domingo, 14 de octubre de 2018

ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE SAN JUAN, CAPÍTULO 3


Jeremías Ramírez Vasillas

El evangelio de Juan tiene un enorme paralelismo con sus cartas e introduce temas cruciales para la vida cristiana que penetran a fondo en las verdades y con ello logran un gran propósito: “…para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre (Juan 20:31). Y en este capítulo tres hay hechos que nos empujan a ir más allá de un mero asentimiento de la existencia de algo y nos reta a “nacer de nuevo”. Y la enseñanza nos viene porque un hombre, un principal, Nicodemo, tenía una inquietud sobre el Reino de Dios.
                       
Jesús y Nicodemo
1  Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.
2 Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.

¿Por qué vino de noche Nicodemo? ¿Por qué le llama “Rabí? Técnicamente, Jesús no era un Rabí reconocido de las escuelas, pero Nicodemo lo reconoce como tal, y lo llama «Mi Maestro», tal como lo habían hecho Andrés y Juan (1:38).
El escarnio en que los principales tenían a Jesús refrenó a muchos hasta el final (Jn. 12:42-43: “Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios”.), pero Nicodemo osa indagar por sí mismo.

3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Nicodemo tenía dudas que lo inquietaban. Y cuando llega ante el Señor, antes de que pueda formular su pregunta, Jesús le responde: “el que no naciere de nuevo no puede ver el Reino de Dios”. Nicodemo estaba probablemente familiarizado con el concepto de renacimiento para los prosélitos del judaísmo provenientes de los gentiles, pero no con la idea de que un judío tuviera que renacer. El texto original indica “nacer de arriba”, lo que se tradujo como “nacer de nuevo” pero el sentido es ciertamente nacer de nuevo, por ello se desconcierta.

4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?
5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua (ex hudatos, saliendo del agua) y del Espíritu (kai pneumatos), no puede entrar en el reino de Dios.
6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, [a] espíritu es.
7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.

Naciere del agua: algunos comentaristas hablan que el agua se refiere a la palabra y otros al nacimiento físico, es decir, al líquido amniótico en el que el bebé ha crecido dentro del vientre materno. La segunda opción tiene cierta correlación con el versículo 6 donde se habla de carne y espíritu, pero la interpretación más aceptada viene de que el agua, símbolo de limpieza o purificación, equivale a la palabra de Dios: Juan 15:3: “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado”; Efesios 5:25-26: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra”. Y le dice entonces a Nicodemo: «No comiences a maravillarte», como claramente lo había hecho Nicodemo. En Juan la palabra thaumazö generalmente significa «maravilla ininteligible»
El, como judío, seguramente esperaba otra respuesta. Pero el Señor corrige la confusión: el que es nacido de la carne, carne es. No te confundas, lo físico es lo físico. Pero lo del espíritu se gobierna por otras leyes, las de Dios, y para ver el Reino de Dios (aquí y en el futuro) hay que nacer del espíritu.

8 El viento[b] sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

Es un misterio que cae dentro del poder del espíritu lo que conlleva el segundo nacimiento.

9 Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto?
10 Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?
11 De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.
12 Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?
13 Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.
14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,

Nicodemo pregunta ¿Cómo puede hacerse esto? Un comentarista, MacDowell, dice que Nicodemo sigue pensando en términos físicos, pero también podemos pensar que pregunta ¿cómo se puede nacer espiritualmente? Y de ahí el reclamo del Señor: “¿Eres tú maestro de Israel y no sabes esto?
            Y luego el Señor le revela lo que sucederá, estableciendo un vívido paralelismo entre el acto de Moisés y la Cruz, sobre la que Él mismo (el Hijo del Hombre) «tiene» (dei, una de las cosas celestiales) que «ser levantado». Y Nicodemo lo verá tres años después un aciago día. Pero el resultado de ese sacrificio tiene un objetivo sumamente importante:

15 para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Este encuentro de Nicodemo con el Señor lo cambia profundamente (todos los encuentros con Cristo tienen consecuencia) pues al final, como está escrito en este evangelio Nicodemo ya no es un cobarde pues “… vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras, para ungir el cuerpo del Señor cuando es llevado a la tumba”. La primera vez llega a Jesús de noche, encubierto, pero después aparece abiertamente y en circunstancias muy difíciles, que seguramente le acarrearon muchos problemas.
            Una primera enseñanza de este relato de Nicodemo es que para seguir a Jesús es importante saber con precisión como son las cosas. A él le preocupaba lo relacionado con el Reino de Dios. Y como todos los judíos, esperaba su llegada. De modo que cuando ve a Jesús hacer esas señales (Juan 2: 23), la pregunta es: ¿Jesús es el Mesías?
           
             
            Ahora bien, sobre el Reino de Dios, Cristo ¿que nos dice a los hombres del siglo XXI? ¿Nos preocupa ver, entrar al reino de Dios? ¿Qué es el reino de Dios para el hombre moderno, para el cristiano moderno? Tal vez no creemos que exista un reino de Dios, aunque creamos que existe un Dios.
            Cabe aclarar que el reino de Dios no está necesariamente en una religión, en una congregación, o en un lugar terrenal. El reino de Dios es un lugar donde las leyes de Dios gobiernan y puede realizar en donde sea (ni en Jerusalén ni en este monte, sino en espíritu y en verdad). El padre nuestro dice: “¿Vénganos tu reino, hágase Señor tu voluntad?”  El reino de Dios llegó con Cristo y es el único que lo puede instaurar. Cuando creemos en Él, significa aceptar su reino, aceptar su voluntad y cuando cumplimos su voluntad el reino se hace presente. Por eso, creer en Jesús no es aceptar su existencia, sino su presencia en nuestras vidas. Como dirían los Wai Wai (una tribu del norte de Brasil), es cuando Dios nos llena el hueco de nuestro estómago para que nos hagamos amigo de Jesús y caminemos con él.
            Pero el hombre común no entiende qué es el reino de Dios, y los argumentos por inteligentes que sean, le suenan a algo absurdo. La única manera de mostrar qué es el Reino de Dios al hombre común es mostrando vidas donde se manifiesta la voluntad de Dios. “Hágase Señor tu voluntad”.
            Los indígenas Wai Wai eran tan reacios a aceptar al Señor como el hombre actual. Y cuando el brujo principal se convirtió y entregó sus amuletos ellos creían que iba a caer muerto. Y él les dijo. Si muero, no sigan a Jesús, pero si sigo viviendo síganlo, pues eso quiere decir que él es más poderoso que los espíritus a los que he servido. El factor fundamental que usó el brujo para mostrar el reino de Dios a los Wai Wai fue su vida transformada, una vida de amor, de respeto a su esposa, de liderazgo, de humildad, de fe, de una fe poderosa de modo tal que enfrentó los espíritus, el peligro y la enfermedad sin miedo, incluso ante los vaticinios funestos.
            El hombre común actual espera esa transformación en la forma del vivir de los cristianos para entender qué es el reino de Dios.
            Hermanos, tal vez no hemos entendido eso. Necesitamos se totalmente transformados por Dios. Pero la única manera de ser transformados es buscándolo en su palabra que Él cambie nuestra manera de pensar y entender las cosas. Ese cambio, esa transformación se revela cuando nacemos del Espíritu. Pero si como cristianos lo que domina nuestra mente es la lógica del mundo, nuestro egoísmo, nuestras pasiones, no hay forma de mostrar el reino de Dios. Si anhelamos como todo mundo un auto nuevo, un ascenso, reconocimiento social, aplausos, premios, reconocimiento laboral, dinero, diversión (sana inclusive), no hay forma de mostrar Su Reino.
            Cuando Nicodemo pudo entender: Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Y él vio como Jesús fue levantado en el madero, entonces estas palabras calaron en él como un fierro candente. Y entendió que nacer del agua y del espíritu era creer, como los Wai Wai, confiando en que Jesús es lo más importante en la vida del ser humano.

De tal manera amó Dios al mundo

Este es uno de los pasajes relevantes sobre el amor de Dios al género humano, no sólo a los creyentes. Empieza con una frase comparativa: “De tal manera”, es decir, a tal medida, a tal grado, que dio a su hijo. Ese es el tamaño del amor de Dios: dio a su hijo. Y dar uno a su hijo no es cualquier cosa, es arrancar carne de mi carne para salvar o rescatar a otro. Pues de esa manera tan extraordinaria Dios nos ama. El amor de Dios no se expresa sólo resolviendo nuestros conflictos, librándonos de alguna desgracia, sino consiguiendo el remedio excelso para librarnos de la mayor desgracia del ser humano: el mal que como cáncer nos corroe y nos hace desgraciados hasta que tarde o temprano nos hunde en la muerte.

16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.
18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

Muchas veces me he debatido en el significado de creer. Según el diccionario es: “1) Considerar o aceptar una cosa como cierta sin tener pruebas irrefutables. 2)  Pensar o suponer que una persona o una cosa es de una determinada manera”.
Y creo que esta es la idea predominante: “Aceptar algo sin tener pruebas”, sin la certeza. El versículo 19 creo que acota el significado: “la decisión de seguir haciendo lo malo”. Si alguien quiere hacer lo bueno, y viene a Dios para que quite de sí el pecado, y que lo tome para sí, esto es lo que podemos entender como “creer”, en este caso. En todo caso, aceptar que Cristo tiene el poder de darnos vida, de cambiar nuestra inclinación por la maldad, pero debe haber el deseo de que eso suceda.
Y a la luz de este versículo 19, la condenación es una auto condenación: amaron más las tinieblas (decisión personal), las obras malas. ¿Qué es una obra mala? La que daña a sí mismo y a otros, además avergüenza. Los delitos se incrementan en la noche. Esconderse.

20 Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.
21 Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.

Pablo le dice a Timoteo que sea un obrero que “no tenga de qué avergonzarse”, eso es andar en luz. Si decimos que no tenemos pecado, no andamos en luz, dice Juan en sus cartas. Es decir, no aceptamos que lo que estamos haciendo, está mal. Transformar nuestro entendimiento es en varios sentidos desarrollar la capacidad de saber cuál es la voluntad de Dios, pero también cuál no es. De modo que: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” (1ª Juan 1:8).

El amigo del esposo
22 Después de esto, vino Jesús con sus discípulos a la tierra de Judea, y estuvo allí con ellos, y bautizaba.
23 Juan bautizaba también en Enón, junto a Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados.

Ni Enón ni Salim, pueden ubicarse con exactitud. Sin embargo, Eusebio, obispo de Cesarea que vivió durante los siglos III y IV, propone un lugar en el valle del Jordán a unas ocho millas romanas (12 Km.) al S. de Bet-seán. En este lugar se encuentra Tell Ridgha (Tel Shalem), que suele identificarse con Salim. Hay varios manantiales en las proximidades que podrían encajar con la descripción que dio Eusebio del lugar llamado Enón.

24 Porque Juan no había sido aún encarcelado.
25 Entonces hubo discusión entre los discípulos de Juan y los judíos acerca de la purificación.
26 Y vinieron a Juan y le dijeron: Rabí, mira que el que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio, bautiza, y todos vienen a él.
27 Respondió Juan y dijo: No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo.
28 Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él.
29 El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido.
30 Es necesario que él crezca, pero que yo mengue.

Lo que destaca en estos versículos es el norme sentido de ubicación de Juan y de humildad. Sus discípulos de Juan le informan con cierto celo, con cierta envidia y rivalidad. Pero Juan pone en orden las cosas, pero además se siente satisfecho de que Jesús ya esté desarrollando su ministerio, pues sentencia: “este mi gozo está cumplido”. Y sabe que terminado su papel de “preparador”, es necesario que él salga de la escena. Esto me hizo recordar lo cohetes a la luna. Los enormes tanques de combustible, a medida que agotan su función, se desprenden de la nave. Han cumplido su papel y es momento de separarse.

El que viene de arriba
31 El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos.
32 Y lo que vio y oyó, esto testifica; y nadie recibe su testimonio.
33 El que recibe su testimonio, éste atestigua que Dios es veraz.

Aquí el apóstol Juan hace un comentario importante refiriéndose a Jesús como el que viene de arriba, por lo tanto, lo que hace y predica tiene otra lógica, otra fuente, otra raíz: esta es celestial. Y está sobre todos, por una razón: lo que testifica es lo que vio y yo en el cielo, es decir, es el mensaje directo no por intermediarismo. En hebreos leemos: “En estos postreros tiempos nos ha hablado por el hijo”.
            Ah, pero agrega algo sumamente importante: es ignorado su mensaje por muchos (eso sucedió y sigue sucediendo), pero quien recibe su testimonio en verdad, podrá tener la facultad de descubrir que su palabra es verdad, como dirían los apóstoles, que tiene “palabras de vida eterna”, y podrá corroborar y testificar su veracidad.

34 Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida.
35 El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano.
36 El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.

Frases duras y difíciles de entender y aceptar, pero si consideramos lo que dice en el V.19 ya no es tan difícil de entender. Pues el que rehúsa creer (ho apeithön). «El que es desobediente al Hijo», es decir, el que amó más las tinieblas que la luz. Por ello, la ira está sobre el que ha amado más las tinieblas que la luz. Y si ha amado más las tinieblas es porque no ha creído en Dios por voluntad propia, por necedad, por obcecamiento. De modo el que trae las cosas a la luz es porque cree que Jesús tiene el poder de cambiar su vida y entonces tendrá VIDA ETERNA, es decir, una vida perdurable, sólida, consistente, gozosa, porque la cercanía con Dios nos permite atisbar su gloria, cuya experiencia es incomparable con cualquier otra de la vida humana.




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