Jeremías Ramírez Vasillas
La vida terrenal es como un colchón. Si logramos amoldarnos a este, es decir, nos empezamos a sentir cómodos, jamás pensaríamos en cambiarlo. Pero si los resortes empieza a salirse, y van apareciendo irregularidades, chipotes, hendiduras, cada vez se volverá más y más intolerante un día lo tiraremos a la basura e iremos a comprar otro.
En la vida hay personas que tienen todo: cada, coches, lujos... Y hay quienes no tienen esto, pero poco a poco lo consiguen y van empezando a disfrutar las mieles de la vida, ambos desearían prolongar la vida eternamente. Pero hay quienes viven en la vida en este mundo con dificultades y penurias, y hay otros más que aunque no pasan penurias no se sienten cómodos porque advierten que en el mundo hay dolor injusticia, hambre, explotación, sufrimiento, adicciones, soledad, tristeza... y les duele tal situación y tratan en la medida de sus fuerzas ayudar a quien lo necesite, seguramente anhelarán un mundo mejor.
Hermano, si no sientes la necesidad de que el Señor venga a poner las cosas en orden, oye las palabras que el Señor le dice a los ladiceanos: " Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo". (Apocalipsis 3: 17-20)
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