Dice Romanos 8:39 que “…ni ninguna otra cosa creada nos
podrá SEPARAR del amor de Dios, que es en Cristo Jesús
Señor nuestro”
No dice que nada malo nos vaya suceder, ni que ya no
pasaremos penurias, ni tampoco que la vida será más fácil, sólo que ni
potencias terrenas o celestes, catástrofes o problemas, graves enfermedades ni
lo muy grande o muy profundo o lo muy ancho nos va a separar de su amor.
Esto me lleva a una pregunta ¿Por qué es tan importante el
amor de Cristo? ¿Por qué el amor de Cristo hacia nosotros es puesto como el eje
en esta Carta?
Primero entendamos qué es el amor. Si nuestros padres nos
aman nada nos va a faltar, cuidarán de nosotros, nos alimentarán, procurarán un
techo y un abrigo, la mejor educación. Si no nos aman, como sucede con muchos
niños, entonces seremos abandonados, maltratados, olvidados. O como los
romanos, sin reconocimiento de un padre, sumiendo al niño en la desgracia.
Lo mismo sucede con una pareja. Si el esposo ama a su esposa,
hará todo lo posible para darle todo lo que necesita, además de cuidado,
protección, compañía, consuelo, escucha, etc.
Y en el plano que lo pongamos, vemos el mismo fenómeno ya
sea entre amigos, entre hermanos, entre compañeros de trabajo. Podríamos
aseverar que el mundo se mueve para bien gracias al amor. El amor de un médico
a sus pacientes, un maestro a sus alumno (el gran educador brasileño Paulo
Freire decía que la enseñanza es un acto de amor), un comerciante hacia sus
clientes, un patrón hacia sus obreros. Es decir, si cualquier relación humana
tiene como fundamento de unión el amor, todo fluye y hay armonía. Todo se
pervierte cuando lo que liga esa unión es cualquier otra cosa. Entonces el otro
es simplemente un objeto de explotación y engaño.
Y es tan importante el amor o sentirnos amados que los seres
humanos hacen muchas cosas para lograr ser amado. Decía un escritor que todo su
trabajo lo hacía para ser amado. Los artistas, si no reciben el aplauso, se
sienten triste, su público ya no los quiere, y es como una droga esta necesidad
de sentirnos amados, aunque nosotros nos hayamos hecho incapaces de amar.
¿Quién es Cristo?
Nos dice la Biblia que Cristo no sólo fue un ser humano
extraordinario, un gran profeta (como muchos judíos creían), que vivió en un
tiempo determinado, en un país del medio oriente, sino que Él es el responsable
de la creación y del equilibrio del mundo, es decir, de que salga el sol, de
que las plantas den frutos, de que haya aire respirable, es decir, de su frágil
equilibrio. Veamos que nos dice Colosenses.
Colosenses 1:
15 El es la imagen del Dios invisible, el
primogénito de toda creación.
16 Porque en él fueron creadas todas las cosas, las
que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean
tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.
17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las
cosas en él subsisten;
Pero además, dado que el pecado, es decir, esa enfermedad
que tortura a la humanidad no era posible que el hombre hubiese podido paliar
sus efectos a través de obedecer fielmente una norma, una ley, que de seguirla
en ser humano encontraría equilibrio y salud. Sin embargo, debido a la
debilidad e incapacidad humana era imposible de alcanzar, él vino a la tierra y
dio su vida para hacernos capaces de vivir sin el yugo terrible del pecado al
sujetarnos a “La ley del Espíritu”.
Romanos 5: 8
Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que
siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
Este sacrificio trajo, como dice Romanos, una ley a la cual
el ser humano puede acogerse y encontrar salvación a la lepra del pecado. Esta
ley es la Ley del espíritu. Y todo ello, simplemente,
porque amó de tal manera al mundo que dio su vida por
todos, dejando pues la puerta a para todo aquel quien el crea tenga vida
eterna, es decir, es la fe la que permite que la ley del espíritu entre en
nuestra humanidad y nos devuelva la vida.
Es decir, Cristo es el responsable de la creación y del
equilibrio de todo lo que existe, incluyendo a las moscas y a los gusanos y de
que su poder y delicadeza entre en el ser humano y le de una vida nueva… y
concluida la existencia en este planeta, lo dote de un cuerpo nuevo apropiado
para vivir en una circunstancia diferente, en un mundo diferente, el nuevo
mundo de Dios.
Llegar a esta nueva existencia depende de su amor. Por ello
es tan importante no estar separados de su amor. Y Pablo nos asevera que nada
nos puede separar de su amor una vez que estamos ligados a él, ni nosotros
mismos.
A dónde sea que vayamos, el va con nosotros y a través de su
espíritu nos guía y redarguye. No dejemos que tarde en curarnos.
¿Y si nos dejamos
curar?
Mi pequeña traía un problema en su pie. Y cuando nosotros o
los médicos querían curarla, simplemente no se dejaba. Tuvimos que emplear
métodos rudos para lograrlo.
Así pasa cuando nuestro Señor no puede darnos paz, descanso,
vigor, armonía, pues no nos dejamos curar. Y hay veces que entonces emplea
métodos rudos, y es sólo cuando estamos en problemas graves que clamamos a él.
Y ahora sí dejamos que tome las cosas en sus manos.
Pero qué necesidad de llegar a tales extremos. Hermano,
ahora, ahora es el momento de humillarnos bajo su poderosa mano y que en un
proceso a veces lento de rehabilitación vaya enderezando nuestros pies
torcidos…
No hay comentarios.:
Publicar un comentario