Jeremías Ramírez
Las cartas que el apóstol Pablo le enviaba a las iglesias que él tenía alguna relación tenían como objetivo de que reconocieran lo que Dios había hecho en ellos, que recordaran y confirmaran lo que ya era propio de ellos como cristianos, y de esa forma combatir las enseñanzas torcidas de sus opositores, ya fuesen judaizantes o proto gnósticas, que empezaban a tomar forma en ese tiempo antes de que se convirtieran en un corpus filosófico que perdura hasta nuestros días.
En el caso de las cartas enviadas a los tesalonicenses tenían además el objetivo enseñarles con toda precisión lo relacionado con los eventos futuros, que los inquietaba y ponían en riesgo su fe; eventos tales como la segunda venida del Señor, que aborda específicamente en los capítulos 4 y 5 de la primera carta y en el inicio de la segunda.
En la primera carta, en el primer capítulo, les reconoce sus grandes avances espirituales. En el capítulo dos hay un cambio de los halagos e inicia con la defensa de sus ministerios en Tesalónica. Y los pone a ellos como testigos apelando a su memoria, de modo que da cuenta de su comportamiento subrayando como ejerció su ministerio en Tesalónica, todo ello con el fin de contrarrestar los ataques y difamaciones en su contra. A pesar de que ese era su objetivo, esta lista se puede ser usada como una estupenda guía para realizar el trabajo pastoral.
Antes de analizarla cabe señalar que esta lista no era una justificación, como en los discursos políticos, sino un resumen que les hiciera pensar y recordar a los creyentes de Tesalónica su conducta. Al inicio dice “porque vosotros mismos sabéis”.
Ministerio de Pablo en Tesalónica
1 Porque vosotros mismos sabéis, hermanos, que nuestra visita a vosotros no resultó vana;
2 pues habiendo antes padecido y sido ultrajados en Filipos, como sabéis, tuvimos denuedo en nuestro Dios para anunciaros el evangelio de Dios en medio de gran oposición.
3 Porque nuestra exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño,
4 sino que según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones.
5 Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis, ni encubrimos avaricia; Dios es testigo;
6 ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo.
7 Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos.
8 Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos.
9 Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios.
10 Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes;
11 así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros,
12 y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria.
Estos 12 versículos, repito, son una invaluable joya de enseñanza para quienes presiden una iglesia. Y cada día habría recordarla para buscar de esa manera servir a los hermanos de quienes somos responsable. Hagamos un resumen:
1. Trabajó con denuedo, es decir, con valor, energía y decisión.
2. Su trabajo no procedió de error, ni de impureza, ni fue por engaño.
3. Nunca usó palabras lisonjeras, ni encubrió avaricia.
4. Trabajó de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno.
5. Se comportó de manera santa, justa e irreprensible.
6. Exhortaba y consolaba como el padre a sus hijos, y
7. Se encargaba que anduvieran como es digno de Dios.
Quien preside una iglesia debería cuidar así a su grey: con entrega, esfuerzo, analizando que su motivación no haya rastro de error, impureza y engaño, ni usar palabras lisonjeras sino hablar con la verdad, apegado a las escrituras, y no aprovecharse económicamente de los hermanos, sino que hará que comportarse santa, justa e irreprensible y exhortar (es decir, orientar con autoridad) y consolar a los débiles, y encargarse de que su conducta fuera digna de Dios.
Si se trabajara así en la iglesia, se podría ver cómo florecería, como una planta fuerte y vigorosa, testimoniando con poder hacia los de afuera.
Pero pasemos al objetivo principal de esta lista: su defensa.
En el versículo 3 dice que “…nuestra exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño)”.
En esta frase hay tres acusaciones: Que su predicación era errónea, engañosa (que estaba encaminada a engañar a la gente), y que sus motivos eran impuros. La palabra que se usa aquí para impureza es akatharsía que tiene ver con la impureza sexual. Quizá malinterpretaban la costumbre de los cristianos el beso de la paz (1 Tesalonicenses 5:26) y hablaban de sus fiestas del amor. No le es difícil que una mente sucia lea en estas frases lo que no dice.
En el versículo 4 advertimos que lo acusaban de ser complaciente. Por ello escribe que él y los hermanos que siempre lo acompañaban fueron “…aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio”. No por hombre sino por Dios”. Y afirma: “…así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones”.
La palabra que se utiliza para adulación es kolakeía que siempre indica lo que se hace para sacar dinero. En la Iglesia primitiva había quienes trataban de sacarle partido a su cristianismo. El primer libro de orden eclesiástico que se llamó La Didajé o La Doctrina de los Doce Apóstoles, se dan algunas instrucciones. Por ejemplo: «Recibid al apóstol que vaya a visitaros como al Señor. Que se quede con vosotros un día, y, si es necesario, también el siguiente; pero si se queda tres días, es un falso profeta. Y cuando el apóstol se despida, no le deis más que pan hasta que llegue a su morada. Pero si pide dinero, es un falso profeta.» Y agrega varias indicaciones más al respecto que no es este el momento de revisar.
Pablo ni por asomo usó estas estratagemas engañosas. Su conducta, como podrián recordar los tesalonicenses, fue irreprochable.
Decían que Pablo buscaba la aprobación y la alabanza de la gente en vez de la de Dios. Probablemente aquello surgiría del hecho de que predicaba la libertad del Evangelio y de la gracia frente a la esclavitud del legalismo.
En el versículo 7 podemos deducir que a Pablo le acusaban de ser un dictador, pero su gentileza era la de un padre prudente. Su amor sabía ser firme. Para él, el amor cristiano no era una sensiblería; sabía que las personas necesitaban disciplina, no para castigarlas, sino para bien de sus almas. Es probable que acusaban también a Pablo de buscar la aprobación de la gente en vez de la de Dios, de quedar bien como los políticos. Y ello surgiría del hecho de que predicaba la libertad del Evangelio y de la gracia frente a la esclavitud del legalismo y cualquiera que predique el Evangelio del gozo encontrará calumniadores, que es exactamente lo que sucedió con Jesús, y con Pablo. Por eso escribe: “…fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones”.
Y en el versículo 13 les recuerda a los creyentes tesalónicos cómo fue su cuidado con ellos: “…santa, justa e irreprensible y, como un padre a sus hijos, exhortaba y consolaba y les encargaba que anduviesen como es digno de Dios, que los llamó a su reino y gloria”.
Esto es algo importante para todo cristiano: nuestra conducta en cualquier lugar: trabajo, reuniones sociales, relaciones familias y, hasta en la intimidad, debe ser DIGNA DE DIOS. Es decir, que podemos contestar si lo que hacemos lo haría Jesús. Si encontramos que no, hemos hallado algo que no es digno de Él. Y si “nos llamó a su reino y gloria”, significa que se requiere una conducta aprobada. Como Pablo le dice a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15)
Y les reconoce como recibieron la palabra:
13 Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.
Y esta manera de recibir la palabra como de Dios y no de hombres hizo que se lograran ser iguales, o similares, a la iglesia de Judea, pues habían enfrentado los mismos sufrimientos, indicador que iban bien, pues, afirma en la carta a Timoteo 3:10: “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución…”
14 Porque vosotros, hermanos, vinisteis a ser imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea; pues habéis padecido de los de vuestra propia nación las mismas cosas que ellas padecieron de los judíos,
15 los cuales mataron al Señor Jesús y a sus propios profetas, y a nosotros nos expulsaron; y no agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres,
16 impidiéndonos hablar a los gentiles para que éstos se salven; así colman ellos siempre la medida de sus pecados, pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo.
Ausencia de Pablo de la iglesia
Y ahora Pablo habla de su ausencia física, pero no espiritual y su enorme deseo de verlos personalmente; sin embargo, hubo un estorbo satánico.
17 Pero nosotros, hermanos, separados de vosotros por un poco de tiempo, de vista pero no de corazón, tanto más procuramos con mucho deseo ver vuestro rostro;
18 por lo cual quisimos ir a vosotros, yo Pablo, ciertamente, una y otra vez; pero Satanás nos estorbó.
Satanás le bloqueó en el camino cuando quería ir a Tesalónica. La palabra que usa (enkóptein) que es el término técnico para poner un bloque en medio de la carretera para impedir el paso de una expedición, táctica bélica usual en esos tiempos para detener o retrasar el avance de un ejército. La labor de Satanás consiste en poner obstáculos en el camino del cristiano, pero la nuestra debe ser vencerlos.
Y culmina este pasaje con un reconocimiento de qué significan para él los hermanos de Tesalónica:
19 Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida?
20 Vosotros sois nuestra gloria y gozo.
Dice que los tesalonicenses eran su corona. En griego hay dos palabras para corona. Una es diádéma, que se usa casi exclusivamente refiriéndose a la corona real.
La otra es stéfanos, que se utiliza casi exclusivamente para designar la corona del vencedor en alguna contienda deportiva.
Stéfanos es la palabra que usa aquí Pablo. El premio que apreciaba el apóstol en la vida era ver a sus convertidos vivir de acuerdo con el Evangelio.
La mayor gloria y gozo de una creyente está en las personas que haya ayudado en el camino de Cristo.
Nada que podamos hacer será un mérito ante Dios; pero al final, las estrellas en la corona de un siervo fiel serán los que haya guiado a Jesucristo: “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida”. Apocalipsis 3:10
De esta manera llegamos al final de este estudio. Espero en el Señor que sea de provecho para crecer más en el conocimiento de quien nos ha redimido y comprobar cuál es su buena agradable y perfecta.
Que el Señor les bendiga. No olviden que Él es bueno y para siempre es su misericordia. Él nos cuida de esta pandemia, pero esto nos exime de nuestra responsabilidad. Y si llegan a infectarse, acepten el hecho con humildad y aprovechen la circunstancia para que dejen que Dios trabaje con ustedes, “…pues la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna”, como está escrito en Santiago 1:3.
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