Comenta Clint Archer (pastor de la iglesia Hillcrest Baptist
Church) que el éxito del gran predicador
inglés, Charles Haddon Spurgeon (conocido como el "Príncipe de los
Predicadores", y quien nació el 19 de junio de 1834 en Kelvedon, Reino Unido y
murió el 31 de enero de 1892, en Menton, Francia) fue la ORACIÓN.
Dice que “Spurgeon
fue siempre un hombre de oración. No es que haya pasado largos períodos de
tiempo en oración, sino que vivía en el espíritu de comunión con Dios. El Dr.
Wayland Hoyt proporciona un ejemplo de esta práctica:
Estaba caminando con
él en el bosque un día fuera de Londres y, al pasear bajo la sombra del follaje
de verano, nos encontramos con un tronco tumbado de través del camino. “Ven,”
dijo tan naturalmente como uno diría si estuviera hambriento y le pusieran un
pan delante de él. “Ven, oremos”. Arrodillado al lado del tronco elevó su alma
a Dios en la oración más amorosa y reverente. Entonces, levantándose de sus
rodillas siguió caminando y hablando de esto y aquello. La oración no era una
interrupción, era una costumbre tan arraigada en su mente como la respiración
de su cuerpo.
Así que el éxito de un siervo de Dios no está en sus
cualidades personales, ni en su erudición, sino en la “Cenicienta de la Iglesia”,
como alguien denominó a la oración.
Esto explica la debilidad y fracaso de la iglesia de este
Siglo XXI. Se promueven los dones, la risa, el éxito monetario, las lenguas, el
activismo (incluso político), las estrategias mercadológicas y de negocios,
hasta incluso la complicidad con los gobiernos olvidándose que el Señor nos enseñó
a dar al César lo que es del César.
La falta de una oración ferviente, amorosa, de entrega total
es el oxigeno espiritual que le urge a la iglesia de estos tiempos. Oremos,
oremos sin cesar, como decía el apóstol Pablo.
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