sábado, 10 de noviembre de 2018

CHRIST’S WITCHDOCTOR


Jeremías Ramírez Vasillas

Es lamentable que muchos buenos libros cristianos, pasado cierto tiempo, son descatalogados y no se vuelven a imprimir, dejando sin el beneficio de su lectura a generaciones posteriores.
            Digo lo anterior porque hace varios años compré el libro Un brujo que se conviertió a Cristo (Christ’s Witchdoctor), escrito por Homer Dowdy y publicado en Venezuela, en 1977, por la Editorial Libertador (al parecer ya no existe esta editorial). 
             En su momento lo leí, pero con el tiempo olvidé la historia. Cabe señalar que en los setentas se estaban dando a conocer libros testimoniales del trabajo evangelístico realizado entre diversas tribus aborígenes, que prácticamente vivían en la edad de piedra, tales como Hijo de paz, escrito Don Richardson con la tribu Sawi, de Nueva Guinea; o el trabajo de Jim Elliot con los aucas, del Ecuador; o Por esta Cruz te mataré, de Bruce Olsón que trabajó con los indios motilones en Colombia.
            Un brujo se convierte a Cristo es un libro testimonial sobre la difusión del evangelio y surgimiento del cristianismo entre una tribu del norte de Brasil denominada Wai Wai.
            Si bien la narrativa de pronto da saltos desconcertantes, es decir, le falta fluidez, el dramatismo de la historia y la forma vívida en que muestra al personaje principal de la historia, un brujo llamado Elká (que hoy es reconocido por su vigoroso liderazgo), desde su adolescencia hasta su vida como líder evangelístico, es sumamente conmovedor y atrapa.
            Pero el valor más importante de este libro es la enorme lección de fe de estos aborígenes, ajenos a la cultura moderna, que luchan primero por dominar su medio circundante, un medio agreste, inhóspito, atemorizante, lleno de supersticiones, de demonios, de espíritus malignos, que sólo los brujos saben manejar y controlar hasta cierto punto, aunque ellos también viven llenos de pavor y esclavos de esos espíritus y de sus pasiones que los llevan a vivir una vida de desasosiego, atribulada, atormentada.
            La historia comienza con una preocupación principal de Elká: que su padrastro no mate a su hermanito que está a punto de nacer. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, llega demasiado tarde a su rescate. Esa noche tuvo que salir, por encargo de la tribu, a pescar. Pero un año más tarde, logra rescatar al siguiente hermano.
            En ese ambiente se va desarrollando, va asumiendo roles de mayor importancia, pero le surge un deseo: convertirse en brujo, pues ha visto que son personas respetadas, poderosos, y que tienen la facultad, con sus cantos, con su tabaco, de aliviar a los enfermos, una capacidad veleidosa e incierta, pues en ocasiones falla. Estas fallas, cuando le suceden a Elká le pesan, lo abruman.
            Cuando llegan los misioneros estadounidenses, primero tiene miedo, porque ya habían tenido una visita de hombre blancos y habían terminado muy mal cuando descubrieron el engaño de que eran objeto.
            Con los misioneros, sin embargo, pronto establecen una buena convivencia, porque a deferencia de los otros, estos traen medicinas, vacunas, particularmente contra la Malaria, enfermedad recurrente en estas zonas selváticas, y no buscan como aprovecharse de sus recursos.
            Pero, además, algo que a Elká le intriga: sus papeles, papeles que hablan y que hablan de un Dios todopoderoso que dio a su hijo para que ellos tengan una mejor vida, libre de temores y llena de amor. Él no cree, aunque le parece atractivo el mensaje.
            A Elká, que pronto aprende a leer y que además ayuda al aprendizaje de su idioma a los extranjeros y con ellos desarrollan la escritura de la lengua de los Wai Wai, es quien está más expuesto a las enseñanzas. Sin embargo, Elká no puede recibir a Jesucristo, es decir, hacerse amigo de Jesús y caminar con él. Sus actividades de brujo son un impedimento y tras un largo y tortuoso proceso, finalmente acepta a Cristo. Él es el primero de su tribu. Aunque sus instrumentos de brujo los conserva, ha dado un paso hacia la fe en Cristo. Quisiera deshacerse de ello, dejar de ser brujo, pero tiene miedo. Los miembros de la tribu le advierten que esta renuncia va a hacer enojar a los espíritus, como el de la Anaconda, o a sus favoritos, el de los puercos salvajes, y lo van a matar. Pronto descubre que los espíritus que invoca en su brujería y Cristo son incompatibles y tendrá que tomar una decisión. Y tras un largo debate consigo mismo decide entregarles a los misioneros sus instrumentos de brujería y entregarse plenamente a Cristo confiando que Cristo es superior y más poderoso que los espíritus.
            Todos esperan que muera repentinamente, pero él les dice que, si no muere que sigan a Cristo, pero si muere que renuncien a él. El momento clave, el momento de la verdad es cuando llegan, después de una larga ausencia, muchos puercos salvajes, y le dicen los de su tribu que vienen por él. Elká toma su escopeta y con sus dos únicos tiros y sale a cazarlos. Y todos ven que no tiene miedo. Caza a dos y cuando su esposa lo cocina, todos observan si se atreverá a comer la carne de puerco pues saben que, si come de otras partes no permitidas a los brujos, morirá. Ante la mirada atónita de todos, come del área prohibida y todos esperan que de un momento a otro caiga muerto. Pero para su sorpresa, no muere.
            Esto convence a los de la tribu a seguir a Jesús. Poco a poco, parientes, amigos, conocidos y hasta enemigos van aceptando a Cristo. Inclusos, aquellos que le enseñaron la brujería.
            Llama la atención que los misioneros impiden que los indígenas se acostumbren a los productos de los blancos, como a la ropa o las armas. Y los instan a que sigan conservando su estilo de vida. Las fotografías que se pueden ver en internet se ven que están en la iglesia ataviados como ellos, con el rostro y los brazos pintados, y semidesnudos. Lo más que llevan los hombres son pantalones cortos.
El libro narra que son ellos, por sí mismos, quienes voluntariamente abandonan la brujería y las danzas orgiásticas, el alcoholismo, la muerte de los infantes, el robo de las esposas de los otros, el maltrato a las mujeres, el miedo a los espíritus.
            El cambio es tal que a más de 60 años (fue en los cincuentas que llegaron los misioneros a la selva a la región del Esquibo), la penetración tan profunda del evangelio entre los Wai Wai es de tal magnitud que se ven los resultados de ese cambio espiritual de los Wai Wai.
Los antropólogos nos cristianos (hay documentos y videos en el internet) tratan de encontrar explicaciones al margen del evangelio de los cambios operados en los Wai Wai, sin embargo, es tan sólido el testimonio que conmueve, pues han pasado más de 60 años y el embate del evangelio es tan notable que los antropólogos no encuentran la justificación basada en la mera sociología o antropología. Y aún más les intriga que fueron ellos mismos los que se encargaron de propagar el evangelio, organizándose como misioneros para ir a enseñar a las tribus de regiones cercanas y lejanas. Anhelaban que ellos también encontraran la paz y la libertad en Cristo.
Una breve investigación en el internet se puede ver el estado de la selva, y pueden encontrarse algunas las investigaciones antropológicas, cuyos investigadores han tomado como fuente de información este libro de Homer Dowdy.
Por todo ello, este es un libro valioso que enseña qué es la fe, qué puede hacer para un ser humano, y qué sucede cuando alguien se atreve a confiar plenamente en Cristo. En su lenguaje,  los Wai Wai expresan su experiencia espiritual con descripciones físicas interesantes, por ejemplo, cuando aceptan a Cristo y sienten su paz dicen que "llena el hueco del estómago" y al limpiar sus pecados y generar en ellos nuevas criaturas, dice que "los compone" y que al convertirse se vuelven "compañero de Cristo y caminan con él". 

Lástima que el libro ya sólo se puede conseguir en inglés. Ojalá alguna editorial en español se atreviera a publicarlo de nuevo.

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