martes, 25 de agosto de 2015

MISION IMPOSIBLE: Usted puede.




Por Jeremías Ramírez Vasillas

Misión imposible fue primero una serie de televisión y luego se hicieron versiones cinematográficas en donde los protagonistas realizan tareas que van más allá de las posibilidades humanas, y sin embargo salen avante para beneplácito de los espectadores.
       Los últimos sucesos en mi vida me hicieron enfocar mi atención en acciones que realizan los hijos de Dios y que van más allá de las escenas imaginadas para esas películas. Recordé varios pasaje:

·      Enfrentan fieras: Sansón

  • ·     Sobreviven a hornos de fuego: Daniel y sus amigos
  • ·      Caminan en medio del mar sobre un lecho seco: Moisés y los israelitas.
  • ·      Enfrentan gigantes: Josué y Caleb
  • ·      Derriban muros con trompetas y vueltas: Josué y los israelitas
  • ·      Caminan sobre el agua: Pedro, aunque por breve tiempo
  • ·      Caminan por valles de muerte y sobreviven: Corrie Tem Bum (cristiana holandesa durante la II Guerra
  •      Mundial), logra rescatar judíos y salir ilesa, y otras acciones increíbles.

Hay una cita retadora en Jeremías que me hace estremecer. Dice:

Jeremías 12:5
Si corriste con los de a pie y te cansaron, ¿cómo contenderás con los caballos?

¿Se dan cuenta de este reto? ¿Quién puede correr y competir con los caballos? El hombre más veloz, Usain Bolt, alcanza a correr 37 km/hr. Un caballo corre de 75 a 70 kilómetros por hora. ¿No es esta una misión imposible?

¿Y no es aún más imposible esta hazaña de Sadrac, Mesac y Abed-nego?

Daniel 3
3  El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro cuya altura era de sesenta codos, y su anchura de seis codos; la levantó en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia.
2 Y envió el rey Nabucodonosor a que se reuniesen los sátrapas, los magistrados y capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las provincias, para que viniesen a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado.
3 Fueron, pues, reunidos los sátrapas, magistrados, capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las provincias, a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado; y estaban en pie delante de la estatua que había levantado el rey Nabucodonosor.
4 Y el pregonero anunciaba en alta voz: Mándase a vosotros, oh pueblos, naciones y lenguas,
5 que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado;
6 y cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiendo.
7 Por lo cual, al oír todos los pueblos el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro que el rey Nabucodonosor había levantado.
8 Por esto en aquel tiempo algunos varones caldeos vinieron y acusaron maliciosamente a los judíos.
9 Hablaron y dijeron al rey Nabucodonosor: Rey, para siempre vive.
10 Tú, oh rey, has dado una ley que todo hombre, al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, se postre y adore la estatua de oro;
11 y el que no se postre y adore, sea echado dentro de un horno de fuego ardiendo.
12 Hay unos varones judíos, los cuales pusiste sobre los negocios de la provincia de Babilonia: Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos varones, oh rey, no te han respetado; no adoran tus dioses, ni adoran la estatua de oro que has levantado.
13 Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que trajesen a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Al instante fueron traídos estos varones delante del rey.
14 Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que vosotros no honráis a mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he levantado?
15 Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?
16 Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto.
17 He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará.
18 Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.
19 Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed-nego, y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado.
20 Y mandó a hombres muy vigorosos que tenía en su ejército, que atasen a Sadrac, Mesac y Abed-nego, para echarlos en el horno de fuego ardiendo.
21 Entonces estos varones fueron atados con sus mantos, sus calzas, sus turbantes y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo.
22 Y como la orden del rey era apremiante, y lo habían calentado mucho, la llama del fuego mató a aquellos que habían alzado a Sadrac, Mesac y Abed-nego.
23 Y estos tres varones, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo.
24 Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey.
25 Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses.
26 Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo, y dijo: Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, salid y venid. Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego.
27 Y se juntaron los sátrapas, los gobernadores, los capitanes y los consejeros del rey, para mirar a estos varones, cómo el fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado; sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olor de fuego tenían.
28 Entonces Nabucodonosor dijo: Bendito sea el Dios de ellos, de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en él, y que no cumplieron el edicto del rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios.
29 Por lo tanto, decreto que todo pueblo, nación o lengua que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa convertida en muladar; por cuanto no hay dios que pueda librar como éste.
30 Entonces el rey engrandeció a Sadrac, Mesac y Abed-nego en la provincia de Babilonia.

Y la toma de Jericó fue también increíble y sorprendente. Nos dice la Palabra durante siete días dieron vueltas alrededor de la ciudad los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas de cuerno de carnero, pasaron delante del arca de Jehová, y tocaron las bocinas; y el arca del pacto de Jehová los seguía. Y los hombres armados iban delante de los sacerdotes que tocaban las bocinas, y la retaguardia iba tras el arca, mientras las bocinas sonaban continuamente. Y el último día…

Josué 6: 20 Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron.

Pero ahora quisiera detenerme en Pedro. Pedro fue un apóstol singular. Era un hombre burdo pero con una mente ágil, visionario en cierta forma, e impulsivo.

¿Creía en Dios? Sí.
¿Creía que Jesús era Dios o el hijo de Dios? Sí.
¿Tenía fe? Claro que sí, y mucha fe, como vamos a ver ahorita, pero…

Mateo 14:22-33 
JESÚS CAMINA SOBRE EL AGUA
22 Después de esto, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca, para que cruzaran el lago antes que él y llegaran al otro lado mientras él despedía a la gente. 23 Cuando la hubo despedido, Jesús subió a un cerro, para orar a solas. Al llegar la noche, estaba allí él solo, 24 mientras la barca ya iba bastante lejos de tierra firme. Las olas azotaban la barca, porque tenían el viento en contra. 25 A la madrugada, Jesús fue hacia ellos caminando sobre el agua. 26 Cuando los discípulos lo vieron andar sobre el agua, se asustaron, y gritaron llenos de miedo:
—¡Es un fantasma!
27 Pero Jesús les habló, diciéndoles:
—¡Calma! ¡Soy yo: no tengan miedo!
28 Entonces Pedro le respondió:
—Señor, si eres tú, ordena que yo vaya hasta ti sobre el agua.
29 —Ven —dijo Jesús.
Pedro entonces bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua en dirección a Jesús. 30 Pero al notar la fuerza del viento, tuvo miedo; y como comenzaba a hundirse, gritó:
—¡Sálvame, Señor!
31 Al momento, Jesús lo tomó de la mano y le dijo:
—¡Qué poca fe tienes! ¿Por qué dudaste?
32 En cuanto subieron a la barca, se calmó el viento. 33 Entonces los que estaban en la barca se pusieron de rodillas delante de Jesús, y le dijeron:
—¡En verdad tú eres el Hijo de Dios!

Yo creo que Pedro tenía mucha más fe que muchos de nosotros. Y mucha más que sus compañeros. Nadie se atrevió a imitarlo. “Si eres tú, ordena”. El Señor sólo dijo: “Ven”. Y Pedro fue. ¿Usted se atrevería a dar un paso en el agua? Yo no.  Pedro dio varios. Dice el v.29: “empezó a caminar”. Y todo iba bien hasta que le pegó el viento y “tuvo miedo”. Es decir, su atención se desvió del Señor al viento y entonces…

¿Y si yo le dijera que el Señor lo llamó a usted y a mí a hacer hazañas como ésta o mayores y más increíbles, imposibles, que pensaría…?

Juan 14:9-14
Lo que les he dicho, no lo dije por mi propia cuenta. Yo sólo hago lo que el Padre quiere que haga. Él hace sus propias obras por medio de mí. 11 Créanme cuando les digo que mi Padre y yo somos uno solo. Y si no, al menos crean en mí por lo que hago. 12 Les aseguro que el que confía en mí hará lo mismo que yo hago. Y, como yo voy a donde está mi Padre, ustedes harán cosas todavía mayores de las que yo he hecho. 13 Yo haré todo lo que ustedes me pidan. De ese modo haré que la gente vea, a través de mí, el poder que tiene Dios el Padre. 14 Yo haré todo lo que ustedes me pidan.

Pero, ¿cuál es el secreto para hacer estas cosas imposibles? “El que confía en mí”.

Si revisamos el pasaje de Pedro, nos damos cuenta que su “error fue” haberse distraído con el viento, con las adversidades, y dejar de ver al Señor.

Dice Hebreos 12

12  Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,
2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
3 Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.

¿Sabían ustedes que no sabemos vivir confiando en Dios, es decir, con los ojos puestos en Jesús?

Confiamos en nosotros, en nuestros empleos, en los bancos, en el gobierno, en los familiares, en los amigos, en nuestra suerte… en nuestro dinero, en nuestras relaciones, en nuestro status, en nuestra inteligencia, en nuestros títulos, etc.
            El ser humano en general no sabe vivir teniendo a Dios como eje de su vida. Y lo malo es que los cristianos tampoco. Es nuestra fe, a veces, tan pequeñita como un átomo.
            ¿Cómo aprendemos a confiar en Dios, a mirarlo a él, a tener los ojos puestos en él? Simple: confiando. Pedro tuvo la gran oportunidad de aprender en ese caminar en el mar y no pudo, pero hubo muchos momentos en que finalmente aprendió.
            Estas circunstancias que he vivido me pusieron en un callejón. O confiaba en Dios o confiaba. Es decir, son las circunstancias adversas, las de callejón sin salida, las imposibles, las que nos permiten aprender a confiar en Dios.
            Nadie se sube a una bicicleta por primera vez creyendo que se va a caer. Nadie puede enfrentar “el valle de sombra de muerte sin temor alguno” sin tener miedo. Sólo es posible después de aprender a caminar con Dios, de hacerlo el centro de nuestra vida, que aprendemos a enfrentar las misiones imposibles y salir airoso.
            Yo aprendí a manejar cuando, desesperado en una fila del pesero, me dije: “Qué necesidad tengo de estar aquí si tengo auto”. Fui por el él y a partir de ese día manejé... Aunque choqué.
            Y si se fijan, es la misma pregunta que se hizo el hijo pródigo. (Lucas 17) Y volviendo en sí, dijo: !!Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.
            Es decir, qué necesidad… Y lo mismo podemos decir nosotros. Qué necesidad de vivir como un pagano, como un gentil, si soy el hijo de un rey.

Romanos 8: 38…
28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.
31 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?
32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
33 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.
34 ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.
35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?
36 Como está escrito:
    Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;
    Somos contados como ovejas de matadero.
37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,
39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

De ahí que Pedro nos dijera que tuviéramos sumo gozo cuando anduviéramos en diversas pruebas, pues la prueba de la fe…
            Hermano, usted está llamado a ser un héroe que enfrente misiones imposibles, pero lo que nos falta es entrenamiento, ese entrenamiento que nos dan las pruebas. A Josué Dios le dijo que se “esforzara y que fuera valiente”. Lo mismo nos dice ahora.

A Jeremías (1) le dijo:
4 Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo:
5 Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.
6 Y yo dije: !!Ah! !!ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño.
7 Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande.
8 No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová.
9 Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca.
10 Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar.
17 Tú, pues, ciñe tus lomos, levántate, y háblales todo cuanto te mande; no temas delante de ellos, para que no te haga yo quebrantar delante de ellos.
18 Porque he aquí que yo te he puesto en este día como ciudad fortificada, como columna de hierro, y como muro de bronce contra toda esta tierra, contra los reyes de Judá, sus príncipes, sus sacerdotes, y el pueblo de la tierra.
19 Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice Jehová, para librarte.

Y a Pedro, una vez pasado su examen doctoral, le dijo: “¿Me amas? Apacienta mis ovejas”. Que tarea más difícil. Hermanos, bienvenido al mundo de Dios, al mundo de lo imposible posible. “porque yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo”.

Qué Dios les bendiga.


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