Mateo 6: 5-13
1 Aconteció que estaba Jesús orando en un
lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a
orar, como también Juan enseñó a sus discípulos.
2 Y les dijo:
Cuando oréis, decid:
Padre nuestro
que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu
voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
3 El pan
nuestro de cada día, dánoslo hoy.
4 Y perdónanos
nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben.
Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.
Esta
oración magistral abarca todo el espectro temporal del ser humano. Analicemos
cada parte. Por ejemplo, al inicio de la oración dice :“EL PAN NUESTRO de cada día, dánoslo
hoy. (Esto habla del PRESENTE) (Dios Padre, creador y protector de la vida).
Este texto, aparentemente fácil
tiene dos planos de interpretación: espiritual y física.
En el plano espiritual, Cristo es el Pan, el pan de vida.
Juan 6:
32 Entonces Jesús les dijo:
En verdad, en verdad os digo: no es Moisés el que os ha dado el pan del cielo,
sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. 33 Porque el pan
de Dios es el que baja del cielo, y da vida al mundo. 34 Entonces le dijeron:
Señor, danos siempre este pan. 35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida; el
que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed.
Debemos pedir ese pan cada día.
Que el Señor ponga en nuestro corazón el anhelo de recibir ese pan todos los
días.
En el plano físico significa pedirle a Dios que cubra nuestras
necesidades. Todos los días millones de personas van a trabajar, y a muchos de
ellos no les gusta lo que hacen pero tienen la necesidad de suplir lo que
requieren para sí y para sus familias.
Y para muchos, sobre todo los que
no tienen un trabajo físico, es una angustia diaria buscar como hacerse de los
medios para adquirir el pan de cada día.
En aquellos tiempo, que no había trabajos fijos, ni seguridad laboral, ni
sindicatos, ni seguros de desempleo, era una de las más altas preocupaciones.
Lucas: 12.22-31
25 Por tanto os digo: No os
afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por
vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el
cuerpo más que el vestido?
26 Mirad las aves del cielo,
que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial
las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?
27 ¿Y quién de vosotros
podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?
28 Y por el vestido, ¿por
qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni
hilan;
29 pero os digo, que ni aun
Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.
30 Y si la hierba del campo
que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más
a vosotros, hombres de poca fe?
31 No os afanéis, pues,
diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?
32 Porque los gentiles
buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis
necesidad de todas estas cosas.
33 Mas buscad primeramente
el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
34 Así que, no os afanéis
por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día
su propio mal.
Afanarse, es preocuparse, es estar
pensando y haciendo especulaciones de lo que no sabemos que va a suceder hasta
afectar nuestra salud emocional y física.
Cada día, cada mañana, debemos
levantarnos con un agradecimiento, y con la solicitud de que el Señor nos supla
nuestras necesidades para ese día, nuestras necesidades materiales que van más
allá del desayuno: transporte, abrigo, agua o café, sanitarios limpios, un
equipo apropiado para trabajar, etc, . El pan nuestro, Señor, dánoslo hoy. Y
como todo viene de su mano, debemos recibirlo con un corazón agradecido cuando
lega a nuestras manos.
Pablo le escribe a los Filipenses
4:6
6 Por nada estéis afanosos,
sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y
ruego, con acción de gracias.
Hay algo más que resaltar: Dice la
oración “El Pan nuestro” (otra vez
el acento colectivo, pues no dice mío)
de cada día. Esto nos remite a la experiencia en el desierto, al maná. (Éxodo
16:11-21). Cuando el Señor provee de alimentos es a todo el pueblo. Cuando pidamos
a Dios por nuestras necesidades, debemos pedir por nuestra familia, nuestra
comunidad, nuestra iglesia, nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestro país,
nuestro mundo… Y muchas veces somos nosotros la respuesta a las necesidades de
los otros. Implícitamente en la oración va nuestro compromiso y solidaridad de
dar lo que necesita quien está cerca de nosotros, es decir, implica
convertirnos en prójimos, como nos lo indica la parábola.
Pero vayamos a la lección de Pablo
a los filipenses. Afanados, quiere
decir, preocupados. Y esto nos lleva a dos defectos de nuestra cultura: el
enriquecimiento y las deudas.
Las deudas no son más que la
expresión de utilizar un dinero que creemos recibiremos en el futuro. Hoy es
común que la mayoría de nosotros usemos el crédito de manera habitual. Qué es
el crédito sino dinero que no hemos ganado, que creemos vamos a ganar, dinero
futuro. Y eso sucede porque queremos cosas que si bien no podemos comprar,
podamos comprarlas comprometiendo lo que aún no hemos adquirido. Y muchas veces
nos enredamos en deudas y eso nos trae preocupados, afanados por el día de
mañana. No debemos deber a nadie nada… ni a los bancos. Ahora que me estoy
poniendo a cuentas con el Señor uno de mis propósitos es limpiar mi futuro de
deudas, de aprender a vivir con lo que Dios nos da. Y para hacerlo, en verdad,
se necesita una enorme fortalece que viene de Dios. Es muy fácil vivir en
abundancia, pero cuando esta desparece, o qué terrible cosa perder nuestras
comodidades.
Y perdónanos nuestros pecados, como también nosotros perdonamos a todos los que nos deben.
(EL PASADO) (Dios hijo, Salvador y redentor de la humanidad).
Cada día es una oportunidad para que el Señor nos revele
esas cosas que intentamos que queden olvidadas, pero necias regresan y regresan.
Señor, perdónanos esos pecados. Decía David que incluso de los que nos son
ocultos. Esos pecados son un lastre, enturbian nuestra vida en el reino y
entorpecen su voluntad.
En mateo 6:12 se usa Opheilemata
que es el plural de ophliema que
tiene varios significados alrededor de “algo que se adeuda”, es decir, una
obligación de dar o pagar.
En Lucas 11: 4 la palabra griega usada es hamartía (errar al blanco). En este
sentido, pecado es no dar en el blanco, es no llevar a cabo el verdadero
objetivo de la vida, es fracasar y no hacer a lo que podíamos haber hecho o
sido.
El pecado es un acto que nos hace fallar en lo que debemos
hacer y eso daña a alguien. Es decir, le robamos algo a alguien, una
oportunidad, su paz, su tranquilidad, su felicidad, etc. Y por ello, debemos
pedir perdón, es decir, la restitución del mal. Y hay mal cuya restitución
podemos hacer y hay otras que sólo Dios puede hacer. Al pedir ser perdonados,
no sólo tiene que ver cono nosotros sino también con los otros. Es decir, que
Dios restituya a otros lo que nosotros les robamos. Y esto puede ser así,
porque Cristo pagó, es decir, restituyó el mal con su vida. Grande misterio es
este.
Déjenme agregar un hallazgo: la palabra que traducimos como “pecado”
es escrito en el Nuevo Testamento con 6 palabras diferentes. Dos de ellas son
las que mencionamos, Estas son las otras 4:
a)
Parábasis:
traspasar. El pecado es pasarse de la raya que separa el bien del mal. ¿Estamos
siempre del lado correcto? ¿Del lado de la honestidad, verdadero-falso, amabilidad
y cortesía, del egoísmo y aspereza, etc.?
b)
Paraptoma:
deslizarse al otro lado. Esto es lo que pasa con el suelo resbaladizo. No es un
acto deliberado como parábasis, pero
es una experiencia común. Es a lo que se refiere 1 Corintios 10:12 “Así que, el
que piensa estar firme, mire que no caiga”.
c)
Anomía.
Significa “ilegalidad”. ¿Siempre hemos sido legales? Legal no es lo que está
indicado en una ley escrita (las leyes humanas por lo general no son justas),
sino lo que Dios ha determinado lo que debe ser, sea alguien creyente o no, es
decir, el bien. Legal es hacer el bien. No hacer el bien nos hace proscritos,
ilegales ante los ojos de Dios.
d)
Ofilema.
Significa “deuda”. Pagar a tiempo nuestras deudas. Y hay deudas que no se
pueden pagar, como el amor de nuestros padres… Ser agradecidos en una forma de
pagar los favores que nos hacen. Y en muchos momentos hemos sido ayudados o
hasta salvados por alguien. Una forma de no pecar en esto es siendo agradecidos
y haciendo el bien. Lo que nuestro Señor ha hecho podemos agradecérselo
haciendo bien a quien lo necesita. El dice,
en cuánto le hiciste a uno mis hermanos más pequeños a mí me lo hiciste.
Mateo 25:40 “Y el Rey les responderá: ‘De cierto les digo que todo lo que
hicieron por uno de mis hermanos más pequeños, por mí lo hicieron’.”
Así como nosotros…
Dice un comentarista que esto significa pedirle a Dios que
nos perdona en la misma medida que perdonamos a otros.
Esto nos lo ilustra la parábola del deudor de los diez mil
talentos
Mateo 18:23-35
Por lo cual el reino de los cielos es semejante a
un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas,
le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo
pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía,
para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba,
diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de
aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero
saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien
denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes.
Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten
paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Más él no quiso, sino fue y le echó
en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba,
se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había
pasado. Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella
deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia
de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado,
le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también
mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a
su hermano sus ofensas.
Y no nos metas en
tentación, mas líbranos del mal (EL FUTURO) (Espíritu Santo). La palabra
que se usa en este pasaje es Peirasmos
es un sustantivo y como todos los sustantivos griegos que terminan en asmos, describe un proceso. Y
puede tener tres acepciones:
a)
Tratar o intentar. (comprobar la calidad)
b)
Probar, examinar o comprobar (colocar a alguien
en una situación)
c)
Hacer caer o seducción. (invitación o seducción)
En este caso estaríamos frente a la primera opción. Y hay de
pruebas a pruebas. Dos hombres que pasaron pruebas durísimas fueron Pedro y
Job. Y el Señor le dice a Pedro cuando le anuncia que satanás va a sacudirlo
como a trigo y agrega: “pero yo he rogado para que tu fe no falte”.
Una forma de aprovechar esta lección es pedirle al Señor que
nos cuide de meternos en situaciones donde se puede dar la tentación. Pablo le
recomienda a Timoteo huir de las pasiones juveniles.
2 Timoteo 2:22
Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la
justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al
Señor.
Líbranos del mal. O del maligno dice algunos
comentaristas. Y es que caminamos en un mundo donde el mal está casi en el aire
que respiramos. Todo rezuma el mal. Las revistas, los periódicos sangrientos,
los programas noticiosos, los robos, los fraudes, la cada vez más expuesta
pornografía, la simulación, la mentira, y a veces nos volvemos cómplices del
mal.
No nos metas en tentación, líbranos del mal. Permítenos Señor caminar íntegramente. Aquí nos
habla del FUTURO. Es decir, que nuestro caminar sea iluminado por su palabra y
caminemos sostenido por su poder, mirando siempre nuestro guía.
Hebreos 12:1-2
Por tanto,
nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos,
despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia
la carrera que tenemos por delante, puestos
los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo
puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la
diestra del trono de Dios.
Ahora sí, oremos a Dios siguiendo este modelo. Pidamos a él
por el presente, por el pasado y por el futuro.
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