La lucha por la realización del ideal comunista
resulta incompatible con la construcción
del Reino de Cristo en la tierra.
Mao Tse-tung
Hace muchos años leí la biografía de Watchman Nee (Nee
Tosheng) –cuyo libro tengo perdido—y desde entonces lo admiré y mucho más aún
tras la lectura de sus predicaciones. Pero no sé por qué no recuerdo haber leído
en ese libro de su martirio bajo el régimen comunista de Mao.
Recién acabo de leer China: los estudiantes cristianos y la
Revolución, de David H. Adeney (1911-1994) un texto que detalla las dificultades que enfrentaron los
estudiantes universitarios cristianos para mantenerse en su fe, a pesar del
acoso implacable de sus adoctrinadores y persecutores, particularmente en la
llamada “Revolución Cultural”.
En una de sus páginas relata de manera breve el martirio de
Watchman Nee. “… en 1952 fue sentenciado a quince años de prisión. En abril de
1972 (20 años después) estaba todavía en prisión y murió el primero de junio de
ese año. Permaneció en la fe hasta el fin, rechazando firmar cualquier
confesión No eran ciertas las historias desparramadas acerca de su mutilación,
pero tuvo que soportar un intenso sufrimiento debido a una enfermedad crónica.
En una carta escrita en abril de 1972… hablaba de sus sufrimientos físicos y
añadía las siguientes palabras: ‘pero mi corazón está lleno de gozo’".
Esos años de horror que tuvieron que pasar los cristianos y
que Adeney da cuenta puntual en este libro hace que nos preguntemos que si el mundo se
volviera hostil como en la Roma del los primeros siglos de nuestra era ¿podríamos tener el talante de sufrir por causa de Cristo con valor como
aquellos cristianos llevados al circo romano o los miles de cristianos que
dejaron sus vida en las cárceles comunistas de la URSS o China?
Sin embargo, me alegra que el fruto de su sufrimiento tuvo consecuencias
positivas. El periódico Protesante
digital informa que según ciertas estimaciones en el 2030 China será el país
con más cristianos en el mundo. El ritmo de crecimiento del cristianismo en el
país comunista hace prever a los expertos que no tardará ni una generación en
ser la nación con más cristianos.
Nos dice este periódico que “En 1949 la comunidad protestante de
China tenía sólo un millón de miembros. Hoy, ya supera a muchos países con
mayor arraigo evangélico. En 2010 había más de 58 millones de protestantes en
China en comparación con 40 millones en Brasil y 36 millones en Sudáfrica, de
acuerdo con el Foro Pew. El profesor Yang, un destacado experto en la religión
en China, cree que ese número aumentará hasta alrededor de 160 millones en 2025”.
Sin embargo, no todo fue y es negro en China. Muchas veces como cristianos cargamos con prejuicios que es importante eliminar, por ejemplo que todo el comunismo es malo. Y una buena lección al respecto nos la da este libro. Escribe Adney casi al final del libro: "Pintar al comunismo con colores totalmente sombríos sin valorar sus muy concretas realizaciones y logros, equivaldría a cerrar el camino a toda comunicación significativa del evangelio. Debemos comprender el orgullo que el pueblo chino tiene de sus avances en lo material. del surgimiento de China como una nación con una posición de poder e independencia en la familia de las naciones" Y agrega: "Se han resuelto muchos de los grandes problemas económicos del pasado. han desparecido las tremendas desigualdades entre ricos y pobres. Gran parte de la población ya no vive más bajo la amenaza de desastres naturales como la inundación o el hambre. Se destacaría una y mil veces el contraste entre los 'antiguos días malos' y el luminoso presente [...] Mucha gente se ha quedado impresionada por la limpieza del las calles, la vida disciplinada, la ausencia de prostitución y de esa sórdida propaganda y comercialización del sexo que se puede encontrar en otras partes del mundo" (p. 112).
Y culmina su mensaje en este libro con algunas claves importantes no sólo para el testimonio cristiano en China: 1) "Un mensaje cristiano que sólo recalque la salvación individual y muestre poco interés en las necesidades de las masas resultará poco atractivo para la juventud comunista. 2) Un cristiano que tenga apenas una tibia relación con Jesucristo no puede transmitir ningún mensaje a un ferviente comunista. Únicamente los discípulos de Cristo consagrados completamente a su Maestro, los que experimentan la realidad de su presencia y confían en su triunfo, pueden dirigirse a los seguidores de Mao, estén estos en la China o en otros países. 3) La iglesia en China debe mostrar el real valor de la inmortalidad y la naturaleza positiva del amor. Su capacidad para sobrevivir dependerá de la vitalidad de la fe e los cristianos que allí se queden. 4) El amor y la fe, alumbrando sus vidas, serán el faro que muestre el camino que conduce al Dios viviente, quien está llamando todavía a los hombres para que se arrepientan y crea en el Salvador."
Duele leer este libro pequeñito pero estremecedor, que tiene la virtud de dejarnos ver el poder de Dios en la vida de sus hijos enfrentando a las fuerzas más oscuras y salir avantes y dejar a la posteridad, como lo constatan las estadísticas, una riqueza espiritual invaluable y testimonio poderoso.
Y culmina su mensaje en este libro con algunas claves importantes no sólo para el testimonio cristiano en China: 1) "Un mensaje cristiano que sólo recalque la salvación individual y muestre poco interés en las necesidades de las masas resultará poco atractivo para la juventud comunista. 2) Un cristiano que tenga apenas una tibia relación con Jesucristo no puede transmitir ningún mensaje a un ferviente comunista. Únicamente los discípulos de Cristo consagrados completamente a su Maestro, los que experimentan la realidad de su presencia y confían en su triunfo, pueden dirigirse a los seguidores de Mao, estén estos en la China o en otros países. 3) La iglesia en China debe mostrar el real valor de la inmortalidad y la naturaleza positiva del amor. Su capacidad para sobrevivir dependerá de la vitalidad de la fe e los cristianos que allí se queden. 4) El amor y la fe, alumbrando sus vidas, serán el faro que muestre el camino que conduce al Dios viviente, quien está llamando todavía a los hombres para que se arrepientan y crea en el Salvador."
Duele leer este libro pequeñito pero estremecedor, que tiene la virtud de dejarnos ver el poder de Dios en la vida de sus hijos enfrentando a las fuerzas más oscuras y salir avantes y dejar a la posteridad, como lo constatan las estadísticas, una riqueza espiritual invaluable y testimonio poderoso.
El libro fue editado en 1974 por Ediciones Certeza, de Buenos Aires Argentina.
Fuente periodística: http://protestantedigital.com/internacional/30933/China_2030_el_pais_con_mas_cristianos_en_el_mundo
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