martes, 26 de julio de 2016

¿QUIERES UNA VIDA DE ÉXITO?


INTRODUCCIÓN

Desde hace algunos años ha proliferado las doctrinas sobre la autoayuda, con la promesa de alcanzar una vida de éxito. Al respecto se ofrecen cada día cursos, maestrías y una infinidad de libros inundan las librerías y los centros de autoservicio. Aunque no hayamos leído nada al respecto, algunos títulos de libros no son familiares porque aparecen expuestos en todas partes.

La autoayuda se define como: Ayuda que una persona se presta a sí misma, basada en técnicas de psicología efectiva y superación personal, para controlar la ansiedad, recuperar la autoestima, desarrollar la personalidad, lograr el éxito profesional, etc.

El propósito no parece malo, pues el hombre del siglo XX de pronto se siente perdido, vacío, sin sentido. La filosofía existencialista (cuyo máximo exponente fue el pensador francés Jean Paul Sartre) hizo un retrato fiel de la situación espiritual de la generación de posguerra, una generación desilusionada por los horrores de las grandes guerras. Aunque esta sensación de vacío parece ser indisociable del ser humano, pues un pasaje no dice que Jesús veía a esas masas que andaban detrás de él como “ovejas sin pastor”. Lo mismo veía Pablo en Atenas. Nos dice Hechos 17:16: “Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría”.

Fue en esa época de posguerras que surgieron estos temas, muchos de ellos emanados de las religiones orientales, tratando de dar respuesta a una necesidad humana de crear sentido, como dice el titulo del libro de Víctor Frankl: El hombre en busca de sentido, un psiquiatra que estuvo preso en los campos de concentración nazi.

Y se convirtió esto en un gran negocio por que, como dice el escritor Aldous Huxley: "No hay mayor negocio que vender a gente desesperada un producto que asegura eliminar la desesperación".

Un periodista español escribió sobre este tema:

LA VERDAD SOBRE LA AUTOAYUDA

“A lo largo de la última década se ha multiplicado exponencialmente el número de personas interesadas en conocerse mejor y potenciar su inteligencia emocional. Y como consecuencia directa ha emergido con fuerza un nuevo sector profesional: el de la autoayuda. Debido al malestar generalizado, no solo se ha puesto de moda, sino que se ha consolidado como un negocio muy lucrativo. Cada vez hay más espacios en los medios de comunicación orientados a dar cobertura a estas nuevas necesidades y motivaciones emergentes. Y en las librerías comerciales, esta sección ya ocupa una parte significativa. De hecho, están aflorando "expertos" en el tema por todas partes. Hoy en día, todo el mundo conoce lo que es el coaching, aunque muy pocos saben exactamente para qué sirve”.

EL PAÍS, Borja Vilaseca, 16 de octubre 2011

Y yo me pregunto ¿a todos ellos, qué les podemos decir ? O incluso, ¿cómo podemos nosotros mismos, cuando nos sentimos así, vacíos a pesar de faltar los domingos a la iglesia, cambiar nuestra situación?

Hace poco, al abrir mi Biblia, mientras oía de fondo el ruido de las olas del mar, mis ojos cayeron sobre el Salmo 1, y de súbito el mensaje me sacudió. Fue como darme cuenta de algo que durante mucho tiempo ha estado ahí y no lo había visto. ¿Cuántas veces he leído este Salmo? Muchas.

Quizá había en mí el eco de un consejo de Jorge Werber que aparece en su libro Plenitud de vida, en que dice que más que leer mucho había detenerse en los pasajes que está uno leyendo y meditarlos.

Creo que este consejo aplica a la lectura de Biblia. Leer muy despacio, como si bebiéramos un vaso de agua fresca, y nos detenemos a paladear cada trago.

Fue así que leí este Salmo y el Señor tuvo a bien revelarme un mensaje importante, un secreto importante, una revelación. Un mensaje poderoso para dotar de SENTIDO AL SER HUMANO. De verdadero sentido. 

SALMO 1
1. Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos,
Ni estuvo en camino de pecadores,
Ni en silla de escarnecedores (Que se burla de una persona de manera cruel y humillante) se ha sentado;
2 Sino que en la ley de Jehová está su delicia,
Y en su ley medita de día y de noche.

Qué nos dice este maravilloso Salmo. Leído superficialmente como yo lo leía, algo que teóricamente ya sabemos. Muchos sabemos de esa forma que la fuente confiable y verdadera para darle sentido a la vida humana está en nuestra relación con Dios y en sus enseñanzas, aunque en la práctica no lo hayamos descubierto.

Algunas versiones traducen VARON como Persona. Entonces leeríamos que toda aquella persona que no oye el consejo de malos (esas vocecillas que nos invitan a aprovechar el momento para nuestro deleite), que no hace lo que todos hacen (transar cuando hay oportunidad, por ejemplo),  ni tampoco se reúne, hace complicidad, con los que burlaban de manera cruel y humillante de los demás, ni se deleita con ellos en estas cosas, sino que en la LEY DE JEHOVÁ, es decir, en la palabra de Dios, en las enseñanzas del Señor, está su delicia… este, nos dice, es BIENAVENTURADO. Es decir, feliz, afortunado, muy afortunado. Su vida es entonces una maravilla, está resuelta para bien, aunque tenga dificultades, estas no lo apachurran, lo medran. Incluso puede cantar en las peores circunstancias, como Pablo en la cárcel de Filipo.

Me llama la atención una palabra que creo es la clave de esta bienaventuranza: la palabra DELICIA. Esto es más que un acto mecánico, un acto obligado, un mero cumplir, sino algo que hacemos con mucho gusto, como cuando vamos a la playa o a un día de campo con amigos, familiares o hermanos… Allí encontramos nuestra DELICIA, es algo muy grato.

Nos dice el Salmo que es bienaventurada la persona que con esta actitud abre la palabra de Dios y al leerla es como si probara un bocado de un pastel riquísimo, una extraordinaria cucharada de miel. Y lo mismo encontraría haciendo la voluntad de Dios, un deleite supremo.

Sin embargo, confesemos que muchas veces leemos la Biblia como los niños cuando hacen la tarea y quieren ir a jugar o ver la televisión. Nosotros, cuando empezamos a leer la Biblia nos da sueño, y a duras penas logramos leer un capítulo y cerramos de inmediato diciéndonos “ bueno, ya cumplí”. Tenemos que admitir que NO es un deleite. Otras veces, simplemente nos olvidamos de la Biblia y la abrimos hasta que llegamos a la iglesia. Un manjar guardado en el refrigerador no lo dejamos hasta el domingo. Tan pronto llegamos a casa, nos lo devoramos.

Nos es más deleitoso un programa de televisión, una película, un espectáculo, un partido de futbol… eso que definimos con el genérico, “gustos”. Asimismo, darle gusto al pecado que como fruta prohibida se nos presenta como un fruto apetitoso. Nadie pecaría si este tuviese un aspecto desagradable.

Muchas veces la Biblia tiene el sabor como de una medicina, buena, pero nada agradable. Y lo mismo, obedecer sus ordenanzas como perdonar, amar a los enemigos, poner la otra mejilla, etc.

En contraste, leemos esto en los Salmos:

En el Salmo 119:103:
!!Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.

Y en el Salmo 19: 8-10
Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón;
El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.
El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre;
Los juicios de Jehová son verdad, todos justos.
Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado;
Y dulces más que miel, y que la que destila del panal.

Pero, ¿cómo hacer que su palabra y la obediencia a la palabra sea una experiencia dulce, deliciosa, gratificante?

La única vía es la experimentación. Primero, hay que conocer sus mandamientos y luego aplicarlos. De esta forma iremos comprobando que es realmente deleitosa. Para saber si alguna fruta o platillo es delicioso, hay que probarlo. Y algunas circunstancias son muy favorables para encontrar el deleite de la palabra.

¿Saben cuándo nos saben mejor los alimentos?... Cuando estamos hambrientos. Y el agua es más rica cuando estamos sumamente sedientos. Por eso para el Salmista era dulce la ley de Dios pues en un pasaje nos dice como buscaba a Dios (Salmo 42:1) “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía.”

Pensemos en estas experiencias: ¿A qué le supo la revelación del evangelio al carcelero de Filipo? Seguramente para él fue algo maravilloso. Lo mismo para el Etíope. No entendía nada. Felipe le revela el sentido y él eunuco se convierte y pide con alegría seguramente ser bautizado. Para los discípulos que iban en el camino de Emmaús nos dice que “Ardía su corazón”, seguramente de una manera grata y hermosa, cuando el Señor se las iba explicando.

Cuando abrimos nuestra vida, nuestro corazón plenamente para recibir esta palabra, es entonces que descubrimos su belleza y su dulzura. Es una de las experiencias más importantes en la vida del hombre. CS Lewis la descubrió una noche de angustia y entregó su vida al Señor. Hace poco vi la historia de un hombre que recibe un recado de una joven en un aeropuerto y exclama, poco después en una sesión de un grupo de AA que esta joven, casi niña, le vino a revelar un mensaje que ha limpiado su alma y recita las palabras del evangelio: “De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza (Mateo 21:16). Para él fue muy dulce esta revelación.

Entonces, para aquella persona que la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche el resultado es este:

3 Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,
Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae;
Y todo lo que hace, prosperará.

¿Cómo es un árbol plantado junto a las agua? Es un árbol que tiene asegurada su supervivencia. Una página de internet sobre botánica nos dice:

Para comprender la importancia que el agua tiene para las plantas podemos observar el tipo de vegetación existente en zonas con abundante precipitaciones y el tipo de vegetación existente en zonas con pocas precipitaciones. Veremos que a medida que la presencia de agua disminuye, lo mismo sucede con la vegetación.

... de Importancia: http://www.importancia.org/agua-para-las-plantas.php

Así son los que se deleitan leyendo y haciendo la voluntad de Dios. Directamente del cielo reciben la savia divina, esa agua que Jesús le dijo a la Samaritana que nunca más tendría sed.

Un árbol sin agua morirá irremediablemente tarde o temprano. El ser humano, sin Dios, igualmente perece espiritualmente. En el evangelio del Juan 15:5 el Señor usa una metáfora poderosa: La vid y los pámpanos. Dice: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto” Y remata: “…porque separados de mí nada podéis hacer”.

Y este mismo pasaje nos deja en claro cuál es el riesgo de creer a la ideología de la autoayuda:

Repasemos el concepto:
 Ayuda que una persona se presta a sí misma, basada en técnicas de psicología efectiva y superación personal, para controlar la ansiedad, recuperar la autoestima, desarrollar la personalidad, lograr el éxito profesional…”

Y la pregunta que surge es: ¿Podemos ayudarnos nosotros a nosotros mismos? ¿Podemos salvarnos a nosotros mismos? Ellos dicen que sí. Pero ¿cómo aceptar esto como verdadero si somos los humanos maestros consumados en el autoengaño?

1El autoengaño.
“Son mentiras que nos decimos a nosotros mismos para no pensar en las consecuencias ni en la responsabilidad de ciertos hechos por nosotros mismos hemos causado.  Por ejemplo: “La gente en esta oficina si es envidiosa, cada rato me critican”, y va uno a ver en el fondo, es que es un mal trabajador, llega tarde, y además hace las cosas a medias.  No hay nadie que acepte para sí mismo que es un mal trabajador, generalmente está convencido de que él es la víctima.  Miremos otro ejemplo: “Juan, que pasa, hace días que le dije que necesitaba eso rápido”.  A lo que Juan en vez de pensar que se ha demorado haciendo el trabajo, sencillamente piensa para sí mismo que el patrón es un explotador.

Fuente: http://www.descubresubconsciente.com/2010/04/que-es-la-mascara-de-la-personalidad.html#sthash.Q3ZI1Aj5.dpuf

Esta inclinación generalizada del ser humano ya la había declarado contundentemente el profeta Jeremías:

En jeremías 17: 9
Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?
10 Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.

No, nosotros no podemos ayudarnos a nosotros mismos. Es cierto que una actitud positiva puede darnos un sesgo de honestidad, de sinceridad, y evitar así muchos problemas, pero pronto descubrimos que hay límites, que no podemos llegar a fondo. Hay ahí, en el fondo, algo imposible de quitar, un cochambre imposible de arrancar.

Salmo 19:12
¿Quién podrá entender sus propios errores?
Líbrame de los que me son ocultos.

El riesgo de las teorías de la autoayuda es que nos llevan a un naufragio inminente. En el mejor de los casos podemos darnos cuenta que no nos podemos ayudar. Y este momento de oro es cuando podemos exclamar como en el Salmo 51:1-10:

1 Ten piedad de mí, oh Dios…
2 Lávame más y más de mi maldad,
Y límpiame de mi pecado.
3 Porque yo reconozco mis rebeliones,
Y mi pecado está siempre delante de mí.
4 Contra ti, contra ti solo he pecado,
Y he hecho lo malo delante de tus ojos;
5 He aquí, en maldad he sido formado,
Y en pecado me concibió mi madre.
7 Purifícame con hisopo, y seré limpio;
Lávame, y seré más blanco que la nieve.
8 Hazme oír gozo y alegría,
Y se recrearán los huesos que has abatido.
9 Esconde tu rostro de mis pecados,
Y borra todas mis maldades.
10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,
Y renueva un espíritu recto dentro de mí.


Estas teorías entonces nos engañan diciendo que nosotros mismos podemos ser nuestros salvadores. Es como decirle a quien no sabe nadar que confíe en sí mismo. Por ello frente a muchas playas hay unos jóvenes montados en casetas observando el mar.  Tan pronto, alguien, con exceso de autoconfianza va más allEsta misma ano orir. con exceso de autoconfianza va mien no sabe nadar que confositiva nos puede evitar muchos problemas, un sesá de sus límites y pronto estará en riesgo de morir.

En la Biblia tenemos muchos ejemplos de las dos situaciones. Tratando de hacer las cosas sin Dios y con Él.
1.     Moisés antes del llamado (fracaso) y después de la zarza ardiente;
2.     Pablo persiguiendo a los Cristianos (fracaso) y después del camino de Damasco;
3.     Pedro durante la vida del Señor (hundimiento en las aguas y negación) y después de Pentecostés…

Cualquier atleta olímpico sabe que hay límites, aunque se rompan los records olímpico con frecuencia. El hombre no puede sobre ponerse por sí mismo al pecado. Pablo lo decía con claridad en Romanos 7:19: “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago”.

Quisiera terminar con este pasaje del profeta Jeremías:

Jeremías 17:7-8
Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.
Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.

Seamos pues árboles a la orilla del Río de Agua viva. Este es el secreto de una vida de éxito, de éxito espiritual, de éxito social, de éxito existencial.

El Señor les bendiga y les guarde.

miércoles, 13 de julio de 2016

PARANOIA REVERTIDA



Ante los hechos funestos que suceden en el mundo y en México, yo he pasado por severas crisis de miedo. Y sin darme cuenta se me ha vuelto una paranoia, pese a que cada vez más busco al Dios y a su reino. Pero, ¿cómo vencer este miedo irracional? ¿Debo ir al psicólogo? Y este miedo ha hecho que sin darme cuenta todas mis acciones a su derredor. Camino por las calles eligiendo los sitios seguros, compro sólo en sitios que verifico son seguros, no voy a hoteles que me parecen poco fiables, ni siquiera asisto a ciertas actividades porque pienso que hay algún riesgo.
    Leyendo en el Pan Diario encontré una dura respuesta de Dios a este problema. Dice en el fragmento que me sacudió: “Una persona realmente paranoica organiza su vida alrededor de una perspectiva común del miedo. Todo lo que sucede alimenta ese temor. La fe obra de manera inversa. Una persona con fe planifica su vida alrededor de una perspectiva común de la confianza; no del miedo”.*
    De modo que, concluye al autor de esta meditación, con una nueva definición de fe: La fe es “paranoia invertida”. Y remata: “Si alimentas tu fe, tus temores morirán de hambre”. ¡¡¡Gloria a Dios!!!

*Lectura correspondiente al 14 de julio de 2016.

UN VIAJE PROMETEDOR DE PABLO


 ¿Qué haría usted si en su próximo viaje le dijeran que a dónde va le esperan problemas y prisión? ¿Iría? Seguramente no. Nadie quiere tener problemas.

Cuando yo viajo a algún lugar trato de investigar lo más posible para prevenir cualquier problema por nimio que sea. Hace poco me acorde del apóstol Pablo que cuando iba a ir a Jerusalén le advirtieron que allí no le esperaba un hotel de 5 estrellas, sino que le esperaban muchos problemas y tormentos. Él contestó categórico,:

Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer; salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones. Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.
HECHOS 20: 22-24

En nuestro próximo viaje pensemos en esto y vayamos sin temor, sobre todo si el viaje tiene como fin extender el evangelio.

martes, 12 de julio de 2016

HUMILDAD VERSUS SOBERBIA



Bueno me es haber sido humillado para que aprenda tus estatutos
Salmos 119: 71

DEFINICIONES:

Humildad:
Es la característica que define a una persona modesta, alguien que no se cree mejor o más importante que los demás en ningún aspecto. Es la ausencia de soberbia.

Consiste, no en rebajarse de la propia condición, sino en reconocer lo que somos, nuestra limitación esencial, los propios límites, circunstancia que, según la moderna psicología, es el fundamento indispensable del equilibrio psíquico y la madurez humana.

Soberbia (Del latín superbĭa)
La soberbia es definida por la Real Academia Española (RAE) como el apetito desordenado de ser preferido a otros. El concepto puede asociarse a la altivez, el engreimiento, la presunción y la petulancia. La soberbia implica la satisfacción excesiva por la contemplación propia, menospreciando a los demás. El soberbio se siente mejor y más importante que el prójimo, a quien minimiza de forma constante. Por eso se comporta de manera arrogante y suele generar rechazo entre el resto de la gente.


Por eso dice Proverbios:
Proverbios 11:2
“Cuando llega la soberbia,  llega también la deshonra…”

Y reafirma:
Proverbios 16: 18
“Antes del quebranto está a soberbia…”

En cambio la humildad puede generar esta actitud:
Proverbios 12:23
“El hombre cuerdo encubre su saber…”

Proverbios 16: 19
“Mejor es humillar el espíritu con los humildes que repartir el botín con los soberbios”.

La humildad es bien vista por el Señor:
Salmos 51:17
“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”.

Lucas 22: 24-28 “… y el que dirige como el que sirve”

Y la advertencia de Dios es contundente:
Mateo 23:12
Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

1P 1:6
“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que el os exalte a su debido tiempo”

La humildad, siguiendo uno de los conceptos que se mencionó al principio, es el reconocimiento de nuestros límites, es decir, de nuestras capacidades, pero también de nuestra ignorancia, de nuestra impotencia, de nuestra dependencia a muchas cosas. Dependemos de muchos para vivir y es un gesto de humildad reconocer esta dependencia. Nadie es absolutamente independiente.

Dice el apóstol Pablo una definición de humildad que me gusta mucho:
Romanos 12:3
Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”.

La fe es pues el fiel de la balanza.

En este sentido podemos decir,
Marcos 9:24 “Creo, ayuda a mi incredulidad”.
O
Filipenses 4:13
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

O:
Mateo 14:30
“Señor, sálvame”

Dijo Pedro cuando se hundía al caminar en el agua

O
Hechos 3: 6
“No tengo oro ni plata pero lo que tengo te doy: en el nombre…”

Somos poderosos, si Dios opera en nosotros; somos vulnerables, débiles, medrosos, si somos nosotros en quien confiamos.

Salmo 23
“Aunque ande en sombra de valle de muerte no temeré mal alguno porque tú estarás conmigo”

Y regresamos al versículo inicial:

“Bueno me es haber sido humillado para que aprenda tus estatutos”
Salmos 119: 71

¿Hemos sido humillados por cualquier circunstancia? Que eso nos empuje a buscar más al Señor, a crecer en fe, en dependencia de él para que podamos decir: “Cristo vive en mí”. Pablo pudo hacer grandes empresas, enfrentar retos difíciles, sentencias de muerte y cárcel, gracias a que Cristo vivía en el y era su fortaleza.

Lutero compuso su himno “Castillo fuerte”, basado en los Salmos 18:2, 91:2, 144:2, 31:3. “Porque tu eres mi roca y mi castillo.

Un maestro de la humildad que prendió en la más prestigiosa universidad fue José (Génesis 37):
·      Rechazo de sus hermanos (primaria)
·      Vendido por sus hermanos (secundaria)
·      Esclavo de Potifar (preparatoria)
·      Reo del imperio egipcio (universidad)
·      Titulación con honores: Consejero del Faraón.

Génesis 41:16
“No está en mí; Dios será el que de respuesta propicia a Faraón”.

Génesis 41:46
“Era José de edad de 30 años cuando fue presentado delante del faraón”.

Preguntas
¿Cuántos años estuvo en su duro entrenamiento? Quizá 20 ó 15.
¿Cómo fue capaz de gobernar si gran parte de su vida fue esclavo (mayordomo porque Potifar vio que Jehová estaba con él Génesis 39:3) y reo.

No nos sintamos despreciados de Dios si somos humillados, y más cuando sea por nuestra soberbia. Usemos esos momentos para ponernos en orden con el Señor.

Salmos 119: 71
 “Bueno me es haber sido humillado para que aprenda tus estatutos”

lunes, 11 de julio de 2016

LA IMPORTANCIA DEL AMOR DE CRISTO EN NUESTRA VIDA




Dice Romanos 8:39 que “…ni ninguna otra cosa creada nos podrá SEPARAR del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”

No dice que nada malo nos vaya suceder, ni que ya no pasaremos penurias, ni tampoco que la vida será más fácil, sólo que ni potencias terrenas o celestes, catástrofes o problemas, graves enfermedades ni lo muy grande o muy profundo o lo muy ancho nos va a separar de su amor.

Esto me lleva a una pregunta ¿Por qué es tan importante el amor de Cristo? ¿Por qué el amor de Cristo hacia nosotros es puesto como el eje en esta Carta?

Primero entendamos qué es el amor. Si nuestros padres nos aman nada nos va a faltar, cuidarán de nosotros, nos alimentarán, procurarán un techo y un abrigo, la mejor educación. Si no nos aman, como sucede con muchos niños, entonces seremos abandonados, maltratados, olvidados. O como los romanos, sin reconocimiento de un padre, sumiendo al niño en la desgracia.

Lo mismo sucede con una pareja. Si el esposo ama a su esposa, hará todo lo posible para darle todo lo que necesita, además de cuidado, protección, compañía, consuelo, escucha, etc.

Y en el plano que lo pongamos, vemos el mismo fenómeno ya sea entre amigos, entre hermanos, entre compañeros de trabajo. Podríamos aseverar que el mundo se mueve para bien gracias al amor. El amor de un médico a sus pacientes, un maestro a sus alumno (el gran educador brasileño Paulo Freire decía que la enseñanza es un acto de amor), un comerciante hacia sus clientes, un patrón hacia sus obreros. Es decir, si cualquier relación humana tiene como fundamento de unión el amor, todo fluye y hay armonía. Todo se pervierte cuando lo que liga esa unión es cualquier otra cosa. Entonces el otro es simplemente un objeto de explotación y engaño.

Y es tan importante el amor o sentirnos amados que los seres humanos hacen muchas cosas para lograr ser amado. Decía un escritor que todo su trabajo lo hacía para ser amado. Los artistas, si no reciben el aplauso, se sienten triste, su público ya no los quiere, y es como una droga esta necesidad de sentirnos amados, aunque nosotros nos hayamos hecho incapaces de amar.


¿Quién es Cristo?

Nos dice la Biblia que Cristo no sólo fue un ser humano extraordinario, un gran profeta (como muchos judíos creían), que vivió en un tiempo determinado, en un país del medio oriente, sino que Él es el responsable de la creación y del equilibrio del mundo, es decir, de que salga el sol, de que las plantas den frutos, de que haya aire respirable, es decir, de su frágil equilibrio. Veamos que nos dice Colosenses.

Colosenses 1:
15 El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.
16 Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.
17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;

Pero además, dado que el pecado, es decir, esa enfermedad que tortura a la humanidad no era posible que el hombre hubiese podido paliar sus efectos a través de obedecer fielmente una norma, una ley, que de seguirla en ser humano encontraría equilibrio y salud. Sin embargo, debido a la debilidad e incapacidad humana era imposible de alcanzar, él vino a la tierra y dio su vida para hacernos capaces de vivir sin el yugo terrible del pecado al sujetarnos a “La ley del Espíritu”.

Romanos 5: 8
Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Este sacrificio trajo, como dice Romanos, una ley a la cual el ser humano puede acogerse y encontrar salvación a la lepra del pecado. Esta ley es la Ley del espíritu. Y todo ello, simplemente, porque amó de tal manera al mundo que dio su vida por todos, dejando pues la puerta a para todo aquel quien el crea tenga vida eterna, es decir, es la fe la que permite que la ley del espíritu entre en nuestra humanidad y nos devuelva la vida.

Es decir, Cristo es el responsable de la creación y del equilibrio de todo lo que existe, incluyendo a las moscas y a los gusanos y de que su poder y delicadeza entre en el ser humano y le de una vida nueva… y concluida la existencia en este planeta, lo dote de un cuerpo nuevo apropiado para vivir en una circunstancia diferente, en un mundo diferente, el nuevo mundo de Dios.

Llegar a esta nueva existencia depende de su amor. Por ello es tan importante no estar separados de su amor. Y Pablo nos asevera que nada nos puede separar de su amor una vez que estamos ligados a él, ni nosotros mismos.

A dónde sea que vayamos, el va con nosotros y a través de su espíritu nos guía y redarguye. No dejemos que tarde en curarnos.

¿Y si nos dejamos curar?
Mi pequeña traía un problema en su pie. Y cuando nosotros o los médicos querían curarla, simplemente no se dejaba. Tuvimos que emplear métodos rudos para lograrlo.

Así pasa cuando nuestro Señor no puede darnos paz, descanso, vigor, armonía, pues no nos dejamos curar. Y hay veces que entonces emplea métodos rudos, y es sólo cuando estamos en problemas graves que clamamos a él. Y ahora sí dejamos que tome las cosas en sus manos.

Pero qué necesidad de llegar a tales extremos. Hermano, ahora, ahora es el momento de humillarnos bajo su poderosa mano y que en un proceso a veces lento de rehabilitación vaya enderezando nuestros pies torcidos…


domingo, 22 de mayo de 2016

PARA VIVIR EN EL ESPÍRITU


Estudio sobre Romanos 8

La segunda parte del capítulo siete de la Carta de Pablo a los Romanos versa sobre una poderosa ley que opera en los seres humanos que contraviene las buenas intenciones de vivir ajenos a la maldad. Esta ley o fuerza el apóstol Pablo la denomina “Ley del pecado y de la muerte”. El ser humano está sujeto a esta ley y no hay, ni en la autodisciplina ni en las religiones la manera de librarse de esta ley. Sólo hay una posibilidad: vivir en el Espíritu de Dios, quien, bajo esa circunstancia, entra operación otra ley, la Ley del Espíritu que nos libera de la otra Ley.

1. Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Este pasaje nos dice que hay dos formas de vivir la vida: siguiendo la lógica de los deseos y pasiones personales y siguiendo la voluntad de Dios.
De modo que podemos afirmar: “Los que están, andan”.

El Señor dijo: …por su frutos los conoceréis. (Mateo 7:20). Es decir, si ando el espíritu, mi andar, mi conducta, lo que digo y hago, se ciñen a su voluntad.

2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

Ahora bien, existen dos leyes, es decir, dos fuerzas que gobiernan al ser humano: La del espíritu y la del Pecado y la muerte. Cuando la muerte entró por la desobediencia de Adán y Eva, entro esa fuerza, esa ley, contra la cual algunos luchas desde su filosofía o desde alguna religión, sin resultados más que parciales, como los de doble AA, etc.

Pero la Ley del espíritu es la fuerza que viene de Dios. Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí (Gálatas 2:20).

Y es mucho más poderosa que la otra ley. Es como la fuerza de un avión que vence la fuerza de la carne y nos permite vencer aquellas cosas que nos han hecho sufrir: vicios, lascivia, alcoholismo, mentira, etc.

3 Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; (4) para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Lo que era imposible, fue posible por medio de Cristo. Este fue el propósito de que haya venido a la tierra: a liberar a la humanidad de su maldad y de la muerte. Y de esa forma que el ser humano alcanzara lo IMPOSIBLE, lo que nunca había logrado. Andar conforme al espíritu nos permite vivir al margen del yugo pecado.

Ahora bien, vivir así no es cosa simple. Si dejamos de poner los ojos en Jesús, nos volvemos a hundir, como Pedro cuando caminaba sobre el agua. Podemos decir, entre más andamos en el espíritu, menos andaremos en la carne. Es una relación inversamente proporcional. Cuando la balanza se inclina hacia el Espíritu, es lo que podríamos llamar “madurez espiritual”.

5 Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.

Quizá muchos pueden simular que andan en el Espíritu, que son muy santos, diríamos en forma popular, pero por dentro. Por ello, alguien que anda en la carne, puede aparentar, pero su mente lo delata: su contenido mental estará de la lógica de la carne, es decir, de los valore de esta sociedad: dinero, logro, placer, poder, etc.
Pero quienes están en el Espíritu, sus pensamientos inevitablemente estarán enfocados en “todo lo bueno dice Pablo, en esto pensad.

Es decir, en todo aquello que haga bien a alguien. El buen samaritano cuando vio al hombre herido, sus pensamientos fueron de bondad, de ayuda, de empatía con el herido. No así los pensamientos de los sacerdotes.

6 Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.

Aquí podríamos decir que el inicio de una ocupación está en la cabeza. Parafraseando al filósofo francés Descartes, “pienso luego hago”. Los que se ocupan de la carne, nos dice Génesis 6:5, piensan en el mal: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”.

En Miqueas 2:1 leemos: !!Ay de los que en sus camas piensan iniquidad y maquinan el mal, y cuando llega la mañana lo ejecutan, porque tienen en su mano el poder!

Pero el que se ocupa del espíritu, son bienaventurados porque piensan bien: Bienaventurado el que piensa en el pobre; En el día malo lo librará Jehová (Salmos 41:1).

Miqueas 6:8: “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios”.

7 Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; 8 y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.

A la luz de lo que hemos analizado anteriormente, se entiende con claridad el por qué de esta enemistad.

9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.

Si no tenemos al Espíritu de Cristo, entonces seguimos siendo esclavos de la otra ley, la del pecado y de la muerte.

Pero, ¿qué es tener en el Espíritu? Es vital saber que no basta decir hacer el bien, asistir a la iglesia con regularidad, leer de vez en cuando la Biblia, intentar portarse bien… Nada de eso nos hace vivir en el espíritu.

El Señor a Nicodemo, Os es necesario nacer de nuevo…” ¿Y cómo nacer de nuevo? La verdad es muy fácil, pero al mismo tiempo difícil. Nos dice el evangelio de Juan: “A todos los que le recibieron les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”.

Y Ef 1:13 "En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa". Ya se tiene el Espíritu.

Sin embargo, para llegar a este punto es tan difícil. En Pablo fue un encontronazo, pero en otros, es un proceso largo. Y muchos, nunca dan su brazo a torcer, empecinados en su forma de vivir habitual y se niegan a “Nacer de nuevo”.

Vean que no basta observar la ley en su forma ritual. El joven rico creía que hacia la voluntad de Dios, pero el Señor le dijo: “Vende  todo lo que tienes…”. A otros les dijo: “Deja que los muertos entierren a sus muertes y sígueme”. Pero quizá la ordenanza más dramática es esta (Mateo 16:24): “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”. Eso es nacer de nuevo, dejándolo todo… le siguieron.

Negarse a sí mismo es renunciar a todo, renunciar a nuestras prioridades habituales, a nuestro modo de vida, en suma, vender o repudiar todo lo que tenemos. Pablo aseveró en Filipenses 3:8-9: “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida (basura) por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; …”

Si no estamos dispuestos a renunciar completamente al pecado, es decir, a nuestro cómodo estilo de vida, no es posible que se aplique en mi vida “la justicia que es de Dios por la fe…” Eso lo que el Señor le dijo a Nicodemo: “Es necesario nacer de nuevo”. 

Ahora bien, tomar la cruz no es aguantar las dificultades de la vida, como muchas veces hemos interpretado este pasaje, sino formarnos en la misma fila detrás del Señor para ser sacrificados. Tomar el instrumento para ser sacrificados. Eso significaba LA CRUZ a los que lo oyeron en aquel tiempo. La cruz era el símbolo de los condenados a muerte. Y hoy significa lo mismo: estar dispuesto a todo por amor de su nombre, como lo fueron y siguen siendo y haciendo los mártires que fueron devorados por los leones.

Y una vez que hayamos puesto la cruz en nuestros hombros, hay que seguirlo, puestos siempre los ojos en el autor y consumador de la fe.

Ahora bien, una vez que hemos nacido de nuevo, ya estamos bajo la soberanía de Dios, es decir, estamos bajo su órdenes en forma plena, hemos pasado del viejo régimen al nuevo.

Y eso simboliza el bautismo: morir para nacer, morir al pecado, a la otra vida.

Volvamos a Nicodemo. Él era un hombre sumamente religioso; era un rico fariseo, maestro en Israel y miembro del Sanedrín y, por ende, preocupado por cumplir la ley, por lo que deducimos, se portaba bien, daba sus diezmos, observaba el sábado, las fiestas. No era un malhechor. Y fue precisamente a él al que le dice “Tienes que nacer de nuevo”.

Leamos el pasaje: (Juan 3:1-10)
“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. 2 Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. (¿A qué fue?)
3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.
4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?
5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu,[a] espíritu es. 7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. 8 El viento[b] sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.
9 Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto?
10 Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?

El encuentro con Cristo, cuando es de verdad, hay una reacción: la condición pecadora del hombre queda al descubierto.

Lucas 5:8
Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.

Hechos 9: 3-6
3 Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo;
4 y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
5 El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.
6 El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga?

10 Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia.

Si Cristo está en nosotros… He aquí la clave para resolver el terrible enigma existencial del ser humano, su destino, su sentido, la muerte física… La barrera ignota y temible de la muerte pierde sentido.

1ª. Corintios 15: 55 ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?

11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

“Aunque ande en valle de sombra de muerte…” Este elemento comparativo es tremendo. La fuerza que puede derrotar al pecado y a la muerte es esa misma fuerza poderosísima que levantó a Cristo de la muerte. Esta muerte que se ha convertido en el hecho incuestionable que le da fundamento a la fe y a tantas cosas hermosas que hombres resucitados espiritualmente han hecho: enfrentado leones, cambiado imperios, transformado culturas, inaugurados obras humanitarias, cambiado leyes, mejorado las condiciones de millones de personas… Ese es el poder que nos puede transformar, si permitimos que nos gobierne el espíritu de Dios.

12 Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; 13 porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. 14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

Los que son guiados por el Espíritu de Dios son HIJOS DE DIOS.  Ser hijo de Dios entonces no es sólo un nombramiento sino una transformación que nos eleva encima de las leyes del pecado, que nos libra de la muerte y que nos hace vivir de una forma extraordinaria. Pero no experimentamos esto en la vida cotidiana, algo anda mal. O no tenemos el Espíritu de Dios o hemos tomado nosotros el control de nuestra vida relegando a Dios a “momentos de emergencia”. Si Él gobierna, todas nuestras decisiones (esa es nuestra libertad) siempre será de beneficio personal y de beneficio para el prójimo. ¿Se imaginan que mundo sería este en el que todos los cristianos fuesen un tremenda fuerza del bien?

15 Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: !!Abba, Padre!

La invitación aquí de Pablo es a asumir la plenitud del Espíritu para enfrentarnos al pecado y a las fuerzas que lo promueven: los valores, la sociedad, las transacciones, los malos amigos, las mujeres que nos tientan, las ofertas de negocios suculentos pero turbios, etc.  Y obtener la victoria.

16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Ah, una prueba contundente para que no quede duda.

Una manera de comprobar que el espíritu de Dios está en nosotros es permitiéndole que nos gobierne, es decir, que bajo su poder hagamos el bien. Y de esa forma podremos confirmar que el espíritu mora en nosotros. ¿Que no puedo? Oro. Y me lanzo a la tarea imposible y podré ver entonces actuando el poder de Dios.

17 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

En este punto el apóstol cambia el discurso e introduce un nuevo tema: el sufrimiento. Pero no como un fenómeno aislado o ajeno, sino más bien como resultado normal de quien va a contracorriente, es decir, obedeciendo a una ley que se contrapone a otra: la del Espíritu que se contrapone a la del pecado y la muerte, y en cuyo choque los hijos de Dios (nosotros) reciben golpes, los cuales, como buen soldado de Jesucristo, debe aguantar y aceptar como algo propio de esta lucha. (2ª. Timoteo 2:3) “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo”.

18 Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Hay veces que las aflicciones y los problemas nos hacen pensar si realmente Cristo está con nosotros, si somos sus hijos, incluso nos hacen dudar de su existencia. He ahí porque introduce el tema. Parece que no viene a cuento, pero sí. Pero es mucho más segura la “gloria venidera”. Con esto en mente, habrá que pelear la buena batalla.

19 Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

Y la situación actual de sufrimiento no es un hecho aislado sino una generalización que va más allá del espectro humano, para ser contagiada la creación entera. Las secuelas del pecado no sólo deja huellas en el ser humano sino hasta en la naturaleza. Hoy estas huellas de violencia son harto evidente: saqueo, sobreexplotación, contaminación, devastación, etc.

20 Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; 21 porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Sí, también la creación gozará de estar libre del yugo del pecado. Nadie más la va a agredir más. La ambición del hombre (su pecado de avaricia) cesará y ya no lo impulsará a talar bosques, contaminar agua, suelo, etc.

22 Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;

Pero por lo pronto, gime, se duele, llora lágrimas de ceniza.

23 y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.

Y por supuesto, el ser humano particularmente aquel que significa la redención, que sabe qué es lo que espera. Es quien más se lamenta anhelando ya estar, donde es mucho mejor que en esta vida. ¿Hasta cuando Señor? Decían los mártires en el apocalipsis. Y este libro cierra con una frase impactante Apocalipsis 22:20: “El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús”.

24 Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? 25 Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.

Pero por lo pronto, hay que esperar y con paciencia y gozo, aunque por momentos nos sintamos perdidos.

--------------------

26 Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.

Y si este sentimiento de abandono, de soledad, de impotencia, de desesperación, incluso de no encontrar las palabras adecuadas con qué comunicarnos con nuestro padre, Él además “intercede por nosotros” traduciendo la confusión de nuestro corazón en el mensaje que no fuimos capaces de articular.

27 Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.

Y esto es así por que Él “escudriña los corazones” y descubre allí lo más importante que angustia nuestro corazón.


28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Y si de pronto las cosas “salen mal”, tengamos la certeza que no hay nada que vaya a perjudicar nuestra alma, pues todo lo que permita Dios en nuestra vida, así sea doloroso, es para mi bien. Muchas veces lo importante es nuestra salud espiritual, pero como los dolores físicos los sentimos más, pedimos por eso. Sólo cuando el espíritu nos hace sensibles y vemos el daño espiritual que cargamos, hasta entonces. Y los problemas físicos, las enfermedades o las dificultades nos llevan a darnos cuenta de nuestras afectaciones espirituales.

29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo (somos predestinados), para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.

Predestinar en este caso significa de alguna forma “les preparó”. Es como cuando invitamos a alguien a nuestra casa a comer. Les preparamos desde antes de que lleguen los platillos, es decir, les predestinamos un festín.

30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.

Un plan en el que estamos incluidos. Podríamos decir, llamó y respondieron, era tierra fértil para que la palabra germinara. Y todas las etapas se fueron dando por consecuencia. Por ello…

31 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?

Esta es la culminación. Llegar a la última etapa significa tener a Dios de nuestro lado. Y él está de nuestro lado si antes nos hemos puesto en el suyo. “A todos los que le recibieron fueron hechos hijos de Dios”.

Pero si su espíritu no vive en nosotros, ¿cómo puede Dios estar con nosotros? No hay nada que nos defienda. Hemos construido nuestra casa sobre la arena. Si su espíritu vive en nosotros, este nos impulsará a obedecerle, a hacer buena obras. No son las buenas obras la llave a la vida eterna sino Jesús. El es la llave para hacer buenas obras. Muéstrame tu fe con tus obras, escribió el apóstol Santiago.

32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

Y está a nuestro favor al grado de que dios por nosotros a Cristo. Esta es la demostración más grande de su amor de modo que todo lo demás que necesitamos es menos que el sacrificio de Cristo en la cruz.

33 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.
34 ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.
35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?
36
Como está escrito:
    Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;
    Somos contados como ovejas de matadero.
37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,
39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Estos últimos versículos son un cántico hermoso y de esperanza a los que andamos según el espíritu. Andemos cada día con más ahínco, pues a la verdad, como le dijo el Señor a los discípulos: “La mies es mucha…”. La necesidad urgente de la gente es mucha.

Cuando alguien dijo que en Querétaro, en el Tlacote, brotaba agua milagrosa que curaba las enfermedades, largas filas se hacían para llenar un garrafoncito. Las peregrinaciones a la Villa o a San Juan de los Lagos son enormes, como enormes son sus necesidades.

Si el Señor se parara junto a nosotros y contemplara este espectáculo, estoy seguro que lo oiría decir: “Ovejas sin pastor”, seres extraviados, pensando que su miseria está en sus dolencias, en su pobreza, y no en su corazón, en su espíritu.

A la Samaritana le dijo: “El que bebe del agua que yo le de beber, no tendrá sed jamás”.

Si usted aún siente un vacío, pregúntese. ¿He tomado del agua viva?, ¿vive Cristo en mí?, como diría el apóstol Pablo.

Si no, es el momento de renunciar al pecado, tomar su cruz y seguirlo.


ESTUDIO SOBRE APOCALIPSIS 20: Los mil años

Jeremías Ramírez El tema principal de este capítulo 20 es ese periodo de tiempo denominado “Milenio” y que ha sido causa de enorme discusión...