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| ESUDIO SOBRE ESTA CARTA |
Jeremías Ramírez
Introducción
Las cartas de Pedro, Juan y Judas, aparentemente son muy simples, pero en una lectura detallada encontramos una enorme complejidad y un profundo conocimiento sobre la doctrina cristiana, que bien nos valdría analizar a detalle para extraer toda la riqueza ahí escondida para nosotros, que vivimos a 20 siglos de distancia y poco entendemos de la circunstancias de los destinatarios originales.
Y esto es así porque el contexto histórico en que ellos vivían lo desconocemos. Lo poco que sabemos es que sufrían persecución, empezaban a ser invadidos por falsos maestros, e iba surgiendo corrupción al interior de la iglesia…
Como dice Judas en el verso 3, esta carta no iba a ser escrita pues él estaba abocado a escribir un tratado sobre “nuestra común salvación”, pero le llegaron noticias alarmantes, y tuvo que detener su labor y escribir un llamado de alerta urgente.
Salutación
1 Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo, a los llamados, santificados en Dios Padre, y guardados en Jesucristo:
2 Misericordia y paz y amor os sean multiplicados.
Judas empieza identificándose como “…siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo…”. La mayoría de los investigadores coinciden que, quien escribió esta carta, era hermano del Señor Jesús, pero Judas prefiere no usar este parentesco y se autonombra “siervo de Jesucristo”. Para él, antes que hermano, es siervo o esclavo. La palabra que usa es doulos, que significa, esclavo, aunque también puede significar “siervo”. Esclavo me parece mejor pues debemos entregarnos a él, incondicionalmente.
Entonces, Judas decide asumir un papel más humilde: doulos de Jesucristo. Y en calidad de doulos se pone al servicio de la iglesia.
Sin embargo, para que a sus destinatario les quede claro quién es, revela que es “hermano de Jacobo”, líder de la iglesia en Jerusalén.
Y se dirige a los hermanos de una iglesia, a quienes, dice, fueron “llamados, santificados y guardados”. Como cristianos, debemos considerar que para llegar a Cristo fuimos primero llamados, y una vez que respondimos a ese “llamado”, somos “santificados” en Dios Padre, y “guardados” en Jesucristo. ¡Qué privilegio! Y aunque a veces nos sintamos que seguimos siendo tan pecadores como todo mundo, hemos sido santificados, es decir, apartados, y guardados por Dios y por Cristo. Ahora somos parte de su redil.
Y Judas concluye este saludo inicial pidiendo tres cosas para ellos: misericordia, paz y amor de Dios.
Falsas doctrinas y falsos maestros
3 Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.
4 Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.
Aquí hay un llamado a la batalla; es como el toque de un clarín llamando a las tropas pues el enemigo ya está aquí. Y este llamado es para “contender”, es decir, a luchar “ardientemente” por la fe, pues es la llave para hacer nuestra la fortaleza de Dios. Y si ésta es vulnerada, qué será de nosotros. Reiteradamente el Señor les decía a sus discípulos: “hombres de poca fe”, y eso los tenía en la lona. Y a la gente que se acercaba a él: “si creéis, al que cree todo puede”, “tu fe te ha salvado”, le dijo a la mujer sirofenicia que curó de flujo. Como ven, es la fe la que nos permite acercarnos al Señor y ser bendecidos por él. Por eso a Satanás le interesa minarla.
El llamado a contender ardientemente es porque las tropas enemigas han llegado ENCUBIERTAMENTE para destruir la fe, como entraron a Troya las tropas delos aqueos para tomar esa ciudad fortificada. Así han llegado los falsos maestros, disfrazados de ovejas pero debajo había un lobo. Y su objetivo era “convertir en libertinaje la gracia de nuestro Dios”. Ya Pablo advertía de esta posibilidad en Romanos 6:15: “¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera”. Y estos hombres perversos, sin pudor alguno, estaban minando la fe con esta pervención de la gracia.
Y niegan a Dios y a nuestro Señor Jesucristo, nos dice Judas. ¿Cómo lo negaban? Podemos deducir al menos cuatro formas o motivos:
• Para evitar la persecución.
• Por conveniencia.
• Porque continuamos con una conducta pecaminosa, y…
• Difundiendo ideas falsas
Estas dos últimas es la que estos hombres estaban haciendo.
5 Mas quiero recordaros, ya que una vez lo habéis sabido, que el Señor, habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron.
Escribe Pablo en Gálatas 6:7: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Por eso aquí Judas hace una larga exposición de hechos malvados del pasado que no quedaron impunes. Y empieza con aquellos que no creyeron después de ver la mano poderosa de Dios sacándolos de Egipto, abriendo el mar rojo, librándolos de las tropas egipcias, dándoles agua en el desierto y brindándoles su presencia de día (con una nube que los seguía) y de noche (con una columna de fuego). Su falta de fe fue, en ese momento, como una plaga maligna, que contaminó la mente y corazones de los israelitas.
Después que los doce espías regresaran de explorar la tierra prometida, diez de ellos dieron un informe catastrófico y lleno de temor porque “los hombres de ese lugar eran de gran estatura”. Y la reacción del pueblo no se hizo esperar. La desesperanza se asentó en sus corazones de inmediato: “Entonces toda la congregación gritó y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche…” Y se quejaron no sólo contra Moisés y a Aaron, sino contra Dios mismo: “¿Por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada…” La respuesta del Señor no se dejó esperar: “Entonces Jehová dijo: Yo los he perdonado… pero “no verán la tierra”. Todos ellos, incluyendo Moisés y a Aaron, no entraron en la Tierra prometida, todos murieron en el desierto”.
6 Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día;
Aquí Judas les recuerda nadie está exento del castigo del Señor, ni aún los ángeles. Y si los ángeles fueron castigados, cuánto más nosotros. Así que debemos tener cuidado.
7 como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno.
8 No obstante, de la misma manera también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores.
9 Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda.
10 Pero éstos blasfeman de cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales.
La depravación de los habitantes de estas dos ciudades ya había alcanzado niveles escandalosos que había contaminado a las ciudades vecinas. El alto castigo de Dios hacía Sodoma y Gomorra indica la gravedad de su pecado. Dios diseñó su creación para que funcionara de una manera perfecta y determinada. Y como los habitantes de Sodoma y Gomorra, al ir en contra de la naturaleza, cometen pecado y pecado grave. Leemos en Romanos 1: 27 y 28: “…y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen…”.
Por eso Judas agrega: “…de la misma manera también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores”. Una desobediencia lleva a otra. El profeta Ezequiel nos revela la raíz de su pecado: Ezequiel 16:49: “He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso”. La soberbia fue el pecado de Satanás, y la abundancia de bienes nos puede llevar a olvidarnos de que en todo tenemos necesidad de Dios. El riesgo es este: Lucas 12:17-21: “…¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios”.
Y blasfemar en contra de las potestades superiores es la cúspide de la maldad, aunque estas sean las malignas. En Efesios 6:11 Pablo nos sugiere fortalecernos, no maldecir, ni atacar: “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo”.
Y estos hombres blasfeman de lo que no conocen y corrompen las que sí.
11 !!Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré.
En este pasaje Judas advierte tres problemas con tres ejemplos: el egoísmo, el lucro y la rebelión. Y los personajes emblemáticos son: Caín, Balaam y Coré.
Con Caín, historia que conocemos muy bien, nos damos cuenta que mató a su hermano Abel por egoísmo; él quería la gloria de su hermano, es decir, la aceptación y reconocimiento de sus obras, no adorar a Dios.
Balaam, al ceder a escuchar a Balac y responder a cada uno de sus llamados y no cumplir con su cometido argumentando sólo guiarse por la voluntad de Dios, en realidad buscaba que éste le ofreciera más dinero. Y era seguro que en el tercer llamado ya iba a complacerlo y Dios se lo impidió.
Y Coré, que caso más lamentable, quería el poder del sacerdocio y se levantó en uno de los más antiguos casos de “golpe de estado” que conozco: “Coré hijo de Izhar, hijo de Coat, hijo de Leví, y Datán y Abiram hijos de Eliab, y On hijo de Pelet, de los hijos de Rubén, tomaron gente, y se levantaron contra Moisés con doscientos cincuenta varones de los hijos de Israel, príncipes de la congregación, de los del consejo, varones de renombre. Y se juntaron contra Moisés y Aarón y les dijeron: ¡Basta ya de vosotros!” (Números 16:1-3)
No voy a leer aquí la narración completa de su fracaso, pero si cómo Dios los castigó: “Y aconteció que cuando cesó él de hablar todas estas palabras, se abrió la tierra que estaba debajo de ellos. Abrió la tierra su boca, y los tragó a ellos, a sus casas, a todos los hombres de Coré, y a todos sus bienes. Y ellos, con todo lo que tenían, descendieron vivos al Seol, y los cubrió la tierra, y perecieron de en medio de la congregación”. (Números 16: 30-33).
Su mal ejemplo tuvo consecuencias pues se levantó una segunda rebelión con consecuencias devastadoras: “El día siguiente, toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón, diciendo: Vosotros habéis dado muerte al pueblo de Jehová. Y aconteció que cuando se juntó la congregación contra Moisés y Aarón, miraron hacia el tabernáculo de reunión, y he aquí la nube lo había cubierto, y apareció la gloria de Jehová. Y vinieron Moisés y Aarón delante del tabernáculo de reunión. Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Apartaos de en medio de esta congregación, y los consumiré en un momento. Y ellos se postraron sobre sus rostros. Y dijo Moisés a Aarón: Toma el incensario, y pon en él fuego del altar, y sobre él pon incienso, y ve pronto a la congregación, y haz expiación por ellos, porque el furor ha salido de la presencia de Jehová; la mortandad ha comenzado. Entonces tomó Aarón el incensario, como Moisés dijo, y corrió en medio de la congregación; y he aquí que la mortandad había comenzado en el pueblo; y él puso incienso, e hizo expiación por el pueblo, y se puso entre los muertos y los vivos; y cesó la mortandad. Y los que murieron en aquella mortandad fueron catorce mil setecientos, sin los muertos por la rebelión de Coré. Después volvió Aarón a Moisés a la puerta del tabernáculo de reunión, cuando la mortandad había cesado”. (Números 16:41-50).
Como podemos ver, Dios no puede ser burlado: todo lo que el hombre sembrare eso también segará. “Coré representa —dice William Barclay— al que se niega a aceptar la autoridad y se lanza a las cosas que no tiene derecho. Así es que Judas está acusando a sus oponentes de desafiar la autoridad legítima de la iglesia y de preferir su propio camino al de Dios”.
Ahora Judas pasa a usar una serie de metáforas para dejar en claro qué son realmente estos hombres:
12 Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados;
13 fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas.
1. Manchas o piedras encubiertas o escollos, como traduce la Biblia Textual. Varios comentaristas indican que aunque 2 de Pedro 2:17 y Judas les dicen “Estos son inmundicias y manchas, quienes aun mientras comen con vosotros”, usan palabras diferentes. Pedro usa “spilos”; mientras que Judas, “Spilás”. Spilos significa “una mancha”; pero Spilás, “una roca sumergida o medio sumergida en la que un barco puede naufragar fácilmente. Aplicada a los ágapes nos puede indicar que estas fiestas de amor, como un barco cuya quilla es rota por una piedra inadvertida sumergida en el mar, así le sucedería a los ágapes y se podían hundir irremisiblemente al pervertir su propósito original, lo cual vemos ya estaba sucediendo en Corinto en las que se habían convertido en goce sólo de los ricos: “Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor. Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga. Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo”. (1 Corintios 11: 20-22). Y estas fiestas de amor, en las que se recordaba la muerte y resurrección del Señor, se hundieron. Hoy son recordatorio más sencillo y, a veces, más frío, pero aún de suma importancia para nuestra vida espiritual.
2. Se apacientan a sí mismos, les dice: Algunos traductores, nos dicen, que también significa “se pastorean a sí mismos”, pues, podemos pensar “buscan su propio beneficio, pues como bien lo denuncia el apóstol Pablo para el caso Corinto, esos hombres sólo procuraban su propio placer.
3. Nubes sin agua. Donde llueve abundantemente las nubes no tienen la misma importancia como en donde llueve poco. En zonas desérticas cualquier nubecilla es una promesa de alimento, de buenas cosechas, de buenos pastos. Así un buen maestro de la palabra o un buen autor cristiano es una promesa de riqueza espiritual, pero sin son falsos maestros, la promesa no se cumplirá jamás, pues son “nubes sin agua”.
4. Arboles otoñales sin fruto. Igualmente, un árbol otoñal es una promesa de alimento justo en la época del año cuando deja de llover y ya no hay cosechas… La esperanza es que aunque ya no haya cosechas, aún quedan los árboles y su promesa de comida. Pero tal promesa, como las de las nubes, no se cumple y sólo generan tristeza y frustración.
5. Olas embravecidas de mar que espuman su propia vergüenza, traduce esta línea la Biblia Textual. En Isaías 57:20-21, leemos: “Pero los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo. No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos”. Siguiendo esta imagen, nos dice un comentarista: “Después de una tormenta, cuando las olas han estado azotando la orilla con sus rociadas y espuma, siempre queda una cinta de algas y de maderas de todas clases y toda clase de feos deshechos de mar. Esta es siempre una escena desagradable, pero las aguas del Mar Muerto están tan saturadas de sal que se comen las corteza de los troncos que arrastra y cuando son arrojados a la orilla y se reducen de puros palos blancos que parecen más como huesos que como maderos, son como reliquias macabras”.
6. Estrellas errantes. “Estos malvados —nos dice el maestro Samuel Pérez Millós— desean ser considerados como ‘lumbreras’, pero alejados de la luz verdadera de Cristo, son semejantes a estrellas fugaces”. Así es como vemos desde la tierra a los meteoritos. Las tinieblas eternas son lo que les espera a los que no tienen a Dios, como dijo el Señor “…mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes”. (Mateo 8:12).
14 De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares,
15 para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él.
16 Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho.
Aquí Judas cita a Enoc, y precisa quién es de quien habla al apuntar su lugar en la genealogía bíblica: “séptimo desde Adán”, quien caminó con Dios, y afirma que este Enoc es el antepasado antediluviano que “profetizo”, lo que quiere decir que la profecía original fue pronunciada por Enoc en aquel tiempo y más tarde desarrollada y incorporada al libro apócrifo de Enoc, pero esto no significa que Judas esté basando este texto en un libro no aceptado, pero como no fue recogido nos deja ver esta profecía que en tiempo de Judas se conocía no sabe en qué fuentes.
La visión profética de Enoc comienza refiriéndose a la gloriosa manifestación de la presencia de Dios, rodeado de miriades de ángeles. La palabra “miriades” indica un número indefinido de algo, que bien podía ser, como leemos en otras partes de la Biblia “miles y miles”. Juan, el apóstol, pudo ver la gloria celestial y en ella al Señor seguido de las huestes celestiales. En Apocalipsis 19:11:14 leemos: “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos”.
Estos hombres malvados tiene como características de su personalidad que son “murmuradores”, pues nada los contenta y andan esparciendo su veneno verbal. Son, además, “querellosos”. El sentido de esta palabra es aplicado “a quien es inconforme y rencilloso, decir, son “aquellos que le echan la culpa a otros de cuanto no les gusta. Suspiran por lo que no tienen y desprecian lo que les ha sido dado. El verdadero creyente no se queja del papel que tiene en su vida espiritual e incluso en el mundo, sabiendo que el Señor está en control de todo. En Filipenses 4:10-11 leemos estas palabras del apóstol Pablo: “En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación”.
Tengamos cuidado si estas dos cosas de pronto las andamos haciendo: divulgando lo que debemos guardar en silencio y buscando a quien cargarle nuestras culpas, exactamente como es la conducta de mucha gente del mundo.
Pero además se comportan según sus deseos, y no andan EN EL SEÑOR” haciendo su voluntad, como escribe Juan en el el tercer capítulo de su primera carta. Pero además, les encanta hablar pomposamente, orgullosamente, de sus propios “méritos” y de sus logros y de sus cualidades, y adulando a los demás para aprovecharse de ellos.
Cualquiera que quiera ser líder o anciano en la iglesia lejos deberán estar estas características.
Amonestaciones y exhortaciones
17 Pero vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo;
18 los que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos.
19 Estos son los que causan divisiones; los sensuales, que no tienen al Espíritu.
TENED MEMORIA, es una exhortación de Judas importante. Recordar lo que está escrito en la palabra de Dios es vital para el creyente. Recordamos que el enemigo usa, para introducir la mentira, una parte de la verdad. Pero si recordamos todo lo que en ella está escrito podemos detectar la mentira y contestar como lo hizo el Señor en el desierto: “Escrito está”, en la primera provocación satánica.
Nos advierte Judas que en el postrer tiempo habrá burladores que andarán según sus malvados deseos. Y hoy en día abundan quienes, como leemos en Proverbios 14:9: “Los necios se mofan del pecado; mas entre los rectos hay buena voluntad”.
Y estos y sus falsas enseñanzas causan divisiones. He aquí la explicación del origen de tantas iglesias, tantas denominaciones, tantos grupos religiosos.
En una conferencia sobre la historia de la Biblia, el conferencista, hablando de la Reina Valera, le preguntó a su audiencia quienes eran bautistas, presbiterianos, pentecostales, metodistas… Y había de varias denominaciones. Y entonces les preguntó: ¿Qué Biblia usaban en su iglesia? Y todo respondieron “Reina Valera”. Y entonces preguntó: “Entonces, si todos usamos la misma Biblia, ¿qué nos divide? Y él mismo respondió: “Nuestras interpretaciones”. Las falsas enseñanzas han fragmentado el cuerpo de Cristo. Y lo mismo vemos en Otros países como en México. Como desearía que todos fuésemos un solo cuerpo y conformaramos un numeroso ejército de Dios para inundar esta ciudad llena de violencia, sangre y drogas, en una ciudad para Cristo.
20 Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo,
21 conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna.
Nuestra preocupación debe estar en “edificarnos”, afianzándonos en nuestra fe. Y la mejor manera de hacerlo es conociendo a fondo lo que está escrito en la Palabra. Debe ser la palabra lo que debemos buscar diariamente, como los “ciervos claman por las aguas”, es decir, desesperadamente, pues nos morimos de sed sin ella. Ojalá esta fuese nuestra actitud con su palabra. “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; —le dijo el Señor a la Samaritana— tú le pedirías, y él te daría agua viva”. (Juan 4:10).
Pero además, debemos orar, orar en el “Espíritu Santo”, para CONSERVARNOS en el amor de Dios. Si no nos edificamos en la fe, pronto el frío del desamor nos agarrará desprevenidos. No que el Señor deje de amarnos, sino que seremos incapaces de sentir su amor, su cercanía, el calor de su presencia, el consuelo del Espíritu Santo, y creeremos que estamos solos, que Dios nos ha abandonado. De la otra forma, podremos ver la misericordia alimentar nuestros corazones todos los días y podemos ser inspiración para otros para estar listos a hacer una urgente labor de rescate:
22 A algunos que dudan, convencedlos.
23 A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne.
Y, repito, esto es posible nos hemos edificado en la fe, pues entonces seremos capaces de ayudar a otros, ya sea para convencerlos o para arrancarlos del fuego e incluso, de quienes se niegan y no nos escuchen, podemos tener misericordia, como sucede a menudo con aquellos hundidos en el pecado y de quienes debemos alejarnos de ellos aborreciendo aun su manera de vestirse, el aroma de su aliento alcoholizado y su ropa manchada por las juergas…
Doxología
24 Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría,
25 al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén.
Y termina Judas su carta con una de las alabanzas más hermosas que debiera adornar nuestros labios y nuestros corazones siempre. Que el Señor les bendiga.

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