martes, 28 de julio de 2015

LIBRES DEL PECADO


Pasaje básico: Romanos 7:15-8:2


CAPÍTULO 7:
15 Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.
16 Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.
17 De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.
18 Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.
19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.
20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.
21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.
22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios;
23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.
24 !!Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?
25 Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.
Viviendo en el Espíritu

CAPITULO 8 
1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

Un sentimiento de derrota y de vergüenza muchas veces nos persigue cuando nos descubrimos que a pesar de haber recibido a Cristo seguimos siendo presas del pecado. Hay pasajes como el Timoteo que nos reconforta al saber que también el apóstol Pablo pasaba por lo mismo, pero al mismo tiempo nos hace sentir incómodos. Y más cuando leemos otros pasajes de la Biblia.

2ª de Timoteo 2:15
Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.

Este versículo me ha hecho pensar muchas veces si puedo presentarme como alguien que no tiene de qué avergonzarme y mi respuesta es muchas veces negativa, siempre hay algo inconfesable que me lastima, siempre hay algo a lo que estamos aferrados o que de plano no podemos vencer, pese a todos los esfuerzos que hemos hecho.

Y este pasaje me lleva a otro:

Colosenses 2:5
Porque aunque estoy ausente en cuerpo, no obstante en espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando vuestro buen orden y la firmeza de vuestra fe en Cristo.

Buen ORDEN, dice el apóstol y un signo del pecado es precisamente el DESORDEN. Y poniendo orden en mis cosas (este es uno de los pendientes en mi vida: el orden, orden en todo, en mis cosas, en mis horarios, en la alimentación, en el ejercicio). Y en este poner orden me encontré con un librito que compré hace un año que se titula Libres del pecado (editado por Living Stream Ministry, 1998). Fue escrito por el hermano Watchman Nee. Este es un fragmento biográfico de este soldado de Cristo:

Watchman Nee (pinyin: Ní Tuòshēng; Foochow: Ngà̤ Táuk-sĭng; 1903–1972) fue un escritor cristiano chino. Fue perseguido por los comunistas chinos pasando los últimos 20 años de su vida en prisión. Junto a otros ministros como Wangzai, Zhou-An Lee, Shang-Jie Song fundó la "Sala de Asambleas de la Iglesia", posteriormente conocida como "Iglesias Locales".
                  Watchman Nee se convirtió en 1920, a la edad de 17 años, y comenzó a escribir el mismo año. En 1921 conoció a la misionera británica Margaret E. Barber, quien fue una gran influencia para él.2 A través de Barber, Nee conoció numerosas obras de literatura cristiana que influyeron profundamente en su vida y en sus enseñanzas. Nee no tuvo estudios teológicos formales, adquirió sus conocimientos mediante el estudio de la Biblia y la lectura de libros cristianos. Durante los 30 años de su ministerio, iniciado en 1922, Nee viajó a través de China fundando iglesias en comunidades rurales y dictó conferencias sobre temas cristianos en Shanghái.6 En 1952 fue encarcelado a causa de su fe y permaneció en prisión hasta su muerte en 1972.

Libres del pecado un librito muy pequeño y que aborda un tema capital para los cristianos. Todos sabemos que al recibir a Cristo él nos perdona y limpia de nuestros pecados.

Efesios 1:7-8.
"En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia"

Isaías 1:18.
"Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí vendrán a ser como blanca lana”

Salmo 51:7
 "Lávame, y seré más blanco que la nieve"

Es decir, el nos limpia de las huellas que el pecado ha dejado en nuestra alma, sin embargo nuestra carne, nuestro cuerpo, sigue estando sujeto al pecado (en tanto que vivimos en la carne), tal como lo narra el apóstol Pablo en el pasaje que leímos de Romanos.

15 … pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.
16 Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.
17 De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.

A pesar de ser rescatados, salvados por el Señor, el pecado sigue morando en nosotros. Este es un hecho que podemos constatar todos los días. Y si negamos este hecho, pues nos engañamos a nosotros mismos.

1ª de Juan 1
8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.
9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
10 Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.

Y otro hecho contundente que subraya Watchman Nee en su libro es que los cristianos advertimos esto, como lo hizo Pablo, y emprendemos una lucha contra el pecado, es decir, medimos nuestras fuerza con el pecado, nos esforzamos con todo para evitar caer en el pecado… pero el resultado es que a pesar de ganar algunas batallas, al final caemos. Entonces nos sentimos mal, sucios, culpables, indignos. Y pasamos momentos y hasta a veces años de amargura ante las derrotas consecutivas.

Hace años en una librería cristiana me encontré con un joven que al verme revisando libros, se e acercó y angustiado me contó su drama y desaliento por haber caído profundamente en el pecado, y él pensaba que ya no tenía remedio ni perdón, pues cómo era posible que siendo cristiano había caído de esa manera y se sentía miserable, pero lo peor, excluido del Señor, apartado de su amor y perdón. Tuve que recordarle pasajes como el del Hijo Pródigo o el de la Oveja perdida.

Al leer este pasaje de Romanos 7 nos damos cuenta que Pablo tuvo la misma experiencia de desconcierto.

23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.

Y esto le provocó, como a muchos de nosotros, expertos en derrotas, una sensación de derrota y miserabilidad.

24 !!Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?

Miserable de mi, exclama el apóstol. El cuerpo se había convertido en su peor enemigo. Miserable de nosotros. Ante esta situación qué debemos hacer. Creo que cada uno tiene una serie de fórmulas que ensayamos de una u otra forma: orar, prometer, aguantar, y cuando la derrota se hace presente, justificarnos en un caso o bien, andar compungidos, tristes y deprimidos.

¿Esto es lo que Dios quiere para sus hijos?

El hermano dice  que esto sucede porque no hemos comprendido bien las cosas. Esto me lleva a la importancia de la sana doctrina, a la enseñanza precisa y profunda, a la limpieza de nuestras ideas y de nuestras creencias.

Romanos 12:2
No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Y a una lectura cuidadosa de lo que dice exactamente la escritura.  Esto es sumamente importante para nosotros. Yo he leído la palabra desde niño y en mi vida errante como cristiano he releído y estudiado muchos pasajes. Aún así me encuentro que hay muchos pasaje que no he leído bien.

Y este de Romanos 7 es uno de ellos. Y esto es lo que quiero compartir esta mañana. Dice el hermano Nee que en este pasaje nos revela que el pecado es una LEY.

23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.

¿Qué significa que sea una LEY? ¿El pecado una LEY? Pues sí, una ley a la que estamos sujetos como seres nacidos en el pecado. Y haber aceptado a Cristo nos limpia del pecado, pero seguimos sujetos esta LEY.

 Y explica que esta LEY del pecado es como la de la gravedad. Esta opera al margen de nuestra voluntad. Podemos resistir esta ley, por ejemplo, si sostenemos un objeto con la mano para que no caiga. Al principio, es fácil, pero después de un rato el objeto ya nos pesa y finalmente cansados, lo soltamos. Es decir, la ley de la gravedad le ha ganado a nuestra voluntad. Y agrega que lo mismo pasa con el pecado: lo podemos resistir un tiempo, pero nuestras fuerzas finalmente nos vencidas. Y por más que  nos entrenemos y hagamos músculo, no hay poder humano que resista a la ley del pecado. Al final, gana.

Por eso el aposto exclama:

24 !!Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?

¿Dónde está la solución? ¿Debemos dejar arrástranos por el pecado? No, de ninguna manera, pero es un error atacar al pecado con nuestras fuerzas y con nuestra voluntad.

“Romanos 8:1-2 dice:
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

Dice el hermano Nee:El camino hacia la victoria consiste en ser librado de la ley del pecado y de la muerte. Este versículo no dice: El espíritu de vida me ha librado en Cristo Jesús del pecado y de la muerte”. (Me temo que muchos cristianos lo entienden de esta manera). Sino que dice: ‘La ley del espíritu de vida me ha librado en Cristo Jesús de la LEY del pecado y de la muerte”. Muchos hijos de Dios piensan que es el Espíritu de vida quien los libra del pecado y de la muerte; no ven que es LA LEY del Espíritu de vida la que los libra de LA LEY del pecado y de la muerte. Algunos cristianos necesitan de muchos años para comprender que el pecado y la muerte son una LEY en ellos, y que el Espíritu es otra LEY que opera en nuestro ser. Pero cuando el Señor abra sus ojos, ellos comprenderán que el pecado y la muerte operan en su ser como una LEY, y que el Espíritu Santo también es una LEY que opera en ellos. Llegar a percatarnos de que el Espíritu es una LEY representa un gran descubrimiento, que hará que demos saltos de gozo. Aleluya. Gracias a Dios. Ciertamente la voluntad del hombre no puede vencer la ley del pecado, pero la ley del espíritu de vida nos ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Únicamente la LEY del Espíritu de vida podrá liberar al hombre de la LEY del pecado”.

Esto quiere decir que ni nuestras fuerzas ni nuestra voluntad deben intervenir ante esta lucha. Sino dejar que la LEY de Espíritu haga la obra.

Ilustra el hermano NEE esta situación con un globo. Dice, si llenamos un globo con gas, este gas hará que el globo venza la gravedad de una manera natural. Es decir, a una ley entra para contrarrestarla otra ley. Así es el Espíritu, es una fuerza que al inflamar al creyente lo libera de esa fuerza que lo lleva a pecar. Sin que él haga nada más que dejarse llevar por el Espíritu.

Pero como nos llenamos de este gas. Por cierto, hay gases artificiales. Y las religiones no cristianas no son más gimnasios emocionales para dotar de un sentido de fortaleza artificial. El “gas” efectivo es el espíritu. Por ello nos dice Pablo:

Efesios 5:18
18 No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.

¿Y como somos llenos del Espíritu?

Veamos algunas pistas importantes:

Juan 8
31 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;
32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

Derrotar a la ley del Pecado es ser LIBRES.

El camino es pues un proceso de permanecer (a lo largo del tiempo, no hay cursos rápidos ni de verano) en la palabra, convertirnos en discípulos y estar siempre arraigados en el Señor. Y cuando seamos inundados de su Espíritu, el actuará en nuestro cuerpo esclavo para liberarlo del pecado. El tiene las llaves, no nosotros.

1 Juan 1:7-9
7 pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.
8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.

Y en este proceso va a haber momentos en que nos soltemos del Espíritu y regresemos al fango del pecado.

9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

Hermanos, no luchemos contra el pecado. Seamos llenos del Espíritu, para que conozcamos LA VERDAD, y nos haga libres de la Ley del pecado.
Que Dios les bendiga.

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