jueves, 27 de febrero de 2014

VERDADERAMENTE LIBRES


San Pablo iniciaba algunas de sus cartas denominándose “Esclavo de Jesucristo”. ¿Y la libertad que pregona Cristo, dónde está? Parece una contradicción. Pero es precisamente en esa esclavitud que nos volvemos libres. Es como decir, para poder volar y sentir la libertad del aire, debo amarrarme a una ave o a un artefacto volador. Sin ello, no puedo volar. Sólo Cristo conoce la libertad, esa que nos hace ser nosotros mismos cuando nos negamos y no inundamos de él. ¡Vaya maravillosa paradoja!

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

ESTUDIO SOBRE APOCALIPSIS 20: Los mil años

Jeremías Ramírez El tema principal de este capítulo 20 es ese periodo de tiempo denominado “Milenio” y que ha sido causa de enorme discusión...