domingo, 22 de mayo de 2016

PARA VIVIR EN EL ESPÍRITU


Estudio sobre Romanos 8

La segunda parte del capítulo siete de la Carta de Pablo a los Romanos versa sobre una poderosa ley que opera en los seres humanos que contraviene las buenas intenciones de vivir ajenos a la maldad. Esta ley o fuerza el apóstol Pablo la denomina “Ley del pecado y de la muerte”. El ser humano está sujeto a esta ley y no hay, ni en la autodisciplina ni en las religiones la manera de librarse de esta ley. Sólo hay una posibilidad: vivir en el Espíritu de Dios, quien, bajo esa circunstancia, entra operación otra ley, la Ley del Espíritu que nos libera de la otra Ley.

1. Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Este pasaje nos dice que hay dos formas de vivir la vida: siguiendo la lógica de los deseos y pasiones personales y siguiendo la voluntad de Dios.
De modo que podemos afirmar: “Los que están, andan”.

El Señor dijo: …por su frutos los conoceréis. (Mateo 7:20). Es decir, si ando el espíritu, mi andar, mi conducta, lo que digo y hago, se ciñen a su voluntad.

2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

Ahora bien, existen dos leyes, es decir, dos fuerzas que gobiernan al ser humano: La del espíritu y la del Pecado y la muerte. Cuando la muerte entró por la desobediencia de Adán y Eva, entro esa fuerza, esa ley, contra la cual algunos luchas desde su filosofía o desde alguna religión, sin resultados más que parciales, como los de doble AA, etc.

Pero la Ley del espíritu es la fuerza que viene de Dios. Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí (Gálatas 2:20).

Y es mucho más poderosa que la otra ley. Es como la fuerza de un avión que vence la fuerza de la carne y nos permite vencer aquellas cosas que nos han hecho sufrir: vicios, lascivia, alcoholismo, mentira, etc.

3 Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; (4) para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Lo que era imposible, fue posible por medio de Cristo. Este fue el propósito de que haya venido a la tierra: a liberar a la humanidad de su maldad y de la muerte. Y de esa forma que el ser humano alcanzara lo IMPOSIBLE, lo que nunca había logrado. Andar conforme al espíritu nos permite vivir al margen del yugo pecado.

Ahora bien, vivir así no es cosa simple. Si dejamos de poner los ojos en Jesús, nos volvemos a hundir, como Pedro cuando caminaba sobre el agua. Podemos decir, entre más andamos en el espíritu, menos andaremos en la carne. Es una relación inversamente proporcional. Cuando la balanza se inclina hacia el Espíritu, es lo que podríamos llamar “madurez espiritual”.

5 Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.

Quizá muchos pueden simular que andan en el Espíritu, que son muy santos, diríamos en forma popular, pero por dentro. Por ello, alguien que anda en la carne, puede aparentar, pero su mente lo delata: su contenido mental estará de la lógica de la carne, es decir, de los valore de esta sociedad: dinero, logro, placer, poder, etc.
Pero quienes están en el Espíritu, sus pensamientos inevitablemente estarán enfocados en “todo lo bueno dice Pablo, en esto pensad.

Es decir, en todo aquello que haga bien a alguien. El buen samaritano cuando vio al hombre herido, sus pensamientos fueron de bondad, de ayuda, de empatía con el herido. No así los pensamientos de los sacerdotes.

6 Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.

Aquí podríamos decir que el inicio de una ocupación está en la cabeza. Parafraseando al filósofo francés Descartes, “pienso luego hago”. Los que se ocupan de la carne, nos dice Génesis 6:5, piensan en el mal: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”.

En Miqueas 2:1 leemos: !!Ay de los que en sus camas piensan iniquidad y maquinan el mal, y cuando llega la mañana lo ejecutan, porque tienen en su mano el poder!

Pero el que se ocupa del espíritu, son bienaventurados porque piensan bien: Bienaventurado el que piensa en el pobre; En el día malo lo librará Jehová (Salmos 41:1).

Miqueas 6:8: “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios”.

7 Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; 8 y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.

A la luz de lo que hemos analizado anteriormente, se entiende con claridad el por qué de esta enemistad.

9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.

Si no tenemos al Espíritu de Cristo, entonces seguimos siendo esclavos de la otra ley, la del pecado y de la muerte.

Pero, ¿qué es tener en el Espíritu? Es vital saber que no basta decir hacer el bien, asistir a la iglesia con regularidad, leer de vez en cuando la Biblia, intentar portarse bien… Nada de eso nos hace vivir en el espíritu.

El Señor a Nicodemo, Os es necesario nacer de nuevo…” ¿Y cómo nacer de nuevo? La verdad es muy fácil, pero al mismo tiempo difícil. Nos dice el evangelio de Juan: “A todos los que le recibieron les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”.

Y Ef 1:13 "En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa". Ya se tiene el Espíritu.

Sin embargo, para llegar a este punto es tan difícil. En Pablo fue un encontronazo, pero en otros, es un proceso largo. Y muchos, nunca dan su brazo a torcer, empecinados en su forma de vivir habitual y se niegan a “Nacer de nuevo”.

Vean que no basta observar la ley en su forma ritual. El joven rico creía que hacia la voluntad de Dios, pero el Señor le dijo: “Vende  todo lo que tienes…”. A otros les dijo: “Deja que los muertos entierren a sus muertes y sígueme”. Pero quizá la ordenanza más dramática es esta (Mateo 16:24): “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”. Eso es nacer de nuevo, dejándolo todo… le siguieron.

Negarse a sí mismo es renunciar a todo, renunciar a nuestras prioridades habituales, a nuestro modo de vida, en suma, vender o repudiar todo lo que tenemos. Pablo aseveró en Filipenses 3:8-9: “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida (basura) por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; …”

Si no estamos dispuestos a renunciar completamente al pecado, es decir, a nuestro cómodo estilo de vida, no es posible que se aplique en mi vida “la justicia que es de Dios por la fe…” Eso lo que el Señor le dijo a Nicodemo: “Es necesario nacer de nuevo”. 

Ahora bien, tomar la cruz no es aguantar las dificultades de la vida, como muchas veces hemos interpretado este pasaje, sino formarnos en la misma fila detrás del Señor para ser sacrificados. Tomar el instrumento para ser sacrificados. Eso significaba LA CRUZ a los que lo oyeron en aquel tiempo. La cruz era el símbolo de los condenados a muerte. Y hoy significa lo mismo: estar dispuesto a todo por amor de su nombre, como lo fueron y siguen siendo y haciendo los mártires que fueron devorados por los leones.

Y una vez que hayamos puesto la cruz en nuestros hombros, hay que seguirlo, puestos siempre los ojos en el autor y consumador de la fe.

Ahora bien, una vez que hemos nacido de nuevo, ya estamos bajo la soberanía de Dios, es decir, estamos bajo su órdenes en forma plena, hemos pasado del viejo régimen al nuevo.

Y eso simboliza el bautismo: morir para nacer, morir al pecado, a la otra vida.

Volvamos a Nicodemo. Él era un hombre sumamente religioso; era un rico fariseo, maestro en Israel y miembro del Sanedrín y, por ende, preocupado por cumplir la ley, por lo que deducimos, se portaba bien, daba sus diezmos, observaba el sábado, las fiestas. No era un malhechor. Y fue precisamente a él al que le dice “Tienes que nacer de nuevo”.

Leamos el pasaje: (Juan 3:1-10)
“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. 2 Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. (¿A qué fue?)
3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.
4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?
5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu,[a] espíritu es. 7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. 8 El viento[b] sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.
9 Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto?
10 Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?

El encuentro con Cristo, cuando es de verdad, hay una reacción: la condición pecadora del hombre queda al descubierto.

Lucas 5:8
Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.

Hechos 9: 3-6
3 Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo;
4 y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
5 El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.
6 El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga?

10 Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia.

Si Cristo está en nosotros… He aquí la clave para resolver el terrible enigma existencial del ser humano, su destino, su sentido, la muerte física… La barrera ignota y temible de la muerte pierde sentido.

1ª. Corintios 15: 55 ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?

11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

“Aunque ande en valle de sombra de muerte…” Este elemento comparativo es tremendo. La fuerza que puede derrotar al pecado y a la muerte es esa misma fuerza poderosísima que levantó a Cristo de la muerte. Esta muerte que se ha convertido en el hecho incuestionable que le da fundamento a la fe y a tantas cosas hermosas que hombres resucitados espiritualmente han hecho: enfrentado leones, cambiado imperios, transformado culturas, inaugurados obras humanitarias, cambiado leyes, mejorado las condiciones de millones de personas… Ese es el poder que nos puede transformar, si permitimos que nos gobierne el espíritu de Dios.

12 Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; 13 porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. 14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

Los que son guiados por el Espíritu de Dios son HIJOS DE DIOS.  Ser hijo de Dios entonces no es sólo un nombramiento sino una transformación que nos eleva encima de las leyes del pecado, que nos libra de la muerte y que nos hace vivir de una forma extraordinaria. Pero no experimentamos esto en la vida cotidiana, algo anda mal. O no tenemos el Espíritu de Dios o hemos tomado nosotros el control de nuestra vida relegando a Dios a “momentos de emergencia”. Si Él gobierna, todas nuestras decisiones (esa es nuestra libertad) siempre será de beneficio personal y de beneficio para el prójimo. ¿Se imaginan que mundo sería este en el que todos los cristianos fuesen un tremenda fuerza del bien?

15 Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: !!Abba, Padre!

La invitación aquí de Pablo es a asumir la plenitud del Espíritu para enfrentarnos al pecado y a las fuerzas que lo promueven: los valores, la sociedad, las transacciones, los malos amigos, las mujeres que nos tientan, las ofertas de negocios suculentos pero turbios, etc.  Y obtener la victoria.

16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Ah, una prueba contundente para que no quede duda.

Una manera de comprobar que el espíritu de Dios está en nosotros es permitiéndole que nos gobierne, es decir, que bajo su poder hagamos el bien. Y de esa forma podremos confirmar que el espíritu mora en nosotros. ¿Que no puedo? Oro. Y me lanzo a la tarea imposible y podré ver entonces actuando el poder de Dios.

17 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

En este punto el apóstol cambia el discurso e introduce un nuevo tema: el sufrimiento. Pero no como un fenómeno aislado o ajeno, sino más bien como resultado normal de quien va a contracorriente, es decir, obedeciendo a una ley que se contrapone a otra: la del Espíritu que se contrapone a la del pecado y la muerte, y en cuyo choque los hijos de Dios (nosotros) reciben golpes, los cuales, como buen soldado de Jesucristo, debe aguantar y aceptar como algo propio de esta lucha. (2ª. Timoteo 2:3) “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo”.

18 Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Hay veces que las aflicciones y los problemas nos hacen pensar si realmente Cristo está con nosotros, si somos sus hijos, incluso nos hacen dudar de su existencia. He ahí porque introduce el tema. Parece que no viene a cuento, pero sí. Pero es mucho más segura la “gloria venidera”. Con esto en mente, habrá que pelear la buena batalla.

19 Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

Y la situación actual de sufrimiento no es un hecho aislado sino una generalización que va más allá del espectro humano, para ser contagiada la creación entera. Las secuelas del pecado no sólo deja huellas en el ser humano sino hasta en la naturaleza. Hoy estas huellas de violencia son harto evidente: saqueo, sobreexplotación, contaminación, devastación, etc.

20 Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; 21 porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Sí, también la creación gozará de estar libre del yugo del pecado. Nadie más la va a agredir más. La ambición del hombre (su pecado de avaricia) cesará y ya no lo impulsará a talar bosques, contaminar agua, suelo, etc.

22 Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;

Pero por lo pronto, gime, se duele, llora lágrimas de ceniza.

23 y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.

Y por supuesto, el ser humano particularmente aquel que significa la redención, que sabe qué es lo que espera. Es quien más se lamenta anhelando ya estar, donde es mucho mejor que en esta vida. ¿Hasta cuando Señor? Decían los mártires en el apocalipsis. Y este libro cierra con una frase impactante Apocalipsis 22:20: “El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús”.

24 Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? 25 Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.

Pero por lo pronto, hay que esperar y con paciencia y gozo, aunque por momentos nos sintamos perdidos.

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26 Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.

Y si este sentimiento de abandono, de soledad, de impotencia, de desesperación, incluso de no encontrar las palabras adecuadas con qué comunicarnos con nuestro padre, Él además “intercede por nosotros” traduciendo la confusión de nuestro corazón en el mensaje que no fuimos capaces de articular.

27 Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.

Y esto es así por que Él “escudriña los corazones” y descubre allí lo más importante que angustia nuestro corazón.


28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Y si de pronto las cosas “salen mal”, tengamos la certeza que no hay nada que vaya a perjudicar nuestra alma, pues todo lo que permita Dios en nuestra vida, así sea doloroso, es para mi bien. Muchas veces lo importante es nuestra salud espiritual, pero como los dolores físicos los sentimos más, pedimos por eso. Sólo cuando el espíritu nos hace sensibles y vemos el daño espiritual que cargamos, hasta entonces. Y los problemas físicos, las enfermedades o las dificultades nos llevan a darnos cuenta de nuestras afectaciones espirituales.

29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo (somos predestinados), para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.

Predestinar en este caso significa de alguna forma “les preparó”. Es como cuando invitamos a alguien a nuestra casa a comer. Les preparamos desde antes de que lleguen los platillos, es decir, les predestinamos un festín.

30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.

Un plan en el que estamos incluidos. Podríamos decir, llamó y respondieron, era tierra fértil para que la palabra germinara. Y todas las etapas se fueron dando por consecuencia. Por ello…

31 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?

Esta es la culminación. Llegar a la última etapa significa tener a Dios de nuestro lado. Y él está de nuestro lado si antes nos hemos puesto en el suyo. “A todos los que le recibieron fueron hechos hijos de Dios”.

Pero si su espíritu no vive en nosotros, ¿cómo puede Dios estar con nosotros? No hay nada que nos defienda. Hemos construido nuestra casa sobre la arena. Si su espíritu vive en nosotros, este nos impulsará a obedecerle, a hacer buena obras. No son las buenas obras la llave a la vida eterna sino Jesús. El es la llave para hacer buenas obras. Muéstrame tu fe con tus obras, escribió el apóstol Santiago.

32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

Y está a nuestro favor al grado de que dios por nosotros a Cristo. Esta es la demostración más grande de su amor de modo que todo lo demás que necesitamos es menos que el sacrificio de Cristo en la cruz.

33 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.
34 ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.
35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?
36
Como está escrito:
    Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;
    Somos contados como ovejas de matadero.
37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,
39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Estos últimos versículos son un cántico hermoso y de esperanza a los que andamos según el espíritu. Andemos cada día con más ahínco, pues a la verdad, como le dijo el Señor a los discípulos: “La mies es mucha…”. La necesidad urgente de la gente es mucha.

Cuando alguien dijo que en Querétaro, en el Tlacote, brotaba agua milagrosa que curaba las enfermedades, largas filas se hacían para llenar un garrafoncito. Las peregrinaciones a la Villa o a San Juan de los Lagos son enormes, como enormes son sus necesidades.

Si el Señor se parara junto a nosotros y contemplara este espectáculo, estoy seguro que lo oiría decir: “Ovejas sin pastor”, seres extraviados, pensando que su miseria está en sus dolencias, en su pobreza, y no en su corazón, en su espíritu.

A la Samaritana le dijo: “El que bebe del agua que yo le de beber, no tendrá sed jamás”.

Si usted aún siente un vacío, pregúntese. ¿He tomado del agua viva?, ¿vive Cristo en mí?, como diría el apóstol Pablo.

Si no, es el momento de renunciar al pecado, tomar su cruz y seguirlo.


miércoles, 18 de mayo de 2016

MERCADOTECNIA ¿ESPIRITUAL?


La mercadotecnia es una disciplina que busca cómo conquistar al mercado para que se “fidelice” a una marca o aun centro de venta y descubre cómo lograr una mayor participación en el mercado a través de ciertas técnicas cuyo principio básico es la satisfacción o complacencia al consumidor.

En un congreso que me tocó trabajar un investigador exponía un caso de éxito en mercadología queme hizo reaccionar. Este no es un hecho extraordinario en un congreso de mercadotecnia donde se revisan casos de éxito para que los estudiantes conozcan las estrategias que funcionan.

Lo que hizo que “reaccionara” fue que el caso presentado era una iglesia evangélica. Era la primera vez que oía que el caso de estudio fuese una iglesia. Hablaba el investigador de las técnicas de coaptación de fieles de esta iglesia, cómo ajustaba su producto y cómo era su sistemas de reinversión en los que incluía compra de bienes raíces e inversión en instituciones financieras.

Salí triste. Y me pregunté ¿Una iglesia es un negocio, una empresa, una entidad económica? ¿El evangelio para expandirse hasta “lo último de la tierra” debe apropiarse de técnicas de mercadeo? ¿Es el marketing una técnica para llevar pecadores al cielo?

Hace muchos años me escandalizaba cuando un joven llegó a nuestra iglesia en Cuajimalpa proponiéndonos una campaña de evangelización utilizando recursos retóricos de la publicidad.

Y hace poco descubrí un libro que no he podido terminar de leer el cual habla de la crisis del cristianismo. Y no he podido terminar porque me enoja las estrategias que usan los mercadólogos de la iglesia.

Al parecer esta técnica en la iglesia ha permitido impactar las estadísticas que muestran el avance del cristianismo de manera casi exponencial. Y al mismo tiempo muestran, en nuestro país, un retroceso del catolicismo.

¿Realmente hay un avance del cristianismo en este mundo? ¿Es este cristianismo acorde a la palabra de Dios o sólo es un movimiento social no espiritual?

¿Por qué cada vez vemos más corrupción, más violencia, más inseguridad, más pobreza, más insensibilidad, más tráfico de personas u órganos?

¿Por qué no se siente la presencia del la iglesia en el mundo, en la sociedad?
¿Por qué 12 hombres sacudieron a un poderoso imperio como el romano, y lograron que el evangelio trascendiera el tiempo hasta alcanzarnos a nosotros, habitantes de América? ¿por qué ya no se le nota a los cristianos su filiación a Cristo? ¿Por qué no hay nada que lo distinga cuando camina, trabaja? ¿Cuál es su sello cristiano?

Antiguamente los cristianos se notaban y “lograban la buena voluntad de Dios y el pueblo” y la fama de Jesús se Extendía, y lo mismo la de los apóstoles cuando el Señor ascendió al cielo.

Hechos 2:43-47. La vida de los primeros cristianos
43 Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.
44 Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas;
45 y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.
46 Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,
47 alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.

La respuesta, ustedes lo saben, no está en un diario ni en un betseller ni en las redes sociales y el internet. Está aquí, en la Biblia.

Quizá los cristianos de ahora ya no tenemos suficiente sal. Ustedes saben, en lugares o en épocas donde no hay o había refrigeradores, la carne se conservaba gracias a la sal. Pero si la sal no sala, dice el señor, no sirve sino que es tirada.

Mateo 5:13 La sal de la tierra
13 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.

Quizá en vez de andar en el poder de Cristo, vamos como el viejo don Quijote de la Mancha de regreso a su casa (en el segundo libro de esta novela) con el escudo abollado y la espada chueca, derrotado, pues su lucha contra la injusticia del mundo fue demasiado grande para su hambre de justicia.

Tenemos que revisar de nuevo los contenidos que se están predicando. Habrá, como dice el profeta Jeremías (6:16): "Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma". Espero que nuestra respuesta no sea negativa, como la dieron los contemporáneos del profeta que contestaron: "No andaremos".

Dios tenga misericordia de nostros.

domingo, 17 de abril de 2016

FUERA DEL ÁREA DE SERVICIO


Porque somos hechura suya,
creados en Cristo Jesús
para buenas obras…
Efesios 2:10

Un fenómeno recurrente que me sucede con los teléfonos celulares de mis seres queridos es que con frecuencia, cuando más los necesito, me contestan: “El número que usted marcó está fuera del área de servicio”.

Con los violentos acontecimientos que están sucediendo en el mundo, pero particularmente en México, me pregunté que está haciendo la iglesia en tales casos, sobre todo las que están en la zona de conflicto.

Quizá la pregunta surgió del título de un libro que leí hace muchos años: ¿Dónde estaba la iglesia cuando estalló la revolución juvenil?, escrito por  D. Stuart Briscoe (1930, Millom, Cumbria, Inglaterra), un cristiano evangélico autor, conferenciante internacional y la ex pastor principal de Elmbrook Iglesia , en Brookfield, Wisconsin. En este libro Briscoe se pregunta por qué la iglesia no apareció para responder a las preguntas candentes de la juventud de la era de los hippies, sino que se enconchó en sus rituales tradicionales y en sus templos.

Y me pregunté si el Señor, tanto a las iglesias de los setentas en Estados Unidos como a las mexicanas en este momento, las ha estado llamando de manera urgente, como quien habla a los números de emergencia o a los bomberos, y los teléfonos espirituales contestan: “El número está fuera de servicio”, y es por ello que no vemos su respuesta del cuerpo de Cristo en estas horas de oscuridad.

Ahora, no se trata de juzgar a tales iglesias pues seguramente habrá muchos hermanos anónimos entregando sus vidas tratando de iluminar los corazones entenebrecidos de muchos asesinos, sino de tomar conciencia que ante tales hechos todos somos responsables, aunque no vivamos en zonas de conflicto. Y es sumamente importante preguntarnos si nuestra línea espiritual está disponible o hemos apagado nuestro aparato en las actividades personales y egoístas, si hemos dejado que se le hayan agotado las pilas, si hemos dejado de sintonizar nuestras vidas con el Espíritu Santo.

Es necesario ponernos en oración, limpiar nuestras vidas, como dice Pablo en Romanos 6:12: “No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias”, a fin de que estemos preparados como las vírgenes prudentes, con aceite (baterías) en nuestras lámparas (teléfonos) para responder de inmediato al llamado del Señor a trabajar en la mies, que es mucha y los obreros pocos.

Dios nos bendiga.

miércoles, 30 de marzo de 2016

EL SECRETO DEL EXITO DE SPURGEON

Comenta Clint Archer (pastor de la iglesia Hillcrest Baptist Church) que el éxito del gran predicador  inglés, Charles Haddon Spurgeon (conocido como el "Príncipe de los Predicadores", y quien nació el 19 de junio de 1834 en Kelvedon, Reino Unido y murió el 31 de enero de 1892, en Menton, Francia)  fue la ORACIÓN.

Dice  que “Spurgeon fue siempre un hombre de oración. No es que haya pasado largos períodos de tiempo en oración, sino que vivía en el espíritu de comunión con Dios. El Dr. Wayland Hoyt proporciona un ejemplo de esta práctica:

Estaba caminando con él en el bosque un día fuera de Londres y, al pasear bajo la sombra del follaje de verano, nos encontramos con un tronco tumbado de través del camino. “Ven,” dijo tan naturalmente como uno diría si estuviera hambriento y le pusieran un pan delante de él. “Ven, oremos”. Arrodillado al lado del tronco elevó su alma a Dios en la oración más amorosa y reverente. Entonces, levantándose de sus rodillas siguió caminando y hablando de esto y aquello. La oración no era una interrupción, era una costumbre tan arraigada en su mente como la respiración de su cuerpo.

Así que el éxito de un siervo de Dios no está en sus cualidades personales, ni en su erudición, sino en la “Cenicienta de la Iglesia”, como alguien denominó a la oración.

Esto explica la debilidad y fracaso de la iglesia de este Siglo XXI. Se promueven los dones, la risa, el éxito monetario, las lenguas, el activismo (incluso político), las estrategias mercadológicas y de negocios, hasta incluso la complicidad con los gobiernos olvidándose que el Señor nos enseñó a dar al César lo que es del César.

La falta de una oración ferviente, amorosa, de entrega total es el oxigeno espiritual que le urge a la iglesia de estos tiempos. Oremos, oremos sin cesar, como decía el apóstol Pablo.



domingo, 27 de marzo de 2016

D.C. LA BIBLIA CONTINÚA

Hoy domingo de Resurrección, están transmitiendo por el Canal 5 de México esta serie de forma corrida. Y como la mayoría de las versiones televisivas y cinematográficas, hay demasiada ficción y sesgo del texto bíblico para ajustarlo a un esquema dramático de los productos audiovisuales.

Cualquiera que haya leído el Nuevo Testamento muy rápidamente encontrará qué se ajusta al texto bíblico y qué no. Pero quizá lo más chocante sean los efectos especiales cuando hay alguna intervención divina.

Mi conclusión al respecto es que El Señor no se vale de los efectos especiales para sus obras portentosas y milagrosas. Son, como todas sus maravillas, de una naturalidad impresionante de modo que son casi imperceptibles, como el nacimiento de una flor o una mariposa, o el crecimiento de las plantas, que tenemos que filmarlas en cámara lenta para darnos cuenta de sus maravillas. Dios no busca la espectacularidad ni la promueve. Su proceder es sigiloso, suave, delicado, como el movimiento de las estrellas. Basta leer en los evangelio cómo hizo sus milagros para darnos cuenta de esa ausencia de espectacularidad. Incluso, los apóstoles, hicieron muchos milagros de la misma manera. Pedro le dijo al cojo:  "No tengo oro ni plata, mas lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo el Nazareno, ¡anda! Y asiéndolo de la mano derecha, lo levantó; al instante sus pies cobraron fuerza..."

Flaco favor le hacen los efectos especiales a las narraciones bíblicas audiovisuales, pero entiendo que son productos de mercado. Así que si usted tiene oportunidad de ver esta serie, tan pronto termine tome una Biblia y lea Hechos de los Apóstoles, en la versión que usted quiera o tenga a la mano.

LAS INQUIETUDES DE JOB Y LAS RESPUESTAS DE JESÚS


El ser humano, durante su vida, lo acosan diversas interrogantes sobre el fin último de la vida sin hallar una respuesta definitiva. Estas interrogantes han propiciado la aparición filosofías y religiones, como medios para dar respuesta a estas interrogantes, sin haber alcanzado una respuesta satisfactoria.

Quizá nadie expresó con tal claridad estas interrogantes, estos verdaderos clamores, tan urgentes en ciertos momentos de la vida, particularmente cuando estamos atravesando por dificultades, como Job, pues al enfrentar una situación terrible y trágica afloran en él estos clamores (selección de cintas tomadas del libro Jesús responde a Job[1] del famoso predicador inglés G. Campbell Morgan).

Hoy, a pesar de la revelación de estos misterios a través del Nuevo Testamento siguen sin respuesta en mucha gente porque nunca se han acercado a oír con calidad la palabra de Dios, incluso son dudas que cargan muchos creyentes o feligreses de iglesias cristianas, quienes no han podido descubrir toda la verdad de Dios, bien por la intervención de líderes ignorantes o maliciosos, que buscan más hacer negocio que llevar las ovejas a la luz verdadera, bien por una muy bajo nivel de estudio de la Biblia, bien por indolencia y carnalidad, al estar más involucrados en las cosas de la vida cotidiana y de la cultura actual.

Revisemos algunos de estos clamores de Job y veamos cómo el Cristo da respuesta a cada una, revelando así su satisfacción plena para el hombre del todas las épocas.

1.
Job 9:33
No hay entre nosotros árbitro que ponga su mano sobre ambos.

En este pasaje, después de discutir con sus amigos sin llegar a nada y a sabiendas Job de que sus amigos lo acusaban sin razón y sin entender su circunstancia es que lanza esta inquietud: “Quien, quien puede dirimir con justeza y verdad en todas las interrogantes”. Largas discusiones y controversias se dan sobre todo en temas religiosos que no hay, al parecer quien tenga la razón.

Los cristianos sabemos que sí hay un árbitro, alguien que medie y quien diga la última palabra. Por que, quien, quien podría ser el enlace perfecto entre Dios y los hombres sino alguien que fuese divino y al mismo tiempo humano.

Pablo lo declara enfáticamente en su primera carta a Timoteo.

1 Timoteo 2:5-6
Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.

Un solo mediador. No es un sacerdote, ni un pastor, ni un líder, ni un iniciado, ni un santo o una milagrosa virgen. Es el Señor mismo nuestro mediador, nuestro árbitro. Y nadie más, nadie. Por eso el apóstol Juan declaró tajantemente:

1 Juan 2:1
Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.

2.
Job 14:14
El hombre que muere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi vida esperaré, hasta que llegue mi liberación.

¿Vuelven los muertos a la vida? Job veía la vida, en su situación de desgracia, como una enorme llaga.

Job 14: 1 »El hombre, nacido de mujer, corto de días y hastiado de sinsabores…

Veía mucha más esperanza en la naturaleza:

Job 14: 7: »El árbol, aunque lo corten, aún tiene la esperanza de volver a retoñar, de que no falten sus renuevos.

Que en el hombre:

Job 14: 10- 12: “En cambio el hombre muere y desaparece. Perece el hombre, ¿y dónde estará? Como se evaporan las aguas en el mar, y el río se agota y se seca, así el hombre yace y no vuelve a levantarse. Mientras exista el cielo, no despertará ni se levantará de su sueño.

La respuesta a esta interrogante llegaría con el señor Jesús.

Juan 11:25
Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Ahora bien. Algunas religiones creen en la reencarnación, de esa forma dan respuesta a esta angustia, pero no hay certeza de que tal cosa ocurra.

Los cristianos creemos que volvemos a la vida pero no por vía de la reencarnación sino de la resurrección. Es decir, ya no volvemos a la vida con este carne corruptible, este cuerpo defectuoso, sujeto a debilidades y al pecado, sino que obtendremos cuerpos nuevos incorruptibles.

2 Corintios 5: 1-5
Sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshace, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha por manos, eterna, en los cielos. 2 Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial, 3 pues así seremos hallados vestidos y no desnudos. 4 Asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia, pues no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. 5 Pero el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado el Espíritu como garantía.

Ya antes, en la primera Carta de los Corintios había escrito:

1 Corintios 15:35-44
"Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo. No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves. Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria. Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual."

3.
Job 16:19
En los cielos está mi testigo y mi testimonio en las alturas.

Job fue implacablemente atacado por su amigos quien lo culpaban de ser un hombre sin integridad, malvado y además mentiroso. E incluso lo presionan para que confiese su pecado. En su desesperación exclama…

Job 18: 1-4 y 16:10 «Muchas veces he oído cosas como éstas, ¡Consoladores molestos sois todos vosotros! ¿Tendrán fin las palabras vacías? ¿Qué es lo que te anima a responder? También yo podría hablar como vosotros, si vuestra alma estuviera en lugar de la mía. Yo podría hilvanar contra vosotros palabras, y sobre vosotros mover la cabeza… han abierto contra mí su boca, y han herido mis mejillas con afrenta: ¡contra mí se han juntado todos!

En algunas circunstancias, cuando somos incriminados injustamente, buscamos a alguien que testifique que somos inocentes. Job era inocente de las imputaciones que le decían sus amigos, y declara que en los cielos está su testigo, es decir, alguien que sabe de su inocencia, aunque no podía demostrarlo.

Los cristianos sí tenemos la certeza de que hay un testigo a nuestro favor en los cielos. Él se presenta por nosotros…

Hebreos 9:24
Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios…

Aquí vemos con claridad que Cristo se presenta por nosotros ahora, ahora. Y aunque en la tierra podemos sufrir y ser llevados a la cárcel y acusados de delitos pero Cristo aboga por nosotros ahora.


4.
Job 19:25
Pero yo sé que mi Redentor vive,
y que al fin se levantará sobre el polvo,

La fe de Job lo llevó a saber que su Redentor estaba vivo y que algún día lo iba a levantar del polvo, es decir, lo iba a resucitar. Nosotros, sabemos quien en nuestro redentor y no sólo vive sino que actúa en todo momento a nuestro favor, y él tiene la potencia para salvarnos para siempre.

Hebreos 7:25
“…por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.

5.
Job 23:3
¡Quién me diera el saber dónde hallar a Dios!
Yo iría hasta su morada,

Job se había dirigido a Dios con su pena y el Dios permanecía en silencio. En su desesperación lanza este clamor.

Sus amigos lo presionaban diciendo:

Job 22:21: Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; Y por ello te vendrá bien.

Hoy, todavía, mucha gente dice, si al menos lo viera, si se me presentara, si me hablara… creeré. Lo mismo dijo Tomás: si no metiere mide dos… y mi mano… El señor le dijo a Tomás: Bienaventurados lo que no vieron y creyeron… es decir, que confiaron.

El Señor dice a Felipe:

Juan 14:9
Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?

Esta palabra también se aplica a nosotros, pues Dios se nos ha revelado por su palabra a través de nuestros Señor.

Hebreos 1: 1-2: Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por el Hijo…

Casi podemos oír que nos dice: “quien me ha escuchado a mí, ha escuchado al Padre”.

Ante la debandada de los discípulos, Jesús pregunta a sus discípulos si ellos también se van a ir. Y Pedro contesta:

Juan 6: 68-69:  Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Y cuando ora al Padre el Señor dice (Juan 15:3) : Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. (Efesios 5:26): …para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra…”

Si alguien nos pregunta que le mostremos a Dios, basta mostrarle las escrituras. Y si tiene oídos para oír, oirá esas palabras de vida”. Dice un canto nuestro “Qué bellas son, qué bellas son, bellas palabras de vida”.


6.
Job 31:35
!!Quién me diera quien me oyese! He aquí mi confianza es que el Omnipotente testificará por mí, Aunque mi adversario me forme proceso.

Una vez más Job pide ser escuchado, pues el sabía que no era un hombre malo y que el sufrimiento que estaba recibiendo no era por su condición de hombre pecador, suplica para que le de a conocer Dios de qué es culpable.

Job 31: 4-9: “¿No ve él mis caminos, Y cuenta todos mis pasos? Si anduve con mentira,
Y si mi pie se apresuró a engaño, péseme Dios en balanzas de justicia, y conocerá mi integridad. Si mis pasos se apartaron del camino, si mi corazón se fue tras mis ojos,
Y si algo se pegó a mis manos, siembre yo, y otro coma, y sea arrancada mi siembra. Si fue mi corazón engañado acerca de mujer, y si estuve acechando a la puerta de mi prójimo…

En la antigua dispensación, bajo el rigor de la Ley, tenía que haber una sentencia. Job apela a ese tribunal. La conciencia de culpa lleva a muchos asesinos a entregarse para ser juzgados, no pueden vivir con la conciencia cargada. Muchas obras de la literatura se han basado en esta circunstancia como Ensayo de un crimen de Usigli o Crimen u Castigo de Dostoievski. Incluso el Pabellón No, 6 de Gogol.

En nuestro caso, también debemos acercarnos a Dios con la plena conciencia de que somos pecadores. Afortunadamente para nosotros ya no opera ese tribunal  regido por la Ley, pues Cristo pagó por nosotros.

Por eso, en Hebreos se no afirma que NO nos hemos acercado al monte de Sion, ese monte donde se esculpieron las tablas de la ley y todos tenían miedo de acercarse pues se oía el poder de Dios. No, nos hemos acercado a la ciudad del Dios vivo donde opera Jesús como el mediador del nuevo Pacto.

Hebreos 12:22-24
“…sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, 23 a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, 24 a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.

Gloria sea al Señor.

7.
Job 40:4
«Yo soy vil, ¿qué te responderé?
¡Me tapo la boca con la mano!

Finalmente Dios se presenta ante Job y le pide que ciña sus lomos como un luchador. Y ante la majestuosidad del Dios, Job reconocer que en efecto es un hombre pecador: “Yo soy vil, dice” y agrega que nada tiene qué decir a su favor. Es decir, enmudece y no haya argumentos.

Esta situación lleva a muchos a decir que Dios no los oye porque son pecadores. En efecto, nos damos cuenta que por más sacrificios que hacemos, la distancia entre nosotros y Dios no se acorta, seguimos siendo miserables, y quizá recriminándonos  como Job: “!!!Yo soy tan vil¡¡¡

Pedro, cuando descubre que Jesús es Dios se postra a sus pies y dice (Lucas 5:8): Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.

Cabría preguntarnos si existe alguna manera que el ser humano pueda pagar el precio de su alma.

Mateo 16:26
¿…qué recompensa dará el hombre por su alma?

No, no hay. Sin embargo, Dios tiene la respuesta:

Juan 3:16
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.


8.
Job 42:5-6
De oídas te conocía, mas ahora mis ojos te ven.
Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza.

Sin embargo, el Señor vino no para que nos aborrezcamos sino para encontrar en él el perdón, pues…

Mateo 4:17
Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

9.
Job 23:10
Mas él conoce mi camino: si me prueba, saldré como el oro.

A pesar de no contar con toda la revelación intuía que la prueba tenía un fin benéfico. En la carta del apóstol Santiago leemos:

Santiago 1:12
Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.

Quizá nunca hemos visto con claridad en beneficio de las pruebas que pasamos. Quizá no nos damos cuenta que entre más grande es la prueba, cedemos a Dios todo, abrimos nuestros oídos y nuestra alma, estamos más sensibles para escuchar su voz y para que él se nos revele. De hecho, escudriñamos las escrituras con más fervor en busca de su voz que nos oriente en las tinieblas.  Y entonces, resistiendo la prueba estamos prestos a “recibir la corona de la vida”. Esta es la promesa al final de las cartas a las iglesias en Apocalipsis.

Colofón

En los setentas, al mismo tiempo que se levantaba el fervor por una vida libre que derivó en el movimiento hippie, hubo también un despertar cristiano entre muchos jóvenes, quienes hicieron surgir nuevas iglesias, como La Casa de Él, en México.

Cuenta un escritor que en el metro de Nueva York apareció una leyenda informal pintada en las paredes que decía “Cristo es la respuesta” y alguien había agregado, “pero, cuál es la pregunta”.

Quizá quien hizo el añadido no le había llegado las crisis existenciales en las cuales las preguntas como las de Job surgen y no es fácil encontrar respuestas en un mundo que se ha alejado de Dios, en un mundo que pese a que ahora circula con mayor profusión la palabra de Dios, no sólo por los grandes tirajes en todo el mundo y en diversos idiomas. Hoy la Biblia se distribuye profusamente en forma digital y de manera gratuita en internet. Basta escribir “Biblia” en el Google o una frase incompleta de la Biblia para que nos remita de inmediato a muchas páginas donde podemos encontrar la Biblia completa y en diversas versiones y traducciones.

Sin embargo, parece que cada vez está más escondida. Podemos ver o leer los comentarios de los detractores de la religión y observamos como ignoran hasta en sus aspectos más elementales la Palabra, inventando mitos y frases no bíblicas pero atribuidas a Cristo.

Por ello, nuestro compromiso es estar atento al clamor de la gente y estar presto a dar respuesta sólida y necesaria las millones de ovejas sin pastor, que claman, como Job sin hallar respuesta en un mundo cada vez más extraviado.




[1] G. Campbell Morgan, Jesús responde a Job, Ediciones Hebrón, San Ignacio, Misiones, Argentina. 1979.

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