San Pablo iniciaba algunas de sus cartas denominándose “Esclavo
de Jesucristo”. ¿Y la libertad que pregona Cristo, dónde está? Parece una
contradicción. Pero es precisamente en esa esclavitud que nos volvemos libres.
Es como decir, para poder volar y sentir la libertad del aire, debo amarrarme a
una ave o a un artefacto volador. Sin ello, no puedo volar. Sólo Cristo conoce la
libertad, esa que nos hace ser nosotros mismos cuando nos negamos y no
inundamos de él. ¡Vaya maravillosa paradoja!
Este es un espacio donde podrás encontrar reflexiones breves o ensayos o estudios bíblicos. Y pueden ser desde una frase hasta un texto largo. Espero que sea de ayuda y bendición.
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