Jeremías Ramírez
Decía el teólogo latinoamericano Samuel Escobar que Cristo es el gran desconocido de América Latina. Y tenía razón. A pesar de que la Biblia es el libro más vendido y distribuido en el mundo, raramente se lee. La mayoría tiene un ejemplar de la Biblia como objeto de culto, pero no de estudio. Incluso los evangélicos que se caracterizan por leer asiduamente la Biblia se han encontrado que su nivel de lectura ha descendido. Y si esto es así entre los que son cristianos o en quienes están afiliados a alguna iglesia, que podemos esperar de quienes no tienen ninguna filiación cristiana. Lo lamentable es que lanzan agrias criticas sin saber cuál es su contenido y la riqueza verbal y literaria que hay en ella.
Este desconocimiento se extiende al nacimiento de Cristo. Todo mundo tiene una estampa muy pobre en su imaginario que surge de los llamados Nacimientos: una casita simpática con unas vaquitas, unos borreguitos, María, José y el niño colocado en un comedero (pesebre) muy bonito sobre una mullida camita de paja, alrededor de ellos unos pastores con sus largos bastones y algunos incluyen a un trío de hombres vestido con túnicas y turbantes y con coronas, todo ello muy lindo.
Por eso muchos piensas que Cristo y su nacimiento virginal es sólo un mito, pero pocos conocen exactamente qué dicen los evangelios de Mateo y Lucas en los que está narrado su nacimiento.
Para que usted conozca el relato completo enseguida reproduzco ambas narraciones como si fuera uno. Si usted quiere leerlos en la versión de la Biblia que tenga en su casa, le doy las citas de ambos evangelios: Mateo 1: 18-25 y 2: 1-12 y Lucas 2:1-20.
El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.
Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.
Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta.
Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: “No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre”. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían:
¡Gloria a Dios en las alturas,
y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!
Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado.
Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían. Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho.
En esos días llegaron a Jerusalén con el rey Herodes unos magos que venían del oriente, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:
Y tú, Belén, de la tierra de Judá,
No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá;
Porque de ti saldrá un guiador,
Que apacentará[a] a mi pueblo Israel.
Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: “Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore”.
Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.
Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
Este es el relato completo del nacimiento de Cristo. Y vemos en él las condiciones en que nació, por qué viajaron José y María a Belén (poblado ubicado en el sur de Israel) desde su ciudad de residencia: Nazaret, ubicada al norte. Y cómo fue que llegaron los magos (más no reyes) y cómo, accidentalmente, alertaron a Herodes para que entrara a escena. Y cómo este retraso, provocado por detenerse con Herodes, hizo que cuando llegaran a Belén María y José ya no estaban en el establo, sino en una casa.
En este relato, como pueden ver, no hay fechas y la Biblia nunca ordena que se celebre el nacimiento de Jesús, y deja en claro el propósito de su nacimiento o encarnación: salvar a la humanidad de sus pecados, es decir, de su maldad, de sus inclinaciones destructivas, otorgándoles a quien decida seguirle una nueva forma de vida.
Entonces, si usted ha decidido celebrar la Navidad recuerde que el objetivo del nacimiento de Cristo no fue promulgar la fraternidad universal ni de reunirnos con los parientes ni de intercambiar regalos sino en reconocer a Cristo como enviado de Dios a dar su vida para que la humanidad tuviera una nueva existencia cuando decidiera seguir a Cristo y entregar su vida a él, porque Él es la ÚNICA cura, el medicamento, contra la maldad humana. Y esto explica por qué nuestros propósitos de cambiar y ser mejores fracasan pues no cuentan con el poder divino de Cristo. A eso vino a nacer en Belén hace poco más de dos mil años.
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