Jeremías Ramírez Vasillas
Es lamentable que muchos buenos libros cristianos, pasado cierto tiempo, son
descatalogados y no se vuelven a imprimir, dejando sin el beneficio de su
lectura a generaciones posteriores.
Digo lo anterior porque hace
varios años compré el libro Un brujo que
se conviertió a Cristo (Christ’s Witchdoctor), escrito por Homer Dowdy y publicado en Venezuela, en 1977, por la
Editorial Libertador (al parecer ya no existe esta editorial).
En su momento lo
leí, pero con el tiempo olvidé la historia. Cabe señalar que en los setentas se
estaban dando a conocer libros testimoniales del trabajo evangelístico realizado
entre diversas tribus aborígenes, que prácticamente vivían en la edad de
piedra, tales como Hijo de paz, escrito
Don Richardson con la tribu Sawi, de Nueva Guinea; o el trabajo de Jim Elliot
con los aucas, del Ecuador; o Por esta Cruz
te mataré, de Bruce Olsón que trabajó con los indios motilones en Colombia.
Un brujo se convierte a Cristo es un libro testimonial sobre la
difusión del evangelio y surgimiento del cristianismo entre una tribu del norte
de Brasil denominada Wai Wai.
Si bien la narrativa de
pronto da saltos desconcertantes, es decir, le falta fluidez, el dramatismo de
la historia y la forma vívida en que muestra al personaje principal de la
historia, un brujo llamado Elká (que hoy es reconocido por su vigoroso liderazgo),
desde su adolescencia hasta su vida como líder evangelístico, es sumamente
conmovedor y atrapa.
Pero el valor más
importante de este libro es la enorme lección de fe de estos aborígenes, ajenos
a la cultura moderna, que luchan primero por dominar su medio circundante, un
medio agreste, inhóspito, atemorizante, lleno de supersticiones, de demonios,
de espíritus malignos, que sólo los brujos saben manejar y controlar hasta
cierto punto, aunque ellos también viven llenos de pavor y esclavos de esos espíritus
y de sus pasiones que los llevan a vivir una vida de desasosiego, atribulada, atormentada.
La historia comienza con
una preocupación principal de Elká: que su padrastro no mate a su hermanito que
está a punto de nacer. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, llega demasiado
tarde a su rescate. Esa noche tuvo que salir, por encargo de la tribu, a
pescar. Pero un año más tarde, logra rescatar al siguiente hermano.
En ese ambiente se va
desarrollando, va asumiendo roles de mayor importancia, pero le surge un deseo:
convertirse en brujo, pues ha visto que son personas respetadas, poderosos, y
que tienen la facultad, con sus cantos, con su tabaco, de aliviar a los
enfermos, una capacidad veleidosa e incierta, pues en ocasiones falla. Estas
fallas, cuando le suceden a Elká le pesan, lo abruman.
Cuando llegan los
misioneros estadounidenses, primero tiene miedo, porque ya habían tenido una
visita de hombre blancos y habían terminado muy mal cuando descubrieron el
engaño de que eran objeto.
Con los misioneros, sin
embargo, pronto establecen una buena convivencia, porque a deferencia de los
otros, estos traen medicinas, vacunas, particularmente contra la Malaria,
enfermedad recurrente en estas zonas selváticas, y no buscan como aprovecharse
de sus recursos.
Pero, además, algo que a
Elká le intriga: sus papeles, papeles que hablan y que hablan de un Dios
todopoderoso que dio a su hijo para que ellos tengan una mejor vida, libre de
temores y llena de amor. Él no cree, aunque le parece atractivo el mensaje.
A Elká, que pronto aprende
a leer y que además ayuda al aprendizaje de su idioma a los extranjeros y con
ellos desarrollan la escritura de la lengua de los Wai Wai, es quien está más
expuesto a las enseñanzas. Sin embargo, Elká no puede recibir a Jesucristo, es
decir, hacerse amigo de Jesús y caminar con él. Sus actividades de brujo son un
impedimento y tras un largo y tortuoso proceso, finalmente acepta a Cristo. Él
es el primero de su tribu. Aunque sus instrumentos de brujo los conserva, ha
dado un paso hacia la fe en Cristo. Quisiera deshacerse de ello, dejar de ser
brujo, pero tiene miedo. Los miembros de la tribu le advierten que esta
renuncia va a hacer enojar a los espíritus, como el de la Anaconda, o a sus
favoritos, el de los puercos salvajes, y lo van a matar. Pronto descubre que
los espíritus que invoca en su brujería y Cristo son incompatibles y tendrá que
tomar una decisión. Y tras un largo debate consigo mismo decide entregarles a
los misioneros sus instrumentos de brujería y entregarse plenamente a Cristo
confiando que Cristo es superior y más poderoso que los espíritus.
Todos esperan que muera
repentinamente, pero él les dice que, si no muere que sigan a Cristo, pero si
muere que renuncien a él. El momento clave, el momento de la verdad es cuando
llegan, después de una larga ausencia, muchos puercos salvajes, y le dicen los
de su tribu que vienen por él. Elká toma su escopeta y con sus dos únicos tiros y
sale a cazarlos. Y todos ven que no tiene miedo. Caza a dos y cuando su esposa
lo cocina, todos observan si se atreverá a comer la carne de puerco pues saben que,
si come de otras partes no permitidas a los brujos, morirá. Ante la mirada
atónita de todos, come del área prohibida y todos esperan que de un momento a
otro caiga muerto. Pero para su sorpresa, no muere.
Esto convence a los de la
tribu a seguir a Jesús. Poco a poco, parientes, amigos, conocidos y hasta
enemigos van aceptando a Cristo. Inclusos, aquellos que le enseñaron la
brujería.
Llama la atención que los
misioneros impiden que los indígenas se acostumbren a los productos de los
blancos, como a la ropa o las armas. Y los instan a que sigan conservando su
estilo de vida. Las fotografías que se pueden ver en internet se ven que están
en la iglesia ataviados como ellos, con el rostro y los brazos pintados, y
semidesnudos. Lo más que llevan los hombres son pantalones cortos.
El libro narra que son ellos, por sí mismos, quienes
voluntariamente abandonan la brujería y las danzas orgiásticas, el alcoholismo,
la muerte de los infantes, el robo de las esposas de los otros, el maltrato a
las mujeres, el miedo a los espíritus.
El cambio es tal que a más
de 60 años (fue en los cincuentas que llegaron los misioneros a la selva a la
región del Esquibo), la penetración tan profunda del evangelio entre los Wai
Wai es de tal magnitud que se ven los resultados de ese cambio espiritual de
los Wai Wai.
Los antropólogos nos cristianos (hay documentos y
videos en el internet) tratan de encontrar explicaciones al margen del
evangelio de los cambios operados en los Wai Wai, sin embargo, es tan sólido el
testimonio que conmueve, pues han pasado más de 60 años y el embate del
evangelio es tan notable que los antropólogos no encuentran la justificación
basada en la mera sociología o antropología. Y aún más les intriga que fueron
ellos mismos los que se encargaron de propagar el evangelio, organizándose como
misioneros para ir a enseñar a las tribus de regiones cercanas y lejanas.
Anhelaban que ellos también encontraran la paz y la libertad en Cristo.
Una breve investigación en el internet se puede
ver el estado de la selva, y pueden encontrarse algunas las investigaciones antropológicas, cuyos investigadores han
tomado como fuente de información este libro de Homer Dowdy.
Por todo ello, este es un libro valioso que
enseña qué es la fe, qué puede hacer para un ser humano, y qué sucede cuando
alguien se atreve a confiar plenamente en Cristo. En su lenguaje, los Wai Wai expresan su experiencia espiritual con descripciones físicas interesantes, por ejemplo, cuando aceptan a Cristo y sienten su paz dicen que "llena el hueco del estómago" y al limpiar sus pecados y generar en ellos nuevas criaturas, dice que "los compone" y que al convertirse se vuelven "compañero de
Cristo y caminan con él".
Lástima que el libro ya sólo se puede conseguir en
inglés. Ojalá alguna editorial en español se atreviera a publicarlo de nuevo.
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