Pasaje básico:
Romanos 7:15-8:2
CAPÍTULO 7:
15 Porque lo que hago, no lo
entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.
16 Y si lo que no quiero,
esto hago, apruebo que la ley es buena.
17 De manera que ya no soy
yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.
18 Y yo sé que en mí, esto
es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no
el hacerlo.
19 Porque no hago el bien
que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.
20 Y si hago lo que no
quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.
21 Así que, queriendo yo
hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.
22 Porque según el hombre
interior, me deleito en la ley de Dios;
23 pero veo otra ley en mis
miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la
ley del pecado que está en mis miembros.
24 !!Miserable de mí! ¿quién
me librará de este cuerpo de muerte?
25 Gracias doy a Dios, por
Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de
Dios, mas con la carne a la ley del pecado.
Viviendo en el Espíritu
CAPITULO 8
1 Ahora, pues, ninguna
condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a
la carne, sino conforme al Espíritu.
2 Porque la ley del Espíritu
de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
Un sentimiento de derrota y de vergüenza muchas veces nos
persigue cuando nos descubrimos que a pesar de haber recibido a Cristo seguimos
siendo presas del pecado. Hay pasajes como el Timoteo que nos reconforta al
saber que también el apóstol Pablo pasaba por lo mismo, pero al mismo tiempo
nos hace sentir incómodos. Y más cuando leemos otros pasajes de la Biblia.
2ª
de Timoteo 2:15
Procura con diligencia
presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que
usa bien la palabra de verdad.
Este versículo me ha hecho pensar muchas veces si puedo presentarme
como alguien que no tiene de qué avergonzarme y mi respuesta es muchas veces negativa,
siempre hay algo inconfesable que me lastima, siempre hay algo a lo que estamos
aferrados o que de plano no podemos vencer, pese a todos los esfuerzos que
hemos hecho.
Y este pasaje me lleva a otro:
Colosenses
2:5
Porque aunque estoy ausente
en cuerpo, no obstante en espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando
vuestro buen orden y la firmeza de
vuestra fe en Cristo.
Buen ORDEN, dice el apóstol y un signo del pecado es
precisamente el DESORDEN. Y poniendo orden
en mis cosas (este es uno de los pendientes en mi vida: el orden, orden en
todo, en mis cosas, en mis horarios, en la alimentación, en el ejercicio). Y en
este poner orden me encontré con un librito que compré hace un año que se
titula Libres del pecado (editado por Living Stream Ministry, 1998). Fue escrito
por el hermano Watchman Nee. Este es un fragmento biográfico de este soldado de
Cristo:
Watchman Nee (pinyin: Ní Tuòshēng; Foochow: Ngà̤ Táuk-sĭng; 1903–1972) fue un
escritor cristiano chino. Fue perseguido por los comunistas chinos pasando los
últimos 20 años de su vida en prisión. Junto a otros ministros como Wangzai,
Zhou-An Lee, Shang-Jie Song fundó la "Sala de Asambleas de la
Iglesia", posteriormente conocida como "Iglesias Locales".
Watchman Nee se convirtió en 1920, a la edad de 17
años, y comenzó a escribir el mismo año. En 1921 conoció a la misionera
británica Margaret E. Barber, quien fue una gran influencia para él.2 A través
de Barber, Nee conoció numerosas obras de literatura cristiana que influyeron
profundamente en su vida y en sus enseñanzas. Nee no tuvo estudios teológicos
formales, adquirió sus conocimientos mediante el estudio de la Biblia y la
lectura de libros cristianos. Durante los 30 años de su ministerio, iniciado en
1922, Nee viajó a través de China fundando iglesias en comunidades rurales y
dictó conferencias sobre temas cristianos en Shanghái.6 En 1952 fue encarcelado
a causa de su fe y permaneció en prisión hasta su muerte en 1972.
Libres del pecado
un librito muy pequeño y que aborda un tema capital para los cristianos. Todos
sabemos que al recibir a Cristo él nos perdona y limpia de nuestros pecados.
Efesios 1:7-8.
"En quien tenemos
redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,
que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia"
Isaías 1:18.
"Venid luego,
dice Jehová, y estemos a cuenta: Si vuestros pecados fueren como la grana, como
la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí vendrán a ser
como blanca lana”
Salmo 51:7
"Lávame, y seré más blanco que la
nieve"
Es decir, el nos limpia de las huellas que el pecado ha
dejado en nuestra alma, sin embargo nuestra carne, nuestro cuerpo, sigue estando
sujeto al pecado (en tanto que vivimos en la carne), tal como lo narra el
apóstol Pablo en el pasaje que leímos de Romanos.
15 … pues no hago lo que
quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.
16 Y si lo que no quiero,
esto hago, apruebo que la ley es buena.
17 De manera que ya no soy
yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.
A pesar de ser rescatados, salvados por el Señor, el pecado
sigue morando en nosotros. Este es un hecho que podemos constatar todos los
días. Y si negamos este hecho, pues nos engañamos a nosotros mismos.
1ª de
Juan 1
8 Si decimos
que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.
9 Si confesamos nuestros
pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de
toda maldad.
10 Si decimos que no hemos
pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.
Y otro hecho contundente que subraya Watchman Nee en su
libro es que los cristianos advertimos esto, como lo hizo Pablo, y emprendemos
una lucha contra el pecado, es decir, medimos nuestras fuerza con el pecado,
nos esforzamos con todo para evitar caer en el pecado… pero el resultado es que
a pesar de ganar algunas batallas, al final caemos. Entonces nos sentimos mal,
sucios, culpables, indignos. Y pasamos momentos y hasta a veces años de
amargura ante las derrotas consecutivas.
Hace años en una librería cristiana me encontré con un joven
que al verme revisando libros, se e acercó y angustiado me contó su drama y
desaliento por haber caído profundamente en el pecado, y él pensaba que ya no
tenía remedio ni perdón, pues cómo era posible que siendo cristiano había caído
de esa manera y se sentía miserable, pero lo peor, excluido del Señor, apartado
de su amor y perdón. Tuve que recordarle pasajes como el del Hijo Pródigo o el
de la Oveja perdida.
Al leer este pasaje de Romanos 7 nos damos cuenta que Pablo
tuvo la misma experiencia de desconcierto.
23 pero veo otra ley en mis
miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la
ley del pecado que está en mis miembros.
Y esto le provocó, como a muchos de nosotros, expertos en
derrotas, una sensación de derrota y miserabilidad.
24 !!Miserable de mí! ¿quién
me librará de este cuerpo de muerte?
Miserable de mi, exclama el apóstol. El cuerpo se había
convertido en su peor enemigo. Miserable de nosotros. Ante esta situación qué
debemos hacer. Creo que cada uno tiene una serie de fórmulas que ensayamos de
una u otra forma: orar, prometer, aguantar, y cuando la derrota se hace
presente, justificarnos en un caso o bien, andar compungidos, tristes y
deprimidos.
¿Esto es lo que Dios quiere para sus hijos?
El hermano dice que
esto sucede porque no hemos comprendido bien las cosas. Esto me lleva a la
importancia de la sana doctrina, a la enseñanza precisa y profunda, a la
limpieza de nuestras ideas y de nuestras creencias.
Romanos
12:2
2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por
medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál
sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
Y a una lectura cuidadosa de lo que
dice exactamente la escritura. Esto es
sumamente importante para nosotros. Yo he leído la palabra desde niño y en mi
vida errante como cristiano he releído y estudiado muchos pasajes. Aún así me
encuentro que hay muchos pasaje que no he leído bien.
Y este de Romanos 7 es uno de ellos. Y
esto es lo que quiero compartir esta mañana. Dice el hermano Nee que en este
pasaje nos revela que el pecado es una LEY.
23 pero veo otra ley en mis
miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la
ley del pecado que está en mis miembros.
¿Qué significa que sea una LEY? ¿El pecado una LEY? Pues sí,
una ley a la que estamos sujetos como seres nacidos en el pecado. Y haber
aceptado a Cristo nos limpia del pecado, pero seguimos sujetos esta LEY.
Y explica que esta
LEY del pecado es como la de la gravedad. Esta opera al margen de nuestra
voluntad. Podemos resistir esta ley, por ejemplo, si sostenemos un objeto con
la mano para que no caiga. Al principio, es fácil, pero después de un rato el
objeto ya nos pesa y finalmente cansados, lo soltamos. Es decir, la ley de la
gravedad le ha ganado a nuestra voluntad. Y agrega que lo mismo pasa con el
pecado: lo podemos resistir un tiempo, pero nuestras fuerzas finalmente nos
vencidas. Y por más que nos entrenemos y
hagamos músculo, no hay poder humano que resista a la ley del pecado. Al final,
gana.
Por eso el aposto exclama:
24 !!Miserable de mí! ¿quién
me librará de este cuerpo de muerte?
¿Dónde está la solución? ¿Debemos dejar
arrástranos por el pecado? No, de ninguna manera, pero es un error atacar al
pecado con nuestras fuerzas y con nuestra voluntad.
“Romanos 8:1-2 dice:
Ahora, pues, ninguna
condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a
la carne, sino conforme al Espíritu.
2 Porque la ley del Espíritu
de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
Dice el hermano Nee: “El
camino hacia la victoria consiste en ser librado de la ley del pecado y de la
muerte. Este versículo no dice: El espíritu de vida me ha librado en
Cristo Jesús del pecado y de la muerte”. (Me temo que muchos cristianos lo
entienden de esta manera). Sino que dice: ‘La ley del espíritu de vida me ha
librado en Cristo Jesús de la LEY del pecado y de la muerte”. Muchos hijos de
Dios piensan que es el Espíritu de vida quien los libra del pecado y de la
muerte; no ven que es LA LEY del Espíritu de vida la que los libra de LA LEY
del pecado y de la muerte. Algunos cristianos necesitan de muchos años para
comprender que el pecado y la muerte son una LEY en ellos, y que el Espíritu es
otra LEY que opera en nuestro ser. Pero cuando el Señor abra sus ojos, ellos comprenderán
que el pecado y la muerte operan en su ser como una LEY, y que el Espíritu
Santo también es una LEY que opera en ellos. Llegar a percatarnos de que el
Espíritu es una LEY representa un gran descubrimiento, que hará que demos
saltos de gozo. Aleluya. Gracias a Dios. Ciertamente la voluntad del hombre no
puede vencer la ley del pecado, pero la ley del espíritu de vida nos ha librado
de la ley del pecado y de la muerte. Únicamente la LEY del Espíritu de vida
podrá liberar al hombre de la LEY del pecado”.
Esto quiere decir que ni nuestras fuerzas ni nuestra
voluntad deben intervenir ante esta lucha. Sino dejar que la LEY de Espíritu
haga la obra.
Ilustra el hermano NEE esta situación con un globo. Dice, si
llenamos un globo con gas, este gas hará que el globo venza la gravedad de una
manera natural. Es decir, a una ley entra para contrarrestarla otra ley. Así es
el Espíritu, es una fuerza que al inflamar al creyente lo libera de esa fuerza
que lo lleva a pecar. Sin que él haga nada más que dejarse llevar por el
Espíritu.
Pero como nos llenamos de este gas. Por cierto, hay gases
artificiales. Y las religiones no cristianas no son más gimnasios emocionales
para dotar de un sentido de fortaleza artificial. El “gas” efectivo es el espíritu.
Por ello nos dice Pablo:
Efesios 5:18
18 No os embriaguéis con
vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.
¿Y como somos llenos del Espíritu?
Veamos algunas pistas importantes:
Juan 8
31 Dijo entonces Jesús a los
judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra,
seréis verdaderamente mis discípulos;
32 y conoceréis la verdad, y
la verdad os hará libres.
Derrotar a la ley del Pecado es ser LIBRES.
El camino es pues un proceso de permanecer (a lo largo del
tiempo, no hay cursos rápidos ni de verano) en la palabra, convertirnos en
discípulos y estar siempre arraigados en el Señor. Y cuando seamos inundados de
su Espíritu, el actuará en nuestro cuerpo esclavo para liberarlo del pecado. El
tiene las llaves, no nosotros.
1 Juan 1:7-9
7 pero si andamos en luz,
como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo
su Hijo nos limpia de todo pecado.
8 Si decimos que no tenemos
pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.
Y en este proceso va a haber momentos en que nos soltemos
del Espíritu y regresemos al fango del pecado.
9 Si confesamos nuestros
pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de
toda maldad.
Hermanos, no luchemos contra el pecado. Seamos llenos del
Espíritu, para que conozcamos LA VERDAD, y nos haga libres de la Ley del
pecado.
Que Dios les bendiga.
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