Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro
publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios,
te doy gracias porque no soy como
los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;
ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano,
estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba
el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.
Lucas 18:10-13
Usted tiene la llave para triunfar, ser millonario, conseguir la fama y
superar obstáculos. Sólo debe tener una actitud positiva. Autoexplotarse,
convencerse de un sonoro "sí se puede". Repita varias veces al día
yo, yo, yo, yo y sólo yo soy capaz de enfrentarme a todo cuanto me pase y ser
triunfador. Soy positivo. Si no lo consigue, el suicidio se convierte en
realidad aplastante.
Marcos Roitman Rosenmann.
La Jornada,
Domingo 28 de febrero de 2016, p. 31.
Hoy en día los libros de auto ayuda, y los gurús de la superación personal, han propagado
muchos mitos sin considerar los riesgos de un ego demasiado inflado y las
consecuencias que de ellos deriva en la vida personal, social y espiritual.
Desde que el hombre es hombre ha tenido que lidiar con el ego. La Biblia nos
alerta contra los riesgos de un yo desmesurado.
Por ejemplo, en el primer pasaje arriba citado hay un
aspecto que me llama la atención: la actitud del Fariseo (está de pie), su ego,
su autoestima desbordada, la cual contrasta con la actitud de publicano (está
lejos, agachado y golpeándose el pecho), la cual incide en el tipo de relación
que ambos establecen ante Dios.
Y esta actitud, podemos ver, depende de lo QUÉ CREEN QUE SON.
Veamos lo que dice el Fariseo:
“…Gracias porque NO SOY como los
otros hombres”
Mientras que el publicano, con la mirada al suelo, sólo
dice:
“Sé propicio A MÍ PECADOR”.
Uno se considera especial; pero el otro, en su condición ante
Dios, es un pecador. Y esto tuvo efectos ante Dios.
V. 14 Os digo
que éste (el
publicano) descendió a su casa justificado antes que el otro (el
fariseo no fue justificado); porque
cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será
enaltecido.
Este pasaje nos ilustra que la relación que el ser humano
establece con Dios depende de nuestro auto concepto: ¿Quién soy? ¿Soy un
pecador o alguien que define su destino por sí mismo? ¿Alguien que necesita de
Dios o alguien que siente que el hombre es todo? Es más tan no necesito de
nadie que ni creo en la existencia de Dios. Y si existe, que no moleste.
Esta actitud ha llevado a los hombres a sentirse dioses,
como los Faraones o los emperadores Romanos o simplemente a desechar a Dios,
pues creemos que no lo necesitamos, que nos estorba aunque ello sea una tontería.
Dice Salmos que es una necedad.
Salmos 14:1
Dice el necio
en su corazón: No hay Dios.
Se han
corrompido, hacen obras abominables;
No hay quien
haga el bien.
Un
poderoso rey como Nabucodonosor, a pesar de que Daniel le profetizó lo que le
iba a suceder y le dio la receta para evitar ese funesto suceso futuro (Daniel
4: 27), pues le dijo: “Oh rey, acepta mi consejo: tus pecados redime con justicia,
y tus iniquidades haciendo misericordias para con los oprimidos, pues tal vez
será eso una prolongación de tu tranquilidad”. Pero la respuesta de
Nabucodonosor fue después de meditar 12 meses una declaración de orgullo
desmesurado:
Daniel 4:30
“… habló el
rey (Nabucodonosor) y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que
yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi
majestad?
Cuando el ser humano tiene un auto concepto demasiado
inflado pierde sentido, entra en un estado de locura, como Nabucodonosor, quien
propició el cumplimiento de la profecía, y pasó un largo tiempo viviendo como
una bestia del campo. O bien, a reflejar esta locura en desmesurada y pretenciosas
obras de ingeniería.
Génesis 11: 3-4
Y se dijeron
unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les sirvió el
ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla.
Y dijeron:
Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos
esparcidos sobre la faz de toda la tierra.
Y su locura puede llevar al ser humano a la máxima tentación
y atentado contra Dios: la soberbia de querer ser como Dios, querer ser Dios.
Esta fue la apetitosa fruta con lo que la serpiente tentó a Eva: Seréis como dioses.
Génesis 3:5
“…sino que
sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis
como Dios, sabiendo el bien y el mal”.
Así tentó a Eva, y coincidentemente el mismo cebo que el
utilizó contra sí mismo. El profeta Ezequiel nos revela lo que sucedió con
Satanás.
Ezequiel 28:
14 Tú,
querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí
estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas.
15 Perfecto
eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en
ti maldad.
16 A causa de
la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo
que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego,
oh querubín protector.
17 Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por
tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti.
Es por ello para que el ser humano tenga un encuentro con
Dios, el primer paso absolutamente
necesario es reconocerse como pecador. Es decir, que somos criaturas débiles
sujetas al vaivén de los cataclismos de la naturaleza y sentenciados a muerte
física y espiritual.
A este reconocimiento de nuestro ser pecador, que culmina en un cambio de actitud y a un rendimiento a
Dios para ser redimidos por él, se llama ARREPENTIMIENTO.
Hechos 3:17-19
17 Mas ahora,
hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros
gobernantes.
18 Pero Dios
ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas,
que su Cristo había de padecer.
19 Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean
borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de
refrigerio,
Esto fue lo que sucedió con el carcelero de Filipo.
Hechos 16:
28 Mas Pablo
clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí.
29 El
entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies
de Pablo y de Silas;
30 y
sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?
31 Ellos
dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.
Vemos que entró temblando se postró a los pies de Pablo y
Silas. Este es un indicio de su arrepentimiento.
Es por ello que cuando el Señor iba a iniciar su ministerio
en la tierra, Juan salió a preparar el camino del Señor, es decir, salió a
sensibilizar a la gente para que vieran su condición miserable y se
arrepintieran, para que los corazones de los hombres estuvieran listos para
aceptar al Señor.
Marcos 1
4 Bautizaba
Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados.
5 Y salían a
él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por
él en el río Jordán, confesando sus pecados.
Es decir, vislumbrar quién en realidad somos, es decir, ver
con claridad nuestra condición de pecadores y la necesidad de que el Señor nos
salve.
Hasta el los Alcohólicos Anónimos han visto que la condición
básica para salir de la esclavitud del alcohol es reconocer que son enfermos.
Pero una vez que hemos sido rescatados, después de reconocer
que somos pecadores y hemos aceptado al Señor como Dios y Salvador, ¿aún
debemos tener conciencia de nuestro auto concepto?
Pues, la respuesta es afirmativa. Veamos dos casos en que
este auto concepto defectuoso genera problemas en la iglesia.
Apocalipsis 3:1
Escribe al
ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las
siete estrellas, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto.
Apocalipsis 3:17-18
Porque tú
dices: Yo soy rico, y me he
enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un
desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que
de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas
para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus
ojos con colirio, para que veas.
La ceguera de muchos cristianos los lleva a vivir de esta
forma, autosuficientes y por ende, a prescindir de Dios. Y en nuestra soberbia,
como la de los judíos, creemos que ya
estamos más allá del bien y del mal. Que Dios nos salvó y ahora ya podemos caminar
solitos, total, ya somos salvos.
Ante ello, el apóstol Pablo nos advierte:
1 Corintios 10:12
Así que el que
piensa estar firme, mire que no caiga.
Otras veces al Señor al margen de nuestras vidas y lo
dejamos en un lugar a la mano para cuando tenemos alguna necesidad. El Señor es
entonces como las cajas de contraincendios que están allí pero nadie las abre
hasta que son absolutamente necesarias. Por eso llevan la leyenda “Rómpase el
vidrio en caso de incendio. Nos parecemos de pronto a esa multitud que seguía
al Señor después de que hizo el milagro de pos panes y los peces, y al día
siguiente fueron hasta el otro lado del mar.
Juan 6:26
Respondió
Jesús y les dijo:
—De cierto, de
cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque
comisteis el pan y os saciasteis.
Es decir, consideramos a Dios en una herramienta, en un
bombero, en un rescatista, en un doctor en el departamento de emergencias.
Por ellos es importante afinar nuestro auto concepto ya sea
que lo hemos perdido por nuestra soberbia o porque somos seducidos por otros
vientos de doctrina. El apóstol Pablo les escribía a los Efesios.
Efesios 5:6-8
6 Nadie os
engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre
los hijos de desobediencia. 7 No seáis, pues, partícipes con ellos, 8 porque en
otro tiempo erais tinieblas, pero
ahora sois luz en el Señor; andad
como hijos de luz
A la luz de la palabra debemos revisar y definir el concepto
que tenemos de nosotros mismos, pues…
Santiago 4:6-7
6 Pero él da
mayor gracia. Por esto dice: «Dios resiste a los soberbios y da gracia a los
humildes.» 7 Someteos, pues, a Dios;
resistid al diablo, y huirá de vosotros.
Es decir, no hay que creernos suficientemente machitos para enfrentar al pecado y al
maligno. La actitud correcta ante Dios es la humildad. Cristo mismo dio
testimonio de humildad.
Filipenses 2:5-8
5 Haya, pues,
en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús:
6 Él, siendo en forma de Dios, no estimó el
ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,
7 sino que se
despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo
y se hizo semejante a los hombres.
8 Mas aún,
hallándose en la condición de hombre,
se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte,
y muerte de
cruz.
Es por ello que…
Filipenses 2:3
3 Nada hagáis
por rivalidad o por vanidad; antes
bien, con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él
mismo.
Para entrar en una correcta relación con Dios, debemos
corregir nuestro auto concepto. Una guía interesante es asumirnos como el
evangelio define a los seguidores del señor.
OVEJAS
Juan 10:3-6
3 A éste abre
el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las
saca.
4 Y cuando ha
sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen,
porque conocen su voz.
5 Mas al
extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los
extraños.
a. Oyen su voz. (Saben estar atentos a la voz de Dios y son
sordos a la voz del diablo).
b. Tienen un Nombre. (Una identidad divina)
c. Siguen al Pastor. (Obedecen)
d. Conocen su voz. (identifican, entre todas las voces que
los llaman y tratan de seducirlos, la voz de su Señor y no se confunden)
Y todo ello es así, porque se asumen como OVEJAS y no como
PASTORES.
HIJOS DE DIOS
Juan 1:12
Mas a todos
los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser
hechos hijos de Dios…
Y este compromiso, esta cualidad, nos impone una manera de
asumir nuestra conducta, lo que somos se revela en lo que hacemos.
Efesios 4 (Nueva
Versión Internacional)
1 Por eso yo,
que estoy preso por la causa del Señor, les ruego que vivan de una manera digna
del llamamiento que han recibido, 2 siempre
humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor.
En esto conocerán que son mis discípulos (nuestra identidad
de filiación con Cristo): “en que os
améis los unos a los otros”.
Juan 2:6 “El que dice
que permanece en él, debe andar como él anduvo”.
La conducta revela a nosotros ya a los otros, quienes somos.
RAMAS DE LA VIDA
VERDADERA,
Juan 15
5 »Yo soy la
vid, vosotros los pámpanos; el que
permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto, porque separados de mí
nada podéis hacer.
6 El que en mí
no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, los
echan en el fuego y arden.
7 Si
permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que
queráis y os será hecho.
8 En esto es
glorificado mi Padre: en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos.
9 Como el Padre me ha amado, así también yo os
he amado; permaneced en mi amor.
10 Si guardáis
mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los
mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
La auto percepción, reitero, define lo que hacemos. Y lo que hago define quien soy y en qué o
quién creo. Lo que tenemos, la raza, el status social, el status intelectual. A
un rico le cuesta arrepentirse porque la riqueza da una falsa percepción
quienes somos y que tan miserables. Los laodicences se creían especiales y sin
necesidad de Dios.
Lucas 18:10-13
Dos hombres
subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo,
puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque
no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este
publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el
publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se
golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.
El fariseo ora petulantemente porque cree que es alguien
importante ante Dios. En general, los judíos se sentían especiales, de modo que
llamaban a los gentiles “perros”.
Cuando la iglesia surgió, los judíos primero no aceptaban
que el evangelio era también para los gentiles, y cuando finalmente aceptaron
ante las pruebas indubitables, ahora querían que adoptaran sus formas religiosas.
Cuando el Señor nos llama hay un enfrentamiento entre lo que
somos y creemos está bien y lo que el Señor exige.
Y cuando recibimos a Cristo, nuestra identidad tiene un giro
sorprendente. Dejamos de ser lo que éramos y ahora somos nuevas criaturas.
2 Corintios 5:17
De modo que si
alguno está en Cristo, nueva criatura es;
las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
Esta es nuestra nueva identidad. Soy una nueva criatura en y
por Cristo.
Romanos 8:16-17
El Espíritu
mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
Y si hijos,
también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que
padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.
Y si esto es así, ya dejemos de comportarnos como entenados
de Dios, como visitantes, como turistas, empecemos a se ciudadanos de su reino.
Que Dios los bendiga.
Amén.
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