33: ”Mas el que me oyere, habitará confiadamente. Y vivirá tranquilo, sin temor del mal”.

Los malvados, que aquí Pedro retrata con nitidez, vemos que son:

1) Personas dominadas por sus deseos, siguiendo la carne, andando en concupiscencias e inmundicia. 

2) Son insolentes, pues desprecian el señorío del Señor. 

3) Son atrevidos y contumaces, pues, como dice un comentarista: “no tienen consideración ni para la apelación humana ni para la dirección divina, y por ello no temen hablar mal de las potestades superiores. Para ellos no existe el mundo espiritual, han olvidado que hay cielo, “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido”, afirma Pablo en Romanos 1:21.

12 Pero éstos, hablando mal de cosas que no entienden, como animales irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia perdición,

13 recibiendo el galardón de su injusticia, ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada día. Estos son inmundicias y manchas, quienes aun mientras comen con vosotros, se recrean en sus errores.

14 Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición.

Judas habla de estos malvados y los describe de la misma manera: “Pero éstos blasfeman de cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales”. (Judas 1:10).

Si pudiéramos investigar a los falsos maestros actuales encontraríamos que se ajustan a estas descripciones. 

Hablan mal de lo que no entienden

Son proclives a los deleites que buscan con afán

Se enorgullecen de sus errores

Son adulteros hasta en su manera de mirar

No se sacian de pecar

Seducen a las almas inconstantes

Son codiciosos

Por todo esto, están bajo maldición, nacidos para ser destruidos.

15 Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad,

16 y fue reprendido por su iniquidad; pues una muda bestia de carga, hablando con voz de hombre, refrenó la locura del profeta.

Pedro nos dice que se extraviaron porque siguieron el mismo ejemplo, la misma conducta que Balam; de hecho, Balam se convirtió en el prototipo de falso profeta. Se cree que su nombre significa “glotón”, “devorador”, entre otros significados. Y es el único quien es reprendido por su propia asna. 

La historia de Balam la encontramos en Números 22-24 en donde se nos narra que es convocado por Balac para que maldiga al pueblo de Israel y así evitar la amenaza que representaba para los pobladores de esos lugares. Y luego aparece en el 31:16 pervirtiendo a Israel y en el 31:8 donde nos informa de su muerte cuando los israleitas pelearon contra Madián. 

Como todo profeta falso, Balam era proclive a dos caracteristicas perniciosas que los distingue:

1) Era codicioso. Balac acude a solicitar sus servicios enviando a “los ancianos de Madián con las dádivas de adivinación en su mano…” Así que profetizaba a cambio de dinero, tal y como vemos a los nuevos predicadores que se enriquecen de los feligreses.

2) Era un pervertidor, pues enseñó a pecar a Israel. En Números 31:16 leemos que “…He aquí, por consejo de Balaam ellas (las mujeres madianitas) fueron causa de que los hijos de Israel prevaricasen contra Jehová en lo tocante a Baal-peor, por lo que hubo mortandad en la congregación de Jehová”. Así que, igual los falsos maestros, arrastran a sus oyentes a pecar. Y en Apocalipsis 2:14, en el mensaje que el ángel le manda a la iglesia de Përgamo: “Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación”.

17 Estos son fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre.

18 Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error.

19 Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció.

Las características de los falsos profetas es que ofrecen lo que no tienen, por eso Pedro les llama “fuentes sin agua”, en contraste con el Señor que ofrece agua espiritual que quien la bebe “no tendrá sed jamás”.

También les dice: “nubes empujadas por la tormenta”. El sustantivo que usa Pedro, nos dice don Samuel Pérez Millós, denota bruma, es decir, nubes de poco peso, dispersas, que no tienen agua. 

Cabe señalar que todo lo que no proviene de Dios son promesas huecas, que pueden ser muy atractivas, pero no tienen nada. Y muchos caen en el engaño buscando donde no hay nada, como los judíos en tiempos de Jeremías que “Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua”. (Jeremías 2:13)

Fuentes sin agua son sus palabras vanas, es decir, sin valor, y cuyo objetivo es pervertir sobre todo a los que están apenas empezando a conocer las verdades de Dios, y que no han podido o no han querido crecer y fortalecerse espiritualmente. Creyendo que hay libertad en lo que ofrecen estos falsos maestros (que hay muchos) caen en la esclavitud del pecado, esclavitud a la que ya están sujetos sus falsos maestros.

Por eso, hermanos, es muy importante, crecer espiritualmente alimentándonos todos los días de la palabra del Señor. Sigamos el consejo de un hermano chino quien decía: “Primero desayuno espiritual; luego, desayuno material”. Si usted no se fortalece con la palabra de verdad está indefenso contra las falsas enseñanzas. Lea su Biblia todos los días, aprenda de memoria todos loas pasajes que pueda y si hay alguna parte que no entiende, vaya con los hermanos de mayor experiencia y pregunte. Nunca se quede con la duda. Tome en consideración esta advertencia del apóstol Pedro:

20 Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero.

21 Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado.

22 Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno.

Este es el riego. Si a estos hermanos inmaduros o principiantes el conocimiento del Señor Jesucristo le había abierto la puerta para escapar del pecado del mundo, son arrastrados de nuevo al pecado, y si ya era terrible su situación anterior, ahora es peor. He conocido personas que empiezan con mucho entusiasmo y de pronto desaparecen y cuando los volvemos a encontrar su situación es terrible. Así conocí un muchacho en la iglesia de Cuajimalpa, que venía de la drogadicción, y era muy entusiasta. Dejé de verlo por varios años. Cuando supe de él estaba en la cárcel y al parecer le habían dado una condena muy larga.

  • Dice Pedro: “mejor no hubieran conocido el camino de la justicia”. Y estas advertencias también nos alertan a quienes ya tenemos tiempo en el Señor a no dejar sólos a los que inician en el camino del Señor. Nos dice Pablo en Gálatas 6:1: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado”. Y en Santiago 5: 19-20: “Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados”.
  • Si no es grato ver a un perro comer su propio vómito o un cerdito o cerdita, recién bañada, o cualquier animal que hemos limpiado, volverse a revolcar, incluso cuando el pelo ni siquiera se les ha secado, es peor ver a alguien se que se interesa en el evangelio dar vuelta atrás y volver a una vida reprochable.
  • Por todo lo que nos enseña Pedro en este capítulo sobre los falsos maestros, hermanos, es muy importante no sólo cuidarnos de las malas enseñanzas que como virus nos infectan y cuya vacuna es la Palabra, sólo la Palabra que está en la Biblia, la cual debe abundar en nosotros, sino también debemos aprender a detectar a estos falsos maestros y debemos ayudar y orar por nuestros hermanos más débiles que pueden ser engañados.

Que el Señor les bendiga y les guarde.  




domingo, 12 de septiembre de 2021

ESTUDIO 1 PEDRO CAPÍTULO 3

Jeremías Ramírez 


En el tercer capítulo de esta primera carta del apóstol Pedro aborda dos temas importantes en la vida cristiana, pues aquí radica parte importante del testimonio de cómo Dios obra en su pueblo: la vida conyugal y la conducta para tener una buena vida que nos permita que los ojos de Dios estén sobre nosotros y de esa manera enfrentar las dificultades de la vida tomando como modelo a Cristo y como él enfrentó los sufrimientos para salvar a humanidad, dando su vida el justo por los injustos.

En este capítulo hay un pasaje que los estudiosos y comentarista desde tiempos antiguos han tenido problemas para traducir y explicar. Se trata del pasaje que se encuentra en los versículos 19 y 20 en el que habla de la “predicación a los espíritus encarcelados de tiempos de Noe”. 

Deberes conyugales

1  Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas,

2 considerando vuestra conducta casta y respetuosa.

3 Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos,

4 sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.

5 Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos;

6 como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza.

Pedro se extiende a lo largo de seis versículos sobre la conducta de las mujeres y sólo dedica uno a los hombres. 

Enseña a las mujeres a observar una conducta decorosa y humilde, tal como también el apóstol Pablo lo hizo en varias de sus cartas. En primer lugar, las conmina a que se sujeten a su marido.

Quien conozca un poco cómo eran las condiciones de las mujeres en la antigua Roma o en Grecia, o incluso en Israel, sabrá que en esos tiempos no tenían ningún derecho y recibían un trato similar como el que reciben muchas mujeres en ciertos países musulmanes, sometidas degradantemente a los hombres. 

De modo que el llamado del apóstol a que se sujeten a sus maridos parecería extraño. Sin embargo, es probable que la sujeción de las mujeres de ese tiempo se daba con mucha resistencia y encono. 

Por ello, es importante entender que este sujetarse no es lo mismo que someterse. Aquí la sujeción se basa en que voluntariamente debían exterminar el orgullo y avivar el deseo de servir con amor a sus esposos, para que por su conducta el marido (en el caso de que no fuese creyente), pudiera ser ganado para Cristo. 

Y lo que era importante para el siglo I lo es para este siglo en el que las mujeres han ido ganado muchos derechos y por ello la falta de sujeción es mucho más extendida y evidente. Por ello, las mujeres cristianas de hoy en día están llamadas a tener una vida ejemplar para que sea su conducta el principal factor para alcanzar a otros para Cristo, dentro y fuera de su familia.

Los atavíos

Paradójicamente, como podemos deducir de estas indicaciones apostólicas, eran proclives a buscar afanosamente vestidos costosos y joyas deslumbrantes de muy alto costo, pues eran símbolos de prestigio social y lo son actualmente. Esto nos indica que en la iglesia cristiana había mujeres de las más altas clases sociales a quienes, seguramente, tenían poder económico y les costaba renunciar a un estilo de vida lleno de lujos. 

Así que les hace un llamado a considerar que para una mujer cristiana el atavío más importante es el interno, el del corazón, producto de una vida entregada a Cristo que les otorga el mejor ornato: un espíritu afable, es decir, agradable, y cordial pero además apacible, es decir, libre de brusquedad y violencia y por ello resulta agradable lo cual es altamente apreciable para nuestro Señor y para quienes viven en su derredor. Dice en Proverbios 27:15 “Gotera continua en día de lluvia y mujer rencillosa, son semejantes”.

Como ejemplo menciona a Sara quien le llamaba a Abraham: “señor”. Y termina con una frase que me hizo pensar mucho: “…sin temer ninguna amenaza”, lo cual indica que una mujer con una buena conducta que se dedica a hacer el bien, no tiene por qué temer amenaza alguna. Podríamos agregar las palabras de Pablo: “Si Dios con nosotros, quién contra nosotros”. 

Ahora veamos lo que le dice a los maridos. Recordemos que Pedro era casado y tenía experiencia en la vida marital.

7 Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.

Es importante notar que para los creyentes en Cristo la ética cristiana es una ética recíproca: Dios nunca coloca toda la responsabilidad de un solo lado. Si habla de los deberes de los esclavos, también haba de los deberes de los amos. Si trata las obligaciones de los hijos, también lo hace de los padres. Por ello aquí, cuando aborda las obligaciones de las esposas, de inmediato pasa a darle indicaciones a los maridos. Ahora bien, ¿cuáles son estas obligaciones? Vemos que son tres muy importante que atendamos pues esta es la voluntad de de Dios.

  • Primero: Vivir con ellas con sabiduría, lo cual comprende todos los aspectos de la vida matrimonial, tanto físico, psíquicos como espirituales. De modo que frente a la sujeción de la esposa corresponde la comprensión de su marido, es decir, que el marido está obligado a conocer a profundidad a su esposa para satisfacer todas sus necesidades. No hay que dar por hecho nada. Y hay que estar atento a lo que ellas nos comunican con sus palabras y con sus actos, y hasta con sus gestos. En ellos podemos saber sí algo le incomoda, o no puede expresar algo, si necesita un abrazo o una palabra de aliento o quizá aumentar la aportación económica que le damos.
  • Dándole honor como a vaso más frágil. Es decir, considerar su condición social, física y emocional. Ellas son mucho más sensibles y emotivas, y al mismo tiempo más fuertes para el dolor. Y es muy fácil hacerles daño con palabras hirientes que quizá consideremos que no son tan graves. Para la armonía de un matrimonio este honor como a vaso más frágil es muy importante.
  • Y como coherederas de la gracia. Ante el Señor recordemos que todos somos igual de importantes. En el mundo antiguo las mujeres eran un objeto, y fue la Iglesia la que las reivindicó y les dio un lugar digno. Este cambio que se operó en el seno de la iglesia trascendió y con el devenir de los siglos se consolidó. Por ello, el machismo, propio de las culturas del mundo, no debe ser parte de la conducta de un esposo cristiano.  
  • Y hay una advertencia importante que todos los que tenemos esposa debemos considerar: si no cumplimos con estas obligaciones se forma una barrera que impide que nuestras oraciones lleguen a Dios. ¿Lo habían pensado? Es nuestra conducta con nuestras esposas la que limita nuestra relación con Dios y hace que nuestras oraciones sean estorbadas precisamente por dicha conducta. Analicemos pues cómo nos comportamos con ellas para tener una comunicación plena con nuestro Señor.

Una buena conciencia

8 Finalmente, sed todos de un mismo sentir (simpatía), compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables;

9 no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición.

En estos cinco versículos el apóstol Pedro pondera las grandes cualidades de la vida cristiana: simpatía (es decir, sentir lo mismo), compasión (es el sentimiento que surge al presenciar el sufrimiento de otro surga el deseo de ayudar), amor fraternal, misericordia, amabilidad, y no devolver el mal que recibimos con otra acción negativa, ni devolver maldición por maldición, que es propio de aquellos que no conocen a Cristo ni han sido redimidos por él, sino por el contrario, cuando recibamos un mal respondamos con una bendición, es decir, ante una agresión o un maltrato decir algo amable y pensar algo amable considerando que el agresor es alguien sin Cristo y en grave riesgo. Además, agrega el apóstol, sabiendo que fuimos llamados para que heredemos bendición. Es decir, lo que nosotros por Cristo somos capaces de transmitir a los demás algo que les beneficia, que les hace bien. Y todo ello hay que hacerlo de tal modo que el nombre del Señor sea alabado.

10 Porque:

    El que quiere amar la vida

    Y ver días buenos,

    Refrene su lengua de mal,

    Y sus labios no hablen engaño;

11 Apártese del mal, y haga el bien;

Busque la paz, y sígala.

12 Porque los ojos del Señor están sobre los justos,

Y sus oídos atentos a sus oraciones;

Pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal.

Aquí Pedro cita Salmos 34:12-16 donde hay una fórmula, si podemos llamarla así, para vivir una vida buena; y esta fórmula consiste en la prudencia en lo que decimos, lo cual incluye lo que escribimos en los foros virtuales o en las redes sociales. En esos foros vemos como corre la ira, la amargura, la violencia, la mentira, la agresión, la ofensa… Y para quienes con frecuencia o de vez en cuando expresamos alguna opinión, debemos hacerlo bajo los términos expresados en ese Salmo. 

Además, agrega algunas indicaciones importantes para nuestra vida cotidiana, pública y privada: apartarse del mal, de cualquier tipo de mal, por pequeño insignificante o secreto que sea, entiendido “mal” como cualquier acto que nos daña a nosotros, a nuestros semejantes y ofende al Señor. Seamos vigilantes con nuestra conducta. Y en su lugar, hagamos el bien. Y busquemos la paz, es decir, la armonía con nosotros —la oración es un recurso valioso para estar en paz con uno mismo pues al confesarle a Dios nuestros pecados recibimos su perdón y su paz—, busquemos la paz para estar en armonía con los demás y lo más importante, en armonía con Dios. 

Recordemos este valioso versículo de Romanos 5:1: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo…”.

Y no olvidemos que el rostro del Señor está contra aquellos que hacen mal. Además, hacer el bien nos otorga un beneficio adicional: nos da protección.

13 ¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien? (O como dice la Biblia Textual: “…si os mostraís celosos por lo bueno?)

14 Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis,

15 sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones… 

Muchos en el mundo son celosos de lo malo. Los criminales se afanan tanto al grado de arriesgar la vida por el mal que hacen o planean hacer, ya sea robar o asesinar, como es frecuente en México. Y es tal su celo que no tienen periodos de descanso. Velan en la noche para buscar en qué momento la gente es más vulnerable para hacerle mal. 

Frente a esta situación, preguntémonos: ¿qué pasaría si todos los cristianos de México tuvieran esa misma pasión ese arrojo, ese empeño pero por hacer lo bueno? Es muy probable que el mundo sería diferente, con un ambiente más propicio para vivir, respirar, trabajar, crear… Y todos los que atacan a los cristianos y los tildan de fanáticos no tendrían muchos argumentos para seguir agrediendo, sino que sucedería algo similar a lo que vivió la naciente iglesia en Jerusalén en donde “Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo” (Hechos 2:44-47).

…y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; 

16 teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo.

Y estad siempre preparados, no ocasionalmente, pues cuando menos lo pensamos nos vemos confrontados a explicar por qué nos comportamos como lo hacemos y por qué creemos en Dios y en la Biblia. Recordemos que nuestra defensa debe ser:

  1. Razonable. La versión interlineal dice: “…a todo el que pide de vosotros razón”. Es decir, con argumentos bien consolidados, y para ellos debemos conocer bien la Palabra de Dios y debemos investigar y leer libros cristianos o escuchar predicaciones para profundizar nuestros conocimientos. También es recomendable estudiar la apologética ampliamente desplegada en las cartas de Pablo, Santiago, Pedro y Juan y en los muchos libros que actualmente se publican, de modo que podamos responder a plenitud todas las interrogantes que nos planteen. 
  2. Pero debemos hacerlo todo con mansedumbre y reverencia, sin enojarnos, sin ofendernos por agresivo que se el interrogatorio. 
  3. Actuando con limpia la conciencia, es decir, sin bucar otra cosa que satisfacer las dudas y descubrir para otros la verdad del evangelio, y la importancia de confiar nuestra vida en él.

Y como dice en el versículo 16: Esta defensa de nuestra fe puede detener la murmuración contra nosotros como si fuésemos malhechores o fanáticos que se oponen al progreso social y que al descubrir la verdad incluso se avergüencen de sus agresiones infundadas al ver nuestra buena conducta en Cristo. 

17 Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal.

18 Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;

Recordemos que cuando nos veamos en dificultades, pongamos nuestra mirada en nuestro Señor, el ejemplo mayor para enfrentar los problemas, considerando que padeció una sola vez por los pecados, es decir, su sacrificio fue totalmente suficiente para resolver el gran problema que aqueja a la humanidad el pecado, pues la paga del pecado es la muerte. 

Los griegos usaban la palabra “prosagogué” para indicar el “derecho que alguien tenía para ser recibido por el rey, es decir, tenía acceso al palacio”. Pedro aquí la usa para indicarnos que el padecimiento de Cristo fue para otorgarnos el derecho pleno para llevarnos ante Dios. El nos dio ese privilegio a través de su muerte. Recordemos qué tan difícil era para los israelitas en el Sinai simplemente acercarse al monte. Por Cristo ya no hay temor sino acceso libre y en confianza. En Romanos 5:2 nos dice: “…por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios., y por medio de él acceso a Dios El Padre”. Y en Efesios 2:18: “…porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre”.

19 …en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados,

20 los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.

Este es el pasaje difícil. Desde los tiempos de la iglesia primitiva pasando por los cristianos del medio y del Renacimiento, como Calvino, y no se ha encontrado una explicación satisfactoria pues no hay respaldo bíblico. Y muchos grandes esTudioso y analistas actuales tampoco han logrado descifrar a qué se refiere Pedro con Espíritus encarcelados,  que además agrega “que desobedecieron en los días de Noé, cuando preparaba el Arca…

¿Se refiere a aquellos que se burlaban de Noe y luego fueron arrasados por la inundación? Hay algunos que dicen que son los ángeles que pecaron con las hijas de los hombre. 

En el Pentecostés Pedro cita a David y menciona este pasaje: Porque no dejarás mi alma en el Hades, Ni permitirás que tu Santo vea corrupción, lo que significa que Jesús si descendió al Hades.  Y se cree que fue en ese lugar donde “predicó a los espíritus encarcelados”.

Un comentarista afirma que Jesús predicó a los muertos, es decir, Él hizo saber de su triunfo contra la muerte y su obra salvadora. Y agrega: esta predicación es para anunciar no para salvar, pues en ese caso habría usado la palabra “evangelizar”.

Si eso fue así, quiere decir que el hecho portentoso de su sacrificio y resurrección fue conocido por vivos y muertos, es decir, tuvo un alcance universal pues es el hecho más importante para la humanidad: de modo que no hay lugar que este hecho sacrificial no pudiera ser conocido. Dice un comentarista: “Si Cristo descendió al hades y predicó allí, entonces no hay rincón del universo al que no haya llegado el mensaje de la gracia”.

No especulemos más.

21 El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo,

22 quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades.

Ahora aquí hay otro tema controversial. Dice que “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva… por la resurrección de Jesucristo”. Entonces podríamos preguntar si el bautismo salva. Y la respuesta que encontramos en el Nuevo testamento es que no. “Efesios 2:8: “Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, {sino que es} don de Dios…”

Lo que nos dice es que la salvación de Noe en ese diluvio que limpió la faz de la tierra y sólo ocho personas fueron salvas porque creyeron al anuncio de Dios y se subieron al arca, del mismo modo, hoy, somos salvos no por al agua que sólo quita las inmundicias de la carne, sino por el Espíritu gracias a la resurrección de nuestro Señor. En Romanos 5:10: “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida”. Seremos salvos por su vida, es decir, por su resurrección. De modo que el bautismo que corresponde para salvación es el bautismo del espíritu.  

Y no sólo resucitó sino además subió al cielo para ocupar su lugar a la diestra de Dios, y al ocupar este sitio se sujetan a Él ángeles, autoridades y potestades. Es decir, Él tiene todo el poder. Y es ese poder el que nos salva. Gloria a Dios por esta gracia infinita.


lunes, 16 de agosto de 2021

ESTUDIO DE LA CARTA DEL APÓSTOL SANTIAGO, CAPITULO 4

Jeremías Ramírez

A medida que nos acercamos al final de la carta de Santiago advertimos que el tono va subiendo de intensidad. Aquí hace graves acusaciones: “Codician y no tienen, matan y arden de envidia…”. Considerando que la carta va dirigida “a las doce tribus que están en la dispersión”, es decir, a judíos, a quienes llama “hermanos míos”, al leer estas palabras uno se pregunta si se estaba dirigiendo a hermanos en la fe o a judíos ajenos a la iglesia. 

Sin embargo, conociendo los excesos a los que han llegado muchos miembros de las iglesias a lo largo de la historia y muchos han sido protagonistas de escándalos terribles, seguramente estos excesos debieron presentarse desde los inicios de la iglesia. Simplemente consideremos lo que el Señor les dice a algunas de las siete iglesias de Asia en Apocalipsis, por ejemplo, a la de Sardis le dice: “Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto”; y aun más fuerte, a la de Laodicea: “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”.

Por ello, no debe extrañarnos el tono fuerte que utiliza en este capítulo y aún más fuerte en el capítulo 5 cuando se dirige a los ricos.

Sin embargo, a pesar de que se dirige a hermanos judíos que están dispersos en diversas ciudades del imperio romano, hay aquí un mensaje y una enseñanza muy valiosa para nosotros la cual, además, explica el por qué la condición del ser humano que vive bajo los valores del mundo es tan terrible y no de Dios. Por esta razón, inicia este capítulo 4 con dos preguntas retóricas:

La amistad con el mundo

1  ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?

El origen de los problemas, de los pleitos, e incluso de las guerras entre pueblos o entre países vienen de las pasiones que combaten en el interior de los seres humanos que viven fuera de la voluntad de Dios, persiguiendo sus propios intereses. Podriamos decir que el ser humano es un esclavo de sí mismo, de su pecado. Y quien logra estar libre de las cadenas de sus pasiones puede conocer y disfrutar de la libertad, la verdadera libertad. Y entonces tenemos la capacidad de desprendernos de la esclavitud de la posesión, como le sucedió a quienes en el inicio de la iglesia aceptaban a Jesús como Señor.

Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. (Hechos 4:32)

De lo contrario Estamos sujetos a las cadenas de la codicia, la envidia y las ansias de obtener placer:

2 Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. 

Justamente vemos en el mundo el conflicto entre familias, entre bandas, entre regiones, entre naciones tienen en común su ambición la cual nunca queda satisfecha, es decir, todos ellos son rehenes del pecado. Esto fue lo que Jesús le enseñó a un grupo de judíos que habían creído en él:

"Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres? Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado". (Juan 8:32-34)

Todo aquel que hace pecado es ESCLAVO DEL PECADO. Y las pasiones es uno de los eslabones de la esclavitud más pesados, generador de guerras, pleitos, y muchos sufrimiento.

Sin embargo, quien conoce la verdad —que viene de permanecer en la palabra—pueder estar libre de ese yugo. Por ello, el apostol Pablo también le pedía a los hermanos de Corintios que no hubiera entre ellos disenciones: 

Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. (1 Corintios 1:10-11)

3 Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.

Muchas veces la gente se desilusiona porque le pide a Dios y no recibe respuesta, incluso esto le sucede a muchos hermanos. La respuesta está escrita en esta carta. No recibe respuesta: “Porque pedis mal”. 

La manera para saber si estamos pidiendo a Dios de manera incorrecta es preguntarnos ¿Para qué pedimos lo que pedimos? Muchas veces pedimos salud, o un auto, o una casa… la cual tiene un fondo egoísta. ¿Quiero salud para ser útil al Señor o para seguir haciendo lo que me place? ¿Quiero un auto para usarlo en el servicio del Señor sentirme más que los demás? Cada uno tiene la respuesta. Si no recibimos lo que pedimos al Señor, hay que revisar si nuestros motivos son egoístas. De lo contrario… 

 “…que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye”. (1 Juan 5:14)

4 !!Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.

En el original no está la palabra “almas”; sólo dice “adúlteras”. Cabe señalar que no se refiere a las mujeres y que en esta palabra hay un trasfondo que entendían bien los destinatarios primarios: los judíos de la dispersión, pues tenían una larga historia de infidelidades a Dios, y aunque en tiempos de los discípulos ya no se veía la flagrante idolatría que había en tiempos antiguos, en realidad seguían siendo idolatras, idólatras del poder, del dinero, razones que motivaron a que pidieran la muerte de JesúsEsa idolatría surgía de sus pasiones.

Entonces, al decir “adúlteras” no se dirigía a las mujeres sino a todos los judíos, que en su interior seguían siendo infieles a Dios. Al amar el dinero y el poder significaba que tenían una fuerte amistad con el mundo. Por ello el Señor acusa a los fariseos, escribas, saduceos y les dice: “Si vuestro padre fuera Dios, ciertamente me amarías, pero vuestro padre es el diablo”. Terrible acusación les hace.

5 ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?

Varios comentaristas concuerdan la dificultad de este versículo primero porque no se haya en la escritura tal como está escrito aquí, pero además es difícil su interpretación, pero coinciden en que podemos entender este versículo de la siguiente forma: “El Espíritu anhela celosamente al creyente en sentido de impulsarlo hacia la fidelidad de Dios, pues una de las manifestaciones del fruto del Espíritu es la fidelidad (Gálatas 5:22).

6 Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.

Quien vive en el Espíritu recibe mayor gracia, es decir, mayor provisión material y espiritual, y así lo confirma la Escritura:

Isaías 66:2: “…dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra”.

Ahora bien, en el habla popular se dice que una persona es de condición humilde refiriéndose a su pobreza económica, pero la humildad debemos entenderla como “… el reconocimiento de nuestra debilidad ante el pecado y la necesidad de acudir a Dios para que nos libre de ese flagelo, lo cual sólo es posible si nos someternos incondicionalmente a Él”.

Pablo escribe: “Ya no vivo yo, sino Cristo en mí” (Gálatas 2:20).

Por el contrario, el soberbio es aquel que no se somete a Dios. La palabra que usa Santiago en el versículo 6 es “hyperéfanos” que literalmente quiere decir “el que se coloca por encima de los demás”, y no sólo de los seres humanos sino hasta de Dios que ya es el colmo de la soberbia. 

Y esta soberbia es el resultado de:

1) Jamás reconocer la necesidad propia. Los de la iglesia de Laodicea decían: “Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad…” (Apocalipsis 3:17)

2) Sentirse autosuficiente. “Yo soy rico”.

3) No reconocer el pecado propio. En el mundo (y hasta en la iglesia) la gente busca alguna excusa o a alguien a quien culpar. El mejor ejemplo que encontramos al respecto está en Lucas 18:11-13:

El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. 

Este fariseo no reconocía su necesidad del Señor, se sentía autosuficiente: ayuno, doy diezmos… y no reconocía su pecado, pues afirmaba: “no soy como los otros hombres”. Mientras que el publicano (que si era humilde) ni aun alzar los ojos quería, y se golpeaba el pecho diciendo: “Dios, sé propicio a mi pecador”.

Ahora bien, cuando no reconocemos nuestros pecados, ni reconociendo nuestra necesidad del perdón del Señor y pocas veces oramos porque no sentimos que necesitamos del Señor… entonces estamos en conflicto con Dios, pues como dice Santiago: “Dios resiste a los soberbios..”

Por ello es importante analizarnos para detectar en qué estamos mal, incluso podemos orar como David que le pedía a Dios: “¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos”. (Salmos 19:12).

Para no caer en el error de la soberbia es importante…

7 Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.

8 Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.

9 Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza.

10 Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.

Cuando los discípulos le pidieron a Jesús que les enseñara a orar vean que esta oración modelo inicia con el reconocimiento y sometimiento a Dios: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad… (Mateo 6:9-14). Hágase tu voluntad… Esto mismo dijo Jesús en el huerto de Getsemaní: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).

Este sometimiento a Dios nos da la fortaleza para resistir al Diablo. “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”. (2 Corintios 12:9)

Eva no tuvo poder para contrarrestar el ataque de Satanás y cayó en su trampa, pero cuando el diablo usó la misma estrategia con el Señor, sus tres intentos fallaron pues el Señor desarmó sus tres medias verdades. Y vemos que tras fallar tres veces, “El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían”.

El diablo aún tienta a los cristianos de la misma forma: “Con que Dios ha dicho…”, “Escrito está” “¿Si eres hijo de Dios…” Y la única manera de resistir sus ataques es fortaleciéndonos con su palabra. Así el Señor lo resistió. Por ello es tan importante que su palabra llene nuestros pensamientos, y esto sucede cuando todos los días leemos su palabra y buscamos aprender de memoria la mayor cantidad de versículos posible. Dice en el Salmo 119:6 “Entonces no sería yo avergonzado, cuando atendiese a todos tus mandamientos”.

El el versículo 8 de este capítulo 4 de Santiago leemos: “Acercaos a Dios y Él se acercará a vosotros”. Cómo pues podemos acercarnos a Dios. Vean que enseguida qué dice:

1) Limpiad las manos. En 1 de Timoteo 2:8, el apóstol Pablo escribió: “Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda”. Las manos son el símbolo de nuestras acciones, la ira y la contienda nos lleva a levantar las manos contra nuestros prójimos. Limpiar nuestras manos equivale a hacer sólo aquellas cosas que agradan al Señor. “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres;”, escribe Pablo en Colosenses 3:23.

2) Los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. En el Salmo 119:9-11 dice: “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado; no me dejes desviarme de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti”.

3) Aflijios y lamentad, y llorad. ¿Afligirnos? Sí, dice que debemos afligirnos, lamentarnos y llorar cuando, al revisar nuestra vida a la luz de la palabra, y darnos cuenta de qué tan erradamente hemos vivido. Esto probablemente le sucedió el apóstol Pablo en esos tres días que estuvo sin ver. La Biblia no nos dice nada pero es fácil suponer que durante esa cueguera temporal tuvo el efecto de enfrentar a Pablo consigo mismo y debe haber llorado mucho, pues no por nada en ese tiempo no comió ni bebió nada. Su corazón se estaba demoronando al darse cuenta que todo lo que había estaba muy mal hecho. En Galatas 1:13 dice: “Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba…” Y en Hechos 22:16, leemos que cuando Pablo presentaba su defensa en Jerusalén nos revela que cuando recibió la vista por la imposición de manos de Ananía, se quedó como estatua, mudo, inmóvil, y entonces Ananías le dice: “¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre”. Otro que lloró cuando se dio cuenta de su pecado fue Pedro. Cuando el gallo cantó por segunda vez, ´le ya había negado a su Señor tres veces y entonces lloró amargamente.

Y Santiago remata su argumento pidiendo a sus lectores: “Humillaos delante del Señor, y él os exaltará”. Job se humilló y al final fue exaltado. Muchas veces nos humillamos ante las exigencias del mundo, para no sufrir consecuencias negativas, pero siempre nos deja un mal sabor de boca, pero no así cuando nos humillamos ante el Señor pues al final Él nos levanta. 

Juzgando al hermano

11 Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez.

12 Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?

Como es el estilo en esta carta, Santiago de pronto cambia de tema. Aquí aborda el espinoso tema al que todos los seres humanos somos proclives: juzgar a los demás. La palabra griega que Santiago usó para “murmuréis” es “katalalein”, que significa calumniar, difamar. 

Como vemos, esta práctica muy común actualmente no es algo nuevo. Desde tiempos antiguos, la gente que vive lejos de Dios le encanta juzgar a los demás, humillarlos, tal como lo vemos ahora en la redes sociales. ¡Qué terrible es oír palabras altamente ofensivas dichas con tal naturalidad!

La Biblia en muchos pasajes reprueba esta conducta. El salmista acusa al malvado y le dice: “Tomabas asiento, y hablabas contra tu hermano; contra el hijo de tu madre ponías infamia” (Salmos 50:20)

Y en Salmos 101:5 leemos: “Al que solapadamente infama a su prójimo, yo lo destruiré…· dice el Señor. Esta es una dura advertencia.

Pablo dice que en la lista de los pecados que son propios de los rebeldes a Dios está la murmuración: dice: “…murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres…” (Romanos 1: 30).

Santiago dice que quienes son proclives a manchar la honra de sus prójimos son unos usurpadores, pues el que “…El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez”. En efecto, murmurar, hablar mal de otro, difamarlo, es juzgarlo, pero sucede que no tenemos derecho a ser jueces porque “Uno solo es el dador de la ley”, Dios, y Él únicamente “…puede salvar y perder”. Es decir, al juzgar a un hermano estamos usurpando el lugar de Dios. ¡Vaya atrevimiento! Si este es nuestro caso, es urgente que vayamos ante el Señor y pidamos perdón y que el Señor cambie nuestro corazón, de modo que aprendamos a amar a nuestro prójimo. 

Cuando el buen samaritano atendió al hombre herido por asaltantes no lo juzgo, sino sólo tuvo misericordia. En cambio el sacerdote y el levita seguramente lo juzgaron pues ambos, al verlo, se desviaron y siguieron de largo. (Lucas 10:25-32). Cuando vemos a un indigente o a un migrante pedir dinero en la calle podemos olvidarnos si es verdadera su necesidad y ayudarlo sin pensar mal de él, en vez de cerrar la ventanilla del auto y simular que no lo vemos. 

No os gloriéis del día de mañana

13 !!Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos;

14 cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.

15 En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.

16 Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala;

17 y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.

Esta actitud de hacer planes pensando sólo en nuestro beneficio es propio de esta sociedad ajena a Dios. El problema es que hasta nosotros, los cristianos, hacemos lo mismo, y en nuestro planes de negocio con frecuencia el Señor se queda afuera. Ah, pero si el negocio sale mal entonces caemos de rodillas pidiendo su ayuda. 

Hermanos, si esa es nuestra situación es importante que cada que emprendamos un negocio, un viaje, unas vacaciones, o incluso las labores de cada día, pedir su bendición y que en todo se haga siempre su voluntad.

Antes de que pidamos “el pan nuestro de cada día” hay que pedir “que se haga su voluntad en la tierra, en mi vida, en mis negocios, como en el cielo y que en cada uno de nuestros actos el nombre del Señor sea bendecido.  

Porque “¿qué es nuestra vida?”, nos dice Santiago, neblina, solo neblina que pronto se desvanecerá. Quienes ya llegamos a la tercera edad podemos decirle a los más jóvenes que cuando menos se lo esperen ya habrán llegado a la ancianidad y al hacer un inventario de nuestros hechos nos daremos cuenta que hemos logrado muy poco, incluso hasta los grandes potentados y los grandes sabios se ven en esta situación.

Uno de ellos, el rey Salomón, que era sabio y potentado, dijo:

 Acuérdate de tu creador

en los días de tu juventud,

antes que lleguen los días malos

y vengan los años en que digas:

«No encuentro en ellos placer alguno»;

antes que dejen de brillar

el sol y la luz,

la luna y las estrellas,

y vuelvan las nubes después de la lluvia.

(Eclesiastés 12:1-2)

Y Salomón remata su libro con uno de los consejos más valiosos que puede recibir un joven (vv 13-14): 

El fin de este asunto es … Teme … a Dios y cumple sus mandamientos, porque esto es todo para el hombre. Pues Dios juzgará toda obra, buena o mala, aun la realizada en secreto.

No olvidemos este sabio consejo de Santiago, que coincide con las palabras del rey Salomón: “Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello”, es decir, teme a Dios y cumple sus mandamientos. 

Ya es tiempo de NO jactarnos cuando nos va bien, pues toda jactancia es mala. Además, si sabemos qué es lo correcto, hagámoslo, pues “el que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado”.

martes, 20 de julio de 2021

ESTUDIOS SOBRE HEBREOS CAPÍTULO 12

Jeremías Ramírez 

Después de una larga explicación comparativa entre el viejo y el nuevo pacto, de subrayar la relevancia de nuestro gran Sumo sacerdote, Jesús, y resaltar la importancia de la fe en el creyente, llega al capítulo 12 para impartir un mensaje exhortación sumamente valioso.

Nos pide al inicio que corramos con paciencia puestos los ojos en Jesús, y que si pasamos por sufrimientos, consideremos que nuestro Señor utiliza estas circunstancias para nuestro bien, aunque sean desagradables. Esos momentos de sufrimiento nos permiten concentrarnos en el Señor y dejamos de distraernos por los atractivos del mundo. A través de las circunstancias adversas Dios nos disciplina, es decir, nos instruye en su camino. Una vez comprendido esto, nos pide que levantemos las manos caídas y movilicemos las rodillas paralizadas y que hagamos sendas derechas para nuestros pies desechando todo aquello que turce nuestro camino, pues no nos hemos acercado al monte Sinaí, sino al monte de Sion, a la ciudad de Dios vivo, atendiendo sus amonestaciones no desechándolas, porque nuestro Dios es fuego consumidor.

En pocas palabras este es un resumen del mensaje de este capítulo. Vayamos a la lectura y al análisis.

Puestos los ojos en Jesús

1.  Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,

2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

La metáfora deportiva es muy ilustrativa de la carrera del cristiano. En primer lugar destaca que a nuestro derredor hay una gran nube de testigos, como los vemos en un estadio deportivo, y muchos están observando nuestro desempeño. Pero, ¿Quiénes son estos espectadores? 

Primero veamos que dice “Por tanto, nosotros también…”, haciendo referencia a los que nos precedieron, los antiguos, los héroes de la fe, los profetas, quienes fueron objeto de observación tanto de los mismos israelitas, como de la gente de los pueblos vecinos y de las huestes celestiales. Por ejemplo, Job era observado con atención por Satanás. 

Nosotros creemos a veces que nadie ve lo que hacemos, que podemos pasar de incógnitos, como la demás gente, la masa, dicen los sociólogos, pero la verdad es que no. Nuestro testimonio, bueno o malo, es observado “por una nube de testigos”, y por ello es muy importante el compromiso de despojarnos del peso y del pecado que nos impide correr con libertad. 

Los antiguos atletas griegos, para competir, se quitaban la ropa y corrían desnudos, sin estorbos. Estos estorbos son en nosotros nuestros compromisos mundanos, nuestras ambiciones, nuestras rencillas, nuestra pereza, nuestra falta de fe, nuestra apatía. Y para que todo ello se vaya de nosotros debemos de pedir al Señor que nos ayude a quitarlo de nuestra vida y seamos capaces de volar como las águilas. 

Pero el mayor impedimento es el pecado, el cual, por una u otra causa, es dificil de erradicar y seguimos atesorando los que más nos gustan y que a veces creemos que son inofensivos. Es hora de eliminarlo con el poder del Señor cuya sangre tiene el poder de limpiarnos de toda maldad.

Una vez hecho lo anterior, corramos con paciencia. ¿Qué significa correr con paciencia? Que no importa qué tan larga es la ruta o incomprensible lo que hagamos para el Señor y para nuestros hermanos, es importante que no desmayemos, aunque parezca que nada pasa, aunque sintamos que vamos corriendo solos o que nadie nos toma en cuenta, sigamos esforzándonos sin desmayar. Estamos en la carrera más importante de nuestra vida, y por ello debemos tener claro el rumbo.

Y para mantener el rumbo hay que poner los ojos en nuestro Salvador. No perderlo de vista, no olvidarnos de él, Por lo que debemos leer nuestra Biblia todos los días para tener presente su palabra, y debemos orar, orar sin cesar, haciendo partícipe al Señor en todas nuestras decisiones.

3 Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.

Al leer nuestra Biblia, particularmente los evangelios, vemos al Señor cómo es asediado por los fariseos, los saduceos, los herodianos, los escribas y hasta por sus familiares. Por eso dice “que sufrió tal contradicción de pecadores”. Nosotros, si andamos en el Señor, también vamos a sufrir oposición, incluso de quienes amamos. Si el Señor es nuestro ejemplo, nuestro modelo a seguir, y vemos que él sufrió tal oposición, nosotros también vamos a padecer, pero no hay que tener miedo pues está de nuestro lado aquel que dijo “En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo”. (Juan 16:33)

4 Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado;

Por lo visto, los destinatarios de esta carta aun no habían sufrido persecución física ni nadie había muerto. La lucha contra el pecado puede ser simplemente con críticas o infundios o mentiras, pero puede subir de nivel hasta ser encarcelados, azotados, y asesinados, como le sucedió a los discípulos, a muchos creyentes de esa época y de varias épocas a lo largo de la historia. Actualmente hay muchos de nuestros hermanos que sufren persecución, como dan fe organizaciones como “Puertas abiertas”.

5 y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo:

Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor,

Ni desmayes cuando eres reprendido por él;

6 Porque el Señor al que ama, disciplina,

Y azota a todo el que recibe por hijo.

Aquí reproduce una cita de Proverbios 3:11-12, en la que vemos que los antiguos hebreos ya sabían que Jehová cuidaba de sus hijos y los disciplinaba, y ese mismo cuidado, al transcribirlo el autor en esta carta, nos corrobora que Dios nos sigue disciplinando de ese modo. 

El apóstol Pedro nos advierte: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese…” (1 Pedro 4:12). Para un cristiano no hay nada extraño ni fortuito, porque además debemos tener siempre presente que “todas las cosas (es decir, todo lo que nos sucede) ayudan a bien a los que a Dios aman…” (Romanos 8:28).

7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?

8 Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.

9 Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?

10 Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.

Un buen padre corrige y disciplina su hijo. Actualmente estamos viendo una tragedia generacional de padres que no quieren corregir a su hijos. Uno de los factores que ha disparado la delincuencia ha sido precisamente esa falta de disciplina y, por ende, falta de amor. Detrás de un niño mal portado hay un padre indolente. Pero nuestro Dios es un padre perfecto, por eso nos disciplina perfectamente a través de las circunstancias dificiles de la vida y, como buenos hijos, tomando en cuenta este maravilloso amor de Dios, tenemos que aprender no sólo a soportar la disciplina sino a aprender de ella, aunque no siempre queramos hacerlo. Las reacciones que tenemos ante la disciplina del Señor puede ser de cinco formas:

1) Aceptar resignadamente. Pero quien se resigna, simplemente queda amargado y no alcanza a ver la mano amorosa de Dios, ni aprovecha sus enseñanzas. En el fondo nos queda un resabio de amargura.

2) Aceptar con el gesto ceñudo, como un niño que le incomoda el regaño, y que lo acepta a disgusto, es igual que el anterior pues nos privamos de crecer y aprender.

3) Podemos aceptarla con un complejo de víctima. En el fondo hay un ¿por qué a mi si hay otros peores que yo? También nos deja al margen de la bendición de la disciplina.

4) Podemos aceptarla como un castigo que se impone y entonces nos pasamos la vida tratando de encontrar la causa por la que fuImos castigados. Si la encontramos hay cierta resignación; si no la encontramos, podemos creer que no merecíamos tal castigo, que Dios es injusto.

5) O la podemos aceptar con la expectativa de que nos viene de un padre amoroso, y que podemos aprender y crecer y ser mejores cuando termine el proceso. Job aprendió a ver a Dios ya no de oídas sino directamente. Un hermano de Bulgaria, tras 11 años en las cárceles comunistas, aprendió a ver el poder de Dios manifestándose en su vida, y en la de sus compañeros de prisión, pues él fue el vehículo para que muchos en esos lugares de tormento tuvieran un encuentro con Dios.

11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

En Santiago 1: 3 leemos que debemos “tener por sumo gozo cuando nos encontremos en diversas pruebas”, pero nos cuesta trabajo hacerlo realidad. Nos esforzamos y lo único que deseamos es que pase pronto la prueba. En esta capitulo de hebreos nos dice por qué nos pasa eso: “porque ninguna disciplina parece ser causa de gozo”. Pero quien confía en Dios sabe que el Señor está con él y que al final saldrá vencedor y con un saldo favorable. Porque todas las cosas ayudan a quienes a Dios aman, leemos en Romanos 8:28, pero como aquí escribe el autor de hebreos, a pesar de ello, “ninguna discIplina al presente suele ser causa de gozo”.  

Esto no contradice lo que está escrito en Santiago, es decir, que el sufrimiento en sí no es la fuente de la que brota el gozo, como cuando recibimos un regalo, pero considerando que es algo que Dios permitió para nuestro beneficio, tenemos que aprender a ver el lado favorable en la prueba. Eso nos permitirá soportarla y a aprovecharla, pulirá nuestra vida para ser semejantes a la de Cristo. Y eso sí debe llenarnos de gozo. Ahora, no es fácil aprenderlo, pero una actitud correcta, como lo vimos anteriormente, nos ayudará a entrar en la sintonÍa adecuada, considerando, dice Barclay, que: “El cristiano sabe que la mano del padre nunca causará a su hijo una lágrima innEcesaria y que todo vale para hacerle a uno más sabio y mejor persona”. 

Los que rechazan la gracia de Dios

12 Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas;

13 y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado.

Así que ánimo, levanten las manos caídas por el desaliento, que se desentuman esas rodillas espirituales inmóviles, y a caminar. Y para que no nos salgamos del camino, hagamos sendas derechas para nuestros pies. En el Salmo 119:105 encontramos una enseñanza para hacer sendas derechas: “Lámpara es a mi pies tu palabra y lumbrera a mi camino”. La palabra nos ayudará a trazar sendas correctas; entonces, a estudiar la palabra y a aplicarla en nuestras vidas. Porque “A quien iremos”, le dice Pedro al Señor, “sólo tú tienes palabras de vida eterna” (Juan 6:68). Y en Salmos 119:9:  “¿Con que limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra”. 

14 Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

Es muy sencillo en este mundo tener pleitos y enemistades, incluso brotan las rencillas por motivo absurdos como el color de piel o las posesiones. Y por ello es tan dificil estar en paz con todos. El apóstol Pablo escribe en Romanos 12:18: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres”. Es decir, el cristiano debe agotar todos los recursos posibles para estar en paz, y esto significa que aunque nos molesten las actitudes y comportamientos de los demás debemos pedirle al Señor fortaleza para que no nos afecten, y que no los veamos con rencor, sino con misericordia, pues si ellos no conocen al Señor son victimas del pecado y están expuestos a todo mal. 

Ahora bien, la fortaleza que necesitamos para estar en paz con todos viene del Señor. Dice en Proverbios 3:1-2: “Hijo mío, no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos; Porque largura de días y años de vida Y paz te aumentarán”. Si guardamos sus mandamientos, la paz se aumentará”.  

Y la santidad es tan importante pues es lo que nos permitirá ver al Señor pues tal como somos, pecadores, es imposible verlo. ¿Por qué quienes no creen no Dios no lo pueden ver a Dios y por ello creen que no existe? Porque no hay santidad. La santidad (que en griego es la palabra “haguiasmós” la cual una de sus acepciones es separación). Es importante separarnos del modo de vida mundano por la obra del Espíritu Santo en nuestros corazones. Como hijos de Dios debemos ser notoriamente diferentes en medio de una sociedad pecadora. Insisto: esa diferencialidad proviene de un corazón redimido y la cual debemos cuidar y cultivar, aunque seamos tentados en algunos momentos a ser como todos, a ser como el mundo y comportarnos como tal. Y es muy fuerte la presión social.

15 Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;

Si no buscamos esa paz y nos fortalecemos con la palabra y la oración los sentimientos negativos surgidos de los conflictos echan raíces y las semillas del rencor impulsan el crecimiento del árbol de la amargura. Y un corazón amargado es altamente tóxico y contagioso y muchos pueden ser contaminados. Por este mundo sin Dios (veamos las redes sociales) corren ríos tóxicos de amargura y odio. Y a veces estas aguas amargas salen de corazones de hijos de Dios de quienes deberían brotar “ríos de agua viva”.

16 no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura.

17 Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas.

Oh, Esau, Esaú. ¿Por qué cambió el privilegio y la bendición de la primogenitura por un plato de lentejas? ¿Qué significaba esa primogenitura? El hecho de que el autor de Hebreos le diga a Esaú “profano”, nos permite entender muchas cosas. La palabra “profano”, viene del latín profanus y significa pro = fuera y fanum = templo", fuera del templo". Además la raíz de la palabra “fornicario” es “vender”, lo cual tiene relación con lo que hizo Esaú con su primogenitura. En Génesis 25:31 dice: “Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura”. Y en el 33 se nos dice: “y le vendió a Jacob su primogenitura”. 

¿Por qué se la vendió? Porque Esaú le daba más importancia a sus apetitos carnales, y quien tiene esta actitud desprecia la bendición que Dios otorgaba a los primogénitos. A Esaú no le interesaba Dios ni la proyección de si mismo en las edades por venir. Era un profano y un fornicario quien además esto se reafirma cuando se ligó a mujeres heteas, conocidas por su permisividad moral y que fue disgusto para sus padres (Génesis 26: 34-35): “Y cuando Esaú era de cuarenta años, tomó por mujer a Judit hija de Beeri heteo, y a Basemat hija de Elón heteo; y fueron amargura de espíritu para Isaac y para Rebeca”. 

18 Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad,

19 al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más,

20 porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo;

21 y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando;

22 sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

23 a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

24 a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.

Del versículo 18 al 24 hace un comparativo entre la relación existente entre Dios y los hombres. En el antiguo pacto era de miedo, de terror y este temor los vemos claramente cuando Moisés recibe la ley en monte Sinaí, experiencia insoportable y terrible que dejó a Moisés espantado y temblando. Pero los cristianos no nos hemos acercado a este monte sino a Sion, donde la mediación de Cristo permite una relación con Dios tersa, amable y amorosa. Y como no tiene nada de terrible la gente duda si es posible llegar a Dios a través de Cristo. Incluso los discípulos no alcanzaban a verlo. Felipe le dijo al Señor: “…muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? (Juan 14:8-9).

Ahora bien, es la sangre de Cristo la que nos asegura esta nueva relación con el padre, y el autor de Hebreos nos dice que habla mejor que la de Abel. La de Abel hablaba de venganza. En Génesis 4:10 vemos que Dios le dijo a Caín: “La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra”. En cambio la del Señor, es una llave poderosa de amor. Leemos en Hebreos 9:14: “¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?

25 Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos.

Ahora bien, como creyentes debemos dar la importancia debida al Señor Jesús y a su obra en nuestras vidas. 

26 La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.

27 Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles.

Vivimos en un mundo que cambia todos los días, un mundo pasajero que como leemos en Santiago 1:11: “Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se marchitará el rico en todas sus empresas”. Por ello, finalmente todo será conmovido para dar paso a una realidad inconmovible.

28 Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia;

29 porque nuestro Dios es fuego consumidor.

¿Y si ya somos ciudadanos de un reino inconmovible, cuál debe ser nuestra actitud? Una sola: GRATITUD. La gratitud es el indicador de que hemos aprendido a valorar el gran precio de nuestra salvación y de la promesa que se nos hace como hijos de ir a vivir con Cristo en las mansiones celestiales. El agradecimiento no es una respuesta verbal amable, sino el profundo reconocimiento de la obra de Dios y como resultado de ese reconocimiento brotará de nuestro corazón un enorme sentido de gratitud por el salvador que dio su vida por nosotros. Y es esta actitud agradecida la que nos permite agradar a Dios. Y no olvidemos que nuestro Dios es fuego consumidor.



ESTUDIO SOBRE APOCALIPSIS 20: Los mil años

Jeremías Ramírez El tema principal de este capítulo 20 es ese periodo de tiempo denominado “Milenio” y que ha sido causa de enorme discusión...