jueves, 2 de agosto de 2018

EL HOMBRE PERDIDO IMPORTANTE PARA DIOS

ESTUDIO DE EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS CAP. 15

La palabra parábola proviene del griego Para = a un lado o al margen / Bola = arrojar. Y consiste en un relato figurado que es muestra una situación similar, paralela podríamos decir, a la situación que se quiere ilustrar o enseñar. Es decir, con un fenómeno cotidiano, humano, se ilustra una situación celestial.
En este capítulo se encuentran tres parábolas muy conocidas: la Oveja perdida, la Moneda perdida y el Hijo pródigo. Estas tres parábolas las expresa Jesús en respuesta a una actitud de los fariseos y escribas: murmuraban con una actitud de rechazo de que recibía a los pecadores y con ellos comía.
Comer con alguien era un acto de intimidad, y para los fariseos era un hecho reprobable que lo hiciera con publicanos y pecadores.
El Señor, con estas tres parábolas, les enseña el valor que el pecador tiene para Dios y el error que ellos cometían, es decir, su alejamiento con las ordenanzas de Dios: “Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo”. Y ellos repudiaban a los publicanos y pecadores.
            La Oveja perdida toma uno de los hechos más comunes y cotidianos en la sociedad de aquel entonces: el pastoreo, de modo que se pudiera entender claramente lo que trataba de enseñar. Hasta hoy sigue enseñando de esta forma en gran amor de Dios hacia los pecadores. Y el hecho de que les respondiera a los fariseos muestra que aún ellos son dignos de sus enseñanzas.

Parábola de la oveja perdida
(Mt. 18.10-14)
1 Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle,
2 y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come.
3 Entonces él les refirió esta parábola, diciendo:
4 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?
5 Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso;
6 y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.
7 Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.

Para los fariseos los pecadores y los publicanos eran gente sin valor. Es más, eran despreciables, descartables, casi como basura. Si Jesús era un profeta y un profeta a la altura de Isaías o Jeremías, esto era una incongruencia.
            La lección a través de estas parábolas es que para Dios todos somos valiosos aún hasta los pecadores más despreciables, aunque nos cueste comprenderlo.
            Si alguien tenía 100 ovejas significa que no era una persona pobre. Actualmente una oveja en promedio cuesta 3,500 a 6,000 pesos, es decir, 100 ovejas estarían alrededor de medio millón de pesos. Quizá para los pastores y poseedores de ovejas de aquel tiempo eran animales aún más caros, particularmente los destinados para ser ofrendados en el templo.
Por ello, el pastor que perdía una oveja hacía hasta lo imposible por encontrarla. Aunque esta tarea no fuese fácil pues la orografía de Palestina estaba llena de montañas agrestes, donde el ganado corría peligro de caer en un precipicio. Cuando era niño recuerdo un cromo que había en mi casa en la que una oveja está enredada entre unas ramas en un arbusto que crecía en un precipicio y el pastor, inclinado, poniendo su vida en riesgo, está rescatando a la oveja.
            Por otra parte, las ovejas no son como lo perros, sino distraídas y es muy fácil que se pierdan al ir buscando hierba.
            Y vemos en la parábola que tan pronto la encuentra la pone sobre sus hombros. No hay recriminación hacia la oveja sino gozo del pastor de haberla encontrado. Pero no un gozo cualquiera sino uno tan grande que impulsa a compartirlo con los demás. Es decir, una gran alegría por esa oveja.
Ahora, el Señor la usa para ilustrar lo que Dios hace por las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Mateo 15:24: “Y respondiendo Él, dijo: No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Si para ellos, una oveja encontrada era signo de gran gozo, hay un gozo aún mayor en el cielo por un pecador rescatado.
            Para Dios, esas ovejas (los pecadores) eran de gran valor que pagó un enorme precio en la cruz por rescatarlas.
            Esta parábola se puede hacer extensiva para ilustrar la importancia que tiene el ser humano de todos los tiempos para Dios. Porque “de tal manera amó Dios al mundo”, es decir, a todos los seres humanos, “que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

Parábola de la moneda perdida
8 ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?
9 Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido.
10 Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.

Ahora el Señor cambia el ámbito. Ya no es un poseedor de 100 ovejas, sino una mujer que tiene 10 dracmas. Una dracma era una moneda de 65,5 gramos, alrededor de un dënarius común (el dinero que un jornalero ganaba en un día de trabajo). Por lo tanto, diez dracmas sería casi dos semanas de trabajo.
            Para esta mujer esta moneda, esta dracma es tan importante que hace un esfuerzo denodado por encontrarlo. Como las casas de aquel entonces no tenían las grandes ventanas de hoy, sino pequeñas ventanitas, las habitaciones, aún de día, eran muy oscuras. Por ello tuvo que encender una lámpara. Además, los pisos eran de tierra, en cuyo polvo era fácil que se extraviara una moneda. Y por ello tuvo que barrer, tratando de que la moneda finalmente se revelara entre el polvo.
            Y como en el mismo caso anterior, su alegría es tal que no pude ser de índole personal, de modo que reúne a sus vecinas y amigas para contarles su alegría. Es obvio que sus vecinas entendieran la magnitud del gozo, pues seguramente vivirían en la misma condición. Para una persona pobre, el salario de un día es muy valioso.
            De forma paralela, muestra cómo considera el Señor a los que se han perdido: personas de mucho valor, no por el valor en sí que le da la sociedad, sino ante los ojos de su creador. Y el Señor hará una búsqueda exhaustiva para rescatarlos. Y la hizo, bajó a la tierra, caminó entre nosotros, vivió lo que todos, tuvo compasión y curó, alimentó, liberó de los demonios, enseñó a muchos, y finalmente murió por toda la humanidad, cuya cobertura nos ha alcanzado. Y ha sido gracias a su amor redentivo que podemos vivir de una mejor manera, y sin miedo a la muerte.

El hijo pródigo
La palabra pródigo cambia su significado cuando cambia de género. En masculino “pródigo” es el “que despilfarra o gasta sin cuidado sus bienes. En cambio, en femenino: “pródiga”, significa una persona “que da con generosidad lo que tiene o lo pone al servicio de los demás”.
El primer significado se ajusta al hijo menor en esta parábola; y el segundo, al padre que no escatima nada cuando recupera al hijo.
            El primero nos descubre; y el segundo es propio de Dios. Aun los pobres nacen con una buena dotación: un cuerpo, una familia, una sociedad y un creador. En caso de que todo lo primero no lo tengamos, tenemos un creador que nos ama, y tenemos un cerebro que puede aprender y encontrar soluciones.
           
Parábola del hijo pródigo
11 También dijo: Un hombre tenía dos hijos;
12 y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes.

La ley judía otorgaba al menor una mitad de lo que recibía el mayor, esto es, una tercera parte de los bienes (Dt. 21:17). Y ante la imprudencia del hijo, les repartió los bienes a os dos.

13 No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.

Rápidamente este joven, “juntándolo todo” se fue. Dice el versículo 13 que “desperdició” (dieskorpisen), la palabra griega tiene un acento agrícola. Es la palabra que se emplea para indicar el efecto de aventar el grano y la paja se “dispersa en el aire”. La figura es muy ilustrativa. Las posesiones tienen un peso. Es mayor cuando es fruto del trabajo, pero quien no sudó por él, es ligero como la paja y es fácil “dispersarlo al viento”. Hay un dicho popular que dice “lo que fácil llega, fácil se va”. Y este joven lo que quizá le costó mucho a su padre, lo disolvió en el aire.

14 Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle.

Y justo cuando el dinero se le acabó vino una hambruna. Es decir, escasez de alimentos. En estos periodos los precios de los alimentos suben. Si antes era difícil, ahora era mucho más complicada la situación. Y sus provisiones empezaron a faltarle.

15 Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos.
16 Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.

Su situación era crítica al desear incluso la comida de los cerdos. Es decir, había tocado fondo. En ese justo momento, pasó algo importante

17 Y volviendo en sí, dijo: !!Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!

Volvió en sí, es decir, recuperó la cordura, se le abrieron los ojos, vio las cosas con claridad, ya no estaba enervado por sus deseos y el hambre de mundo. No, ahí, deseando la comida de los cerdos, recuperó la conciencia. Este es el momento clave en el que pudo dar un giro a su vida. Decían los griegos que después de una anagnórisis (reconocimiento) viene una peripecia (un giro). Si no hay un reconocimiento de nuestra lamentable situación en la que estamos “deseando la comida de los cerdos”, no hay posibilidades de cambio. Tiene que haber esta toma de conciencia primero para entonces cambiar. Esto es lo que significa “arrepentimiento”.

18 Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.
19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.
20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.
21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.

Entre lo poco que no perdió fue la conciencia de ser hijo, hijo un padre amoroso. Esa fue la cordura que recuperó.
Y en esa toma de conciencia, hay dos acciones importantes:
Primero: pensamiento: Me levantaré, es decir, me pondré en camino, iré en sentido contrario a mis deseos, Le diré. Hay una intención de reconocer a viva voz. No soy digno. Por lo que Hazme.
Segundo: acción. Y luego, se levantó y fue a su padre.

22 Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.

El vestido, era un vestido especial y el anillo y el calzado, indica que llegó en andrajos y descalzo. Es decir, en un estado miserable. Y todo nos indica que lo ha revestido de dignidad. En el cielo, el señor nos dará vestiduras nuevas, es decir, nos vestirá de dignidad. 

23 Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta;

El becerro engordado (ton moschon ton siteuton). El becerro, el engordado. Siteuton es el adjetivo verbal de siteuö, alimentar con trigo (sitos). No era un becerro cualquiera sino uno alimentado especialmente. Los cocineros saben que el sabor de un animal cocinado también depende de su alimentación. Este había sido alimentado, no de rastrojo, sino de trigo.

24 porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.

El padre había perdido la esperanza de que regresara con vida, pero regresó. Y él lo esperaba. Largo tiempo pasaba todos los días frente al balcón esperando ver al hijo. ¿Cuántos días pasó sin descubrirlo? Pero finalmente, a pesar de los andrajos, lo vio y salió corriendo a su encuentro.

25 Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas;
26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
27 Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano.
28 Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.
29 Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos.
30 Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo.
31 Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.
32 Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.

Es lamentable la reacción del hermano. Los judíos, escribas, fariseos, se enojaban que recibiera y que comiera con publicanos y pecadores, la misma actitud de este hermano que no le parecía correcto que su padre le hiciera fiesta a un tipo que no había sabido honrar a su padre, pero él mismo lo deshonraba con su actitud, pues eso significaba que no valoraba lo que tenía y que en el fondo de su corazón anhelaba lo de su hermano, pues sabía de cosas que hasta que él las dice nos enteramos.

Conclusión:

Las tres parábolas hablan de judíos que se habían extraviado. Y que era muy importante rescatar. Por ello dice el evangelio de Juan: "A los suyos vino…" Y esos suyos eran precisamente, los que se habían perdido bien en los vericuetos de una gama de leyes y reglamentos retorcidos, bien siguiendo los parámetros de una sociedad extranjera ajena a Dios, bien en el pecado, o en las enfermedades, o atrapados por el demonio…
            Y estas tres parábolas, particularmente la de El hijo pródigo se ajustan bien a los cristianos que de pronto son absorbidos por el mundo (aunque sigan asistiendo a la iglesia), lejos de la casa de su padre, en zonas de extraños o extranjeros, y que de pronto se ven en la miseria y se acuerdan que son cristianos, hijos de Dios, y entonces hay un feliz retorno a la Casa del Padre.
            Cuántas veces yo me he alejado de la Casa del padre en busca de reconocimiento social, de fama, de aplausos, de ceremonias, de placeres impropios y en el fondo del fracaso he tenido que reconocer que he estado ansiando comer la comida de los cerdos, a ves con la nariz sangrante, a veces con el asco del alcohol y en un estado enervante, llorando y sufriendo por vivir tan ajeno a los caminos de la obediencia de mi padre amante, que me cuida, que me espera, que nunca me abandona.
            Y llorando le dijo: “No soy digno de ser llamado tu hijo”, sin embargo, sigo siendo su hijo. Y tibiamente nace un anhelo: que ya no viva yo más en mí, sino Cristo en mí.



miércoles, 1 de agosto de 2018

ESTUDIO SOBRE LUCAS 10

Los primeros 9 capítulos del evangelio según San Lucas abarcan casi la totalidad de los tres años de ministerio de Jesús. A partir del capítulo 9, verso 51 vemos el inicio de la última jornada, la más difícil. Dice este pasaje: “Lc 9:51 Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén”. Es decir, tomó la decisión firme de acudir al cumplimiento de la profecía.
            Es interesante que en este punto empieza poniendo en orden a aquellos que lo querían seguir y deja en claro lo que significa ser seguidor de Cristo con tres casos ejemplíficos. Y enseguida nombra a 70 de sus seguidores para empezar a predicar el reino de Dios. Pero les da algunas advertencias muy específicas acerca de los peligros que iban a enfrentar; qué conducta debían observar; y qué debían de llevar consigo.
            Ya había enviado antes a los 12 en Galilea (Lucas 9:1–6).

Misión de los setenta
10  Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir.

Debían ir de dos en dos, y de esa forma conformaron 35 equipos, para cubrir un gran territorio. Esta agrupación está acorde a Eclesiastés 4:9-10 que dice: “Es mejor ser dos que uno, porque ambos pueden ayudarse mutuamente a lograr el éxito. Si uno cae, el otro puede darle la mano y ayudarle; pero el que cae y está solo, ese sí que está en problemas”.

2 Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.
3 Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos.
4 No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis por el camino.

Predicar el evangelio es, en muchas ocasiones y en muchas épocas, muy riesgoso. El cristiano va desarmado, no es violento, ni sabe nada del uso de la violencia, pero los no creyentes sí que saben. Pero además deberían ir “ligeros de equipaje”, para depender de Dios y no de nosotros o de los hombres.
Por otra parte, las salutaciones en el camino en esa época eran largas conversaciones. Y el recado del Rey exigía urgencia. A Giezi, el siervo de Eliseo, éste le indica que no debía saludar a nadie por el camino (2 R. 4:29). Los saludos orientales eran tediosos, complicados y frecuentemente comportaban entrometimiento si había otros presentes o verse enzarzados en un regateo.

5 En cualquier casa donde entréis, primeramente, decid: Paz sea a esta casa.
6 Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros.

Decid primero PAZ SEA EN ESTA CASA. Es interesante que la primera acción sea esta, traer la paz. Pero esta paz necesitaba anclarse. ¿En quién? En un Hijo de paz = inclinado a la paz: (huios eirënës). Si no hay alguno, la paz no queda ahí.

7 Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario. No os paséis de casa en casa.

Es decir, sin exigir o pedir algo especial o específico. Y no hay que sentir pena porque como dice 1 Timoteo 5:18: “No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario”. Es la forma en que es retribuido alguien que lleva las buenas nuevas de salvación.

8 En cualquier ciudad donde entréis, y os reciban, comed lo que os pongan delante;
9 y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios.

“Comed lo que os pongan adelante”, era (y es todavía) una forma de cortesía, una manera de agradar y agradecer. No hay lugar para el remilgo. Recuerdo cuando íba con otros hermanos a Tenancingo, Estado de México, y un día visitamos a una casa muy pobre y la señora se apenó porque no tenía qué darnos más que lo que ella y sus hijos comían. Pero le dio mucho gusto ver que comíamos con gran gusto. Fueron los mejores frijoles y las tortillas más deliciosas que he probado. He olvidado muchos manjares que he comido en restaurantes de lujo, pero no esa comida con esta familia pobre.

10 Mas en cualquier ciudad donde entréis, y no os reciban, saliendo por sus calles, decid:
11 Aun el polvo de vuestra ciudad, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos contra vosotros. Pero esto sabed, que el reino de Dios se ha acercado a vosotros.
12 Y os digo que en aquel día será más tolerable el castigo para Sodoma, que para aquella ciudad.

Dura cosa le es a una ciudad rechazar a Dios. Hoy muchos países le han dado la espalda al Señor, y han visto multiplicada la maldad.
En una entrevista a Ann Graham, hija de Billy Graham, le preguntaron "¿Cómo pudo Dios permitir que sucediera esto?" (se referían a los ataques del 11 de septiembre).
Anne Graham dijo: "Al igual que nosotros, creo que Dios está profundamente triste por este suceso, pero durante años hemos estado diciéndole a Dios que se salga de nuestras escuelas, que se salga de nuestro gobierno y que se salga de nuestras vidas. ¿Cómo podemos esperar que Dios nos dé Su bendición y Su protección cuando le hemos exigido que nos deje estar solos?"

Ayes sobre las ciudades impenitentes
(Mt. 11.20-24)
13 !!Ay de ti, Corazín! !!Ay de ti, Betsaida! que si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que sentadas en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido.
14 Por tanto, en el juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón, que para vosotras.
15 Y tú, Capernaum, que hasta los cielos eres levantada, hasta el Hades serás abatida.
16 El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió.

Este versículo 16 es entendido por muy pocos. Quienes rechazan a los hijos de Dios, a los creyentes de verdad y hoy hay muchos ataques y descalificaciones a los cristianosrechazan al Señor.

Regreso de los setenta
17 Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.
18 Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
19 He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.
20 Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

Estos enviados estaban maravillados que aún los demonios se les sujetaban. ¡Qué logro! ¡Qué maravilla! Pero les dice el Señor que no se regocijen de eso. Finalmente, los demonios no se sujetaban a ellos como personas sino al poder que representaban. El regocijo debía ser que sus nombres estaban registrados en los cielos. Ese es el mayor privilegio. Si nuestros nombres están en el libro de la vida, como dice Pablo, ¿quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? (Romanos 8:35). Si nos daba gusto salir aprobados e inscritos en la Universidad, cuánto más estar inscritos en el cielo.

Jesús se regocija
(Mt. 11.25-27; 13.16-17)
21 En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó.
22 Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.
23 Y volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis;
24 porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.

Pero el Señor se regocija porque advierte la generosidad del Padre para estos hombres, pues a estos 70 les era revelado los misterios escondidos por los siglos, como escribe Pablo: Efesios 3:1-5 “Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles; si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu”

El buen samaritano
25 Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?
26 Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?
27 Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.

Shema (Det 6:3-5) Shema Israel, Oye Israel… Y amarás a tu Dios… Levitico 19:18 El prójimo: “No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová”.

28 Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.
29 Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?

Los judíos excluían de la condición de «prójimo» a los gentiles y especialmente a los samaritanos. Un prójimo es uno que mora cerca de otro, pero los judíos hacían excepciones raciales, como muchos, desgraciadamente, lo hacen en la actualidad. Aquí la palabra plësion es un adverbio (neutro del adjetivo plësios) significando ho plësion ön (el que está cercano)...

30 Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos (rodeado) de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.

Peripiptö, un antiguo verbo que indica “caer entre y quedar rodeado por” (peri, alrededor), quedar rodeados por ladrones.

31 Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo.

Y luego pasó al lado opuesto (anti) del camino para evitar la contaminación ceremonial con un extraño. Una vívida y poderosa imagen del vicio de la pureza ceremonial judía a expensas del principio y deber moral.

32 Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.

El levita se comporta precisamente como lo había hecho el sacerdote y por las mismas razones.

33 Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia;

Vino cerca de él (ëlthen kat’ auton). Literalmente, «descendió sobre él», pues venía en un caballo.

34 y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.
35 Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.
36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?

Jesús ha cambiado la perspectiva del intérprete de la ley, y lo ha puesto en la tesitura de tener que decidir cuál de «estos tres» (toutön tön triön, sacerdote, levita, samaritano) actuó como un prójimo para con el herido.
Jesús le pone las cosas al revés, y destruye esa discriminación. ¿Quién es el prójimo de ese judío herido? Sí, el que estuvo cerca de él… UN SAMARITANO.
Gracias quiero dar … por el amor que nos deja ver a los otros como lo ve Dios. (Borges, Otro poema de los dones) Si no tenemos amor nada somos. Y cuando tenemos amor, el amor de Dios podemos ver a los otros como prójimos porque ese amor deja que Cristo viva en mí (y porque ya no vivo yo sino Cristo en mí, es que puedo ser prójimo de los demás.

37 Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.

Contesta eludiendo pronunciar la palabra “samaritano”. El intérprete de la ley se dio cuenta de la realidad, y dio la respuesta correcta, pero se atascó con la palabra «samaritano», rehusando pronunciarla. Haz tú (su poiei). Énfasis en «tú». ¿Actuaría este intérprete de la ley como un prójimo para con un samaritano? Esta parábola, si fuera comprendida y practicada, eliminaría los prejuicios raciales, los odios nacionales y las guerras consiguientes, y las luchas de clase.

Jesús visita a Marta y a María
38 Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.
39 Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.
40 Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.
41 Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.
42 Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.

La parte buena (tën agathën merida). El mejor plato en la mesa: la comunión con Jesús. Ésta es la aplicación espiritual de la metáfora de los platos sobre la mesa. «La buena porción» no es la salvación, por cuanto Marta tenía ésta también.




ESTUDIO SOBRE APOCALIPSIS 20: Los mil años

Jeremías Ramírez El tema principal de este capítulo 20 es ese periodo de tiempo denominado “Milenio” y que ha sido causa de enorme discusión...