domingo, 30 de junio de 2019

ESTUDIO SOBRE HECHOS 18: DE ATENAS A CORINTO Y DE NUEVO A JERUSALÉN Y ANTIOQUÍA


En este capítulo Lucas nos relata la conclusión de este su segundo viaje misionero y el inicio del tercero. La narración se vuelve muy rápida y deja elementos que parecen decir poco, pero en realidad hay muchas cosas que aprender en una lectura entre líneas.
Inicia con un brevísimo relato de la visita de Pablo a Corinto, una ciudad en donde iba a nacer una iglesia muy especial, una iglesia que tenía muchas virtudes, pero también muchos defectos, debido a la influencia pecaminosa de la ciudad, y contra la cual tuvieron que luchar. Pablo, en su primera carta, hace énfasis en estos problemas, pero también en otros que surgieron de una mala interpretación de la escritura y la falta de disciplina.
            Lo valioso que nos legó esta iglesia fueron las correcciones de Pablo que no han servido como lecciones e instrucciones para enseñarnos cómo enfrentar esos problemas y qué debemos hacer para resolver disputas internas, errores en la cena del señor, carnalidad e inmoralidad, dones espirituales, etc.
            En este lugar, Pablo se encuentra con dos judíos valiosos: un matrimonio con quien comparte el oficio de fabricante de tiendas. Aquí, por primera vez se nos dice como soportaba Pablo financieramente su trabajo misionero: trabajaba con sus manos y trabajaba arduamente, como lo indica en la Primera Carta a los Tesaloniscenses.
            Después de 18 meses abandona Corinto y vemos, en un relato apresurado, su paso por Cencrea, (el puerto oriental de Corinto, donde surgió también una iglesia que Pablo menciona en Romanos 16: 1 y 2), de donde parte, con Aquila y Priscila, a Éfeso, y tras una breve estancia en esta ciudad, se dirige a Jerusalén y a Antioquía, sin darnos más detalles.
Nos informa, también, el inicio del tercer viaje misionero de Pablo, en el que pasa de nuevo por Asia, visitando las iglesias de las ciudades de su primer viaje ministerio y dónde tuvo una feroz persecución. Pero a Pablo no le preocupaba su seguridad personal pues, como después declarará, en los negocios de Dios, “no estimaba su vida preciosa para sí mismo”. 
           
Pablo en Corinto
1 Después de estas cosas, Pablo salió de Atenas y fue a Corinto.

Corinto estaba a 83 kilómetros de Atenas en un Istmo de apenas 6 kilómetros de ancho, que conectaba a Grecia continental con el Peloponeso (Acaya), y por donde pasaba una enorme cantidad de gente. Por eso se le llamaba “el puente de Grecia”.
            La ciudad era muy antigua. En el año 146 a. C. fue saqueada y destruida y qudó en esa condición unos cien años. En el año 46 a. C., Julio César decidió reconstruir la ciudad y envió una colonia de veteranos y hombres libres. La ciudad se recuperó en dos años y contaba con dos puertos: Lequeo, en el golfo de Corinto; y Cencreas, en el Golfo Sarónico.
Cuando Pablo estuvo en Corinto era una ciudad importante, capital de la provincia de Acaya, y residencia del procónsul Junius Gallio, con unos 400 mil habitantes. Era, además, un gran centro comercial y sede de los juegos Istmicos[1], el segundo en importante después de los Olímpicos.
Corinto tenía fama de ser una ciudad malvada. Corintiarse, para los griegos, era tener la vida llena de vicios y excesos. En el teatro, los corintios eran representados como borrachos. En la colina de la Acrópolis (Acrocorintia) había una fortaleza y un templo dedicado a Afrodita[2]. Este templo, en su mejor época, tuvo un millar de sacerdotisas, que en realidad eran “prostitutas sagradas” que, por las tardes, bajaban a las calles de la ciudad para practicar su sacerdocio. Y como era sagrado, era bueno. Y hasta los cristianos eran convencidos de que no había nada malo en ello. Por eso Pablo les escribe en su primera carta (1ª de Corintios 6:9-10: “No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios”. Y esto erais algunos de vosotros; pero fuisteis lavados…)”.
            Gracias a Dios, Pablo siempre encontró aliados, buenos aliados, compañeros de milicia cuyo trabajo fue muy importante.

2 Y halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma[3]. Fue a ellos,
3 y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas.

Aquila y Priscila
Aquila y Priscila (diminutivo de Prisca) eran un matrimonio de judíos que vinieron a Corinto cuando el emperador Claudio[4] expulsó a todos los judíos de Roma. Pronto se convirtieron en sus colaboradores- En Éfeso, por ejemplo, prepararon la llegada de Pablo en su tercer viaje misionero y ministraron a Apolos (Hechos 18:18-26). Después de la muerte de Claudio, volvieron a Roma (Romanos 16:3). En 2 Timoteo 4:19 Pablo les manda saludos. Y en la primera carta a los Corintios, hace expreso el saludo de este matrimonio: “Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa, os saludan mucho en el Señor” (1 Corintios 16:19, 20).
           
El trabajo de Pablo
Aquila y Priscila eran fabricantes de tiendas, oficio, que por primera vez se nos dice, tenía el apóstol Pablo. Y aquí, por primera vez, nos enteramos cómo Pablo se mantenía: trabajando arduamente como leemos en la segunda carta a los Tesalonicenses:

2ª. Tesalonicenses 3: 6-8.
Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros.
Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros,
ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros…

Es posible que el dinámico comercio portuario de Corinto haya influido para que Aquila y Priscila se establecieran en Corinto, pues se dice que “cuando se acercaba el invierno, los fabricantes de tiendas que eran a la vez fabricantes de velas y tejedores de lonas tenían más trabajo y encargos pues con los dos puertos llenos de navíos anclados para el invierno y ansiosos de reequiparse, mientras los puertos estaban cerrados, los vendedores de efectos navales de Lequeo y Cencreas tendrían trabajo para casi todo hombre que fuera capaz de coser un trozo de lona”. Y es seguro que este trabajo era solicitado hasta los tejedores de tiendas de Corinto.
Cabe hacer una reflexión sobre el trabajo que muchos cristianos lo ven sólo como una forma aceptable de obtener dinero. El cristiano debe verlo, además, por otros motivos,  como Pablo nos enseña: para no ser carga para nadie, pero además para que podamos ayudar a otros con lo que ganamos. También debe ser un medio para bendecir a otros realizando un trabajo bien hecho, que satisfaga las necesidades de los beneficiaros de nuestra obra, y de esa forma demos testimonio de nuestro Dios, pues los cristianos debemos trabajar, como decía Pablo, sirviendo a Dios sirviendo al prójimo: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís. (Colosenses 3:23-24).

4 Y discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos.

Pablo seguía su mismo método de ir a las sinagogas. Él sentía un gran pesar por el pueblo judío: Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son israelitas… (Romanos 9: 3-4):
            Es fácil, deducir que los griegos a los que se refiere este pasaje son prosélitos y temerosos de Dios que acudían a la sinagoga.

5 Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo.
6 Pero oponiéndose y blasfemando éstos, les dijo, sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles. 7 Y saliendo de allí, se fue a la casa de uno llamado Justo, temeroso de Dios, la cual estaba junto a la sinagoga.

Como vemos, en Corinto los judíos no eran juiciosos como los de Berea, ni tan violentos como los de Tesalónica, pero si ofensivos y blasfemos. Por eso Pablo los abandona sacudiendo sus ropas. Pero no se va muy lejos. Junto a la sinagoga vive Justo, un temeroso de Dios, en cuyo lugar ahora, se dedicara a predicar y enseñar.  Y es muy probable que ahí se estableciera la iglesia de Corinto.

8 Y Crispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados.
9 Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas, sino habla, y no calles;
10 porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad.
11 Y se detuvo allí un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios…

Pero no sólo se convirtieron los griegos, como Justo, sino hasta el principal de la sinagoga, Crispo (Krispos). Pablo lo bautizó personalmente, quizá debido a su importancia, dejando quizá a Silas y Timoteo a que bautizaran a la mayor parte de sus convertidos (1 Co. 1:14–17). Aquí encontramos otra conversión de una casa entera (como en Filios), porque Crispo «creyó (episteusen) en el Señor con toda su casa».  
            A pesar de la obra avanzaba, el trabajo de Pablo se dio en medio de circunstancias adversas. Pablo escribe al inicio de su carta a los corintios: “Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor…” (1 Corintios 2: 3). Y casi podríamos decir que esas fueron las circunstancias a lo largo de su ministerio, cumpliéndose lo que el Señor mismo le había revelado a Ananías: “cuanto le es necesario padecer por mi nombre”. Por ello el Señor mismo anima a Pablo en una visión de noche: “Ninguno pondrá las manos sobre ti” y eso fue cierto. Es interesante que quien tiene una profunda relación con Dios, se comunica con su siervo de una manera sorprendente, directa y clara.
            Así que, con esta garantía, Pablo se queda en Corinto a pesar del ominoso ambiente que se cierne a su derredor, pues en seguida vemos un intento de ataque que no prospera.

12 Pero siendo Galión procónsul de Acaya, los judíos se levantaron de común acuerdo contra Pablo, y le llevaron al tribunal,
13 diciendo: Este persuade a los hombres a honrar a Dios contra la ley.
14 Y al comenzar Pablo a hablar, Galión dijo a los judíos: Si fuera algún agravio o algún crimen enorme, oh judíos, conforme a derecho yo os toleraría.
15 Pero si son cuestiones de palabras, y de nombres, y de vuestra ley, vedlo vosotros; porque yo no quiero ser juez de estas cosas.
16 Y los echó del tribunal.
17 Entonces todos los griegos, apoderándose de Sóstenes, principal de la sinagoga, le golpeaban delante del tribunal; pero a Galión nada se le daba de ello.

Aquí entra en escena Lucio Junio Galión Anneano (quien nació en Córdoba, 3 a. C.- y murió en el mismo lugar en el año 65). Fue hermano del conocido filósofo Séneca, el estoico. Lo nombran procónsul de Acaya cuando Pablo estaba en Corinto. Galión era un hombre culto y refinado. Séneca dice de él: “Ninguno de los mortales es tan agradable a nadie como él lo es a todos”.
Como nuevo procónsul, los judíos querían novatear a Galión y quitar a Pablo de sus dominios; entonces tomaron una posición contra Pablo y lo llevaron al tribunal. El procónsul se sentaba en la basílica, en el foro o en la ágora. Posiblemente los judíos habían oído su reputación como moderado, e intentaron impresionarlo, como lo habían hecho con los pretores de Filipos.
Pero el tiro les salió por la culata, pues Galión no permite que una cuestión religiosa fuera presentada ante un tribunal civil romano. Un comentarista dice que “Esta decisión de Galión no establece al cristianismo con preferencia al judaísmo. Simplemente significa que el caso era claramente que el cristianismo era una forma de judaísmo, y que como tal no estaba opuesto a la ley romana. Esta decisión abría las puertas a Pablo para predicar por todo el Imperio de Roma. Más tarde el mismo Pablo argumenta (Romanos capítulos del 9 a 11) que el cristianismo es el verdadero judaísmo espiritual”.
Entonces, los griegos, enojados, golpean al líder de los judíos, pero Galio sigue imperturbable. Este acto de Galio va a impedir cualquier ataque contra Pablo, cumpliéndose así la promesa del Señor, y abriéndole el camino para quedarse allí muchos días.
Cuando vio que su trabajo había madurado y la iglesia de Corinto podía caminar sin su presencia, sin su cuidado, con Aquila y Priscila se va. No sabemos si iban con él Timoteo y Silas o algún otro.

18 Mas Pablo, habiéndose detenido aún muchos días allí, después se despidió de los hermanos y navegó a Siria, y con él Priscila y Aquila, habiéndose rapado la cabeza en Cencreas, porque tenía hecho voto.

El primer lugar al que va es al puerto de Cencreas, que estaba a pocos kilómetros de Corinto, donde cumple un voto. Dice A.T. Robertson: “No está claro qué clase de voto había hecho Pablo ni por qué lo hizo. Puede que se tratara de una ofrenda de acción de gracias por el resultado de Corinto (Hackett). Como judío, Pablo mantenía su observancia de la ley ceremonial, pero rehusaba su imposición a los gentiles”.
Por otra parte, Cencreas era el destino final de las rutas marítimas asiáticas. Estrabón lo describió como un puerto bullicioso y próspero, y el filósofo romano Lucio Apuleyo señaló que era “un refugio muy seguro para las naves” y que estaba “siempre muy concurrido”. Y tenía dos muelles a modo de herradura. En un extremo se han desenterrado restos de lo que se cree era un santuario a la diosa Isis. Y en el otro, un grupo de edificios que podría ser un templo de Afrodita. A ambas diosas se las consideraba protectoras de los marineros.
De Cencreas partieron rumbo a Éfeso. Se sabe que en algún momento de los siguientes cuatro años se formó una congregación cristiana en el puerto de Cencreas porque Pablo en su carta a los romanos pidió que ayudaran a Febe, una cristiana de la congregación que se reunía en Cencrea (Romanos 16:1, 2).

Romanos 16: 1-3
Os recomiendo además nuestra hermana Febe, la cual es diaconisa de la iglesia en Cencrea; que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos, y que la ayudéis en cualquier cosa en que necesite de vosotros; porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo. Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús…

Éfeso es un destino nuevo, un lugar interesante al que Lucas le va a dedicar una atención amplia cuando narre el paso de Pablo por esta ciudad en su tercer viaje.

19 Y llegó a Efeso, y los dejó allí; y entrando en la sinagoga, discutía con los judíos,
20 los cuales le rogaban que se quedase con ellos por más tiempo; mas no accedió,
21 sino que se despidió de ellos, diciendo: Es necesario que en todo caso yo guarde en Jerusalén la fiesta que viene; pero otra vez volveré a vosotros, si Dios quiere. Y zarpó de Efeso.

Éfeso era gran ciudad, capital de la Provincia de Asia, y centro del culto a Diana (Artemisa), con un hermoso templo. Pablo llega finalmente a la ciudad que le había impedido el Espíritu Santo y se dirige de inmediato a la sinagoga. Allí (dielexato) «argumentaba» con los judíos. Al parecer, estaban interesados en lo que Pablo les enseñaba, pues cuando les anunció que tenía que ir a Jerusalén, le rogaban para que se quedara: no accedió, pero prometió volver, “Si Dios quiere” (tou the- ou thelontos) y agrega: «Es menester que en todo caso yo guarde en Jerusalén la fiesta que viene».

Pablo regresa a Antioquía y comienza su tercer viaje misionero
22 Habiendo arribado a Cesarea, subió para saludar a la iglesia, y luego descendió a Antioquía.
23 Y después de estar allí algún tiempo, salió, recorriendo por orden la región de Galacia y de Frigia, confirmando a todos los discípulos.

Este viaje de regreso es brevemente narrado. Sólo nos dice que fue a Jerusalén (subió) y luego se dirigió a Antioquía. Podemos suponer que en ambos lugares dio informes pormenorizados de su trabajo y del avance del evangelio en las ciudades europeas, y cómo Dios estaba obrando en esas ciudades.
            No sabemos cuánto tiempo permaneció en ambos lugares, pero podemos suponer que no mucho, y que inmediatamente regresó por Asia visitando las iglesias de las ciudades en donde había iniciado su trabajo misionero. Y como vemos, a pesar de que en ellas había sido perseguido, maltratado, no tenía miedo, pues consideraba de mayor valor la predicación del evangelio.

Apolos predica en Efeso
24 Llegó entonces a Efeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras.
25 Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan.
26 Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios.
27 Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegado él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído;
28 porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo.

Mientras Pablo está en Galacia y Frigia, Aquila y Priscila permanecían en Éfeso preparando su llegada. Lucas no nos informa específicamente su trabajo, pero podemos advertir que estaban a plena disposición de quien los necesitaran, pues tan pronto observan que el mensaje de Apolo estaba incompleto se pusieron a enseñarle.
Apolos era natural de Alejandría, una ciudad importante la cual Alejandro Magno había fundado en 332 a.C., y había puesto allí una colonia de judíos que floreció grandemente. A mediados del siglo I constituía la tercera parte de su población. Como es bien sabido, había allí una gran universidad y la más grande biblioteca de ese entonces. Aquí se desarrolló la filosofía judeoalejandrina, y Filón, su principal exponente, todavía vivía. Apolos era indudablemente un académico y persona de grandes dotes, pues era un  elocuente erudito, poderoso en el conocimiento y uso de las Escrituras, como debieran todos los predicadores.
Nos dice Lucas que además había sido instruido en el camino del Señor, y era de espíritu fervoroso. El verbo zeön indica “hirviendo como el agua”. Y enseñaba diligentemente y con precisión aquello que conocía: el bautismo de Juan. Era un bautismo marcado por el arrepentimiento, como dijo Pablo (Hechos 13:24; 19:4), Pedro (2:38) y como nos cuentan los Evangelios (Mr. 1:4). Es decir, Apolos conocía solamente lo que sabía Juan el Bautista cuando murió: la venida del Mesías, su bautismo y la complacencia del Espíritu Santo, y que era el Hijo de Dios, pero no había visto la Cruz, la Resurrección de Jesús ni el gran Día de Pentecostés, ni la unción del Espíritu Santo a los gentiles.
Le tomaron aparte y en lugar de maltratar al joven y brillante predicador por su ignorancia, ellos le enseñaron la historia plena de la vida y obra de Jesús y del periodo apostólico para cubrir los vacíos de su conocimiento.
El Codex Bezae, nos dice A.T. Robertsón que “añade aquí́ que ciertos corintios que habían ido a Éfeso oyeron a Apolos y le rogaron que pasara con ellos a Corinto. Pudiera ser esta la causa de que Apolos se decidiera a ir. Los predicadores reciben muchas veces llamadas porque visitantes de otros lugares los oyen. Priscila y Aquila eran bien conocidos en Corinto, y su aprobación tendría peso. Pero no apremiaron a Apolos a que se quedara más tiempo en Éfeso”.
Y de esa forma concluye el capítulo 18. En el capítulo 19 veremos la llegada de Pablo a Éfeso y los hechos importantes que ahí han de acontecer.





[1] Los Juegos Ístmicos eran parte de los Juegos Panhelénicos (abierto a todos los griegos) de la Antigua Grecia, llamados así porque se celebraban en el istmo de Corinto en honor de Poseidón. El santuario panhelénico de este dios en Istmia fue acondicionado para darles acogida tenían lugar cada dos años, en primavera, y duraban varios días.
El programa abarcaba certámenes gímnicos (carrera, pugilato, pancracio, pentatlón) e hípicos. ​ Además, cuando en el siglo IV a. C. se construyó el teatro, se añadieron competiciones musicales y poéticas y es posible hubiera concursos de pintura. ​En estos juegos participaban mujeres, pues se registran victorias de mujeres tanto en competiciones atléticas como poéticas y musicales, pero se desconoce si la participación de las mujeres en estos juegos tenía carácter habitual o era esporádica.
Durante los juegos se celebraban rituales religiosos que incluían libaciones, sacrificios y una procesión en honor de Poseidón, Anfítrite, Leucótea y Palemón.

[2] Afrodita es, en la mitología griega, la diosa de la belleza y el amor. Su equivalente romano es Venus. Aunque a menudo se alude a ella en la cultura moderna como «la diosa del amor», es importante señalar que antiguamente no se refería al amor en el sentido romántico sino erótico. Pese a que en la mitología estaba casada con Hefesto, tuvo otros amantes: Ares su favorito. De su nombre se desprenden acepciones, como afrodisíaco. Y de su nombre en romano antiguo (Venere), provienen venerar y venérea (referido a lo sexual).
El epíteto “Afrodita Acidalia” fue ocasionalmente añadido a su nombre, por la fuente que usaba para bañarse, situada en Beocia. ​ También era llamada Cipris o Cipria (Kypris) y Citerea (Cytherea) por sus presuntos lugares de nacimiento en Chipre y Citera, respectivamente. La isla de Citera era un importante centro de su culto. Estaba asociada con Hesperia y era frecuentemente acompañada por las Cárites, las diosas de las festividades.
Afrodita tenía sus propios festivales: las Afrodisias, que se celebraban por toda Grecia, pero particularmente en Atenas y en Corinto. En el templo de Afrodita ubicado en la cima del Acrocorinto (antes de la destrucción romana de la ciudad en 146 a. C.) las relaciones sexuales con sus sacerdotisas eran consideradas un método de adoración a la diosa. Este templo no fue reconstruido cuando la ciudad se refundó bajo dominio romano en 44 a. C., pero es probable que los rituales de fertilidad perdurasen en la ciudad, cerca del ágora.

[3] No son muy claras las razones para tomar esa drástica medida. Suetonio dice que "puesto que los judíos constantemente provocan perturbaciones siendo instigados por Cresto, él [Claudio] los expulsó de Roma" (consúltese: La Vidas de los césares, Claudio, cap. 25, sección 4).  Pero es posible entender que los disturbios se levantaron contra Cresto. Fuente: http://marcohistoricodelnt.blogspot.com/2015/01/1909-claudio-y-los-judios.html
[4] El emperador Claudio, cuyo nombre completo era Tiberio Claudio César Augusto Germánico​quien fue historiador y político. Y fue el cuarto emperador romano de la dinastía Julio-Claudia, y gobernó desde el 24 de enero del año 41 hasta su muerte en el año 54. Habían nacido en Lugdunum, en la Galia, fue el primer emperador romano nacido fuera de la península itálica.

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