Los primeros 9 capítulos del
evangelio según San Lucas abarcan casi la totalidad de los tres años de
ministerio de Jesús. A partir del capítulo 9, verso 51 vemos el inicio de la
última jornada, la más difícil. Dice este pasaje: “Lc 9:51 Cuando se cumplió el
tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a
Jerusalén”. Es decir, tomó la decisión firme de acudir al cumplimiento de la
profecía.
Es
interesante que en este punto empieza poniendo en orden a aquellos que lo
querían seguir y deja en claro lo que significa ser seguidor de Cristo con tres
casos ejemplíficos. Y enseguida nombra a 70 de sus seguidores para empezar a predicar
el reino de Dios. Pero les da algunas advertencias muy específicas acerca de los
peligros que iban a enfrentar; qué conducta debían observar; y qué debían de
llevar consigo.
Ya había
enviado antes a los 12 en Galilea (Lucas 9:1–6).
Misión de los
setenta
10 Después de
estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos
en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir.
Debían ir de
dos en dos, y de esa forma conformaron 35 equipos, para cubrir un gran
territorio. Esta agrupación está acorde a Eclesiastés 4:9-10 que dice: “Es
mejor ser dos que uno, porque ambos pueden ayudarse mutuamente a lograr el
éxito. Si uno cae, el otro puede darle la mano y ayudarle; pero el que cae y
está solo, ese sí que está en problemas”.
2 Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los
obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su
mies.
3 Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de
lobos.
4 No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a
nadie saludéis por el camino.
Predicar el
evangelio es, en muchas ocasiones y en muchas épocas, muy riesgoso. El
cristiano va desarmado, no es violento, ni sabe nada del uso de la violencia,
pero los no creyentes sí que saben. Pero además deberían ir “ligeros de
equipaje”, para depender de Dios y no de nosotros o de los hombres.
Por otra parte,
las salutaciones en el camino en esa época eran largas conversaciones. Y el
recado del Rey exigía urgencia. A Giezi, el siervo de Eliseo, éste le indica que
no debía saludar a nadie por el camino (2 R. 4:29). Los saludos orientales eran
tediosos, complicados y frecuentemente comportaban entrometimiento si había
otros presentes o verse enzarzados en un regateo.
5 En cualquier casa donde entréis, primeramente,
decid: Paz sea a esta casa.
6 Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz
reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros.
Decid primero PAZ SEA EN ESTA
CASA. Es interesante que la primera acción sea esta, traer la paz. Pero esta
paz necesitaba anclarse. ¿En quién? En un Hijo de paz = inclinado a la paz: (huios
eirënës). Si no hay alguno, la paz no queda ahí.
7 Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo
lo que os den; porque el obrero es digno de su salario. No os paséis de casa en
casa.
Es decir, sin exigir o pedir algo especial o específico. Y
no hay que sentir pena porque como dice 1 Timoteo 5:18: “No pondrás bozal al
buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario”. Es la forma en que es
retribuido alguien que lleva las buenas nuevas de salvación.
8 En cualquier ciudad donde entréis, y os reciban,
comed lo que os pongan delante;
9 y sanad a los enfermos que en ella haya, y
decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios.
“Comed lo que
os pongan adelante”, era (y es todavía) una forma de cortesía, una manera de
agradar y agradecer. No hay lugar para el remilgo. Recuerdo cuando íba con
otros hermanos a Tenancingo, Estado de México, y un día visitamos a una casa
muy pobre y la señora se apenó porque no tenía qué darnos más que lo que ella y
sus hijos comían. Pero le dio mucho gusto ver que comíamos con gran gusto.
Fueron los mejores frijoles y las tortillas más deliciosas que he probado. He
olvidado muchos manjares que he comido en restaurantes de lujo, pero no esa
comida con esta familia pobre.
10 Mas en cualquier ciudad donde entréis, y no os
reciban, saliendo por sus calles, decid:
11 Aun el polvo de vuestra ciudad, que se ha pegado
a nuestros pies, lo sacudimos contra vosotros. Pero
esto sabed, que el reino de Dios se ha acercado a vosotros.
12 Y os digo que en aquel día será más tolerable el
castigo para Sodoma, que para aquella ciudad.
Dura cosa le
es a una ciudad rechazar a Dios. Hoy muchos países le han dado la espalda al
Señor, y han visto multiplicada la maldad.
En una entrevista a Ann Graham,
hija de Billy Graham, le preguntaron "¿Cómo pudo Dios permitir que
sucediera esto?" (se referían a los ataques del 11 de septiembre).
Anne Graham dijo: "Al igual
que nosotros, creo que Dios está profundamente triste por este suceso, pero
durante años hemos estado diciéndole a Dios que se salga de nuestras escuelas,
que se salga de nuestro gobierno y que se salga de nuestras vidas. ¿Cómo
podemos esperar que Dios nos dé Su bendición y Su protección cuando le hemos
exigido que nos deje estar solos?"
Ayes sobre las
ciudades impenitentes
(Mt. 11.20-24)
13 !!Ay de ti, Corazín! !!Ay de ti, Betsaida! que si
en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras,
tiempo ha que sentadas en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido.
14 Por tanto, en el juicio será más tolerable el
castigo para Tiro y Sidón, que para vosotras.
15 Y tú, Capernaum, que hasta los cielos eres
levantada, hasta el Hades serás abatida.
16 El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros
desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió.
Este versículo 16 es entendido
por muy pocos. Quienes rechazan a los hijos de Dios, a los creyentes de verdad —y
hoy hay muchos ataques y descalificaciones a los cristianos—rechazan
al Señor.
Regreso de los
setenta
17 Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor,
aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.
18 Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como
un rayo.
19 He aquí os doy potestad de hollar serpientes y
escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.
20 Pero no os regocijéis de que los espíritus se os
sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.
Estos enviados
estaban maravillados que aún los demonios se les sujetaban. ¡Qué logro! ¡Qué
maravilla! Pero les dice el Señor que no se regocijen de eso. Finalmente, los
demonios no se sujetaban a ellos como personas sino al poder que representaban.
El regocijo debía ser que sus nombres estaban registrados en los cielos. Ese es
el mayor privilegio. Si nuestros nombres están en el libro de la vida, como
dice Pablo, ¿quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o
persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? (Romanos 8:35). Si nos
daba gusto salir aprobados e inscritos en la Universidad, cuánto más estar
inscritos en el cielo.
Jesús se
regocija
(Mt. 11.25-27; 13.16-17)
21 En aquella misma hora Jesús se regocijó en el
Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque
escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los
niños. Sí, Padre, porque así te agradó.
22 Todas las cosas me fueron entregadas por mi
Padre; y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre,
sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.
23 Y volviéndose a los discípulos, les dijo aparte:
Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis;
24 porque os digo que muchos profetas y reyes
desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo
oyeron.
Pero el Señor
se regocija porque advierte la generosidad del Padre para estos hombres, pues a
estos 70 les era revelado los misterios escondidos por los siglos, como escribe
Pablo: Efesios 3:1-5 “Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por
vosotros los gentiles; si es que habéis oído de la administración de la gracia
de Dios que me fue dada para con vosotros; que por revelación me fue declarado
el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis
entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en
otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora
es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu”
El buen
samaritano
25 Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y
dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?
26 Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo
lees?
27 Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu
Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con
toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.
Shema (Det
6:3-5) Shema Israel, Oye Israel… Y amarás a tu Dios… Levitico 19:18 El prójimo:
“No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu
prójimo como a ti mismo. Yo Jehová”.
28 Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y
vivirás.
29 Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo
a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?
Los judíos
excluían de la condición de «prójimo» a los gentiles y especialmente a los
samaritanos. Un prójimo es uno que mora cerca de otro, pero los judíos hacían
excepciones raciales, como muchos, desgraciadamente, lo hacen en la actualidad.
Aquí la palabra plësion es un
adverbio (neutro del adjetivo plësios)
significando ho plësion ön (el que
está cercano)...
30 Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de
Jerusalén a Jericó, y cayó en manos (rodeado) de ladrones, los cuales le
despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.
Peripiptö, un antiguo verbo que indica “caer entre y quedar rodeado
por” (peri, alrededor), quedar rodeados por ladrones.
31 Aconteció que descendió un sacerdote por aquel
camino, y viéndole, pasó de largo.
Y luego pasó
al lado opuesto (anti) del camino para evitar la contaminación ceremonial con
un extraño. Una vívida y poderosa imagen del vicio de la pureza ceremonial
judía a expensas del principio y deber moral.
32 Asimismo un levita, llegando cerca de aquel
lugar, y viéndole, pasó de largo.
El levita se comporta precisamente como lo había hecho el
sacerdote y por las mismas razones.
33 Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca
de él, y viéndole, fue movido a misericordia;
Vino cerca de
él (ëlthen kat’ auton). Literalmente, «descendió sobre él», pues venía en un
caballo.
34 y acercándose, vendó sus heridas, echándoles
aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.
35 Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio
al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré
cuando regrese.
36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el
prójimo del que cayó en manos de los ladrones?
Jesús ha
cambiado la perspectiva del intérprete de la ley, y lo ha puesto en la tesitura
de tener que decidir cuál de «estos tres» (toutön tön triön, sacerdote, levita,
samaritano) actuó como un prójimo para con el herido.
Jesús le pone
las cosas al revés, y destruye esa discriminación. ¿Quién es el prójimo de ese
judío herido? Sí, el que estuvo cerca de él… UN SAMARITANO.
Gracias quiero dar … por el amor que nos
deja ver a los otros como lo ve Dios. (Borges, Otro poema de los dones) Si no tenemos amor nada somos. Y cuando
tenemos amor, el amor de Dios podemos ver a los otros como prójimos porque ese
amor deja que Cristo viva en mí (y porque ya no vivo yo sino Cristo en mí, es
que puedo ser prójimo de los demás.
37 Él dijo: El que usó de misericordia con él.
Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.
Contesta
eludiendo pronunciar la palabra “samaritano”. El intérprete de la ley se dio
cuenta de la realidad, y dio la respuesta correcta, pero se atascó con la
palabra «samaritano», rehusando pronunciarla. Haz tú (su poiei). Énfasis en «tú». ¿Actuaría este intérprete de la ley
como un prójimo para con un samaritano? Esta parábola, si fuera comprendida y
practicada, eliminaría los prejuicios raciales, los odios nacionales y las
guerras consiguientes, y las luchas de clase.
Jesús visita a
Marta y a María
38 Aconteció que yendo de camino, entró en una
aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.
39 Esta tenía una hermana que se llamaba María, la
cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.
40 Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y
acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola?
Dile, pues, que me ayude.
41 Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta,
afanada y turbada estás con muchas cosas.
42 Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha
escogido la buena parte, la cual no le será quitada.
La parte buena (tën agathën merida). El
mejor plato en la mesa: la comunión con Jesús. Ésta es la aplicación espiritual
de la metáfora de los platos sobre la mesa. «La buena porción» no es la
salvación, por cuanto Marta tenía ésta también.
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