Vosotros sois la sal de
la tierra;
pero si la sal se
desvaneciere, ¿con qué será salada?
No sirve más para nada,
sino para ser echada fuera
y hollada por los
hombres.
Mateo: 5:13
Los estudio y comentarios sobre la metáfora
“sal” que Jesús hace para dirigirse a la función que los discípulos fungen en
la sociedad, generalmente se pondera la cualidad preservadora de esta sustancia,
pero pocas veces se dice que para que la sal logre su propósito es necesario entrar en contacto con lo que se desea sazonar o preservar.
Es decir, que para que esa sal sea útil debe ser
empleada, es decir, mezclada con las comidas. De
modo que al comparar a los discípulos como "sal de la tierra", implícitamente indica que deben entrar en contacto con
la gente para que su sola presencia genere cambios.
En
Lucas 2:52 nos dice que Jesús no sólo crecía en sabiduría y físicamente, sino
que además obtenía la gracia con los hombres y con Dios. Y hay una similitud en
la naciente iglesia en Jerusalén. En Hechos 2: 47 dice que alababan a Dios: “…teniendo
favor con todo el pueblo”. Es decir, la iglesia empezó a ser bien vista pues
era agradable a la sociedad, es decir, sazonaba con su manera de ser y esta agradabilidad era notoria pues convivían
con todos, no estaban escondidos o refugiados teniendo contacto sólo entre
ellos.
Un
cristiano que se refugia en su iglesia, que evitar entrar en contacto con el
mundo, es equivalente a tener la sal está a
resguarda en una gaveta o dentro de su salero, mientras la comida es insípida. De nada sirve que sea una sal
magnífica si todo su potencial sazonador está encerrado en una botella.
Ese
movimiento que prevaleció en la iglesia católica de cuando alguien se
consagraba a Dios era recluido en un recinto apartado de la sociedad, no era acorde con las escrituras y a la voluntad de Dios. Esta reclusión es
contraria a lo que enseñan los evangelios pues los cristianos nunca deben ser
cristianos de vitrina o de convento.
Jesús
fue acusado de juntarse con publicanos, y pecadores y él contestaba que Él había sido enviado a "los enfermos no a los sanos".
Si,
es cierto que santidad indica “apartado”, pero ese apartamiento no es físico ni
social sino del pecado. Un santo no es un monje en un claustro orando o leyendo
su breviario o su Biblia, sino alguien que sin participar del pecado influye en
su sociedad para que cuando la gente “vea sus buenas obras”, alabe a Dios.
Porque el propósito de Dios ha sido la de conformar un
pueblo celoso de buenas obras.
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