Con su muerte,
Jesús derrotó al
diablo, liberó al ser humano del pecado (ya no sois esclavos del pecado) y rompió el
aguijón de la muerte (Dónde está oh muerte
tu aguijón. 1 Corintios 15:55-57). Aunque el costo para ello fue de un altísimo
precio, éste tiene un alcance universal.
Cuando
alguien desdeña el triunfo de Cristo con su muerte, es que no considera cómo
vivían los pueblos más civilizados de ese entonces y puede uno comprobar la
degradación, crueldad, maldad que había, incluso entre los intelectuales de la
época. Nada más recordar cómo fue sacrificado Sócrates, el más grande sabio del
siglo de la era de mayor esplendor griego, o la cruenta lucha por el poder en
los romanos, o la depravación entre las culturas aledañas al pueblo judío, para
darnos cuenta que su muerte cambió radicalmente las cosas.
Después
de que Jesús murió y el evangelio se empezó a extender por todo el imperio, un
viento apacible empezó a correr entre las almas atormentadas y la luz empezó a
brillar intensamente. Una luz tan grata que multitudes decidieron seguir a
Cristo, ya fuesen judíos o gentiles y con ello cambiaron al mundo.
Fue
su sacrificio en el Calvario quien vino a cambiar la historia de la humanidad
de manera radical y partió la historia en dos partes: antes y después de
Cristo. El mundo ya no fue el mismo, su muerte sacudió la tierra y sacudió al
imperio, y baño de dulce lluvia al mundo hundido en la aridez terrible del
pecado.
Ahora,
veamos cómo el evangelista Lucas relata ese momento crucial no sólo en la
historia de los judíos o de los cristianos, sino de la humanidad. Su muerte
tuvo siempre un sentido universal.
El capítulo 23
es continuación de las acciones realizadas en el capítulo 22. Ha habido un
concilio previo en el cual se ha sentenciado como culpable a Jesús. Un concilio
difícil, terrible, que mantuvo en vela a todos estos principales judíos, buscando
como acusar a Jesús toda la noche. Cuando finalmente lo logran ya ha amanecido,
y es inculpado de un delito grave: equipararse con Dios, asumiendo que él es el
Mesías (lo cual era cierto), ofensa grave para los judíos, y entonces deciden
llevarlo ante Pilato para pedirle que lo sentencie a muerte, ya que ellos
estaban impedidos de dar dicha sentencia y ejecutarla.
Jesús ante Pilato
(Mt. 27.1-2,11-14; Mr.
15.1-5; Jn. 18.28-38)
1 Levantándose entonces toda la muchedumbre de
ellos, llevaron a Jesús a Pilato.
2 Y comenzaron a acusarle,
diciendo: A éste hemos hallado que pervierte a la nación, y que prohíbe dar
tributo a César, diciendo que él mismo es el Cristo, un rey.
3 Entonces Pilato le
preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y respondiéndole él, dijo:
Tú lo dices.
4 Y Pilato dijo a los principales
sacerdotes, y a la gente: Ningún delito hallo en este hombre.
5 Pero ellos porfiaban,
diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde
Galilea hasta aquí.
Sin embargo, vemos que Pilato (no
sabemos qué tanto sabía de Jesús, tal vez muy poco o nada, salvo lo que su
esposa le había dicho a través de un mensaje) no lo encuentra culpable. Una de
las técnicas con la que los policías descubren un delincuente es su actitud
sospechosa. Pilato no descubre signos de culpabilidad. Sabemos que el
interrogatorio fue mucho más largo (Véase el cap. 21 del evangelio de Juan) pero
también hubo un escrutinio del lenguaje no verbal el Señor, pues Pilato lo ha
de haber escudriñado a fondo, como buen observante de la ley romana. Y es muy
seguro que lo que Jesús manifestaba con su actitud, sus gestos, su mirada, su
postura, el tono de su voz, era alguien completamente ajeno a la acusación que
le hacían los judíos.
Frustrada la
primera intentona, los judíos vuelven a machacar de otra forma su interés en
que Pilato lo encuentre culpable: “Alborota al pueblo, enseñando por toda
Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí”.
Y
este segundo argumento falla, pues al saber Pilato que provenía de Galilea, lo
remite con Herodes. Y de esa manera intenta zafarse del problema.
Hay
que entender cómo era el tipo de justicia romana. Para los romanos la ley era
sumamente respetable. Al fin de cuentas, ellos fueron los que afinaron la
jurisprudencia que influyó en el mundo. Ellos fueron, por ejemplo, los
inventores del luris civilis (el Derecho civil), parte importante del
Derecho romano de la historia. Hacía el año 550 se compiló este código por
orden del emperador Bizantino Justiniano (527-565).
Y
ellos respetaban de gran manera su ley. De modo tal que Pablo, cuando fue
encarcelado injustamente en Éfeso, con sólo declarar que él era ciudadano
romano, los detiene y se ven obligado a respetar sus derechos. Asimismo sucedió
en Judea cuando querían lincharlo. Cuando lo detienen y saben que es ciudadano
romano lo someten a un proceso judicial propio de ciudadano, y por ello se
alargó años hasta concluir en Roma.
Pilato,
aunque se dice que era un hombre rudo, cruel, implacable, no podía pasar por
alto las leyes que regían al imperio. Por ello, no lo sentencia de inmediato.
Tendrá que pasar algo que lo obligue, como lo veremos más adelante.
Jesús ante Herodes
6 Entonces Pilato, oyendo
decir, Galilea, preguntó si el hombre era galileo.
7 Y al saber que era de la
jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que en aquellos días también
estaba en Jerusalén.
8 Herodes, viendo a Jesús,
se alegró mucho, porque hacía tiempo que deseaba verle; porque había oído
muchas cosas acerca de él, y esperaba verle hacer alguna señal.
9 Y le hacía muchas
preguntas, pero él nada le respondió.
10 Y estaban los principales
sacerdotes y los escribas acusándole con gran vehemencia.
11 Entonces Herodes con sus
soldados le menospreció y escarneció, vistiéndole de una ropa espléndida; y
volvió a enviarle a Pilato.
12 Y se hicieron amigos
Pilato y Herodes aquel día; porque antes estaban enemistados entre sí.
El encuentro del Señor con
Herodes fue otro fracaso para los judíos. A Herodes no le importaba si había
quebrantado una ley judía o romana, él quería espectáculo: “Herodes, viendo a
Jesús, se alegró mucho, porque hacía tiempo que deseaba verle; porque había
oído muchas cosas acerca de él, y esperaba verle hacer alguna señal”. Él sí
sabía de Jesús. Cuando tuvo noticias por primera vez fue cuando creyó que era
Juan el Bautista redivivo (9:7–9), pero al parecer, ahora ya se había repuesto
y sólo tenía curiosidad y quería ver lo que había oído sobre sus portentosos
milagros; de modo que se puso feliz porque quería ver algún truco, como si
Jesús fuera un mago. Tal vez se frotó las manos, se acomodó en su sillón, tal
vez pidió una copa de vino y… nada. Entonces lo acosó a preguntas. Nada.
Silencio. Estaba tan decepcionado de que ni siquiera escuchó las acusaciones.
Frustrado, lo menosprecio (lo hizo menos) y escarneció (se burló hirientemente)
a Jesús vistiéndolo con ropas lujosas, es decir, lo ridiculizó, y lo regresó a
Pilato.
Pilato
por su parte, a pesar de que le habían regresado el problema, se puso feliz:
Herodes coincidía con él en su apreciación, al no haber dictado alguna
sentencia.
Jesús sentenciado a muerte
(Mt. 27.15-26; Mr. 15.6-15;
Jn. 18.38--19.16)
13 Entonces Pilato,
convocando a los principales sacerdotes, a los gobernantes, y al pueblo,
14 les dijo: Me habéis
presentado a éste como un hombre que perturba al pueblo; pero habiéndole
interrogado yo delante de vosotros, no he hallado en este hombre delito alguno
de aquellos de que le acusáis.
15 Y ni aun Herodes, porque os remití a él; y he aquí, nada digno de
muerte ha hecho este hombre.
16 Le soltaré, pues, después
de castigarle (limpiarlo).
17 Y tenía necesidad de
soltarles uno en cada fiesta.
18 Mas toda la multitud dio
voces a una, diciendo: !!Fuera con éste, y suéltanos a Barrabás!
19 Este había sido echado en
la cárcel por sedición en la ciudad, y por un homicidio.
20 Les habló otra vez
Pilato, queriendo soltar a Jesús;
21 pero ellos volvieron a
dar voces, diciendo: !!Crucifícale, crucifícale!
22 Él les dijo por tercera
vez: ¿Pues qué mal ha hecho éste? Ningún delito digno de muerte he hallado en
él; le castigaré, pues, y le soltaré.
23 Mas ellos instaban a
grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los
principales sacerdotes prevalecieron.
24 Entonces Pilato sentenció
que se hiciese lo que ellos pedían;
25 y les soltó a aquel que
había sido echado en la cárcel por sedición y homicidio, a quien habían pedido;
y entregó a Jesús a la voluntad de ellos.
Pilato convoca a un grupo muy
amplio. Dice un comentarista, que quizá tenía la esperanza de encontrar Jesús
simpatía, apoyo en la gente. Y les anuncia: “ya ven, ni Herodes lo ha hallado
culpable”. Así que lo soltaré, declara categórico. Ya me imagino la frustración
de los judíos. Su plan estaba a punto de irse a la basura. Y si esa oportunidad
se les iba ya no podrían hacer nada contra Jesús. Entonces, nos dice Mateo
27:20: “Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la
multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto”.
La
vida humana consiste en ELEGIR. La vida nos enfrenta todos los días a
decisiones, algunas con implicaciones de bajo impacto, otras sumamente
trascendentales. La decisión de seguir a Cristo es la más trascendental. Esto
me hace recordar esa maravillosa decisión de Josué: “Yo y mi casa seguiremos a
Jehová”.
Y
cada día debemos tomar las mejores decisiones, y qué mejor que seguir al Señor
cada día, leyendo su palabra, orando, obedeciendo, es decir, decidiendo no
pecar sostenidos por su poder. Dice ese corito maravilloso: “He decidido seguir
a Cristo…”
Los
judíos ese aciago día tomaron una decisión terrible: “Fuera éste y suéltanos a
Barrabás”. Y lo reiteran: Crucifícale, crucifícale… Y dice en mateo 27:25: “Y
respondiendo todo el pueblo, dijo: “Su sangre sea sobre nosotros, y sobre
nuestros hijos”. Qué terrible decisión.
Por eso cuando
el Señor llora ante la visión de la ciudad de Jerusalén dice: “y te derribarán
a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste
el tiempo de tu visitación”. Esta elección confirmaba la desgracia
que estaba por venir. Y este desconocimiento no es algo del que no fueran responsables,
sino que “eligieron” ignorar, neciamente, y pedir que la sangre cayera sobre
ellos, y no que los redimiera.
Cuántas
personas están en esa misma situación y deciden ignorar y perder la más grande
oportunidad. Dicen en la estación de Radio BBN: “Se ha preguntado donde pasará
la eternidad”.
Tomada
la decisión, todavía Pilato les da una tercera oportunidad: “Él les dijo por
tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho éste? Ningún delito digno de muerte he
hallado en él; le castigaré, pues, y le soltaré”. Y la respuesta es:
“Crucifícale” Y como seguía reacio, nos dice Mateo, lo extorsionaron al
amenazarlo con denunciarlo ante Roma de que no era amigo de Roma. “Si a éste
sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey, a César se opone”, Juan
19:12.
Pilato
entonces toma la decisión, lavándose las manos (Mateo 27:24).
Crucifixión y muerte de Jesús
(Mt. 27.32-56; Mr. 15.21-41;
Jn. 19.17-30)
26 Y llevándole, tomaron a
cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para
que la llevase tras Jesús.
Este pasaje es sumamente
doloroso. Extenuado el Señor, no puede cargar la cruz. Esta indicación nos
habla de que su forma “de siervo” eran igual a la nuestra. Si bien hizo muchos
milagros, no tenía superpoderes. Y tuvieron a que tomar a un hombre que
casualmente estaba por allí. Es seguro que Simón de Cirene era un hombre
fuerte. Nos dice la historia que la manera de llamar a alguien a un servicio obligatorio
era pegar levemente con la parte plana de la espada sobre el hombro. Y nadie se
podía negar. Simón obedeció y es seguro que, en contra de su voluntad, cargar
con un pesado madero desde las calles de Jerusalén hasta el Calvario.
Marcos
hace una acotación sobre Simón y dice: “padre de Rufo “lo cual nos hace pensar
que eran dos personas conocidas. Entrañables de la iglesia cristiana, porque
era fácilmente ubicable su relación y no sabemos cómo este acto obligatorio lo
impactó, le cambió la vida.
27 Y le seguía gran multitud
del pueblo, y de mujeres que lloraban y hacían lamentación por él.
28 Pero Jesús, vuelto hacia
ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por
vosotras mismas y por vuestros hijos.
29 Porque he aquí vendrán
días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no
concibieron, y los pechos que no criaron.
30 Entonces comenzarán a
decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Cubridnos.
31 Porque si en el árbol
verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará?
No sé si estas mujeres eran
plañideras de oficio o eran mujeres que realmente lo conocían y por eso estaban
tristes. Yo me inclino a lo segundo por la respuesta del Señor: “si en el árbol
verde hacen estas cosas, en el seco, ¿qué no se hará?”, es decir, la leña verde
es difícil de quemar, no así el seco. De modo que podemos interpretar que eso
hacían con el inocente (y ellas seguramente lo sabían) que no harían con los
que realmente fuesen encontrados como culpables. Y eso fue lo que sucedió en el
año 70 con la destrucción de Jerusalén y la masacre terrible. Es decir, aquí el
Señor reitera su profecía sobre la destrucción de la ciudad. Y cita una profecía
de Oseas 10:8: “Y los lugares altos de Avén serán destruidos, el pecado de
Israel; crecerá sobre sus altares espino y cardo. Y dirán a los montes:
Cubridnos; y a los collados: Caed sobre nosotros”.
32 Llevaban también con él a
otros dos, que eran malhechores, para ser muertos.
33 Y cuando llegaron al
lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a
la derecha y otro a la izquierda.
Aquí se cumple una profecía de Isaías
53:12 “Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá
despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los
pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los
transgresores”.
34 Y Jesús decía: Padre,
perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos,
echando suertes.
35 Y el pueblo estaba
mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó;
sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios.
36 Los soldados también le
escarnecían, acercándose y presentándole vinagre,
37 y diciendo: Si tú eres el
Rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
38 Había también sobre él un
título escrito con letras griegas, latinas y hebreas: ESTE ES EL REY DE LOS
JUDÍOS.
Lo natural en el mundo es la
venganza, pero no así en el cristianismo, en cuyo mayor ejemplo es el del Señor
cuando estaba en la cruz: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.
Este es uno de los mayores gestos de amor y Jesús lo hizo en un momento
terrible, dejando con ello la enorme lección sobre el perdón, algo tan difícil
en el ser humano, pero quien está en Cristo puede y debe hacerlo.
Otra profecía al respecto, en el Salmo 22:6-8, predice las burlas: “Mas yo soy gusano,
y no hombre; Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. Todos los que me
ven me escarnecen; Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó al
Señor; líbrele él; Sálvele, puesto que en él se complacía.”
Estas
burlas eran de satisfacción. Después de muchas dificultades, habían logrado su
cometido y con ello, pensaban, terminaban con el problema, como expresa el
dicho popular: “Muerto el perro, se acabó la rabia”, pero oh sorpresa, contra
toda lógica, su muerte agrandó el problema para ellos.
39 Y uno de los malhechores
que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti
mismo y a nosotros.
40 Respondiendo el otro, le
reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación?
41 Nosotros, a la verdad,
justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas
éste ningún mal hizo.
42 Y dijo a Jesús: Acuérdate
de mí cuando vengas en tu reino.
43 Entonces Jesús le dijo:
De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.
Este hecho singular de que un
malhechor, envuelto en injurias, una chispa de fe al pedirle a Cristo que se
acuerde de él cuando venga en su reino. Un gran poeta argentino, Jorge Luis
Borges, escribe un poema al respecto, cuyo fragmento más interesante dice:
En su tarea
última de morir crucificado
oyó, entre los escarnios de
la gente,
que el que estaba muriéndose
a su lado
era Dios y le dijo
ciegamente:
Acuérdate de mí cuando
vinieres
a tu reino, y la voz
inconcebible
que un día juzgará a todos
los seres
le prometió desde la Cruz
terrible
el Paraíso. Nada más dijeron
hasta que vino el fin, pero
la historia
no dejará que muera la
memoria
de aquella tarde en que los
dos murieron.
Si lo vemos con frialdad, esa
petición es una locura. ¿Cómo se le ocurre a un malhechor hacer tal
solicitud?”. Dirían algunos, perdón debería pedir, no misericordia. Y la
respuesta del Señor nos enseña que ante Dios nunca es demasiado tarde para
acercarnos a él solicitando su misericordia. Nunca.
Por
otra parte, la respuesta es altamente significativa: “Hoy estarás conmigo en el
paraíso”. De cierto, de cierto significa ten la certeza, es completamente
seguro que, en el paraíso. Dice un comentarista: “La palabra paraíso es un
término persa que significa jardín amurallado. Cuando un rey persa quería honrar
de una manera especial a uno de sus súbditos, lo invitaba a acompañarlo, a
pasear por su jardín. Jesús le prometió al ladrón arrepentido algo más que la
inmortalidad. Le prometió el honroso puesto de acompañante en el jardín en los
atrios del cielo”. (William Barclay)
Ese
jardín amurallado es el cielo, donde nadie pueda entrar si no es por la puerta:
Jesús.
44 Cuando era como la hora
sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.
45 Y el sol se oscureció, y
el velo del templo se rasgó por la mitad.
46 Entonces Jesús, clamando
a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho
esto, expiró.
47 Cuando el centurión vio
lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este
hombre era justo.
48 Y toda la multitud de los
que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se
volvían golpeándose el pecho.
49 Pero todos sus conocidos,
y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas
cosas.
Este es el momento culminante el
sol se eclipsó. Podemos decir que fue esa hora el momento más oscuro en la historia
de la humanidad, en el que se sintió la ausencia de Dios. A pesar de que el
mundo sea un caos y reine el pecado azuzado por el príncipe de este siglo, no
hay total oscuridad. La presencia de Dios se siente en la naturaleza y en los
redimidos del Señor que hacen un contrapeso al pecado que no permiten su libre
y total expresión.
El
sol se eclipsó, pero hubo otro hecho importante: el velo se rasgó. Nunca más la
presencia de Dios estaría ajena al mundo, a la gente. Ahora todo mundo podría
tener acceso a través de Cristo.
Y
llama la atención que, hasta un no judío, y, además, soldado, vislumbre un
atisbo de la grandeza de Cristo. Y la
multitud, que se había dejado manipular por los principales judíos, es en este
momento que reconocen su error y “se golpean el pecho” en señal de duelo, de
dolor. Y el duelo sólo se realiza con alguien de estima o de valor.
Los
seguidores del Señor, tal vez por miedo, observaban a la distancia.
Jesús es sepultado
(Mt. 27.57-61; Mr. 15.42-47;
Jn. 19.38-42)
50 Había un varón llamado
José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón
bueno y justo.
51 Este, que también
esperaba el reino de Dios, y no había consentido en el acuerdo ni en los hechos
de ellos,
52 fue a Pilato, y pidió el
cuerpo de Jesús.
53 Y quitándolo, lo envolvió
en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no
se había puesto a nadie.
54 Era día de la
preparación, y estaba para comenzar el día de reposo.
55 Y las mujeres que habían
venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo
fue puesto su cuerpo.
56 Y vueltas, prepararon
especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al
mandamiento.
Para que se cumpliera la
escritura, que dice en Isaías 53:9“: Y se dispuso con los impíos su sepultura,
mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en
su boca.”
Es
admirable la osadía de José de Arimatea de pedirle al mismo Pilato el cuerpo
del Señor. Quizá fue en este momento que su silencioso seguimiento de Jesús,
por temor, como dice Juan 19:38, aquí cambia radicalmente y hace un acto que le
iba a generar problemas con los del Sanedrín, pues él era miembro de ese grupo.
A
pesar de hacer una crítica del carácter de José los otros tres evangelios lo
caracterizan benevolentemente. Un «hombre rico» según San Mateo; un hombre
«ilustre» según San Marcos; «persona buena y honrada» según San Lucas; «...que
era discípulo de Jesús» según San Mateo. Marcos comienza señalando que José,
compartiendo la visión de la venida del Reino de Dios (lo cual Lucas 23:51
repite), entró "osadamente" a pedirle el cuerpo de Jesús a Pilato
(15:43). Lucas añade que este varón "no había consentido en el acuerdo ni
en los hechos" de los líderes religiosos.
Y
tal vez sin querer se convirtió en agente del cumplimiento de la profecía y ese
acto hizo que su osadía se registrara positivamente en la historia, de otra
manera nadie supiera sobre él.
Y
después, en un amoroso acto, lo envuelve en sábanas y lo pone en una tumba
nueva, que es posible tuviera un alto costo, tal vez era para su uso
personal. Hay un canto que dice: “¿Qué
te daré maestro?”. Si Dios no escatimó a su hijo, nosotros como José de
Arimatea, no debemos de escatimar para Dios nada, y entregarle lo más preciado
para nosotros: nuestra vida, nuestra voluntad, nuestros pensamientos, nuestra
obediencia.
Este
capítulo termina con una acción hermosa de las mujeres. Es sorprendente que, en
ese momento de la historia del mundo, las mujeres no eran consideradas ni
siquiera ciudadanos, pero aquí tienen un rol relevante, importante, valioso. Y
son ellas las que siguieron las acciones de José de Arimatea y vieron dónde
había sido sepultado Jesús. Es decir, le fueron fieles más allá de la frontera
de la pérdida de la esperanza. Hay que considerar que a pesar de que les había
dicho que iba a resucitar, ninguno de ellos lo creía.
El
capítulo 24 narra la segunda parte de este hecho glorioso: su resurrección.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario