martes, 12 de enero de 2016

ESFERA NO, RAMA SÍ... O COMO LOGRAR PROSPERIDAD Y GOZO



“Todos los caminos del hombre
son limpios en su propia opinión”
Prov. 16: 2

 “Hay camino que al hombre parece derecho,
pero su fin es camino de muerte”
Prov. 14: 12

 “¿Has visto hombre sabio en su propia opinión?
Más esperanza hay del necio que de él”
Prov. 26:12


Juan 15: 1-11
Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.
2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.
3 Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.
4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
6 El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.
7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.
8 En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.
9 Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.
10 Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.
11 Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.

En este pasaje el señor le enseña a sus discípulos una lección muy importante para la vida humana.

Nos dice que de la intimidad con él (entraré a él y cenaré con él Ap 3:20) surgen dos beneficios importantes: la fecundidad y el éxtasis (dice Noewman).

INTIMIDAD

El inicio de todo es esta declaración del Señor:

4.“Permaneced en mí (como ) y yo en vosotros…”

Como leemos en otras versiones, COMO, indica que El siempre está con nosotros. Pero, ¿cómo podemos permanecer en él?

En Juan 14 les dice a sus discípulos cuál es el mecanismo de estar unidos a él vitalmente, como los injertos no como las esferas. Las esferas están en el árbol pero no son parte de él, pero un fruto sí, una rama sí.

Para no ser esfera y si rama veamos lo que dice en Juan 14: 23:

Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.

El vínculo perfecto para ser parte de esa vid es el amor.

Pero es amor empieza con los oídos atentos. Dice Pablo en Romanos 10:17 que la fe empieza con el oír:
Así que la fe es por el oír y el oír la palabra de Dios.

Y en Apocalipsis 3:20 vemos al Señor buscando ser oído.

He aquí yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo.

He aquí la intimidad que nos hace parte de Él.

Y cuando lo oímos realmente a él hay algo que sucede en nuestro interior. Es inevitable que esa voz nos deje impávidos. (Lucas 24:32)

Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?

Expongámonos a su voz, estemos prestos a su voz. Y si es que somos de él, y no nos hemos desbalagado, escucharemos su voz. Vean lo que les dice  a los judíos (Juan 10: 26-27):

…pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.
Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen…

Y el paso siguiente es “y me siguen” obedecer. (Juan 14:15)

                                   Si me amáis, guardar mis mandamientos…

FECUNDIDAD

JUAN 15:5
…el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

¿Nada podéis hacer? Dice un himno: “Yo creía que el hombre era grande por su poder, grande por su saber…”
Uno de los peores enemigos del ser humano es esta sensación de poder. Y es un problema incluso en los cristianos. Y entonces confiamos en nuestras capacidades, en nuestro dinero, en nuestra posición social, en nuestras relaciones (conectes). Y este era un problema de los laodicenses (Apoc. 3: 17)

Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.

Y esta sensación de poder nos impide conocer el poder de Dios, y el poder de Dios actuando en nosotros. Pero cuando llegan ciertas circunstancias de impotencia nos damos cuenta de esto, de que somos desventurados. Y hay veces que nos detenemos en una esquina de la vida y nos decimos, nada hemos hecho. O bien, frente a una enfermedad terminal, frente a un accidente… Mi padre dice que lo habían desahuciado a los 35 años.

El poder de Dios se nos hace visible bajo circunstancias muy especiales: cuando todos nuestros recursos se han agotado (2ª de Corintios 12:9)

Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.

 Y cuando llegamos a este punto podemos entrar a una nueva esfera de relación con Dios (Gálatas 2:20):

…Y ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí…

Y podemos decir como Pablo en Filipenses 4:13

                                   Todo lo puedo en Cristo que me fortalece…

Entonces sí podemos ser fecundos, fecundo en el amor, en la paciencia, en la bondad… (Gálatas 5:22)

Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

Dice Nouwen que hay que diferenciar entre “fruto” y “producto”. El producto es obra de nuestra manos y muchas veces su objetivo es el beneficio personal. El fruto es un don que brota en nosotros por el poder de Dios para bendecir a alguien.

Los apóstoles, antes de que El Señor ascendiera no podía hacer nada (Marcos 9:14-18)
14 Cuando llegó a donde estaban los discípulos, vio una gran multitud alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos.
15 Y en seguida toda la gente, viéndole, se asombró, y corriendo a él, le saludaron.

16 El les preguntó: ¿Qué disputáis con ellos?
17 Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo,
18 el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron.

Y esto sucedió a pesar de que el Señor les diera poder (Mateo 10:5-8)

5 A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis,
6 sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
7 Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.
8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.

Pero cuando Pedro y Juan vieron a ese cojo en la puerta de La Hermosa, vean que pasó (Hechos 3: 1-9):

1 Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración.
2 Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo.
3 Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna.
4 Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos.
5 Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo.
6 Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.
7 Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos;
8 y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios.
9 Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios.

Y ese mismo poder que sigue vigente y podemos ejercerlo. Él les dijo a sus discípulos
antes de morir (Juan 14: 12)

De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.

 Pero sucede que no podemos. ¿Por qué no podemos? La respuesta quizá esté en preguntarnos qué tan injertados estamos en el Señor, qué tanto dependemos de él, qué tanto “ya no vivimos nosotros sino Cristo vive en nosotros”.


GOZO

Dice en el versículo 11: “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido”. En otras versiones dice, “para que vuestro gozo esté a tope”, “al máximo”.

Es decir, que quien vive injertado a la vid que es Cristo, vive en una plenitud extraordinaria.

Saben que el Señor nos hizo para poder experimentar el gozo más intenso. En ciertas ocasiones lo vivimos. Cuando un hijo se alivia, cuando ganamos un premio, cuando nos dan una sorpresa agradable… Y la gente busca este estado. Pero como el gozo terrenal es momentáneo y depende de las cosas y de las circunstancias, el hombre ha buscado maneras artificiales de lograrlo. Drogas, fiestas ruidosas, comidas exquisitas, religiones místicas (budismo, etc), alcohol… Un escritor inglés habló de las drogas como “paraísos artificiales”.

Y hay de drogas a drogas. Drogas de alta intensidad y drogas de baja intensidad y quien consume estas drogas de baja intensidad no se le ve mal: analgésicos, pastillas para dormir, pastillas para tranquilizarnos. Y hasta las anuncian en la tele: DALAY…

E inclusive muchos cristianos buscamos y usamos estas salidas de manera frecuente y no entra en conflicto con nuestra supuesta fe.

Pablo tuvo que regañar a unos hermanos que a falta de gozo espiritual lo encontraban en el alcohol. Les dice (Efesios 5:18):

No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.

El gozo del Señor también se traduce como tranquilidad en momentos de angustia. Pablo en la cárcel de Éfeso tenía esta actitud (Hechos 16: 20-25).

…y presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad,
21 y enseñan costumbres que no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos romanos.
22 Y se agolpó el pueblo contra ellos; y los magistrados, rasgándoles las ropas, ordenaron azotarles con varas.
23 Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad.
24 El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo.
25 Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían.

Pablo y Silas cantaban… Vean otro momento angustiante y Pablo… (Hechos 27: 17-25):
Y una vez subido a bordo, usaron de refuerzos para ceñir la nave; y teniendo temor de dar en la Sirte, arriaron las velas y quedaron a la deriva.
18 Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a alijar,
19 y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave.
20 Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos.
21 Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este perjuicio y pérdida.
22 Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave.
23 Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo,
24 diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo.
25 Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho.

He aquí tenemos la clave para hacer de nuestra iglesia un bunker, un lugar donde el poder de Dios, ese poder que hizo al mundo y al universo. Recuerden lo que nos dice:

Estas cosas podéis hacer y mayores porque yo voy al padre… Pero “separados de mí, nada podéis hacer.




viernes, 8 de enero de 2016

LOS TRES TIEMPOS EN LA ORACIÓN: PADRE NUESTRO


Mateo 6: 5-13
1  Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos.
2 Y les dijo: Cuando oréis, decid:
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
3 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
4 Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.

Esta oración magistral abarca todo el espectro temporal del ser humano. Analicemos cada parte. Por ejemplo, al inicio de la oración dice :“EL PAN NUESTRO de cada día, dánoslo hoy. (Esto habla del PRESENTE) (Dios Padre, creador y protector de la vida).

Este texto, aparentemente fácil tiene dos planos de interpretación: espiritual y física.

En el plano espiritual, Cristo es el Pan, el pan de vida.

Juan 6:
32 Entonces Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: no es Moisés el que os ha dado el pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. 33 Porque el pan de Dios es el que baja del cielo, y da vida al mundo. 34 Entonces le dijeron: Señor, danos siempre este pan. 35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed.

Debemos pedir ese pan cada día. Que el Señor ponga en nuestro corazón el anhelo de recibir ese pan todos los días.

En el plano físico significa pedirle a Dios que cubra nuestras necesidades. Todos los días millones de personas van a trabajar, y a muchos de ellos no les gusta lo que hacen pero tienen la necesidad de suplir lo que requieren para sí y para sus familias.

Y para muchos, sobre todo los que no tienen un trabajo físico, es una angustia diaria buscar como hacerse de los medios para adquirir el pan de cada día. En aquellos tiempo, que no había trabajos fijos, ni seguridad laboral, ni sindicatos, ni seguros de desempleo, era una de las más altas preocupaciones.

Lucas: 12.22-31
25 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?
27 ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?
28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan;
29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.
30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?
31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?
32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.
33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
34 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Afanarse, es preocuparse, es estar pensando y haciendo especulaciones de lo que no sabemos que va a suceder hasta afectar nuestra salud emocional y física.

Cada día, cada mañana, debemos levantarnos con un agradecimiento, y con la solicitud de que el Señor nos supla nuestras necesidades para ese día, nuestras necesidades materiales que van más allá del desayuno: transporte, abrigo, agua o café, sanitarios limpios, un equipo apropiado para trabajar, etc, . El pan nuestro, Señor, dánoslo hoy. Y como todo viene de su mano, debemos recibirlo con un corazón agradecido cuando lega a nuestras manos.

Pablo le escribe a los Filipenses 4:6

6 Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.

Hay algo más que resaltar: Dice la oración “El Pan nuestro” (otra vez el acento colectivo, pues no dice mío) de cada día. Esto nos remite a la experiencia en el desierto, al maná. (Éxodo 16:11-21). Cuando el Señor provee de alimentos es a todo el pueblo. Cuando pidamos a Dios por nuestras necesidades, debemos pedir por nuestra familia, nuestra comunidad, nuestra iglesia, nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestro país, nuestro mundo… Y muchas veces somos nosotros la respuesta a las necesidades de los otros. Implícitamente en la oración va nuestro compromiso y solidaridad de dar lo que necesita quien está cerca de nosotros, es decir, implica convertirnos en prójimos, como nos lo indica la parábola.

Pero vayamos a la lección de Pablo a los filipenses. Afanados, quiere decir, preocupados. Y esto nos lleva a dos defectos de nuestra cultura: el enriquecimiento y las deudas.

Las deudas no son más que la expresión de utilizar un dinero que creemos recibiremos en el futuro. Hoy es común que la mayoría de nosotros usemos el crédito de manera habitual. Qué es el crédito sino dinero que no hemos ganado, que creemos vamos a ganar, dinero futuro. Y eso sucede porque queremos cosas que si bien no podemos comprar, podamos comprarlas comprometiendo lo que aún no hemos adquirido. Y muchas veces nos enredamos en deudas y eso nos trae preocupados, afanados por el día de mañana. No debemos deber a nadie nada… ni a los bancos. Ahora que me estoy poniendo a cuentas con el Señor uno de mis propósitos es limpiar mi futuro de deudas, de aprender a vivir con lo que Dios nos da. Y para hacerlo, en verdad, se necesita una enorme fortalece que viene de Dios. Es muy fácil vivir en abundancia, pero cuando esta desparece, o qué terrible cosa perder nuestras comodidades.

Y perdónanos nuestros pecados, como también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. (EL PASADO) (Dios hijo, Salvador y redentor de la humanidad).
Cada día es una oportunidad para que el Señor nos revele esas cosas que intentamos que queden olvidadas, pero necias regresan y regresan. Señor, perdónanos esos pecados. Decía David que incluso de los que nos son ocultos. Esos pecados son un lastre, enturbian nuestra vida en el reino y entorpecen su voluntad.

En mateo 6:12 se usa Opheilemata que es el plural de ophliema que tiene varios significados alrededor de “algo que se adeuda”, es decir, una obligación de dar o pagar.

En Lucas 11: 4 la palabra griega usada es hamartía (errar al blanco). En este sentido, pecado es no dar en el blanco, es no llevar a cabo el verdadero objetivo de la vida, es fracasar y no hacer a lo que podíamos haber hecho o sido.

El pecado es un acto que nos hace fallar en lo que debemos hacer y eso daña a alguien. Es decir, le robamos algo a alguien, una oportunidad, su paz, su tranquilidad, su felicidad, etc. Y por ello, debemos pedir perdón, es decir, la restitución del mal. Y hay mal cuya restitución podemos hacer y hay otras que sólo Dios puede hacer. Al pedir ser perdonados, no sólo tiene que ver cono nosotros sino también con los otros. Es decir, que Dios restituya a otros lo que nosotros les robamos. Y esto puede ser así, porque Cristo pagó, es decir, restituyó el mal con su vida. Grande misterio es este.

Déjenme agregar un hallazgo: la palabra que traducimos como “pecado” es escrito en el Nuevo Testamento con 6 palabras diferentes. Dos de ellas son las que mencionamos, Estas son las otras 4:
a)    Parábasis: traspasar. El pecado es pasarse de la raya que separa el bien del mal. ¿Estamos siempre del lado correcto? ¿Del lado de la honestidad, verdadero-falso, amabilidad y cortesía, del egoísmo y aspereza, etc.?
b)   Paraptoma: deslizarse al otro lado. Esto es lo que pasa con el suelo resbaladizo. No es un acto deliberado como parábasis, pero es una experiencia común. Es a lo que se refiere 1 Corintios 10:12 “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga”.
c)    Anomía. Significa “ilegalidad”. ¿Siempre hemos sido legales? Legal no es lo que está indicado en una ley escrita (las leyes humanas por lo general no son justas), sino lo que Dios ha determinado lo que debe ser, sea alguien creyente o no, es decir, el bien. Legal es hacer el bien. No hacer el bien nos hace proscritos, ilegales ante los ojos de Dios.
d)   Ofilema. Significa “deuda”. Pagar a tiempo nuestras deudas. Y hay deudas que no se pueden pagar, como el amor de nuestros padres… Ser agradecidos en una forma de pagar los favores que nos hacen. Y en muchos momentos hemos sido ayudados o hasta salvados por alguien. Una forma de no pecar en esto es siendo agradecidos y haciendo el bien. Lo que nuestro Señor ha hecho podemos agradecérselo haciendo bien a quien lo necesita. El dice,  en cuánto le hiciste a uno mis hermanos más pequeños a mí me lo hiciste. Mateo 25:40 “Y el Rey les responderá: ‘De cierto les digo que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos más pequeños, por mí lo hicieron’.”

Así como nosotros…

Dice un comentarista que esto significa pedirle a Dios que nos perdona en la misma medida que perdonamos a otros.

Esto nos lo ilustra la parábola del deudor de los diez mil talentos

Mateo 18:23-35
Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Más él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.


Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal (EL FUTURO) (Espíritu Santo). La palabra que se usa en este pasaje es Peirasmos es un sustantivo y como todos los sustantivos griegos  que terminan en asmos, describe un proceso. Y puede tener tres acepciones:
a)    Tratar o intentar. (comprobar la calidad)
b)   Probar, examinar o comprobar (colocar a alguien en una situación)
c)    Hacer caer o seducción. (invitación o seducción)

En este caso estaríamos frente a la primera opción. Y hay de pruebas a pruebas. Dos hombres que pasaron pruebas durísimas fueron Pedro y Job. Y el Señor le dice a Pedro cuando le anuncia que satanás va a sacudirlo como a trigo y agrega: “pero yo he rogado para que tu fe no falte”.

Una forma de aprovechar esta lección es pedirle al Señor que nos cuide de meternos en situaciones donde se puede dar la tentación. Pablo le recomienda a Timoteo huir de las pasiones juveniles.

2 Timoteo 2:22
Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor.

Líbranos del mal. O del maligno dice algunos comentaristas. Y es que caminamos en un mundo donde el mal está casi en el aire que respiramos. Todo rezuma el mal. Las revistas, los periódicos sangrientos, los programas noticiosos, los robos, los fraudes, la cada vez más expuesta pornografía, la simulación, la mentira, y a veces nos volvemos cómplices del mal.

No nos metas en tentación, líbranos del mal. Permítenos Señor caminar íntegramente. Aquí nos habla del FUTURO. Es decir, que nuestro caminar sea iluminado por su palabra y caminemos sostenido por su poder, mirando siempre  nuestro guía.

Hebreos 12:1-2
Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.


Ahora sí, oremos a Dios siguiendo este modelo. Pidamos a él por el presente, por el pasado y por el futuro.

martes, 5 de enero de 2016

¿DÓNDE ESTÁ MI CASA?

Jeremías Ramírez Vasillas

En muchas obras literarias y fílmicas, hay un motor que mueve la historia: el anhelo de los protagonistas por regresar a casa. En una película infantil que vi hace muchos años, un camello repite todo el tiempo: “Oh, el hogar, el hogar…”. De niño o de joven nunca sentí el anhelo por regresar a casa cuando andaba de viaje, pero una vez que fui a trabajar en diciembre a Matamoros, y me enfermé, sentí unos deseos muy grandes por regresar a mi casa. Me sentía allí solo y abandonado.
            Años después, viviendo en otra ciudad con mi familia, la nostalgia me hizo añorar esa casa de mi infancia y escribí un poema:

En qué momento
la casa de mi infancia dejó de ser mi casa
su patio grande
sus paredes tatuadas de humedad
su techo de vigas,
(costillar de madera cruda,
vértebras de una singular ballena)
sus tabiques, dulces de amaranto
su gimiente puerta de madera,
su aroma a carbón a leche tierna
su danzante viento entre las tejas…
son ahora un rostro extraño
una tierra ajena
un país de ignota geografía.

Muchos creemos que podemos construir ese hogar maravilloso en un lugar de la tierra y algunos que tienen mucho dinero construyen palacios, castillos, altos rascacielos, fortalezas. Tarde o temprano la muerte les enseña una verdad dura de aceptar: su casa terrenal no es su casa eterna, habrán de dejarla con todo y lo que hay dentro, incluyendo su mujer y sus hijos.
            La muerte se vuelve tan desoladora para quienes no tienen una casa más allá de la muerte, un destino, una promesa, una esperanza.
            Don Miguel de Unamuno dice en La agonía del cristianismo: “…los hombres vivimos juntos, pero cada uno se muere solo y la muerte es la suprema soledad”.  Y aún más si morimos sin esperanza.
            Pero para los cristianos, para los que hemos fundado nuestra casa sobre la roca, he aquí una frase sumamente alentadora.

(Hebreos 13:14): “Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino buscamos la por venir”.
            El cristiano, en algún momento de su vida, entiende que la casa terrena y la ciudad, por más amurallada que esté, finalmente, es pasajera. Sí, pasajera.
            En segunda de Corintios 5:1 leemos: “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo se deshiciera, tenemos un edificio, una  casa no hecha de manos, eterna, en los cielos”.
            Mientras no entendamos esta sentencia, seguiremos buscando, aquí, construir una casa, un lugar, una morada definitiva.
            Abraham entendió esta temporalidad y nos dice Hebrero 11:9 y 10 que “Por la fe (Abraham) habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, Coherederos de la misma promesa, porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”.
            Cristo nunca tuvo una casa, ni siquiera una tienda. Leemos en Mt 8:20: “Y Jesús les dijo: las zorras tienen guaridas, y las aves en los cielos nidos: más el hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza”.
            Si bien, Jesús, alguna vez tuvo una casa: la de José; pero, tan pronto salió de allí para hacer su ministerio, no tuvo más una casa. Hubiera sido un absurdo que dedicara su valioso tiempo de ministerio de tan sólo 3 años en construir una casa, comprar una hipoteca, es decir, involucrarse en los negocios de este mundo.
            Pablo tampoco tuvo casa. Errante por el mundo recibía alojamiento de los hermanos a pesar de que él era constructor de tiendas. Quizá la habitación más solida y por algún tiempo fue la cárcel. Vaya situación.
            Y ante el deseo insistente de construir en este mundo (tan endeble, tan frágil) una casa, vemos, ahora ante el embate de la furiosa destrucción del medio ambiente, lo inútil que es fincar aquí una morada con buenos cimientos, para que fuese permanente. Mi padre, un campesino y obrero de la construcción, me enseñó a revisar como lo más importante de una casa, los cimientos. Me decía que estos debían ser fuertes, hondos, de piedras sólidas, bien asentados. Pero toda la solidez que nos ofrece el mundo, como el Titanic, no es indestructible.
            ¿Qué hacer? Claro que podemos construir una casa o comprar una, pero nunca debemos dejar de pensar que por sólida que esté, es una tienda de campaña y que El Señor nos siguen llamando, como alguna vez llamó a Abraham: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré…” (Génesis 12:1), para buscar la casa eterna, la verdadera tierra de promisión. Esto no quiere decir que abandonemos nuestra casa física sino que nuestra alma anhele esa otra casa, esa morada celeste, eterna, perfecta, imperecedera donde estrenaremos además un cuerpo nuevo, perfecto, imperecedero.  
            En 1ª de Corintios 15:51-54 leemos: “No todos dormiremos, pero todos seremos transformados…” (53) y “que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad”. Y no sólo eso, sino que además nos promete “El que me ama, mi palabra guardará; y mi padre le amará, y vendremos a él y haremos morada con él”.  (Juan 14:23)
            El Señor va a vivir con nosotros. Y nunca más nos sentiremos desolados, abandonados e indefensos.
            Y en ese lugar encontraremos lo que en este mundo no es posible. Nos dice en Apocalipsis 21:3-4: “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y el morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”.

Y no importa cuántos quieran entrar a las moradas eternas, en la ciudad permanente de Dios hay lugar para todos: “En la casa de mi padre muchas moradas hay; si así ni fuera, yo os hubiera dicho; voy pues a preparar lugar para vosotros… para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. (Juan 14:2)
            Por eso también nos invita a que hagamos tesoros en el cielo (mateo 6:19-20) y a que no “hagamos tesoros en la tierra”.
            Y este hogar, el cual no es posible imaginar, porque está fuera del alcance del pensamiento humano, alguien quien pudo echarle un vistazo nos dice: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman”. (1ª de Corintios 2:9)
            Ahí es donde está nuestra casa. Cuando moriremos finalmente vamos a esa casa. Bajo esta perspectiva podemos decir con el apóstol Pablo: “Porque para mí (para nosotros) el vivir es Cristo y el morir… ES GANANCIA”. (Filipenses 1:21). ¡Gloria a Dios, porque para siempre es su misericordia!








ESTUDIO SOBRE APOCALIPSIS 20: Los mil años

Jeremías Ramírez El tema principal de este capítulo 20 es ese periodo de tiempo denominado “Milenio” y que ha sido causa de enorme discusión...