domingo, 26 de diciembre de 2021

25 DE DICIEMBRE ¿NAVIDAD?




Jeremías Ramírez 


¿Nació Cristo la noche del 24 de diciembre o la madrugada del 25? Si no fue así, ¿quién determinó esa fecha para celebrar su nacimiento? ¿Por qué celebrarlo cuando no era parte de la cultura hebrea ni mandato cristiano en el Nuevo Testamento? ¿Qué significa “Navidad”? La palabra “Navidad” proviene del latín “Nativitas” o “nativatis” que significa “nacimiento”. 
    La primera navidad, es decir, la primera vez que la iglesia cristiana romana celebró el nacimiento de Cristo fue en el año 350. Antes de esa fecha nadie hablaba del nacimiento de Cristo o Navidad, ni se celebraba ni se recordaba. 
    Y en los evangelios de Mateo y de Lucas, donde se narra su nacimiento, no encontramos ninguna indicación de que se celebrara. La única conmemoración que se ordena es el de la muerte de Cristo. El mismo, en la llamada Última cena, después de que partió el pan y se los repartió, les dijo: “Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí” (Lucas 22:19). 
    Y el apóstol Pablo precisa este mandato en la primera carta a los Corintios: “…el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo, tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí”. (1 Corintios 11:23-25). Y desde que se forman los primeros cristianos realizaban esta conmemoración el primer día de la semana, es decir, el domingo, y es una práctica que continúa hasta el día de hoy. 
    Entonces, ¿cómo fue que su nacimiento se convirtió en una celebración mundial si además no se sabe la fecha en que nació Cristo? 
     Como dije al inicio, la celebración de los cumpleaños no eran parte de la cultura hebrea y por ello nadie anotaba la fecha en que nacía un bebé; no era de importancia. Esta es la razón por la que la fecha del nacimiento de Cristo no se registró, y en el Nuevo Testamento no hay datos que permitan deducir el mes o la estación o el año de su nacimiento. Lo único que encontramos en el evangelio de Lucas es que Cristo nació cuando “…se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad”. (Lucas 2:1-3); censo de difícil ubicación en los registros históricos. 
    Ahora bien, cabe señalar que la celebración de los cumpleaños sólo lo realizaban en esa época los griegos y los romanos. Al parecer esta era una práctica muy antigua. La Biblia menciona dos celebraciones de cumpleaños: la primera es la de un faraón (se cree que era Sesostris II) en tiempos de José; y la segunda, la de Herodes el Grande, en cuya fiesta bailó Salomé, la hija de Herodías, y Herodes quedó tan complacido que le ofreció bajo juramento darle lo que ella pidiere. Salomé, aconsejada por su madre, pidió la cabeza del Juan el Bautista. 
    La celebración de los cumpleaños se inició en Egipto, posiblemente en el Período Arcaico con los primeros faraones, entre los años 3100 y 2686 a.C. Según Jesús Callejo en su libro Fiestas Sagradas, la celebración del cumpleaños era un rito de protección del faraón y se hacía una gran fiesta. Poco a poco esta celebración se fue extendiendo a la civilización griega. En el siglo III a.C., nos dice Filocoro (340 – 267/261 a.C), escritor ateniense, que los adoradores de Artemisa, diosa de la Luna y de la caza, realizaban la fiesta de cumpleaños de la diosa en la que preparaban una tarta de harina y miel a la que ponían velas.
     Esta celebración se fue popularizando para celebrar los aniversarios de nacimientos de aristócratas, nobles y héroes. 
    Por otra parte, los griegos creían en los daimon, una especie de espíritus protectores que servían de guías a los seres humanos durante toda su vida. Creían que estos espíritus estaban presentes en el nacimiento de cada ser humano. Por tanto, el día de la fiesta de cumpleaños el daimon estaba presente y servía como espíritu protector y guía. 
    La celebración de los cumpleaños pasó de Grecia a Roma y progresivamente se extendió para conmemorar los nacimientos de los personajes importantes, de modo que a principios del I milenio d.C. era ya una festividad establecida, pero no muy extendida. 
     En cuanto a la celebración de la Navidad, en el año 245 d.C. se hizo la primera tentativa oficial de fijar la fecha del nacimiento de Jesucristo, y Sexto Julio Africano (c. 160 – c. 240), en su obra Crónica, escribió que el nacimiento de Jesús habría sido un 25 de marzo, todo ello con el propósito de celebrar el nacimiento de Cristo, pero la Iglesia consideró que esa celebración era pagana porque tenía una dosis de espiritismo y astrología y estaba relacionada con los daimon (con el paso de los siglos la palabra daimon pasó a ser demonio y fue asociado en la Edad Media con un espíritu maligno), lo cual era inaceptable en una fiesta cristiana. 
    Sin embargo, el nacimiento de Cristo se impuso y se volvió tradición en el siglo III cuando el obispo Julio estableció el 25 de diciembre como nacimiento de Jesús. Esta fecha coincidía con el final de las fiestas paganas del Sol Invictus y de la Saturnalia, (que correspondía al solsticio de invierno) una fiesta pagana en honor a Saturno, dios de la agricultura. Y el obispo Julio pretendía acabar con ese culto pagano y ayudar a que el cristianismo fuera aceptado en Roma. 
    Con eso mataban dos pájaros de un tiro: por un lado, establecía de forma definitiva una fecha de nacimiento de Cristo y así acababan con divergencias y especulaciones. Y, por otro lado, convertían una popular fiesta pagana en una fiesta cristiana. 
     De modo que, podemos concluir, que la celebración de la Navidad no es parte del culto cristiano y tampoco el 25 de diciembre es el día en que nació Cristo. Así que, celebrarlo es una decisión personal, pero que sería muy saludable que fuese recordado el objetivo del nacimiento de Cristo en esa aldea insignificante de Belén, tal y como lo consigna el evangelio de Mateo 1: 21-23: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros”.

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